Según la OMS, es la primera causa de discapacidad y la segunda de muerte en países industrializados.
Solo en la Argentina, una persona sufre un ACV cada cuatro minutos. El más frecuente es el isquémico (80% de los casos). Reconocer los síntomas rápidamente es fundamental para intervenir a tiempo, ya que sólo dentro de las primeras cuatro horas y media de producido un ACV isquémico puede aplicarse el tratamiento específico, que permite revertir los daños y minimizar o reducir las secuelas: la trombolisis cerebral.
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Pero ¿cómo reconocer un ACV? Los síntomas más habituales aparecen de manera repentina y pueden ser detectados por la persona afectada o sus allegados. Algunos de ellos son: ausencia de sensación, debilidad o adormecimiento en la cara, el brazo o la pierna, usualmente en un lado del cuerpo; confusión, problemas repentinos para hablar o comprender el lenguaje; dificultades para ver, desde oscurecimiento hasta visión doble, con uno o ambos ojos; inconvenientes para caminar, mareo, vértigo, pérdida del equilibrio o de la coordinación motora e intenso y súbito dolor de cabeza.