Japón se recupera lentamente por extinción de ballenas
¿Quiere saber por qué los esfuerzos de recuperación después del terremoto de Japón avanzan en cámara lenta? Pregúnteselo a las ballenas.
Desde que la tierra se sacudió y el océano creció, los habitantes de Tokio han ido acostumbrándose a las informaciones impactantes: la fusión nuclear resultó ser mucho peor de lo que admitió el gobierno; el cesio radiactivo llegó hasta la comida para bebés; se hallaron más filtraciones en el reactor de Fukushima averiado; las advertencias de los expertos en sismología siguen siendo desoídas.
Sin embargo, el relato de las ballenas y los US $30 millones terminó siendo lo más perturbador –y arrojó nueva luz sobre el motivo por el cual Japón no puede o no quiere emprender las amplias reformas necesarias para evitar las rebajas de su calificación crediticia y revertir la deflación que se ahonda.
Japón gastó unos 2.280 millones de yenes en expediciones de cacería de ballenas de los fondos asignados a la recuperación del terremoto y el tsunami.
Es una gota en el balde proverbial, teniendo en cuenta que el gobierno proyecta gastar por lo menos US$300.000 millones reconstruyendo la región de Tohoku. Sin embargo, se trata de un gasto muy elocuente, con una significación que va más allá del costo.
Los programas relativos a las ballenas que se implementan todos los años desobedecen las convenciones internacionales y mellan la reputación de Japón, y por muy poco.
La demanda de carne de ballena es desdeñable: el sector sobrevive gracias a enormes subsidios públicos. Japón sostiene que usar fondos del terremoto para aumentar la seguridad en los barcos ayudará a éstos a eludir a los activistas que protegen a las ballenas. Se considera que una caza exitosa revitalizará las comunidades locales costeras.
¿Quiere saber por qué los esfuerzos de recuperación después del terremoto de Japón avanzan en cámara lenta? Pregúnteselo a las ballenas.
Desde que la tierra se sacudió y el océano creció, los habitantes de Tokio han ido acostumbrándose a las informaciones impactantes: la fusión nuclear resultó ser mucho peor de lo que admitió el gobierno; el cesio radiactivo llegó hasta la comida para bebés; se hallaron más filtraciones en el reactor de Fukushima averiado; las advertencias de los expertos en sismología siguen siendo desoídas.
Sin embargo, el relato de las ballenas y los US $30 millones terminó siendo lo más perturbador –y arrojó nueva luz sobre el motivo por el cual Japón no puede o no quiere emprender las amplias reformas necesarias para evitar las rebajas de su calificación crediticia y revertir la deflación que se ahonda.
Japón gastó unos 2.280 millones de yenes en expediciones de cacería de ballenas de los fondos asignados a la recuperación del terremoto y el tsunami.
Es una gota en el balde proverbial, teniendo en cuenta que el gobierno proyecta gastar por lo menos US$300.000 millones reconstruyendo la región de Tohoku. Sin embargo, se trata de un gasto muy elocuente, con una significación que va más allá del costo.
Los programas relativos a las ballenas que se implementan todos los años desobedecen las convenciones internacionales y mellan la reputación de Japón, y por muy poco.
La demanda de carne de ballena es desdeñable: el sector sobrevive gracias a enormes subsidios públicos. Japón sostiene que usar fondos del terremoto para aumentar la seguridad en los barcos ayudará a éstos a eludir a los activistas que protegen a las ballenas. Se considera que una caza exitosa revitalizará las comunidades locales costeras.