
Puede todavía una imagen hacer algo? ¿Puede conmovernos, generar identificación, ayudar a que algo horrible deje de ocurrir? Es difícil.
Pero el horror es el horror y la tragedia es la tragedia. Y el cómo se los muestre cambia si la manera de mostrarlos sirve para ponerlos en su más cruda, terrible dimensión.
La foto que Todos vimos, Sintetiza como ninguna el horror de los refugiados y la medida de su desesperación si es que esa desesperación puede ser medida de alguna manera. Y es una acusación contra la monstruosa insolidaridad de los gobiernos europeos hijos de Puta, que escamotean el asilo y la ayuda.
La imagen explica por sí misma la verdadera dimensión de una tragedia es una flecha que se dispara al corazón y nos interroga qué clase de humanidad estamos construyendo.
Una imagen, la imagen más brutal: la guerra fuera de la guerra. El retrato de una víctima inocente perdida por este naufragio en que nos encontramos y que destruye la inocencia del espectador. No es una ficción: éste es nuestro mundo. Acá estamos. Él NO tuvo ninga oportunidad, NINGUNA. El chico es nuestro. No es de otra galaxia. Y está muerto.
