Cuando un hombre quería invitar a una mujer a salir, le entregaba estas tarjetas con seductoras frases.
Quizás nosotros no podemos estar sin Facebook, los sitios de citas en línea y las aplicaciones de los móviles, pero en el siglo 19, los jóvenes solteros tenían que ser un poco más creativos con su juego de la seducción y así fue introducida en América la “tarjeta de invitación” o de “acompañamiento”.
No se utilizó exactamente en la alta sociedad, pero sí en hombres y mujeres menos formales. Caballeros que se encontraban en la búsqueda de las solteras y así pretendían conocerlas entregándoles sus tarjetas, donde preguntaban discretamente si podían “acompañarlas a casa”. De acuerdo con Messy nessy chic, el coleccionista de estas tarjetas históricas se llama Alan Mays y hoy les mostraré algunas de ellas. Según él estas eran “un medio común de introducción y nunca se tomaban demasiado en serio”.
“Me atrevería y temo preguntar, si me dirías o me harías una señal, de cómo puedo declarar mi amor y conocer mi destino entregado por Cupido”.
“¿Puedo verla en su hogar o tendré que sentarme en la cerca de su hogar para verla pasar?”.
“¿Puedo ver su hogar?”.
“Querida señorita: Arriesgare todo si usted me permite acompañarla hasta la puerta de su hogar”.
“Dos almas con un sólo pensamiento, dos corazones que laten como uno. ¿Me puede permitir el encantador placer de escoltarla a su hogar esta tarde?”.
“¿Puedo tener el placer de escoltarla a su hogar esta tarde? Si es así guarde esta tarjeta, sino ¿Puedo sentarme en la cerca de su hogar para verla pasar?”.
“Tengo muchos deseos en conocerla. Si lo desea, por favor devuelva esta tarjeta, anotando la hora y el lugar para la entrevista, en el reverso”.
“Con confianza y respeto ¿puedo tener el placer de acompañarla esta tarde? Si es así guarde esta tarjeta, sino por favor devuelva la”.
“¿Puedo tener el placer de verla en su hogar esta tarde? Si es así guarde esta tarjeta; sino por favor devuelva la”.
“Tus labios color coral fueron hechos para besar, resueltamente mantendré y la desafiaré al decir mi bella señorita que ¿fueron hechos en vano?”
“Querida señorita: usted es sensible y buena, tiene todos los encantos de una mujer, sus ojos resaltan como las estrellas que se encuentran en el cielo y seré miserable si no puedo amarla”.