InicioOfftopicEspecial 9 de julio de 1816 (orgullo argentino)
Hoy, iniciando este 9 de julio de 2.015, en el 199 aniversario de nuestra independencia, les traigo un pequeño homenaje a mi gran Nación. Espero que les guste compatriotas taringueros.



En 1816, luego del camino iniciado por la Revolución de Mayo en 1810, el país proclamó en un Congreso en Tucumán la existencia de una nación libre e independiente de la Corona Española, inaugurando el largo proceso de unificación nacional.
Luego de la Revolución del 25 de mayo de 1810, el camino hacia la independencia nacional estaba trazado: la ruptura de los lazos coloniales con España en 1810 no hicieron más que cristalizar un movimiento liberador que venía buscando, desde 1806, mayor participación política y económica de los criollos.





Cronología del 9 de Julio

En 1810, América del Sur estaba dividida en dos bandos: los revolucionarios y, por otro lado, los leales al Consejo de Regencia, llamados “realistas”. Los revolucionarios buscaban más autonomía dentro del sistema colonial hasta que volviera el rey y muy pocos se inclinaban por la independencia al principio. Por eso las juntas se hicieron en nombre de Fernando VII, el rey preso.

Sin embargo, cuando los revolucionarios intentaron sumar a los realistas a su determinación, comenzaron las guerras entre ambos mandos, cuyo resultado sería la independencia de los dominios coloniales en América. España no intervino porque se encontraba ocupada por los franceses y luchando por su propia independencia. La guerra no tuvo un mando único, cada gobierno americano siguió sus propias decisiones.

En el Río de la Plata, la Banda Oriental –lo que hoy es Uruguay- y el Litoral empezaron a defender su autonomía y a desafiar la postura centralista de Buenos Aires. Es por ello que, en la Asamblea de 1813, otro importante antecedente de la independencia, los representantes orientales no fueron aceptados cuando se convocó a un congreso para organizar al Río de la Plata. En la Asamblea, la mayoría revolucionaria era partidaria de declarar la independencia. Sin embargo, no se animaron a dar ese paso, a causa de los acontecimientos que se daban en Europa.

En efecto, en 1814, el rey Fernando VII fue liberado justo después de que Rusia, Austria, Prusia, Suecia, Portugal, España y Gran Bretaña formaran una gran alianza que derrotó a Napoleón. Así, las monarquías absolutistas resultaron grandes ganadores y declararon que cualquier gobierno surgido de una revolución era ilegítimo.

Sin embargo, ya desde 1813 los revolucionarios estaban bien encaminados: Bolívar reconquistó Caracas e instaló la segunda república venezolana; los revolucionarios del Río de la Plata triunfaron en la batalla de Salta sobre los realistas. Y San Martín ya estaba formando el Ejército de los Andes, con el objetivo de liberar los territorios de Chile y Perú.

Por su parte, el enfrentamiento entre Buenos Aires y los seguidores de Artigas, máximo líder de la Banda Oriental, se agudizó: el Litoral y la Banda Oriental formaron la “Liga de los Pueblos Libres” y se separaron del resto de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Por su parte, Paraguay, que había dejado de ser realista, se desvinculó completamente del resto y se mantuvo aislada.

A fines de 1815, la situación de los revolucionarios era desesperada. Venezuela y Colombia fueron reconquistadas por los realistas. Sólo el Río de la Plata seguía en pie, amenazado desde Chile y el Alto Perú. A nivel internacional, la situación era preocupante: Austria, Rusia y Prusia habían formado la Santa Alianza para defender a los absolutismos y apoyaban a Fernando VII en su búsqueda de recuperar su imperio.

En medio de esa gran emergencia, en 1816 las Provincias Unidas decidieron convocar a un nuevo congreso, que se reunió en Tucumán para decidir qué hacer. Todas las provincias de la Liga de los Pueblos Libres (Banda Oriental, Corrientes, Entre Ríos, Misiones y Santa Fe) no lograron participar del encuentro, ya que sus representantes fueron aprisionados por el Directorio unitario instalado en Buenos Aires. Una sola provincia de ideas federalistas pudo hacer llegar a sus representantes: Córdoba. Los territorios de la Patagonia, Comahue y el Gran Chaco se encontraban bajo el dominio de los llamados pueblos originarios. El Congreso se inició el 24 de marzo de 1816 con la presencia de 33 diputados, en una casa en San Miguel de Tucumán, alquilada a Francisca Bazán de Laguna, hoy Monumento Histórico Nacional.

