Por José Arenas
Vos sos un uruguayo, una uruguaya, que trabaja, que paga lo que tiene que pagar, que esquiva la suba de los precios, que educa a sus hijos si es que los tiene, que vive acá. Entonces, quizá, hace unos días escuchaste la noticia de la mujer baleada en una fábrica de pastas en Montevideo, y, claro, te da bronca, tristeza, miedo. Pensaste que podías ser vos, tu hija, tu hermano, tu novio. Te sigue dando bronca, entonces escuchás la radio para distraerte, o abrís el Facebook, o leés los diarios, y en ese trance para llenarte un poco la cabeza de una sintonía que rime con tu bronca, escuchás a ese tipo que está en los medios, ese de la voz chillona y penetrante como un taladro agudo de resentimiento, ese que todos conocen como Petinatti, el colorado endemoniado, el que se ríe de las mujeres engañadas, que llama prostitutas desde su programa de radio para tomarles el pelo, que se aprovecha del mundo estrecho de las amas de casa, ese que después, para lavar sus culpas conduce “La Teletón” esa organización siniestra maquillada de filantropía que va adelante de la mano de sus compañeros de ideas; Victoria Rodríguez y Nacho Álvarez, entre otros. Esos que comparten el modus operandi de meter una gotita de odio en tu cabeza. La cabeza que los escucha, que los mira, que los lee.
Allí, en tu pequeño mundo mediático, escuchás a Petinatti aprovechando vilmente la muerte de una mujer para decir que “este país se fue a la mierda”, “que los de arriba se ríen de nosotros que estamos abajo”, porque así dice él “nosotros”.
En ese momento, esa rabia triste y legítima que tenías por la muerte de alguien en manos de unos delincuentes, se infla, deja de ser tuya y pasás a repetir el discurso del “licenciado”, te convertís en Doña Rosa carente de percepción, de voz propia, y ese entusiasmo crece y prendés tu computadora, y vas a Facebook de nuevo, o a Twitter –porque tu lucha política pasa sólo por esos lados-, y compartís lo que él dice y, más Doña Rosa que nunca, volvés a decir que este país es una mierda, que los de arriba se ríen de nosotros, que hay que matarlos, que la política es una mugre, y de repente, sos una mujer de ruleros en su casa repitiendo a Petinatti una vez y otra vez, aunque seas un hombre de 40, una doctora de 30, un estudiante de 17, un albañil de 22, un profesor jubilado de 70. Tu rabia le da poder, legitima lo que él dice, lo hace real. Pero no te diste cuenta de algunas cosas.
Petinatti dice que los de arriba se nos cagan de risa, pero en tu rabia pareja con la suya no ves que él no es un “nosotros”, él no está abajo contigo, no va al kiosco de noche, no sale a la madrugada a tomarse un bondi, no sale del súper cargado de bolsas y va caminando hasta su edificio, él no está contigo, él es uno de los de “arriba” puesto en pose, él te hace creer que es tu compañero, pero en realidad es compañero de “ellos” y cuando te dice que este país se va a la mierda, te lo dice desde ahí, y no te diste cuenta de que cuando te dijo todo eso, que cuando terminó de llenarte la cabeza de su voz láser llena de resentimiento, vos quedaste abajo, masticando su bronca, no la tuya, la de él. Así que él se va de la radio, se sube a su auto, se va a su barrio caro, se encierra en su casa segura y mañana volverá para decirte que tiene rabia y miedo, a vos que no vivís en su barrio, quizá ni siquiera vivas en su ciudad, quizá vivís en Salto, en Artigas, en Colonia.
Si hay un país que se fue a la mierda, es el tuyo, no el de él, su país es el de los de arriba, pero no ves eso, no te das cuenta y salís a pedir seguridad, pena de muerte, mano dura. Y ojo, que si la bronca fuera tuya, sería legítima, pero es triste que estés repitiendo la bronca falsa, la fingida preocupación de alguien que, cuando vos volvés a tu casa cansado y con la cabeza hirviendo, él está descansando porque sabe que vos te hacés cargo de su odio. Él no necesita cargar con la energía negra del resentimiento, porque vos le hacés el trabajo, y ¿sabés qué es lo triste? Que cuando repetís la voz de Petinatti, aún más venenosa que la suya, diciendo que el país se fue a la mierda y que los de “arriba” se ríen de nosotros, no te estás dando cuenta de que el modelador de tu “ideología”, también está ahí arriba, cagándose de risa de vos.