Nuevos datos indican que la fusión de los glaciares del continente se acelera
Es el principio de una catástrofe. Los glaciares de la Antártida Occidental están perdiendo un metro de grosor al año, según una investigación presentada la semana pasada por científicos de Estados Unidos y Chile.
Por ahora los efectos son imperceptibles: la fusión del hielo de la región hace aumentar el nivel de los océanos apenas 0.2 milímetros al año. Pero el adelgazamiento de los glaciares, advierten los científicos, amenaza con desestabilizar el gigantesco manto de hielo que cubre la Antártida Occidental. “Si esto ocurre, el nivel del mar podría subir un metro o más en los próximos 100 años, lo que tendría consecuencias graves en muchos países”, ha declarado por correo electrónico Robert Thomas, investigador de la NASA y primer autor del estudio.
La nueva investigación se ha centrado en seis glaciares que desembocan en el mar de Amundsen. Se trata de glaciares que inquietan especialmente a los científicos porque el terreno sobre el que se asientan se encuentra por debajo del nivel del mar. Los científicos avisan de que si los glaciares adelgazan, el hielo dejará de estar en contacto con la roca y empezará a flotar directamente sobre el agua. Si esto ocurre, y aquí empieza la parte terrorífica de la película, la roca dejaría de frenar el avance de los glaciares y estos podrían fluir más rápido hacia el océano.
Los glaciólogos están monitoreando los hielos antárticos y los glaciares.
Sin embargo, faltaban datos para confirmar si estos temores eran fundados. En busca de estos datos, un equipo de investigadores ha radiografiado ahora los glaciares con instrumentos de alta precisión instalados a bordo del satélite IceSat de la NASA y de un avión militar del ejército chileno.
La primera sorpresa es que el lecho rocoso sobre el que se asienta el hielo es unos 400 metros más profundo de lo que otros estudios, realizados con instrumentos menos sofisticados, habían calculado con anterioridad. El hielo es, por lo tanto, unos 400 metros más grueso de lo que se creía y alcanza en algunos puntos una profundidad de dos kilómetros bajo el nivel del mar.
A más hielo, más fusión: según resultados presentados en la edición electrónica de la revista Science, los glaciares que desembocan en el mar de Amundsen vierten cada año unos 250 kilómetros cúbicos de hielo en forma de icebergs, lo que equivale a un cubo de más de seis kilómetros de lado: un volumen similar al tamaño del Kilimanjaro. Esta cantidad supera en 90 kilómetros cúbicos a la nieve que cae cada año en la cuenca de los seis glaciares analizados, lo que significa que estos glaciares se derriten más rápido de lo que se forman.
Más preocupante todavía es que lo que ocurre a orillas del océano parece repercutir en el comportamiento de los glaciares cientos de kilómetros tierra adentro. Los investigadores han observado, en este sentido, que la velocidad a la que el hielo desciende hacia el mar se está acelerando. El glaciar de Pine Island, el más rápido de todos ellos, se ha acelerado un 12.5% en el periodo 1996-2003. En los últimos 25 años, la aceleración ha sido del 25%. Es decir, no sólo se acelera, sino que se acelera cada vez más rápido.
En esta misma línea, los investigadores han observado que el adelgazamiento de los glaciares se registra hasta más de 300 kilómetros tierra adentro. Las mediciones más recientes indican que el adelgazamiento se produce a un ritmo de un metro anual para el conjunto de los seis glaciares analizados, es decir, el doble de rápido que en las mediciones hechas en el periodo 1992-1999.
Estos resultados “son una llamada de alerta para que los científicos se tomen todo esto en serio”, señala el glaciólogo Richard Alley, de la Universidad del Estado de Pennsylvania (EU) a la revista Science.
Los rápidos cambios observados en los glaciares que desembocan en el mar de Amundsen hacen temer que se produzcan fenómenos similares en otras regiones de la Antártida. “Si otras placas de hielo pierden grosor y se debilitan, es probable que la velocidad de otros glaciares también se acelere”, ha declarado el investigador Robert Thomas a La Vanguardia.
Hacen temer, por otro lado, que todo el manto de hielo de la Antártida Occidental, que alberga el 10% de toda el agua dulce de la Tierra, se vuelva inestable y se hunda. Los científicos, por el contrario, no temen por el manto de la Antártida Oriental, mucho más voluminoso, puesto que se asienta sobre rocas situadas sobre el nivel del mar.
Si el manto occidental se hunde, gran parte del hielo que contiene caería al mar en forma de icebergs y el nivel de los océanos subiría con efectos catastróficos. “Es muy improbable que la totalidad de la placa se funda”, advierte Thomas. Pero, “aunque el aumento del nivel del mar sea pequeño, sus efectos pueden ser grandes. Ya en la actualidad, algunas islas habitadas del Pacífico se van encogiendo a medida que sube el nivel del mar”.
Según el Panel Internacional sobre Cambio Climático, un colectivo de 2 mil científicos de todo el mundo, los océanos están subiendo a un ritmo de 1.8 milímetros anuales. Un 10% de este aumento, 0.2 milímetros, corresponde al hielo aportado por los glaciares que desembocan en el mar de Amundsen. Pero si el manto de hielo de la Antártida Occidental se vuelve inestable, los científicos estiman que los mares podrían subir cinco metros en los próximos 500 años.