Cabe destacar que, pese a una hegemonía de representantes de todas las provincias partidarias del centralismo porteño, el Congreso expresó en gran parte intenciones federales mantenidas por José de San Martín, Manuel Belgrano y Bernardo de Monteagudo. Luego de acaloradas discusiones, el Congreso del 9 de julio de 1816 proclamó la declaración de independencia argentina respecto de España y de toda otra dominación extranjera.






El interior del congreso de Tucumán

El 26 de mayo el Congreso de Tucumán aprobaba el “plan” o nota de materias que deberían tratar en sus cesiones. El 3 de julio se dispuso entrar a tratar la independencia.

Solamente los diputados de Tucumán y Jujuy tenían instrucciones de hacerlo, pero Belgrano había llegado a Tucumán con la noticia de que Inglaterra se desinteresaba de la causa de América, y por lo tanto sus consejos no tenían el valor que tuvieron los de Strandford cuando apoyaba, por lo menos de palabra, a la Revolución del Rio de la Plata. San Martín era otro campeón de la independencia; por esa causa se había separado de Alvear y alejado de la logia. Güemes también la sostenía.

La cuestión de la forma de gobierno

El 6 de julio había sido recibido Belgrano, en sesión secreta, para informar del estado de Europa y las posibilidades de guerra contra España. Sus palabras precipitaron la declaración de la independencia.

Dijo: 1) que si la Revolución había merecido en un principio simpatías de las naciones europeas “por su marcha majestuosa”, en el día y debido a “su declinación en el orden y la anarquía, solo podíamos contar con nuestras propias fuerzas”: 2) que las ideas republicanas ya no tenían predicamento en Europa y ahora “se trataba de monarquizarlo todo”, siendo preferida la forma monárquica-constitucional a la manera inglesa; 3) que la forma de gobierno conveniente al país era, por eso, la monarquía “temperada” llamando a la dinastía de los Incas “por la justicia que envuelve la restitución de esta casa tan inicuamente despojada del trono”, el entusiasmo general se despertaría en los habitantes del interior, y podía “evitarse así una sangrienta revolución en lo sucesivo”; 4) que España estaba débil por la larga guerra contra Napoleón, pero con todo “tenía más poder que nosotros y debíamos poner todo conato en robustecer el ejército”; que Inglaterra no ayudaría a España a subyugarnos, “siempre que de nuestra parte cesasen los desórdenes”; 5) que la llegada de tropas a Brasil no tenía miras ofensivas contra nosotros, y solo “precaver la infección (del artiguismo) en el territorio de Brasil”; que el carácter del príncipe don Juan era pacífico y “enemigo de conquistas”, y estas provincias no debían temer de aquellas fuerzas.

Las palabras de Belgrano encontraron eco cuatro días después en la declaración de la independencia, ya que debíamos hallarnos “librados a nuestras propias fuerzas”. Y en el debate sobre la forma de gobierno que empezaría en la sesión del 12, donde la gran mayoría estaría por la forma monárquica con un descendiente de los Incas, con capital en Cuzco.

Fray Justo Santa María de Oro dijo que sería conveniente consultar antes la voluntad de las provincias, y si el debate seguía “precediéndose sin aquel requisito a adoptar el sistema monárquico constitucional a que veía inclinado los votos de los representantes, se le permitiese retirarse del Congreso”.

En las sesiones secretas del 4 de septiembre, donde se votó la forma de gobierno, se aprobó la monarquía constitucional, con el solo agregado de que “esto podría hacerse cuando el país esté en perfecta seguridad y tranquilidad”.

El 19 siguió el debate: Serrano analizó las ventajas de un gobierno “federal” (por decir republicano) “que hubiera deseado para estas provincias”, pero ahora “por la necesidad del orden y la unión, rápida ejecución de las providencias y otras consideraciones” se inclinaba a la monarquía temperada; Acevedo renovó que se adoptase la monarquía del Inca, adherida por Pacheco. El 31 Castro se adhirió a la monarquía constitucional con el Inca; lo mismo hicieron Rivera, Sánchez de Lorca y Pacheco, y considerando este último suficientemente discutida la materia pidió votación. Luego el debate rondaría en torno a si la capital se debía mantener en Buenos Aires y si la monarquía debía ser Inca.

