JON
Cuando se enteró de la orden, la boca de Ser Allister se torció en una supuesta sonrisa, pero sus ojos permanecieron tan fríos y duros como el pedernal. –Así que el bastardo me envía a morir.
"Morir" , exclamó el cuervo de Mormont. "Muere, muere, muere".
«No estás ayudando». Jon dio un manotazo al pájaro. –el bastardo le está enviando a la cordillera. Para encontrar a nuestros enemigos y matarlos si es necesario. Es experto con la espada. Fue maestro de armas, aquí y en Eastwatch–
Thorne tocó la empuñadura de su espada larga. –Aja. He desperdiciado una tercera parte de mi vida tratando de enseñar los rudimentos del manejo de la espada a patanes, corderos y bribones. Bien pequeño se me van a hacer los bosques.
–Dywen estará contigo, y otros guardas experimentados.
–Vamos a enseñarle lo que necesita saber, Ser– dijo Dywen a Thorne, cacareando. –Le enseñaremos cómo limpiarse su culo de alcurnia con hojas, al igual que un buen guarda
Kedge Whiteye se echó a reír, y Black Jack Bulwer escupió. Ser Allister solo dijo: –¿Quisieras que me negara, no? Entonces podrías cortar mi cabeza, al igual que lo hiciste con Slynt. No te voy a dar ese placer, bastardo. Mejor ruega por que sea un cuchillo salvaje lo que me mate. A quienes los Otros matan no se quedan muertos .... ellos recuerdan. Volveré, Lord Nieve!
–Ruego que así sea– Jon no contaría nunca entre sus amigos a Ser Allister Thorne, pero él seguía siendo un hermano. «Nadie ha dicho que tenían que gustarte tus hermanos».
No era fácil pensar en enviar hombres a tierras agrestes, sobretodo cuando las posibilidades de que regresaran no eran buenas, «Son hombres experimentados», se dijo Jon... pero su tío Benjen y sus guardas habían sido hombres experimentados y aun así el bosque encantado se los había tragado sin dejar ni un rastro. Y cuando dos de ellos por fin regresaron al Muro, lo hicieron como espectros. No era la primera vez, ni la ultima, en la que Jon Nieve se preguntaba que habría sido de su tío Benjen Stark. «Quizás los guardas regresarían con noticias de ellos», pero realmente no lo esperaba.
Dywen encabezaría una partida, Black Jack Bulwer y Kedge Whiteye las otras dos. Ellos estaban entusiasmados por la tarea. –Se siente bien tener un caballo debajo de uno– dijo Dywen en el puente, lamiendo su diente de madera, –con su perdón, mi señor, pero nuestros culos estaban agarrando astillas de tanto estar sentados por aquí– No existía hombre en el Castillo Negro que conociera los bosques como los conocía Dywen, los arboles y los arroyos, las plantas comestibles, las veredas de presas y depredadores. «Thorne esta en mejores manos que lo que merece».
Desde lo alto del Muro, Jon vio alejarse a los jinetes – Tres partidas cada una de tres hombres, cada uno con dos cuervos, sobre sus caballos no parecían más grandes que hormigas, y Jon no podía distinguir un guarda de otro. Sin embargo, los conocía. «Ocho buenos hombres», pensó, «y uno... bueno, ya veremos».
Cuando los jinetes desaparecieron en los arboles, Jon abordo la jaula hacia abajo con Edd el Penas. Los copos de nieve estaban cayendo mientras realizaban el lento descenso, bailando en las ráfagas de aire. Uno siguió a la jaula, a la deriva mas alla de los barrotes. Bajaba mas rápido que lo que descendían y de cuando en cuando desaparecía bajo sus pies. Entonces una ráfaga de viento lo atrapaba y volvía a elevarlo otra vez. Si hubiera querido, Jon podría haberlo alcanzado entre los barrotes y atraparlo. –Tuve un sueño espantoso ayer por la noche, mi señor– confesó Edd el Penas. –Usted era mi mayordomo, traía mi comida y limpiaba mis sobras. Yo era el Lord comandante, sin tener jamás un momento de reposo.– Jon no sonrió. –Tu pesadilla, mi vida.
