Envíos De Dinero a México Envía dinero por Internet a México de manera rápida por tan solo $4.99 www.xoom.com La persona que sufre episodios de pánico se siente súbitamente aterrorizada sin una razón evidente para sí misma o para los demás. Durante el ataque de pánico se producen síntomas físicos muy intensos: taquicardia, dificultad para respirar, hiperventilación pulmonar, temblores o mareos, miedo de salir de la casa. Los ataques de pánico pueden ocurrir en cualquier momento o lugar sin previo aviso. Durante un ataque de pánico o crisis de angustia se presenta al individuo una súbita aparición de un nivel elevado de ansiedad y excitación fisiológica sin causa aparente. La aparición de estos episodios de miedo intenso es generalmente abrupta y suele no tener un claro desencadenante. Los ataques de pánico se manifiestan como episodios que irrumpen abrupta e inesperadamente sin causa aparente y se acompañan de síntomas asociados al miedo, tales como hipertensión arterial súbita, taquicardia, dificultad respiratoria (disnea), mareos e inestabilidad, sudoración, vómitos o náuseas, síntomas todos ellos coherentes con el miedo que los provoca. Generalmente acompaña a la crisis una extrañeza del yo junto a una percepción de irrealidad y de no reconocimiento del entorno. Los ataques de pánico no duran mucho pero son tan intensos que la persona afectada los percibe como muy prolongados. A menudo el individuo siente que está en peligro de muerte inminente y tiene una necesidad imperativa de escapar de un lugar o de una situación temida (aspecto congruente con la emoción que el sujeto está sintiendo). El hecho de no poder escapar físicamente de la situación de miedo extremo en que se encuentra el afectado acentúa sobremanera los síntomas de pánico. Experimentar un ataque de pánico es una terrible, incómoda e intensa experiencia que suele relacionarse con que la persona restrinja su conducta, lo que puede conducir, en casos, a adoptar conductas limitativas para evitar la repetición de las crisis. El trastorno puede desembocar en agorafobia, por miedo a presentar nuevas crisis si se presenta una fuerte conducta evitativa en el afectado. A veces el fenómeno de crísis se reproduce durante el sueño. El pánico es una forma de miedo intenso en la que aparecen fenómenos fisiológicos y psicológicos coherentes con esa emoción. Según los enfoques cognitivos, en el proceso de pánico, una imagen mental, real o imaginaria, desencadena un rápido proceso que involucra al cerebro y al cuerpo. La espiral creciente de sucesos de percepciones de amenaza y reacciones corporales de miedo que se producen en el organismo desencadena una serie de síntomas que desembocan en una inminente sensación de pérdida de control por parte del afectado que parece superar la voluntad y minar instantáneamente la confianza y la seguridad del individuo. Esta instantánea, gran carencia de seguridad suele provocar un gran deseo de huida y una amenazante sensación de miedo a morir, enloquecer o provocar una escena indeseada. Según otros enfoques de este problema, la sensación de miedo o pánico se desencadena debido a cambios en la vida de la persona que sufre el ataque y a los significados atribuidos a dichos cambios. Estas personas tienen dificultad para conectar dichos cambios con la sensación de pánico, que identifican en muchos casos como un problema físico (ataque cardiaco, asfixia, etc.). Según los enfoques cognitivo-conductuales, una vez concebida la idea que desencadena el pánico, la crisis fisiológica y psicológica se activa como consecuencia del círculo creciente de percepciones mentales y reacciones corporales de miedo. Las reacciones fisiológicas desencadenan nuevas percepciones de miedo que incrementan las reacciones del cuerpo de una manera cíclica y creciente. La incapacidad del sujeto para activar estrategias eficaces para detener el fenómeno creciente acaba desencadenando el denominado ataque de pánico. Wilson R. Reid describe dos etapas en el desarrollo de la crisis de pánico: Afrontar el pánico requiere tiempo y paciencia para redefinir las actitudes frente al miedo extremo para enfrentarse al miedo y no evitarlo. Una de las estrategias que mejor ha funcionado consiste en la aplicación de diez reglas para afrontar una crisis de pánico: •Recuerde que lo que siente no es más que la exageración de las reacciones normales al estrés. •No es ni dañino ni peligroso, solo desagradable. Nada peor puede pasar. •No añada pensamientos alarmantes sobre lo que está pasando y lo que podría ocurrir. •Fíjese en lo que le está pasando a su cuerpo ahora, no en lo que usted teme, en su mente, que podría llegar a ocurrir después. •Espere y deje que pase el temor. No luche contra él. Acéptelo. •Cuando deja de pensar cosas alarmantes, el temor se extingue por sí solo. •Recuerde que lo principal es aprender a afrontar el miedo, no a evitarlo. Es una gran oportunidad para progresar. •Piense en el progreso que ha hecho hasta ahora, a pesar de las dificultades. Piense en lo satisfecho que estará cuando supere este momento. •Cuando empiece a sentirse mejor, mire alrededor y piense lo que puede planear para hacer después. •Cuando esté listo para continuar, comience despacio, en un estado de relajación. No necesita correr ni esforzarse. 