Seguime!
@ElpichiArio
La Kinderclinic tenía un enorme parque central, con césped y árboles de aspecto sorprendentemente cuidado. A su alrededor, varios grupos de edificios, destacando el frontal, bastante más grande que el resto. Sólo un vistazo más detenido te hacía darte cuenta de que las ventanas más bajas estaban cerradas con tablones de madera. De no ser por eso y por la ausencia completa de coches o gente en los alrededores cualquiera hubiera dicho que el lugar seguía funcionando.
La mayor parte de las habitaciones estaban vacías, sin camas ni ningún tipo de mobiliario. Daba la impresión de que se habían llevado todo lo útil antes de echar el cierre.
Lo que sí llamaba la atención es que algunas habitaciones tenían estas pequeñas bañeras altas. Diría que debían ser para bañar a los niños más pequeños. Los restos que se ven en el suelo eran de un lavabo. Resulta curioso darse cuenta que los lavabos son los primeros en ser destrozados. O tal vez, que son sanitarios que menos resisten los golpes.
La conserjería estaba totalmente desguazada. Era curioso ver que, aunque los cables estaban sacados de su sitio, no los habían desmontado.
Otra curiosidad que fuimos viendo según recorríamos las habitaciones era que prácticamente todas las griferías habían sido quitadas de su lugar. No sólo en estos baños grandes, sino en los lavabos de las habitaciones también.
Las escaleras de los extremos eran bastante más normales. Esta es la del extremo más alejado, que se distinguía de los otros por tener un montacargas, mientras que el resto sólo tenían escaleras.
Al final del pasillo de la segunda planta nos encontramos con una sala de rayos X. Normalmente estos sitios suelen estar bastante destrozados, pero en este caso la máquina parecía que podía empezar a usarse en cualquier momento, salvo porque el cuadro de luces de la instalación eléctrica estaba un tanto reventado (se ve al fondo de la foto). Sin embargo el proyector y la mesa conservaban un movimiento totalmente fluido, y a pesar de su tamaño y peso se podía desplazar prácticamente sin esfuerzo.
Lo que sí nos llamó la atención fue la sala de calderas, sobre todo porque estaba parcialmente inundada. La “estrella” del lugar era un mueble lleno de productos químicos metido en el agua.
Paseamos en la oscuridad del sótano, pasamos las cocinas iluminándonos sólo con las linternas… Habitaciones y más habitaciones de uso desconocido, hasta que en el otro extremo del edificio encontramos la sala de hidroterapia. La piscina no era especialmente grande, pero sí bastante profunda. Aquí había ventanas, pero como el resto estaban tapadas por tablones de modo que no entraba nada de luz.
En otro piso más abajo se encontraba la diversa maquinaria necesaria para hacer funcionar el hospital:
En las dos siguientes fotos, a primera vista no se aprecia, pero bajar hasta allí era imposible debido a la gran cantidad de agua acumulada que había: calculo que habría más de un metro de agua allí (fíjate en el reflejo del agua).