Las galeras de Cotter Pyke estaban reportando un número siempre creciente del pueblo libre a lo largo de las boscosas orillas al norte y al este del Muro. Habían sido vistos campamentos, balsas a medio construir, incluso el casco de una coca rota que alguien había comenzado a reparar. Los salvajes desaparecían en el bosque en cuando veían los buques de Pyke, para reaparecer tan pronto como había pasado. Mientras tanto, Ser Denys Mallister seguía viendo en la noche los fuegos al norte de la Quebrada. Ambos comandantes estaban pidiendo más hombres.
«¿De donde voy a sacar mas hombres?» Jon había enviado a cada uno, diez salvajes del Villa Topo: novatos, viejos, algunos heridos y enfermos, pero todos capaces de hacer trabajos de uno u otro tipo. Lejos de agradecer, Mallister y Pyke, ambos escribieron quejándose, «Cuando solicité hombres, tenia en mente hombres de la Guardia de la Noche, entrenados y disciplinados, de cuya lealtad nunca tenga razón para dudar– Escribió Ser Denys. Cotter Pyke fue más contundente. –Podría colgarlos del Muro como advertencia a otros salvajes para que se mantengan alejados, no les veo otro uso.– Escribió por él, Maese Harmune. –No confiaría en ellos ni para limpiar mi bacinilla, y diez no son suficientes.
La jaula de hierro se desplazo hacia abajo al final de su larga cadena, crujiendo y traqueteando, hasta que finalmente tomo pie al suelo en la base del Muro. Edd el Penas abrió la puerta y saltó, rompiendo con las botas, la capa de las últimas nieves. Jon lo siguió.
Afueras de la armería,en el patio, Iron Emmett seguía exhortando a sus pupilos . La canción de acero contra acero despertó las ansias de Jon. Le recordaba, los días más cálidos y más sencillos, cuando había sido un niño en Invernalia jugando con Robb con las cuchillas bajo la atenta mirada de Ser Rodrik Cassel. Ser Rodrik también había caído, asesinado por Theon Cambiacapas y sus hombres de hierro, al intentar retomar Invernalia. La gran fortaleza de la Casa Stark era una desolación quemada. «Todos mis recuerdos están envenenados».
Cuando Iron Emmett lo divisó, levantó la mano y cesó el combate. –Lord Comandante. ¿En qué podemos servirle?
–Con tus tres mejores
Emmett sonrió. –Arron. Emrick. Jace.
Horse y Hop-Robin fueron por acojinados para el Lord Comandante, junto con una cota de malla encima, las rodilleras, el gorjal y un yelmo. Un escudo negro ribeteado con hierro en su brazo izquierdo, una reluciente espada larga en su mano derecha. La espada brillaba de un color gris plateado a la luz del amanecer, casi nueva. «Una de los últimas en salir de la forja de Donal. Lástima que no vivió lo suficiente para poner una marca sobre ella». La hoja era más corta que Garra pero de acero común, lo que la hacía más pesada. Sus golpes serían un poco más lentos. –Va a servir.– Jon se volvió para mirar a sus adversarios. –Venid.
–¿A cual quiere primero?– Inquirió Arron.– Los tres. De una vez
–¿Tres a uno?– Jace no podia creerlo. –No sería honorable– Era uno del ultimo grupo de Conwy, el hijo de un zapatero de la Isla Honor. Quizás eso lo explicaría.
–Cierto, Venid Aquí
Cuando lo dijo, la hoja de Jon golpeo junto a su cabeza, derribándolo, En un parpadeo, el muchacho tenia una bota en su pecho y la punta de la espada en su garganta. –La guerra nunca es honorable– Jon le dijo, –Ahora son dos contra uno, y tú estás muerto.
Cuando oyó la grava crujir, supo que los gemelos se acercaban. «Esos dos aún harán guardas». Giró, bloqueó el tajo con el borde del escudo y enfrentó a Emrick con la espada. –Esas no son lanzas– gritó. –¡Acercaros!– . Se fue al ataque para mostrarles cómo se hacía. Emrick primero. Lanzo un tajo a la cabeza y los hombros, derecha e izquierda y otra vez a la derecha. El chico levanto su escudo y trató un torpe contragolpe. Jon golpeó con su propio escudo al de Emrick y le derribó con un golpe en la pierna ... justo a tiempo, porque Arron fue sobre él, con un sonoro golpe en la parte posterior de su muslo que lo puso a una rodilla. «Eso dejara un moretón». Detuvo el siguiente tajo con su escudo, y luego se puso en pie y empujó Arron a través del patio. «Es rápido», pensó, cuando las espadas se besaron una, dos, tres veces, «pero tiene que hacerse más fuerte». Cuando vio el alivio en los ojos de Arron, supo que Emrick estaba detrás de él. Se dio la vuelta y le asestó un golpe detrás de los hombros que lo hizo estrellarse contra su hermano. En ese momento, Jace se puso en pie, por lo que Jon lo tumbó nuevamente. –Odio cuando los muertos se levantan. sentirás lo mismo el día te encuentras con un espectro– Dando un paso atrás, bajó su espada. –El cuervo te puede picotear a los cuervillos– gruñó una voz detrás de él, –¿pero tiene suficiente estomago para combatir a un hombre?.
