Un grupo de investigadores ha demostrado que algunas especies vegetales pueden perjudicar en el crecimiento de una especie, al tiempo que ayudan a otra.

Anteriormente se tenía la creencia de que las comunidades vegetales se organizaban de acuerdo a la ley del más fuerte, y todo esa maraña de plantas tenía un arreglo jerárquico, pero según una investigación realizada por el Consejo Superior de Investigación Científica (CSIC), una planta puede dificultar o ayudar el crecimiento de otra especie, independientemente de su facilidad de adaptación.
La investigación fue realizada por Cristina Armas, quien analizó el comportamiento de 10 especies de plantas perennes, durante un año, en condiciones controladas. Con ellos se forzó el crecimiento de diversas parejas de plantas de la misma especie y de distinta especie.
Entre los resultados que surgieron de dichas investigación se obtuvieron casos como el del esparto, que ejerce un efecto muy negativo en el crecimiento del albardín, pero al mismo tiempo estimula el crecimiento de la siempreviva morada; mientras tanto el albardín es muy competitiva con su misma especie, pero también favorece al crecimiento de la siempreviva morada.
"La forma en que las distintas especies se relacionan entre sí determina el desarrollo de una especie en la comunidad y es clave para la coexistencia entre especies distintas.
Las especies más poderosas de la comunidad pueden llegar a facilitar el crecimiento de otras más débiles"
Con estos resultado podríamos decir que algunas plantas son capaces de fomentar o perjudicar el crecimiento de las diferentes especies que conforman su vecindario. Lo cual, sí es bien aprovechado, podría ser benéfico para el medio ambiente y la humanidad; ya que se podrían plantar ciertas especies para incentivar el crecimiento de otras que estén en peligro de desaparecer, eliminar plagas o incluso ayudar al crecimiento y producción de especies vegetales comestibles.
Además de todo ello, nos demuestra que las plantas son más complejas de lo que parecen, quizás no puedan hablar o pensar, — o por lo menos de la forma en la que estamos habituados— pero sí cuentan con un comportamiento social que les permite escoger, en medida de lo posible, a los miembros de su comunidad.
suemaverde.

Anteriormente se tenía la creencia de que las comunidades vegetales se organizaban de acuerdo a la ley del más fuerte, y todo esa maraña de plantas tenía un arreglo jerárquico, pero según una investigación realizada por el Consejo Superior de Investigación Científica (CSIC), una planta puede dificultar o ayudar el crecimiento de otra especie, independientemente de su facilidad de adaptación.
La investigación fue realizada por Cristina Armas, quien analizó el comportamiento de 10 especies de plantas perennes, durante un año, en condiciones controladas. Con ellos se forzó el crecimiento de diversas parejas de plantas de la misma especie y de distinta especie.
Entre los resultados que surgieron de dichas investigación se obtuvieron casos como el del esparto, que ejerce un efecto muy negativo en el crecimiento del albardín, pero al mismo tiempo estimula el crecimiento de la siempreviva morada; mientras tanto el albardín es muy competitiva con su misma especie, pero también favorece al crecimiento de la siempreviva morada.
"La forma en que las distintas especies se relacionan entre sí determina el desarrollo de una especie en la comunidad y es clave para la coexistencia entre especies distintas.
Las especies más poderosas de la comunidad pueden llegar a facilitar el crecimiento de otras más débiles"
Con estos resultado podríamos decir que algunas plantas son capaces de fomentar o perjudicar el crecimiento de las diferentes especies que conforman su vecindario. Lo cual, sí es bien aprovechado, podría ser benéfico para el medio ambiente y la humanidad; ya que se podrían plantar ciertas especies para incentivar el crecimiento de otras que estén en peligro de desaparecer, eliminar plagas o incluso ayudar al crecimiento y producción de especies vegetales comestibles.
Además de todo ello, nos demuestra que las plantas son más complejas de lo que parecen, quizás no puedan hablar o pensar, — o por lo menos de la forma en la que estamos habituados— pero sí cuentan con un comportamiento social que les permite escoger, en medida de lo posible, a los miembros de su comunidad.
suemaverde.