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Lecciones no aprendidas...

Ecologia10/15/2013
Hace unos días se aprobó en Uruguay una polémica ley de minería que sustituye la anterior, y que dejaría las manos libres para desarrollar la megaminería en nuestro país. En referencia a esta noticia, me puse a leer el debate y opiniones después de aprobarse la misma, y me encontré con cosas como estas:
El diputado oficialista Alfredo Asti, quien presentó el proyecto a la cámara, manifestó a The Associated Press su satisfacción por el proyecto aprobado y remarcó la utilidad que Uruguay dará a "lo que hoy son sólo rocas que están debajo del suelo".

"Es una oportunidad histórica para Uruguay de pegar un gran salto en su matriz productiva", dijo. Señaló que la ley establece que el 70% del dinero que los proyectos mineros dejen al estado se atesorará en un fideicomiso para las generaciones futuras, y que sólo el 30% podrá ser usado por los gobiernos de turno.

A su vez, la legislación establece que de ese 30%, el 90% deberá invertirse en proyectos productivos, un 5% en dotar de mayores recursos a los organismos de contraloría ambiental y otro 5% para financiar instituciones de estudios terciarios en el interior del país.

Otro de los que votó en favor del proyecto, el diputado José Carlos Mahía, reconoció los temores ambientales que genera la megaminería, pero se mostró confiado en que los controles estatales funcionarán.

"Entiendo las aprensiones que desde el punto de vista ambiental tienen algunos ciudadanos, pero Uruguay ha demostrado en los últimos años que sus organismos de control ambiental tienen independencia técnica y que están a la altura técnica de lo que el país necesita para controlar este tipo de emprendimientos", dijo a la AP.

(zona donde se desarrollaría la explotación)

La ley permitirá que se concrete la iniciativa megaminera de Aratirí, que se propone explotar los yacimientos de hierro cercanos a las localidades de Cerro Chato y Valentines.





El proyecto pertenece a la multinacional Zamin Ferrous y prevé extraer 18 millones de toneladas anuales de hierro de cinco minas a cielo abierto que ocuparán 500 hectáreas. Sumado a otras instalaciones, Aratirí ocuparía 4.300 hectáreas y requeriría de un ducto de 212 kilómetros de largo y un puerto de aguas profundas propio. La inversión total sería de 3.000 millones de dólares.

Días atrás, el presidente José Mujica realizó una firme defensa de la megaminería a cielo abierto y dijo que sería inadecuado no aprovechar la riqueza mineral del país y no tratar de multiplicar los efectos de la riqueza que se tiene.

Y a qué viene todo esto???? Es que me recordó mucho a la historia de Nauru, una pequeña isla con una particularidad muy interesante, y es su relacionamiento con la industria minera.
He aquí un resumen de la historia (o de cómo perder el paraíso):


Nauru es un estado de una sola isla, en el medio del pacífico. El tamaño es de 21 km², lo que se podría traducir en unas 40 x 50 cuadras (a modo de ejemplo, Uruguay, el segundo país más chico de Sudamérica, tiene 176.215 km². Tiene poco más de 10.000 habitantes, siendo la mayoría propios de Nauru y de otras islas cercanas.
Fue "descubierta" por los europeos casi en el 1800, por El navegante inglés John Fearn fue el primer europeo en visitar la isla, a la que bautizó Isla Placentera. Barcos balleneros llegaban frecuentemente a Nauru durante el siglo XIX, hasta que la isla fue anexada por el Alemania en 1888.





En 1900 el australiano Albert Ellis encontró en su escritorio de Sidney una piedra que le enviara un viajero, en la creencia de que sería útil para fabricar bolitas de juego destinadas a los niños. Al analizarla descubrió el fosfato que haría de Naurú un país sumamente próspero. En 1905 una empresa anglo-alemana comenzó a explotar el mineral.



Al iniciarse la Primera Guerra Mundial los australianos ocuparon Naurú, que después de la derrota alemana fue declarado fideicomiso de Australia. Durante la Segunda Guerra Mundial Naurú pasó a ser parte del imperio japonés y más de mil nativos fueron deportados a Truk (en la actual Micronesia). Obligados a trabajos forzados sólo 700 lograron regresar al culminar el conflicto. La isla volvió a dominio australiano, y una trasnacional anglo-australiana-neozelandesa reanudó la explotación minera.

Pescadores por tradición, los nauruanos no se adaptaron bien a la minería, siendo sustituidos por inmigrantes, en su mayoría de origen chino. La inmigración alcanzó tal magnitud que en 1964 el gobierno australiano les sugirió a los nauranos que aceptaran trasladarse a otra isla o a Australia. Los nativos rechazaron de plano la propuesta y de inmediato reclamaron la autonomía, además del cese de la explotación indiscriminada de su único recurso natural.

El 31 de enero de 1968 Naurú declaró su independencia y rechazó la propuesta australiana de hacerse cargo de la defensa y relaciones exteriores de la isla, que además no solicitó su ingreso a las Naciones Unidas y ha reducido su política externa a la negociación con los compradores de fosfato.

En 1970 la empresa minera fue nacionalizada y cada jefe de familia se convirtió en accionista de ella. Esto elevó los ingresos per cápita a cifras superiores a las de muchos países industrializados, aún cuando la distribución del ingreso no es igualitaria.

El problema es que ahora ya no hay nada que sacar de la isla, y las malas inversiones y corrupción desmedida ha llevado a este estado a la bancarrota, dedicándose posteriormente a negocios turbios como el lavado de dinero. En el año 2001 los nauruanos encontraron una nueva fuente de ingresos, mucho más oscura que el lavado de dinero. Australia ofreció a la devastada isla un canon de dinero a cambio de instalar un centro de refugiados. De esta forma se derivaba a un centro “provisorio” en Nauru a los inmigrantes, principalmente afganos e iraquíes pero también de otras partes de Asia, que escapaban de sus países para “hacer la Australia”. Durante años silenciado por la prensa y el gobierno australiano, este nefasto sistema implicó, en los hechos, la creación de un centro clandestino de detención de inmigrantes en una pequeña isla del pacífico. Cientos murieron en chozas de precarias condiciones y casi sin instalaciones sanitarias hasta el año 2007, cuando un nuevo gobierno en Australia decidió cerrar el “Nauru Dream” (como se conocía al centro de detención) y dar visa a la mayoría de los refugiados.

Así han quedado algunos paisajes de la isla....









No quiero extenderme más, y aquí en Taringa se pueden encontrar muchos post sobre minería a cielo abierto y demás, con los que cada uno puede formarse una idea de si es algo bueno o no, pero la verdad que personalmente no me convence nada esta aventura en la que se embarcaría nuestro país....
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