Casacadematraca estaba apoyado contra la pared. Una gruesa barba le cubría las hundidas mejillas, y un delgado cabello castaño colgaba entre sus ojos amarillos.
–Eso crees– dijo Jon. –Ya veras, cuando te derribe
–Stannis quemo al hombre equivocado.
El salvaje le sonrió a través de una boca de dientes marrones y rotos. –Se quemó al hombre que había que quemar, para que todo el mundo viera. Todos hacemos lo que tenemos que hacer, Nieve. Incluso los reyes.
–Emmett buscadle alguna armadura. Lo quiero en acero, no en viejos huesos. –Una vez vestido de malla y placa, el Señor de los Huesos parecía estar un poco más erguido. Parecía más alto también, con los hombros más grueso y más fuertes de lo que Jon creía. «Es la armadura, no el hombre», se dijo. «Incluso Sam podría parecer casi formidable, Vestido de pies a cabeza con el acero de Donal Noye».
El salvaje rechazo el escudo que Horse le ofreció. En su lugar pidió un mandoble –Este es un dulce sonido– dijo cortando el aire –Aletea cerca, Nieve. Es decir pon tu plumas a volar
Jon lo embistió duramente.
Casacadematraca dio un paso atrás y enfrentó la carga con una tajo a dos manos. Si Jon no hubiera atravesado su escudo, podría haberle dañado la coraza y roto la mitad de las costillas. La fuerza del golpe le hizo tambalearse por un momento y le envió una sacudida maciza al brazo.
Giraban uno en torno al otro, intercambiando golpes. El Señor de los Huesos, daba tanto como recibía. En justicia el mandoble debía ser mas pesado y difícil de manejar que la espada larga de Jon, pero el salvaje la blandía con una rapidez vertiginosa.
Los pupilos de Iron Emmett animaba a su lord comandante, pero la velocidad del implacable ataque de Casacadematraca pronto los acalló. «No puede seguir así por mucho tiempo», se dijo Jon, cuando detuvo otro golpe. El impacto le hizo gruñir. Aun de filos romos, el espadón, rompió el escudo de madera y doblo el borde metálico. «Pronto se cansara».
Jon acuchillo la cara del Salvaje, y Casacadematraca echó para atrás la cabeza. Lanzó un golpe a la pantorrilla de Rattleshirt, quien hábilmente esquivo la hoja. El espadón se estrelló sobre el hombro de Jon, lo suficiente para abollar su hombrera y adormecerle el brazo. Jon retrocedió. El Señor de los Huesos avanzó, sonriendo. «No tiene ningún escudo», se recordó Jon, «y esa monstruosa espada es demasiado engorrosa para los movimientos defensivos». Debería de asestar dos golpes por cada uno de los de él.
De algún modo no fue así pues los golpes que asestaba no tuvieron ningún efecto. El salvaje siempre parecía estar alejándose o deslizando a un lado, por lo cual la espada de Jon rebotaba en un hombro o brazo. Pronto se encontró cediendo terreno, tratando de evitar los estrepitosos golpes y fallando la mitad del tiempo. Su escudo se había reducido a astillas. Se lo quitó del brazo. El sudor le corría por la cara y le picaban los ojos por debajo del yelmo. «Es muy fuerte y muy rápido», reconoció, «y con ese espadón tiene peso y me alcanza». Habría sido una pelea diferente si Jon hubiera estado armado con Garra, pero ...
Su oportunidad llego en el siguiente retroceso de Casacadematraca. Jon se hecho hacia adelante, derribando al otro hombre, y cayeron juntos, con la piernas entrelazadas. Acero contra acero. Ambos perdieron su espadas y rodaron en el duro suelo. El salvaje hinco la rodilla en la entrepierna de Jon. Quien arremetió con su puño. De algún modo, Casacadematraca termino encima, con la cabeza de Jon entre sus manos. La estrelló contra el suelo y luego le arranco el visor. –Si tuviera una daga, ya hubieras perdido un ojo– gruñó antes que Horse y Iron Emmett lo retiran del pecho del lord comandante, arrastrandolo. –Soltadme, malditos cuervos– Bramó.
