La gente sabe o, al menos, tiene una idea de las grandes catástrofes humanitarias que el siglo pasado dejó tras de sí, siendo por lo general el máximo exponente de dichas debacles quien fuera considerado un verdadero “anticristo”. El principal culpable, para muchos, de que la Segunda Guerra Mundial estallara: Adolfo Hitler.
Sin embargo, muchas personas se quedan con que Hitler fue el malvado del siglo sin tomar en cuenta los sucesos que, posteriormente, se dieron no sólo en Europa sino en el mundo entero, muchos de ellos como consecuencia de la llegada al poder de miembros que pretendieron implantar (con éxito, por cierto) nuevos sistemas político-económicos que exigieron una sumisión total de todas las clases sociales del país en cuestión.
No pretendo, evidentemente, restar culpas o justificar de alguna manera los actos de verdadero terror que el nazismo llevó a cabo en Europa, pero sin duda debemos mirar más allá y darnos cuenta de otros horrores que por el simple hecho de no haber sido realizados en nuestro país, no por ello dejan de verdaderas catástrofes que muchas veces ignoramos.
Hitler fue responsable de alrededor de 17 millones de personas , una astronomica cifra que le ha dado la fama de ser el personaje mas malo de toda la historia.
pero mira que hay alguien que es peor aun y hace que Hitler sea un poroto al lado de el, pero ya te digo de quien se trata...
Mao Zedong (también conocido como Mao Tse Tung) con la increíble cantidad de 78 millones de muertes bajo su gobierno.
MAO, EL MAYOR ASESINO DEL SIGLO XX
Cuatro años después de la IIGM y cuatro años antes de la muerte de Stalin, Mao Zedong (Mao Tse Tung, ) fundó la República Popular China tras vencer la guerra civil contra Chiang Kai Shek. Quizá la Historia haya sido todavía más indulgente con Mao que con el propio Stalin. De hecho, el maoísmo ha despertado una fascinación en Occidente que llega a nuestros días y que explica muchos comportamientos. Los Laogai, el Terror Rojo de los 50 y los millones de muertos en nombre de Mao, de sus hambrunas, de su Revolución Cultural, de sus Cien Flores, del día a día de la China comunista, no parecen empañar una visión romántica de la revolución más sangrienta. No hay excusas para alegar desconocimiento como no las hubo para el Holocausto o el Holodomor. Aunque sea imposible cifrar con exactitud los muertos por el maoísmo algunos autores establecen el mínimo en una población como la de España con la seguridad de que habrá que añadir millones más. El Libro Negro del Comunismo ofrece el dato de 65 millones de muertos, el equivalente a toda Francia.
Al hablar de Lenin, Stalin o Hitler se hace en términos históricos a sabiendas, eso sí, de que con muchos de los escombros del Muro de Berlín se han erigido multitud de partidos y regímenes. Pero al hablar de Mao se está haciendo de la China que siguió reproduciendo el horror que asoló Europa y que hoy sigue bajo el yugo del mismo régimen. Esto es lo que demuestra que no hay lecciones aprendidas, que cuando se dice "esto no se puede repetir", probablemente se está repitiendo en ese preciso instante en otro lugar.
Mao murió en 1976, quizá también el maoísmo. Pero en China pervive el mismo comunismo aislado, cruel, impermeable y consentido por el resto del mundo, quizá por su disfraz de modernidad, quizá por su potencia económica. El problema sigue siendo que, para encontrar avances, comparamos a la China de hoy con la de Mao en vez de comparar a la China de hoy con otros países de hoy y asustarse de la diferencia.