México es el séptimo
productor
científico
a nivel mundial
: Laclette
En
México
solo se invierte un 0.4 por ciento del Producto Interno Bruto en ciencia. Muy por debajo del mínimo mundial recomendado, el cual es del uno por ciento. A pesar de eso,
México
es el séptimo
productor
científico
a nivel mundial
; según Juan Pedro Laclette, coordinador general del Foro Consultivo
Científico
y Tecnológico.
México no solo se encuentra en esta privilegiada posición. Sus investigadores también son consideradas de alta calidad por científicos de otros países del mundo; a tal grado que reciben hasta el doble de citas que otras investigaciones hechas en países como China. Por si fuera poco, también es el sexto lugar mundial en crecimiento en su matricula de científicos.
De las instituciones que más aportan a la ciencia en México , la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) se lleva el primer puesto con un 26.4 por ciento del total. En segundo lugar se lo lleva el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) con un 14.1 por ciento, y el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) alcanza un puesto en el “podio” con un 11.1 por ciento. El Cinvestav, la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) y el Instituto Mexicano del Petróleo (IMP) también se ganan una mención honorífica ya que aportan un porcentaje importante a las investigaciones científicas en el país.
Sin duda, estos son datos muy buenos. Pero como todos sabemos, la ciencia mexicana tiene muchos datos amargos y lamentables. En México la comunidad científica es todavía pequeña: solo hay 0.9 investigadores por cada mil egresados universitarios; muy lejos de países como Finlandia, quienes registran hasta 16.6 investigadores por cada mil.
Lo más alarmante de todo son la cantidad de investigaciones que se quedan solo en papel. Un total del 69 por ciento de las investigaciones nunca llegan a comercializarse. Del restante, el 30 por ciento se comercializa vía una institución pública y solo el 1 por ciento lo comercializa una institución privada.
Ese es otra alarmante, la falta de vinculación entre empresas e instituciones académicas. Según Laclette,
Los académicos se concentran más en elaborar informes de los resultados obtenidos en sus investigaciones que en ver cómo el conocimiento científico que generan pudiera encontrar alguna aplicación práctica; a los empresarios aún no les cae el veinte de que la innovación es un recurso importante para mejorar su productividad y competitividad.
La calidad y el interés existe. En cierta medida, la cantidad también. Solo falta darle un poco de enfoque para que puedan florecer los avances científicos en el país. Una institución que puede ser el detonante para que las empresas en el país se animen a invertir en este rubro podría ser la Agencia Espacial Mexicana (AEM); otra institución que promete muchos avances para la ciencia y tecnología en el país.
México no solo se encuentra en esta privilegiada posición. Sus investigadores también son consideradas de alta calidad por científicos de otros países del mundo; a tal grado que reciben hasta el doble de citas que otras investigaciones hechas en países como China. Por si fuera poco, también es el sexto lugar mundial en crecimiento en su matricula de científicos.
De las instituciones que más aportan a la ciencia en México , la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) se lleva el primer puesto con un 26.4 por ciento del total. En segundo lugar se lo lleva el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) con un 14.1 por ciento, y el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) alcanza un puesto en el “podio” con un 11.1 por ciento. El Cinvestav, la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) y el Instituto Mexicano del Petróleo (IMP) también se ganan una mención honorífica ya que aportan un porcentaje importante a las investigaciones científicas en el país.
Sin duda, estos son datos muy buenos. Pero como todos sabemos, la ciencia mexicana tiene muchos datos amargos y lamentables. En México la comunidad científica es todavía pequeña: solo hay 0.9 investigadores por cada mil egresados universitarios; muy lejos de países como Finlandia, quienes registran hasta 16.6 investigadores por cada mil.
Lo más alarmante de todo son la cantidad de investigaciones que se quedan solo en papel. Un total del 69 por ciento de las investigaciones nunca llegan a comercializarse. Del restante, el 30 por ciento se comercializa vía una institución pública y solo el 1 por ciento lo comercializa una institución privada.
Ese es otra alarmante, la falta de vinculación entre empresas e instituciones académicas. Según Laclette,
Los académicos se concentran más en elaborar informes de los resultados obtenidos en sus investigaciones que en ver cómo el conocimiento científico que generan pudiera encontrar alguna aplicación práctica; a los empresarios aún no les cae el veinte de que la innovación es un recurso importante para mejorar su productividad y competitividad.
La calidad y el interés existe. En cierta medida, la cantidad también. Solo falta darle un poco de enfoque para que puedan florecer los avances científicos en el país. Una institución que puede ser el detonante para que las empresas en el país se animen a invertir en este rubro podría ser la Agencia Espacial Mexicana (AEM); otra institución que promete muchos avances para la ciencia y tecnología en el país.