Jon lucho por ponerse a una rodilla. La cabeza le sonaba y su boca esta llena de sangre. La escupió y dijo: –bien peleado.
–Eso crees, cuervo. Ni siquiera sude
–lo harás, la próxima vez– dijo Jon. Edd el Penas, lo ayudo a ponerse de pie y retirarse el yelmo. Había ganado profundas abolladuras que no habían estado allí cuando se lo puso. –Liberarlo– Lanzo el yelmo a Hop-Robin, que lo dejo caer.
–Mi Señor– dijo Iron Emmett, –Él amenazo su vida, todos hemos escuchado, Dijo que si tuviera una daga..
–Tiene una daga. Allí mismo en su cinturón– «Siempre hay alguien mas fuerte y mas rápido», Ser Rodrik les había dicho alguna vez a Jon y Robb. «Es el hombre que necesitas enfrentar en el patio antes que necesites enfrentar a sus semejantes en su campo de batalla»
–Lord Nieve– dijo una suave voz.
Giró para encontrarse con Clydas de pie bajo el arco roto. Con un pergamino en la mano. –¿de Stannis?– Jon había estado esperado alguna noticia por parte del rey. La guardia de la noche no toma parte, lo sabía y no debe importarle que rey salga triunfante. De alguna manera así se hizo. –¿Es Bosquespeso?–
–No, mi señor– Clydas le alargó el pergamino. Estaba bien enrollado y sellado, con el sello color rosa fuerte. «Solo Fuerte Terror utiliza lacre de color rosa» Cuando vio la firma, olvido la paliza que Casacadematraca le había dado.
Ramsay Bolton, Señor de Hornwood. Leyó, en enorme y puntiaguda letra. La tinta marrón se escamó cuando Jon la rozó con el pulgar. Debajo de la firma de Bolton, Lord Dustin, Lady Cerwyn, y cuatro Ryswells habían añadido su propias marcas y sellos. En letra más cruda habia dibujado el gigante de Casa Umber. –¿Podríamos saber lo que dice, señor?– Preguntó Iron Emmett.
Jon no vio ninguna razón para no decirles. –Foso Caillin fue tomado. Los cuerpos despellejados de los hombres de hierro han sido empalados a lo largo del camino real. Roose Bolton convoca a todos los señores leales a Barrowton para confirmar su lealtad al trono del Hierro y celebrar la boda de su hijo con...– Su corazón pareció detenerse por un momento. No, eso no es posible, ella murió en Desembarco del Rey con Padre.
–Lord Nieve– Clydas lo miro fijamente con sus levemente rosados ojos. –Esta... indispuesto? Se ve ...,
–Se casará con Arya Stark. Mi pequeña hermana– Jon casi podia verla en ese momento, Cara larga y desgarbada, toda de nudosas rodillas y angulosos codos, con la cara sucia y el pelo enredado. Le lavarían una y el peinarían el otro, no lo dudaba, pero no podia imaginarse a Arya en un vestido de boda, ni en la cama de Ramsay Bolton. «No importa cuanto miedo le tenga ella no lo demostraría. Si él tratara de ponerle la mano encima ella pelearía».
–Su hermana– dijo Iron Emmett –¿Cuantos años tiene...?
«A estas alturas tendría once», pensó Jon, «Todavía una niña». –No tengo ninguna hermana. Solo hermanos, solo a vosotros– .Lady Catelyn se hubiera alegrado de oír esas palabras, lo sabía. No hace que sean más fáciles de decir. Sus dedos aplastaron el pergamino. Podrían aplastar con la misma facilidad el cuello de Ramsay Bolton. Clydas se aclaró la garganta. –¿habrá una respuesta?– Jon sacudió la cabeza y se alejó.
Al anochecer los golpes que recibió de Casacadematraca se habían vuelto color purpura. –Ellos se harán amarillos antes de desvanecerse– dijo al cuervo de Mormont. –Me voy a ver tan cetrino como el Señor de los huesos
–huesos– coincidió el pájaro. –huesos, huesos.