Debe comprenderse que por el estado de las ideasen Europa, la forma monárquica parecía ser la conveniente para conseguir que se reconociese la independencia. Y antes que un príncipe español, o portugués, o francés, o inglés, era más patriótico coronar uno nativo de América. El principio de la legitimidad era agitado por la Santa Alianza, ¿y que monarca más legitimo en América del sur que el descendiente de sus antiguos reyes? El proyecto no era tan descaminado, y debe reconocerse que la capital en el Cuzco como quería catamarqueño Acevedo significaba la unidad de américa del Sur.






El acta de la Independencia

En la benemérita y muy digna Ciudad de San Miguel del Tucumán a nueve días del mes de julio de mil ochocientos dieciséis: terminada la sesión ordinaria, el Congreso de las Provincias Unidas continuó sus anteriores discusiones sobre el grande, augusto y sagrado, objeto de la independencia de los Pueblos que lo forman. Era universal, constante y decidido el clamor del territorio entero por su emancipación solemne del poder despótico de los reyes de España; los Representantes sin embargo consagraron a tan arduo asunto toda la profundidad de sus talentos, la rectitud de sus intenciones e interés que demanda la sanción de la suerte suya, Pueblos representados y posteridad; a su término fueron preguntados:

¿Si querían que las Provincias de la Unión fuesen una Nación libre e independiente de los reyes de España y su metrópoli? Aclamaron primero llenos del santo ardor de la justicia, y uno a uno reiteraron sucesivamente su unánime y espontáneo decidido voto por la independencia del País, fijando en su virtud la determinación siguiente:

Nos los Representantes de las Provincias Unidas en Sud América reunidos en Congreso General, invocando al Eterno que preside al universo, en el nombre y por la autoridad de los Pueblos que representamos, protestando al Cielo, a las naciones y hombres todos del globo la justicia que regla nuestros votos: declaramos solemnemente a la faz de la tierra, que es voluntad unánime e indubitable de estas Provincias romper los violentos vínculos que las ligaban a los Reyes de España, recuperar los derechos de que fueron despojadas, e investirse del alto carácter de una nación libre e independiente del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli. Quedan en consecuencia de hecho y derecho con amplio y pleno poder para darse las formas que exija la justicia, e impere el cúmulo de sus actuales circunstancias. Todas y cada una de ellas así lo publican, declaran y ratifican, comprometiéndose por nuestro medio al cumplimiento y sostén de esta su voluntad, bajo del seguro y garantía de sus vidas, haberes y fama.

Comuníquese a quienes corresponda para su publicación y en obsequio del respeto que se debe a las naciones, detállense en un Manifiesto los gravísimos fundamentos impulsivos de esta solemne declaración.

Dada en la Sala de Sesiones, firmada de nuestra mano, sellada con el sello del Congreso y refrendada por nuestros Diputados Secretarios.

Francisco Narciso de Laprida, Diputado por San Juan, Presidente
Mariano Boedo, Vice Presidente, Diputado por Salta
Dr. Antonio Sáenz, Diputado por Buenos Aires
Dr. José Darragueira, Diputado por Buenos Aires
Fray Cayetano José Rodríguez, Diputado por Buenos Aires
Dr. Pedro Medrano, Diputado por Buenos Aires
Dr. Manuel Antonio Acevedo, Diputado por Catamarca
Dr. José Ignacio de Gorriti, Diputado por Salta
Dr. José Andrés Pacheco de Melo, Diputado por Chibchas
Dr. Teodoro Sánchez de Bustamante, Diputado por la Ciudad de Jujuy y su territorio
Eduardo Pérez Bulnes, Diputado por Córdoba
Tomás Godoy Cruz, Diputado por Mendoza
Dr. Pedro Miguel Aráoz, Diputado por la Capital del Tucumán
Dr. Esteban Agustín Gazcón, Diputado por la Provincia de Buenos Aires
Pedro Francisco de Uriarte, Diputado por Santiago del Estero
Pedro León Gallo, Diputado de Santiago del Estero
Pedro Ignacio Rivera, Diputado de Mizque
Dr. Mariano Sánchez de Loria, Diputado por Charcas
Dr. José Severo Malabia, Diputado por Charcas
Dr. Pedro Ignacio de Castro Barros, Diputado por La Rioja
Licenciado Gerónimo Salguero de Cabrera y Cabrera, Diputado por Córdoba
Dr. José Colombres, Diputado por Catamarca
Dr. José Ignacio Thames, Diputado por Tucumán
Fray Justo de Santa María de Oro, Diputado por San Juan
José Antonio Cabrera, Diputado por Córdoba
Dr. Juan Agustín Maza, Diputado por Mendoza
Tomás Manuel de Anchorena, Diputado de Buenos Aires
José Mariano Serrano, Diputado por Charcas, Secretario
Juan José Paso, Diputado por Buenos Aires, Secretario.