Es el principio de una catástrofe. Los glaciares de la Antártida Occidental están perdiendo un metro de grosor al año, según una investigación presentada la semana pasada por científicos de Estados Unidos y Chile.
Por ahora los efectos son imperceptibles: la fusión del hielo de la región hace aumentar el nivel de los océanos apenas 0.2 milímetros al año. Pero el adelgazamiento de los glaciares, advierten los científicos, amenaza con desestabilizar el gigantesco manto de hielo que cubre la Antártida Occidental. “Si esto ocurre, el nivel del mar podría subir un metro o más en los próximos 100 años, lo que tendría consecuencias graves en muchos países”, ha declarado por correo electrónico Robert Thomas, investigador de la NASA y primer autor del estudio.
La nueva investigación se ha centrado en seis glaciares que desembocan en el mar de Amundsen. Se trata de glaciares que inquietan especialmente a los científicos porque el terreno sobre el que se asientan se encuentra por debajo del nivel del mar. Los científicos avisan de que si los glaciares adelgazan, el hielo dejará de estar en contacto con la roca y empezará a flotar directamente sobre el agua. Si esto ocurre, y aquí empieza la parte terrorífica de la película, la roca dejaría de frenar el avance de los glaciares y estos podrían fluir más rápido hacia el océano.
Los glaciólogos están monitoreando los hielos antárticos y los glaciares.
Sin embargo, faltaban datos para confirmar si estos temores eran fundados. En busca de estos datos, un equipo de investigadores ha radiografiado ahora los glaciares con instrumentos de alta precisión instalados a bordo del satélite IceSat de la NASA y de un avión militar del ejército chileno.
La primera sorpresa es que el lecho rocoso sobre el que se asienta el hielo es unos 400 metros más profundo de lo que otros estudios, realizados con instrumentos menos sofisticados, habían calculado con anterioridad. El hielo es, por lo tanto, unos 400 metros más grueso de lo que se creía y alcanza en algunos puntos una profundidad de dos kilómetros bajo el nivel del mar.
A más hielo, más fusión: según resultados presentados en la edición electrónica de la revista Science, los glaciares que desembocan en el mar de Amundsen vierten cada año unos 250 kilómetros cúbicos de hielo en forma de icebergs, lo que equivale a un cubo de más de seis kilómetros de lado: un volumen similar al tamaño del Kilimanjaro. Esta cantidad supera en 90 kilómetros cúbicos a la nieve que cae cada año en la cuenca de los seis glaciares analizados, lo que significa que estos glaciares se derriten más rápido de lo que se forman.
Más preocupante todavía es que lo que ocurre a orillas del océano parece repercutir en el comportamiento de los glaciares cientos de kilómetros tierra adentro. Los investigadores han observado, en este sentido, que la velocidad a la que el hielo desciende hacia el mar se está acelerando. El glaciar de Pine Island, el más rápido de todos ellos, se ha acelerado un 12.5% en el periodo 1996-2003. En los últimos 25 años, la aceleración ha sido del 25%. Es decir, no sólo se acelera, sino que se acelera cada vez más rápido.
En esta misma línea, los investigadores han observado que el adelgazamiento de los glaciares se registra hasta más de 300 kilómetros tierra adentro. Las mediciones más recientes indican que el adelgazamiento se produce a un ritmo de un metro anual para el conjunto de los seis glaciares analizados, es decir, el doble de rápido que en las mediciones hechas en el periodo 1992-1999.
Estos resultados “son una llamada de alerta para que los científicos se tomen todo esto en serio”, señala el glaciólogo Richard Alley, de la Universidad del Estado de Pennsylvania (EU) a la revista Science.
Los rápidos cambios observados en los glaciares que desembocan en el mar de Amundsen hacen temer que se produzcan fenómenos similares en otras regiones de la Antártida. “Si otras placas de hielo pierden grosor y se debilitan, es probable que la velocidad de otros glaciares también se acelere”, ha declarado el investigador Robert Thomas a La Vanguardia.
Hacen temer, por otro lado, que todo el manto de hielo de la Antártida Occidental, que alberga el 10% de toda el agua dulce de la Tierra, se vuelva inestable y se hunda. Los científicos, por el contrario, no temen por el manto de la Antártida Oriental, mucho más voluminoso, puesto que se asienta sobre rocas situadas sobre el nivel del mar.
Si el manto occidental se hunde, gran parte del hielo que contiene caería al mar en forma de icebergs y el nivel de los océanos subiría con efectos catastróficos. “Es muy improbable que la totalidad de la placa se funda”, advierte Thomas. Pero, “aunque el aumento del nivel del mar sea pequeño, sus efectos pueden ser grandes. Ya en la actualidad, algunas islas habitadas del Pacífico se van encogiendo a medida que sube el nivel del mar”.
Según el Panel Internacional sobre Cambio Climático, un colectivo de 2 mil científicos de todo el mundo, los océanos están subiendo a un ritmo de 1.8 milímetros anuales. Un 10% de este aumento, 0.2 milímetros, corresponde al hielo aportado por los glaciares que desembocan en el mar de Amundsen. Pero si el manto de hielo de la Antártida Occidental se vuelve inestable, los científicos estiman que los mares podrían subir cinco metros en los próximos 500 años.