Podía oír el murmullo de voces viniendo de fuera, el sonido era demasiado débil para entender las palabras. Suenan a mil leguas de distancia. Eran Lady Melisandre y sus seguidores en sus fuegos nocturnos. Cada noche en la oscuridad la mujer de rojo dirigía a sus seguidores en las plegarias nocturnas, pidiendo a su rojo dios ver a través de las tinieblas. «Por la noche es oscura y llena de terror». Con Stannis y la mayoría de los hombres de la reina lejos, su rebaño se habia reducido muchísimo. Medio centenar del pueblo libre de Villa Topo, un puñado de guardias que el rey había dejado, y tal vez una docena de hermanos negros que habían tomado el dios rojo de ella por su propia cuenta.
Jon se sintió tan rígido como un sexagenario. Sueños tenebrosos, pensó y la culpa. Sus pensamientos se volvían a Arya. No había manera que pudiera ayudarla. Hice a lado a todos los familiares cunando dije mis juramentos. Si uno de mis hombres me dijera que su hermana estaba en peligro, le diría que, no era asunto suyo. Una vez que un hombre hace sus juramentos su sangre es negra. Negra como el corazón de un bastardo. Había hecho que Mikken forjara una espada para Arya, un hoja de mantón, pequeña para que encajara en su mano. «Aguja». Se sorprendería si todavía la tuviera. «Tienes que clavarla por el extremo puntiagudo», le habia dicho, pero si tratara de ensartarla en el Bastardo, podría significar su vida.
–Nieve– murmuro el cuervo de Lord Mormont, –nieve, nieve
De repente no podía sufrir ni un momento mas.
Encontró a Fantasma afuera de su puerta, royendo un hueso de buey para llegar a la médula. –¿Cuando has vuelto?– El lobo huargo se puso de pie, abandonó su hueso para andar tras Jon.
Mully y Kegs se encontraban vigilando la puerta apoyados en sus lanzas. –Un cruel frío asola, mi señor– advirtió Mully a través de su enmarañada barba naranja. –¿Va a estar mucho tiempo afuera?.
–No. Sólo necesito un poco de aire– Jon dio un paso hacia la noche. El cielo estaba lleno de estrellas, y el viento racheaba a lo largo del Muro. Incluso la luna parecía helada. Sintió ponerse la carne de gallina en el rostro. Entonces la primera ráfaga lo alcanzo, atravesando las capas de lana y cuero poniéndole a castañetear los dientes. Cruzó el patio en las garras de aquel viento. Su capa ondeaba con fuerza en sus hombros. Fantasma le seguía. ¿A donde voy?¿Que estoy haciendo? El Castillo Negro estaba quieto y en silencio, sus salones y torres oscuras. «Mi sede», reflexiono Jon Nieve, «Mi salón, mi casa, mi dominio. Una ruina».
En las sombras del Muro, El lobo huargo rozo sus dedos. Durante un instante, la noche cobro vida con un millar de olores y Jon Nieve escuchó el crujido en la vieja nieve. Alguien estaba detrás de él, se dio cuenta de repente. Alguien que olía como un cálido día de verano.
Cuando se giró vio a Ygritte.
Se quedó debajo de las piedras quemadas de la torre del Lord Comandante, amortajada en la oscuridad y en la memoria. La luz de la luna estaba en su pelo, en su rojo pelo besado por el fuego. Cuando vio eso, el corazón le salto a la boca. –Ygritte– dijo.
La sorpresa le hizo retroceder ante ella. –Lady Melisandre.– dio un paso atrás. –le confundí con otra persona– De noche todos los gatos son pardos. Sin embargo, de repente ella era de color rojo. No entendía como pudo haberla tomado por Ygritte. Era mas alta, delgada, vieja aunque la luz de la luna le lavo años de su cara. Un vaho se levanto de su nariz y de las pálidas manos desnudas a la noche. –Se le van congelar los dedos– advirtio Jon.
–Si esa es la voluntad de R'hllor. Los poderes de la noche no pueden tocar el corazón de aquellos que están bañados por el fuego sagrado de Dios.
–Su corazón no me preocupa. Son sus manos.
–el corazón es lo único que importa. No desespere, Lord Nieve. La desesperación es un arma del enemigo, cuyo nombre no debe ser dicho. Tu hermana no esta perdida para ti.
–No tengo hermana– Las palabras fueron cuchillos, «¿qué sabes de mi corazón, sacerdotisa?. ¿que sabes de mi hermana?»