Curiosidades que deberíamos saber en el Día de la Independencia

* El 9 de julio de 1816 cayó un día martes. A las 14 horas comienzan a sesionar los diputados del Congreso.

* Para llegar al Congreso, los diputados tuvieron que recorrer largos caminos en galeras y sopandas. El viaje de Buenos Aires a Tucumán, por ejemplo, duraba entre 25 y 50 días.

*Uno de sus héroes más destacados, José Francisco de San Martín, luchó, irónicamente, a favor de España en las guerras napoleónicas.

*Otra curiosidad de este mismo héroe es que empezó su carrera militar a los 11 años y a los 15 ¡ya era oficial!

*Se pensaba que al terminar la guerra de independencia las Provincias Unidas del Río de la Plata, actual territorio argentino, se unirían, sin embargo, pasó mucho tiempo antes de que se volvieran una república.

*La lucha histórica que antecede a la guerra de Independencia argentina recibe el nombre de Revolución de Mayo, esta se inició aprovechando que el rey Fernando VII de España había sido capturado por Napoleón Bonaparte.

*El Congreso de Tucumán, asamblea encargada de los asuntos de la revolución, inició las reuniones para declarar la independencia en marzo de 1816, pero sólo lograron concretarse hasta cuatro meses después.

*En realidad, el nombre Provincias Unidas del Río de la Plata designaba no sólo a la actual Argentina, también abarcaba los países Uruguay y Paraguay.

*Durante las juntas del congreso se propuso elegir como forma de gobierno una monarquía constitucional y no una república, pues se consideraba a la primera como un sistema estable que garantizaba el orden y los derechos de los hombres.

*La independencia se realizó en otros aspectos además del bélico, circulaban al menos doce periódicos que hablaban sobre la revolución.

*En la guerra no hubo participación masculina exclusivamente, muchas soldados se unieron a las filas de la guerra.

*La mayoría de los congresales eran Clérigos u hombres de Leyes, porque eran las profesiones típicas de las clases sociales más altas.

*Los congresales cobraban un sueldo de $ 100 mensuales. El personal de maestranza recibía $ 6 por mes.

*Hawai fue la primera nación que reconoció nuestra independencia. En 1818 El rey Kamehameha I firmó un tratado de comercio con el representante de las Provincias Unidas del Río de la Plata, Hipólito Bouchard.

*Portugal reconoció nuestra independencia en 1821, Estados Unidos en 1822 e Inglaterra en 1823

*España recién admitió que éramos independientes en 1863

*La Virgen Santa Rosa de Lima fue declarada Patrona de la Independencia de América, por iniciativa de Fray Justo Santa María de Oro, el 14 de septiembre de 1816.

*Tintero usado por los diputados para firmar el Acta de la Independencia


*Llave original de la Casa de Tucumán que abrió las puertas a la Independencia


*Sillón que ocupó el presidente del Congreso, Francisco Narciso de Laprida


*Sillones y mesa del Congreso de Tucumán


*Sello de lacre utilizado en distintos documentos firmados durante el tiempo en que sesionó el Congreso de Tucumán


*Cruz perteneciente a fray Cayetano José Rodríguez, que trabajó en "El redactor de la Asamblea", órgano de la Asamblea de 1813, diputado por Buenos Aires en Tucumán y cronista del Congreso.








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