1. Ante todo, reconocer que lo que nos está ocurriendo es un ataque de ansiedad y asumir que en los próximos minutos podemos experimentar estos síntomas, los cuales serán muy desagradables, pero no son peligrosos ni dañinos. Digámonos a nosotros mismos que estamos sufriendo un ataque de pánico, que no hay motivo para preocuparse y que tan sólo tenemos que esperar a que pase. 2. Evitar todo pensamiento que pueda agravar nuestro estado, utilizando, si fuera preciso, la técnica de la parada del pensamiento. Como detener el pensamiento: Hay veces en que los pensamientos automáticos negativos se resisten a nuestros intentos por cambiarlos por otros más positivos y siguen asaltándonos en el momento en que recordamos que vamos a volar o en el que subimos a un avión. Después de todo, es posible que tales pensamientos hayan surgido no antes, sino después de que se intalase el bucle de retro-alimentación entre la interpretación negativa y la ansiedad, de modo que su función, más que la de inspirar nuevas interpretaciones negativas, sea más bien la de “proteger” el bucle mediante la generación de ansiedad, cosa que hace que evitemos volar. Así, a pesar de estar recordándonos a nosotros mismos que esa idea nace de nuestro miedo y que volar es realmente muy seguro, mucho más que cualquier otro medio de transporte, puede que el pensamiento de que vamos a sufrir un accidente continúe imponiéndose en nuestra mente. En estas ocasiones lo más útil tal vez sea tratar de detener el pensamiento. La técnica consiste en interrumpir la aparición del pensamiento automático negativo mediante la realización de alguna acción como, por ejemplo, darnos un pequeño golpe, pellizcarnos o, simplemente, decirnos “basta” o “stop”. Cuanto más desagradable sea el estímulo empleado, más fácil nos resultará alcanzar nuestro objetivo, pero tampoco debemos exagerar, ya que normalmente la orden de parar (decirnos “basta” o “stop”) suele ser suficiente para reducir la frecuencia y duración de los pensamientos negativos. Lo que sí está fuera de toda duda es que podemos completar la técnica de detención del pensamiento añadiendo otras técnicas como la relajación y la imaginación de una escena agradable o la repetición de un pensamiento alternativo. De esta manera, cuando aparezca el pensamiento automático negativo, habría que hacer lo siguiente: •Ante todo, interrumpirlo de la forma antes indicada; y, por último, imaginarnos una escena agradable, lo que, además de afianzar el estado de relajación conseguido, mantendrá nuestra mente ocupada, impidiendo que surjan nuevos pensamientos negativos, o repetirnos un pensamiento alternativo, ya sea uno que sirva para animarnos en general o el que hemos elaborado precisamente para contrarrestar ese pensamiento automático negativo en concreto, lo que permite aprovechar la oportunidad para combatir este tipo de pensamientos. •A continuación, relajarnos con alguna de las técnicas basadas en el control de la respiración que ya conocemos o con cualquier otra que a nosotros nos venga bien, cosa que rebajará la ansiedad provocada por el pensamiento automático negativo. Como relajarse mediante el control de la respiración: Relajarnos constituye una de las maneras más efectivas para reducir nuestra ansiedad, ya que la relajación es una respuesta incompatible con las generadas por la activación del sistema nervioso simpático. Por eso, en este post queríamos presentar algunas técnicas sencillas para relajarnos rápidamente en cualquier lugar, incluido, por supuesto, el avión. La primera es una versión muy simplificada de la técnica de relajación muscular progresiva de Jakobson: el procedimiento consiste básicamente en tensar durante unos pocos segundos y luego relajar distintos grupos musculares, empezando por los brazos y siguiendo por la cabeza y el cuello, el tronco, las piernas y, finalmente, el cuerpo entero. Se trata de concentrar la respiración, que ha de ser lo más lenta y suave que podamos, en la zona abdominal, hinchando esa parte al inspirar y hundiéndola al espirar. Para afianzarla, resulta útil poner una mano encima del vientre, justo debajo del ombligo, porque sabremos que lo estamos haciendo bien si la mano sube y baja con la respiración. •Respiración profunda: Realizar una inspiración más profunda de lo habitual, retener el aire entre 5 y 10 segundos y luego espirarlo lentamente. Esta técnica se recomienda para afrontar situaciones de gran ansiedad, puesto que repetir el ciclo 5 veces basta para producir efectos importantes. •Respiración contando: inspirar mientras se cuenta hasta 3, mantener el aire contando hasta 2 y espirar mientras se cuenta otra vez hasta 3. •Atención focalizada en la respiración: Centrar nuestra atención en la respiración, sin intentar controlarla o forzarla, notando cómo el aire entra por la nariz y llena los pulmones y cómo sale de ellos, lo que hará que la respiración se vuelva más lenta y profunda. Obviamente, todas estas técnicas serán mucho más potentes si se han entrenado previamente.- Tapar una de la fosas nasales y respirar solo con la otra. Fruncir los labios y respirar por la boca como si estuviésemos apagando una vela. Coger una bolsa entre las manos, colocar su abertura delante de nuestra nariz y boca y respirar dentro de ella hasta que empecemos a sentirnos más calmados (tampoco hay que abusar, ya que con este truco aumentamos muy bruscamente nuestro nivel de dióxido de carbono) De esta manera, conseguiremos que el ataque de pánico no vaya a más y, lo que es mejor, que no se repita.
Qué hacer ante un ataque de pánico?
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