Consumía 11 clases de medicamentos y, entre ellos dos para la presión; Losartan y Betoprolol pero me cansé de ello y me resolví a emprender mi propio camino tomando cualquier riesgo porque sabía bien cuales eran y así y todo tome la decisión. Mi médico cardiólogo me decía que la medicación era para toda la vida. Al fin y al cabo eso le enseñaron y él lo creía a pie juntillas. Empecé a dudar de los aceites, las carnes, la leche, el azúcar y las harinas. Eso era echarse a medio mundo de enemigo comenzando por los familiares y los médicos. Dije las frutas, las verduras y los frutos secos no me harán daño y me cambié a ellos. Bajé saludablemente de peso. Hoy tengo una presión envidiable sin medicamentos y un pulso de deportista.
Los médicos, sépanlo o no, son cómplices de las industrias alimenticias y de las farmacéuticas.
Hoy me felicito por no creer todo lo que me digan sin examinarlo detenidamente.
En contra de la opinión de muchos “sabios” les muestro lo que fue mi desayuno el día de hoy y que gracias a él estoy sano.
Persona en recuperacion nutricional