Dar el ejemplo
Los chicos aprenden lo que ven ....
Los adultos damos el ejemplo a nuestros hijos, aún cuando no seamos conscientes de ello. Los niños copian las costumbres de los mayores, sobre todo cuando son muy pequeños. Por eso es tan importante la coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos. Con qué autoridad le decimos al niño que no diga malas palabras si en casa es la forma habitual de comunicarse. De la misma manera, cuando nos dejamos llevar por el enojo, perdemos el control, nos ponemos agresivos o violentos, damos a nuestros hijos un mal ejemplo. No debe asombrarnos que más adelante ellos manifiesten este tipo de conductas frente nosotros, o hacia otros chicos o adultos.
• Los padres tienen que estar de acuerdo entre ellos,para no desautorizarse mutuamente.
• Deben aplicarlos con firmeza, pero sin maltratar al niño.
• Es importante que sean claros.
• Tienen que matener las Descisiones Tomadas
• No deben ser arbitrarios.
• Lo hacen sentir cuidado,contenido, y por lo tanto querido.
•Afianzan su confianza básica.
• Estimulan la seguridad en sí mismo.
•Lo ayudan a tolerar frustraciones.
•Facilitan su adaptación e integración a los grupos.
•Lo preparan para la vida. lo ayudan a distinguir lo que está bien de lo que está mal.
Poner limites
El “no” como muestra de amor
Cuando se acompaña de firmeza pero no de agresividad, cuando se consuela al niño sin humillarlo, el “no” significa darle las herramientas para que pueda integrarse al mundo en el que vive. Pero algo aún más importante. Frente a los límites y a los “no” que impone la vida (que muchas veces son simples postergaciones), el chico sabrá cómo esperar sin desesperar y sin sufrir tanto. Inicialmente, los pequeños se manejan según lo que Freud llamaba el “principio de placer”, por el cual buscan la satisfacción inmediata de sus necesidades (que cuando son bebés, están muy ligadas a la supervivencia). Tienen hambre, quieren comer, y lo quieren ya. Esta necesidad no puede esperar.
El problema surge cuando los padres no comprenden que parte de su tarea consiste en ayudarlos a desarrollar lo que Freud llamó “principio de realidad”. Ambos principios rigen el funcionamiento psíquico, y este último es el que permite, justamente, una adecuada adaptación a la realidad. Y eso se logra pudiendo decir que no cuando es necesario. Calmando al niño, pero sosteniendo el no sin claudicar o abandonar.
