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Los probados efectos benéficos de la aspirina

Salud Bienestar•6/20/2012



Son numerosos los fármacos que adquieren notoriedad y luego pasan de moda sin pena ni gloria. Una excepción a esa regla es la aspirina (ácido acetilsalicílico).

Recuerdo bien que hace muchos años vi un programa televisado en los Estados Unidos, donde un destacado periodista entrevistaba a dos famosos médicos en relación a las enfermedades cardiovasculares. Uno era un notable cirujano cardiovascular y el otro un internista cardiólogo y -si la memoria no me falla- en lo único que estaban completamente de acuerdo era en el valor demostrado de pequeñas dosis de aspirina diarias para prevenir el infarto del miocardio.

Aunque en el año 2008 un trabajo entonces publicado tendía a probar que la aspirina no reduce el riesgo de aparición de un primer ataque cardíaco o accidente cerebrovascular, sino más bien lo hace en quienes ya han sufrido tales terribles enfermedades. En fin, a ese nivel de fluctuaciones nos tiene acostumbrados la literatura médica, ya que no es fácil explicar porqué la aspirina es efectiva en la segunda oportunidad y no en la primera.
El ácido acetilsalicílico (AAS) pertenece a la familia de los salicilatos y se conocen muy bien sus propiedades antiinflamatorias, analgésicas (para el alivio del dolor leve y moderado), antipiréticas (para bajar la fiebre) y antiagregante plaquetario (evita que se formen trombos en los vasos sanguíneos).

Como sucede con muchos otros fármacos, esas características eran ya bien conocidas y utilizadas en plantas que los contenían. En el caso de la aspirina era en la corteza del sauce blanco (Salix alba), sustancia utilizada desde tiempos inmemoriales para disminuir la fiebre y aliviar el dolor.

De modo que fue cuestión de tiempo que con el avance de la química se lograra aislar y luego sintetizar el principio activo que producía los notables efectos benéficos señalados. Tal honor correspondió en primer lugar, el año de 1853, al químico francés Charles Frédéric Gerhardt, pero hubo que esperar hasta 1897 para que el farmacólogo alemán Félix Hoffmann, de los laboratorios Bayer, lo lograra con gran pureza y así pudiese cormecializarse universalmente. Pero fue en 1971 cuando el farmacólogo británico John Robert Vane demostró que la aspirina suprime la producción de prostaglandinas y tromboxanos y se comenzó a usar como antiagregante plaquetario en pequeñas dosis diarias de 81 mg para prevenir las enfermedades cardiovasculsares.
Como siempre sucede, el AAS tiene efectos secundarios y está formalmente contraindicado en pacientes con úlcera péptica y posibilidades de sangrado estomacal.

Se estima que se han consumido más de 350 millones de comprimidos y que el consumo diario alcanza a unos 100 millones de aspirinas, lo que la hace uno de los fármacos más ubicuos, efectivos y comercializado a precios razonables.

Cuando en junio de 2012 nos enteramos gracias a un concienzudo trabajo de investigadores canadienses y español (www. amjmed.com, Mills y col.) mediante el meta-análisis de 23 estudios aleatorios, de que la estrategia usada con el tratamiento diario de aspirina en pequeñas dosis para la prevención de enfermedades cardiovasculares y su alta mortalidad asociada, también tenía un efecto significativo en la reducción de la incidencia en la mortalidad por cáncer, no hemos vacilado en dar a conocer los resultados de este importante trabajo epidemiológico, dada su trascendencia en el ejercicio diario de la medicina.

Dr. Francisco Kerdel Vegas

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