InicioSalud BienestarLa Realidad Es Una Ilusión Creada En La Mente


Este es un tema al que hay que dedicar una especial atención, el de la realidad y como se crea. Desde la más remota antigüedad, el ser humano ha sido consciente de que todo cuanto le rodea, tanto el mundo físico, como sus más íntimas emociones, pueden ser ilusiones forjadas en su interior. Y siempre han existido teorías intentando explicarlo. Hasta la ciencia ha llegado a un punto sin retorno. Si hacemos un resumen enumerando algunos casos, el resultado es clarificador: Del mismo modo que la realidad es engendrada en nuestra mente, podemos cambiarla desde dentro. Dice, aparte de algunas tonterías (lo he escrito yo), tal que así:




Pues sí, estando en la higuera como acostumbro, intentando interiorizar los modos para motivarse, para tener una actitud positiva y constante en la vida, de pronto el cerebro se me ha vuelto agua. Sí, sí. No ha explotado, para eso hace falta presión. Lo mío es licuarse. Y entones, he comprendido que a veces es bueno relajarse y soltar lastre. Dejar un poco de lado las obligaciones y hacer cualquier cosa por puro placer. Vamos, como hacer de vientre psicológico. Perdón, quiero decir que he decidido darme un gustazo: Hoy me da la gana de explayarme sobre la realidad de la existencia. El que avisa no es traidor, luego no me llores.

En México se tenía la creencia de que la vida solo era un sueño del que se despertaba al morir. Es más, el toltequismo o nahualismo (también conocido por nagualismo), un sistema de creencias del México antiguo, dice que la realidad, “el reino de los objetos”, no es más que la interpretación de lo que podemos percibir. Y que si observamos el universo sin el filtro de los sentidos y la razón, lo que llaman el “ver”, este se convierte en energía vibratoria en forma de “infinitos racimos”, que fluye incesantemente en todas direcciones.

Los rishis, sabios de la antigua India, mantenían que el objetivo final de la existencia, era llegar a la “comprensión” o “iluminación”. Que el alma que habitaba temporalmente el cuerpo, llegara a entender su verdadera naturaleza. Y que la realidad, lo que llamaban “el mundo de formas”, no era tal, sino un complejo juego virtual, capaz de confundir tanto al individuo, como a la comunidad. La socialización creaba una alucinación colectiva que generaba el mundo. Así se podía engañar al alma en su breve existencia corporal, en el camino que conducía a la vida inmortal. De este modo, se podía desechar a los impuros.

Los Textos Herméticos fueron recopilados en Alejandría aproximadamente sobre el S. II de nuestra era. Atribuidos principalmente a Hermes Trimegisto, pero sin evidencias contrastables. Curiosamente, otra vez, en ellos se puede leer “todas las cosas de la Tierra son irreales… La ilusión es algo forjado por el trabajo de la realidad”.

Dejando atrás el pensamiento arcaico y el mundo antiguo, Descartes, padre de la filosofía moderna, amén de matemático y científico, nos dejó su famoso “pienso, luego existo”: aparte de mi propio razonamiento, y este hasta cierto punto, todo lo demás es cuestionable. Trabajaba utilizando la premisa de la “duda metódica”, o sea, la percepción nos puede engañar.

Y a empujones y codazos llegamos a nuestro tiempo. Desde el S. XX con la física nuclear empezamos a conocer la materia más de cerca. Resulta que la parte más pequeña en que se podía dividir la materia hasta ese momento, el átomo, consta de un núcleo de protones y neutrones, alrededor del cual circulan los electrones. Se calcula que el núcleo, donde está prácticamente toda la materia, es unas 100.000 veces más pequeño que el átomo mismo. Es decir, que el núcleo es envuelto por los electrones en medio de un universo de vacío. La materia, “lo que se puede tocar”, lo real, si la miramos lo suficientemente de cerca, es en un 99 % vacío, nada.

Cuando entramos en las partículas subatómicas, quarks, fotones, neutrinos, bosones y cosas raras de esas, el asunto se pone más feo. Aparece lo que se llaman quasipartículas. Estas solo se pueden estudiar en rayos cósmicos y aceleradores de partículas. Pero hasta el momento solo se han podido experimentar algunos de sus efectos, pero no cuantificar su existencia. Sabemos que están ahí, y poca cosa más. Cuanto más nos acercamos, menos vemos.

Y ya con la física cuántica es el acabose, apaga y vámonos. Se llega hasta el extremo de postular que “no hay diferencias fundamentales entre ondas (transmisión de energía que vibra en una determinada frecuencia) y partículas (componentes elementales de la materia): Las partículas pueden comportarse como ondas y viceversa”. Para corroborarlo, tenemos el conocido experimento de la doble ranura de Young, en el que se lanzaban electrones por ranuras microscópicas. Al ser observados con cámaras y sistemas de medición, los electrones se comportaban como partículas físicas. Pero al retirar las cámaras, al no ser observado el experimento, de manera inexplicable, los electrones se comportaron como ondas de energía. El observador crea la realidad. Y la realidad es mucho más extraña de lo que creemos.

Han pasado siglos y siglos de civilizaciones dando tumbos y destruyendo a otras civilizaciones. Matando a todo bicho viviente que se ha puesto por delante e imponiendo sus creencias. Lo que llamamos progreso. Y ahora la ciencia, la nueva religión, se da cuenta, al menos experimentalmente, de algo que los brujos primitivos e ignorantes, ya sabían miles de años antes: Que todo en el universo es, en última instancia, energía vibratoria, y que la realidad sólo existe en la medida que la interpretamos. Para este viaje no hacían falta tantas alforjas. O sí.

Si has llegado hasta aquí, lo que ya tiene mérito… pero bueno ¿Hay alguien?... ¡Hola!...jo, otra vez se me han escapado. Bien, no voy a tirar a la basura toda esta parrafada (ya irá sola). Además, estoy acostumbrado a hablar con las paredes. Yo a lo mío. Sigamos. Como iba diciendo, si has llegado hasta aquí, te preguntarás ¿Y a santo de qué viene todo este rollo? Me gusta que me hagas esta pregunta, precisamente estaba pensando en ello.

Es muy sencillo: La realidad de nuestra vida no viene determinada por nuestras circunstancias. Es la actitud con que las encaramos, la que forja esa realidad. No importa si no tienes el cuerpo que deseas, si tienes problemas familiares que resolver, o quieres vivir de un modo diferente. Es la convicción y la constancia, las que crearán las condiciones para que se realice lo que ansias.

Vi la luz al analizar a un colaborador en una de mis múltiples expediciones. Como no, con destino al bar de la esquina. Él estaba deprimido y yo, en cambio, eufórico. Mi equipo iba ganando el partido. De haber tenido estos conocimientos, habría sabido que sólo con cambiar de equipo, al mío por supuesto, al bueno, su abatimiento hubiera desparecido. Lo dicho, la realidad es creada por el observador.

Eso pasa por ignorante. Y por no saber escoger. … y si juegas con los ganadores es más fácil. A ser buenos y todo eso.

Xavier Arriarán

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