Los beneficios de abandonar el uso diario del coche son más de los que uno piensa. Instituciones de varias ciudades se han dado cuenta de esto, de ahí que la oferta de este tipo de medios de transporte aumente constantemente.
El ‘espíritu verde’ llegó para quedarse, al menos como una moda social, y en los sistemas de transporte, un enfoque de este tipo podría solucionar muchos problemas en el futuro. “De entrada, emplear un solo coche que fue diseñado para transportar 4 o 5 personas produce un gasto similar de energía que si sólo llevara una persona; es un planteamiento ridículo”, comenta Lina Caballero, diseñadora industrial colombiana que, a pesar de poseer un vehículo particular, ha amoldado su rutina para utilizarlo lo menos posible. “Al vivir donde trabajo, no sólo le gano tiempo valioso al tráfico, sino que tengo un sentimiento de culpa menos que cargar”, sentencia.
La nueva ola de coches eléctricos viene con la promesa de erradicar la crisis del petróleo; sin embargo, la problemática de utilizar tantos recursos para una sola persona sigue siendo algo absolutamente incongruente. Aunque Segway fue lanzado hace varios años, una deficiente mezcla de timing y que pocos desearan trasladarse parados por un trayecto de 20 minutos le impidió posicionarse como la añorada respuesta a los problemas de traslado. Es ahora cuando, cobijados por la oleada ecológica y del bienestar, varias marcas comienzan a desarrollar sistemas más eficientes que ocupan menos espacio y tienen toda la intención de obtener su tajada en el mercado.
Más rápido, más sano
Para Samuel Rivera, la bicicleta se ha convertido en su mejor opción para llegar a trabajar. “No solamente estoy haciendo ejercicio; había ocasiones en que estaba tardando más tiempo en el transporte público. No tenía ningún sentido.” Aunque todavía Samuel recorre algunos tramos que no están adecuados para cruzarlos en bicicleta, admite que la situación va mejorando poco a poco. Al llegar a su oficina, Samuel deja que su cuerpo se enfríe unos minutos, vuelve a ponerse desodorante y extrae una playera limpia de su mochila. El día laboral apenas comienza y él ya puede sentirse satisfecho de haber cumplido su cuota de ejercicio, haberle ahorrado el ambiente un poco de contaminantes y, en el mejor de los casos, llegar con buen humor a trabajar después de un paseo en bicicleta.
“Las calles son el único espacio que le pertenece a todos; sin embargo, están dominadas por los coches. Debemos resocializar el espacio.” Es, al menos, lo que plantea el arquitecto José Castillo, quien además se apura a criticar la falta de aprendizaje de México ante los problemas de movilidad. “El 70% de los mexicanos se mueve en transporte público; pero mientras Boston y Sao Paulo están eliminando sus segundos pisos en su vialidad, aquí apenas comenzamos a repetir esos errores del pasado.”
Urbanistas de distintas partes del mundo se han dado a la tarea de proponer visiones en las que el auto no sea el protagonista, sino mero acompañante. Así, el estadounidense Michel Sorkin ha puesto en la mesa toda una maqueta utópica y fascinante; él ha diseñado un Nueva York donde las calles se convierten en grandes jardineras, mientras que el puente Brooklyn es retomado por los peatones. Para él, no hay imagen más grata que la de las calles de la India, donde los peatones, automóviles e incluso las vacas, comparten el mismo desordenado espacio. “Dentro de este caos, me parece, está la respuesta a un espacio público compartido y funcional”, explicó el catedrático en su última visita a nuestro país. “Sin importar si las razones para abandonar el coche en el garage constituyen pereza de manejar, culpa ecológica o simplemente un deseo de ejercitar, es una realidad que el mundo finalmente avanza hacia un kilometraje más sustentable.”
El ‘espíritu verde’ llegó para quedarse, al menos como una moda social, y en los sistemas de transporte, un enfoque de este tipo podría solucionar muchos problemas en el futuro. “De entrada, emplear un solo coche que fue diseñado para transportar 4 o 5 personas produce un gasto similar de energía que si sólo llevara una persona; es un planteamiento ridículo”, comenta Lina Caballero, diseñadora industrial colombiana que, a pesar de poseer un vehículo particular, ha amoldado su rutina para utilizarlo lo menos posible. “Al vivir donde trabajo, no sólo le gano tiempo valioso al tráfico, sino que tengo un sentimiento de culpa menos que cargar”, sentencia.
La nueva ola de coches eléctricos viene con la promesa de erradicar la crisis del petróleo; sin embargo, la problemática de utilizar tantos recursos para una sola persona sigue siendo algo absolutamente incongruente. Aunque Segway fue lanzado hace varios años, una deficiente mezcla de timing y que pocos desearan trasladarse parados por un trayecto de 20 minutos le impidió posicionarse como la añorada respuesta a los problemas de traslado. Es ahora cuando, cobijados por la oleada ecológica y del bienestar, varias marcas comienzan a desarrollar sistemas más eficientes que ocupan menos espacio y tienen toda la intención de obtener su tajada en el mercado.
Más rápido, más sano
Para Samuel Rivera, la bicicleta se ha convertido en su mejor opción para llegar a trabajar. “No solamente estoy haciendo ejercicio; había ocasiones en que estaba tardando más tiempo en el transporte público. No tenía ningún sentido.” Aunque todavía Samuel recorre algunos tramos que no están adecuados para cruzarlos en bicicleta, admite que la situación va mejorando poco a poco. Al llegar a su oficina, Samuel deja que su cuerpo se enfríe unos minutos, vuelve a ponerse desodorante y extrae una playera limpia de su mochila. El día laboral apenas comienza y él ya puede sentirse satisfecho de haber cumplido su cuota de ejercicio, haberle ahorrado el ambiente un poco de contaminantes y, en el mejor de los casos, llegar con buen humor a trabajar después de un paseo en bicicleta.
“Las calles son el único espacio que le pertenece a todos; sin embargo, están dominadas por los coches. Debemos resocializar el espacio.” Es, al menos, lo que plantea el arquitecto José Castillo, quien además se apura a criticar la falta de aprendizaje de México ante los problemas de movilidad. “El 70% de los mexicanos se mueve en transporte público; pero mientras Boston y Sao Paulo están eliminando sus segundos pisos en su vialidad, aquí apenas comenzamos a repetir esos errores del pasado.”
Urbanistas de distintas partes del mundo se han dado a la tarea de proponer visiones en las que el auto no sea el protagonista, sino mero acompañante. Así, el estadounidense Michel Sorkin ha puesto en la mesa toda una maqueta utópica y fascinante; él ha diseñado un Nueva York donde las calles se convierten en grandes jardineras, mientras que el puente Brooklyn es retomado por los peatones. Para él, no hay imagen más grata que la de las calles de la India, donde los peatones, automóviles e incluso las vacas, comparten el mismo desordenado espacio. “Dentro de este caos, me parece, está la respuesta a un espacio público compartido y funcional”, explicó el catedrático en su última visita a nuestro país. “Sin importar si las razones para abandonar el coche en el garage constituyen pereza de manejar, culpa ecológica o simplemente un deseo de ejercitar, es una realidad que el mundo finalmente avanza hacia un kilometraje más sustentable.”