Melisandre parecia divertida, –¿Cual es su nombre, de esa pequeña hermana que no tienes?
–Arya– Su voz era ronca. –Mi media hermana, realmente
–... porque tú naciste bastardo. No lo había olvidado. He visto a tu hermana en el fuego. Huyendo de ese matrimonio que se ha hecho para ella . Viene aquí, contigo. Una niña sobre un caballo moribundo, lo he visto claro como el día. Que todavía no ha sucedido, pero seró. –Miró a Fantasma. –¿Puedo tocar a tu ... lobo?.
La idea hizo que Jon se sintiera incomodo. –Mejor no.
–no me dañara. Lo llamas Fantasma. ¿no?
–Si, pero...
–Fantasma– Melisandre hizo de la palabra una canción.
El huargo hecho a andar hacia ella. Precavido, acecho alrededor de ella, olfateando. Cuando ella tendió la mano, también la olió y luego acerco su nariz a los dedos.
Jon dejo escapar un hálito blanco. –No siempre es así …
–... Cálido? El calor llama al calor, Jon Nieve– Sus ojos eran dos estrella rojas, brillando en la oscuridad. En su cuello, su rubi brillaba, un reluciente tercer ojo que resplandecía como los otros. Jon habia visto los ardiente ojos rojos de Fantasma de la misma forma. –Fantasma– lo llamó. –a mi.
El lobo huargo lo miro como si fuera un extraño.
Jon frunció el ceño con incredulidad. –Eso es ... raro
–¿Lo crees?– ella se arrodillo y rasco a Fantasma detrás de la oreja. –el muro es un lugar raro, pero hay poder aquí, si sabes usarlo. Poder en ti y en esta bestia. Te resistes y ese es tu error. Abrazadlo. Usadlo.
«Yo no soy un lobo». Pensó, –¿Y cómo voy a hacer eso?
–Puedo mostrártelo– Melisandre envolvió con su delgado brazo a Fantasma y el lobo hargo le lamió la cara– El señor de la Luz en su sabiduría nos hizo varón y hembra, dos partes de un todo mayor. En nuestra unión hay poder. Poder para hacer la vida. Poder para hacer la Luz, Poder para proyectar sombras
–Sombras– El mundo pareció mas oscuro cuando lo dijo. –Todo Hombre que camina por la tierra proyecta una sombra sobre el mundo. Algunos son delgados y débiles, otros largos y oscuros. Debes mirar hacia atrás, Lord nieve, la luna te ha besado y graba tu sombra sobre el hielo, de veinte pies de altura.
Jon miró por encima del hombro. La sombra estaba allí, tal como habia dicho, grabada en la luz de la luna hasta el Muro. «Una niña de gris sobre un caballo moribundo», penso. Arya, «viene hacia aqui». Se volvió hacia la sacerdotisa roja. Jon podía sentir su calor. «Ella tiene poder». La idea vino espontaneamente, lo agarro con diente de hierro, pero ella no era una mujer con la que había que tener deudas, ni siquiera por su hermana pequeña. –Dalla me digo algo una vez. La esposa de Mance Rayder, hermana de Val. Dijo que la brujería era una espada sin empuñadura. No hay manera segura de agarrarla.
–Una sabia mujer– Melisandre se levantó, su roja túnica se agitó en el viento. –una espada sin empuñadura, Sin embargo, sigue siendo una espada. Y una espada es una cosa buena cuando los enemigos están alrededor. Escúchame ahora, Jon Nieve. Nueve cuervos volaron dentro del bosque blanco para encontrar a tus enemigos. Tres de ellos están muertos. Todavía no han muerto, pero su muerte esta esperando por ellos, cabalgan hacia ella. Los enviaste a ser tus ojos en la oscuridad, pero regresaran sin ojos cuando vuelvan. He visto sus palidos rostros muertos en mis llamas. Las cuencas vacias, llorando sangre– Empujó su rojo pelo hacia atras y su ojos rojos brillaron. –No me crees. Debieras. El costo de esa creencia serán tres vidas. Un pequeño costo para tu sabiduría, dirían algunos ... pero que no había que pagar. Recuérdalo cuando mires las caras ciegas y asoladas de sus muertes. Y cuando llegue ese día toma mi mano– el vapor se levanto de su piel palida, y por un momento pareció como si pálidas y mágicas llamas estuvieran jugando en sus dedos. –Toma mi mano – dijo de nuevo. –y dejadme salvar a tu hermana.