Los inmensos beneficios económicos enfrentan a dos sectores. De un lado están los investigadores públicos. Del otro, las empresas privadas. No toda la información genética puede ser patentada.
Los científicos advierten que aún faltan años para la posible revolución que se vislumbra a partir del trazado del mapa del genoma humano. Pero la pelea por los inmensos beneficios económicos, que enfrenta a investigadores del sector público con las empresas privadas participantes del proyecto, ya empezó. Y mueve miles de millones de dolares.
La llamada "guerra de los genes" lleva casi tantos años como el proyecto mismo. Pero ganó impulso en 1995, cuando la empresa provada Celera Genomics, líder en el campo de la biotecnología, entró en la carrera por el mapeo genético humano.
La compañía inició una vertiginosa competencia contra el Proyecto Genoma Humano, el instituto financiado con fondos públicos en el que colaboran investigadores de Estados Unidos, Inglaterra, Alemania, Francia, China y Japón.
Los dos grupos pelearon por ver quién sería el primero en difundir el borrador del mapa genético humano. Pero la disputa terminó el lunes, cuando Craig Ventor, presidente de Celera, y Francis Collins, director del grupo público, acordaron publicar toda la información en internet.
Hasta entonces, el instituto público había empezado a difundir los primeros resultados. Pero Celera sólo dio esa información a suscriptores que pagaron millones de dolares, como las grandes empresas farmacéuticas Novartis, Amgen, Pfizer, Immunex y otras.
La idea de las empresas de biotecnología es patentar determinados genes, una vez que se descubra su funcionamiento y su incidencia sobre ciertas enfermedades.
De ese modo, cualquier laboratorio que intente una aplicación medicinal de esos genes deberá pagar costosísimos derechos.
Otro de los líderes de este lucrativo negocio, según el Wall Street Journal, es la empresa Cura Gen, que emplea a más científicos que el Proyecto Genoma y que Celera. Entre sus clientes figuran gigantes farmacéuticos como Biogen, Hoffman-La Roche y Glaxo Wellcom.
Según las leyes estadounidenses, las patentes permiten un monopolio de 20 años en el desarrollo de aplicaciones comerciales a partir de su "invención", pero no confieren títulos de propiedad.
Pero no toda la información genética que se está descifrando en este proyecto puede ser patentada. La "secuencia en bruto" - la serie completa de las 3,2 millones de unidades químicas del genoma - está compuesta en un 90 por ciento por códigos sin sentido. Allí están inercalados los genes.
La política de patentes dice que esta secuencia genómica en bruto no es una invención sino una sustancia puramente natural; por lo tanto no puede patentarse. Pero una vez que los genes son aislados, purificados y removidos en su contexto natural, sí pueden patentarse.
De todos modos, una invención patentada debe demostrar el modo en que se aplicará. Hace ya varios meses, para limitar las patentes genéticas, la Oficina de Patentes estadounidense propuso una serie de normas que exigen demostrar "la utilidad en el mundo real" de las secuencias genéticas que se desea patentar. Y el mapa del genoma humano todavía está lejos de aportar esa información.
http://humangenomeinfo.com.ar/index.php?option=com_content&view=article&id=56:la-qguerra-de-los-genesq-labs-and-genoma&catid=34:genomalab&Itemid=53
Los científicos advierten que aún faltan años para la posible revolución que se vislumbra a partir del trazado del mapa del genoma humano. Pero la pelea por los inmensos beneficios económicos, que enfrenta a investigadores del sector público con las empresas privadas participantes del proyecto, ya empezó. Y mueve miles de millones de dolares.
La llamada "guerra de los genes" lleva casi tantos años como el proyecto mismo. Pero ganó impulso en 1995, cuando la empresa provada Celera Genomics, líder en el campo de la biotecnología, entró en la carrera por el mapeo genético humano.
La compañía inició una vertiginosa competencia contra el Proyecto Genoma Humano, el instituto financiado con fondos públicos en el que colaboran investigadores de Estados Unidos, Inglaterra, Alemania, Francia, China y Japón.
Los dos grupos pelearon por ver quién sería el primero en difundir el borrador del mapa genético humano. Pero la disputa terminó el lunes, cuando Craig Ventor, presidente de Celera, y Francis Collins, director del grupo público, acordaron publicar toda la información en internet.
Hasta entonces, el instituto público había empezado a difundir los primeros resultados. Pero Celera sólo dio esa información a suscriptores que pagaron millones de dolares, como las grandes empresas farmacéuticas Novartis, Amgen, Pfizer, Immunex y otras.
La idea de las empresas de biotecnología es patentar determinados genes, una vez que se descubra su funcionamiento y su incidencia sobre ciertas enfermedades.
De ese modo, cualquier laboratorio que intente una aplicación medicinal de esos genes deberá pagar costosísimos derechos.
Otro de los líderes de este lucrativo negocio, según el Wall Street Journal, es la empresa Cura Gen, que emplea a más científicos que el Proyecto Genoma y que Celera. Entre sus clientes figuran gigantes farmacéuticos como Biogen, Hoffman-La Roche y Glaxo Wellcom.
Según las leyes estadounidenses, las patentes permiten un monopolio de 20 años en el desarrollo de aplicaciones comerciales a partir de su "invención", pero no confieren títulos de propiedad.
Pero no toda la información genética que se está descifrando en este proyecto puede ser patentada. La "secuencia en bruto" - la serie completa de las 3,2 millones de unidades químicas del genoma - está compuesta en un 90 por ciento por códigos sin sentido. Allí están inercalados los genes.
La política de patentes dice que esta secuencia genómica en bruto no es una invención sino una sustancia puramente natural; por lo tanto no puede patentarse. Pero una vez que los genes son aislados, purificados y removidos en su contexto natural, sí pueden patentarse.
De todos modos, una invención patentada debe demostrar el modo en que se aplicará. Hace ya varios meses, para limitar las patentes genéticas, la Oficina de Patentes estadounidense propuso una serie de normas que exigen demostrar "la utilidad en el mundo real" de las secuencias genéticas que se desea patentar. Y el mapa del genoma humano todavía está lejos de aportar esa información.
http://humangenomeinfo.com.ar/index.php?option=com_content&view=article&id=56:la-qguerra-de-los-genesq-labs-and-genoma&catid=34:genomalab&Itemid=53