Alacranismo
La prevalencia de la picadura de alacrán en México es alta. Aproximadamente 300,000 personas son reportadas por piquete de alacrán cada año en nuestro país. Es más frecuente en la población rural, y los grupos de edad con más riesgo son el de menores de cinco años y el de los mayores de 65 años de edad.
Los estados en la República Mexicana con mayor morbilidad por picadura de alacrán son Morelos, Colima, Guerrero y Jalisco. Con respecto a la mortalidad por intoxicación por veneno de alacrán, la Organización Mundial de la Salud OMS estima que cada año en México, ocurren entre 700 y 1400 muertes, sobre todo en menores de diez años de edad. Las entidades federativas con mayor mortalidad son en Guerrero, Jalisco, Michoacán, Nayarit, Puebla y Morelos.
Existen factores de riesgo como son vivir en zonas endémicas de alacranismo, las condiciones de vivienda, que favorecen la formación de escondrijos de alacranes; así como, tener material en desuso dentro de la casa, ladrillos apilados, tejas, cartón o madera y no deshierbar en derredor del domicilio; es decir, falta de prevención primaria durante actividades de riesgo laborales.
La incidencia de la picadura aumenta en tiempo de calor, sobre todo por las noches cuando los
alacranes salen para alimentarse. El alacrán usa su veneno para cazar y para su defensa. El veneno está contenido en el telson y es inoculado por el aculeus (aguijón).
Los alacranes son artrópodos con hábitos nocturnos; de día permanecen ocultos en lugares oscuros, ya que el calor y la luz son dañinos para ellos. Existe una gran variedad de especies. La más frecuente en México es la Centruroides, que se localiza en el 30.3% del territorio nacional, en donde radica el 36.8% del total de la población mexicana.
Existen 23 géneros y 221 especies de alacranes. En el territorio nacional se encuentran el C. Noxius en Nayarit (considerado como el más tóxico en nuestro país), C. Limpidus limpidus en Guerrero, Morelos y Michoacán, el C. Infamatus infamatus en Guanajuato y Estado de México, C. Elegans en Jalisco, C. Limpidus Tecomanus en Colima, C. Sufussus sufussus en Durango y el C. sculpturatus en Sonora.
La intoxicación por veneno de alacrán es una urgencia médica desencadenada por la picadura de este artrópodo y la inoculación de sus toxinas al interior de la circulación, que causa un cuadro
tóxico sindromático muy variado, ya que afecta diversos órganos y sistemas, produce estimulación
simpática y parasimpática, y puede llegar a terminar en la muerte del paciente.
Las manifestaciones clínicas son los elementos fundamentales de clasificación de la intoxicación por veneno de alacrán. En el cuadro leve hay signos y síntomas locales, como dolor intenso o prurito inmediato en el sitio de la picadura y parestesias locales. Los casos moderado y grave son altamente variables; las principales manifestaciones clínicas son irritabilidad, hipertermia, dolor y parestesia de todo el cuerpo; prurito nasal, sensación de cuerpo extraño faríngeo, sialorrea, estornudos, fasciculaciones linguales, dislalia, cianosis peribucal, epifora, fotofobia, nistagmus, amaurosis temporal, diplopía, alteraciones de la frecuencia cardiaca y de la presión arterial, dificultad respiratoria, distensión y dolor abdominal, náuseas, vómito, diarrea, priapismo y molestia vaginal.
En embarazadas se puede desencadenar motilidad uterina, y los pacientes pediátricos suelen tener llanto inconsolable.
Los sitios más frecuentes afectados son los miembros superiores e inferiores, aunque también puede ser en cualquier parte del cuerpo. Es importante la rápida instauración del tratamiento, ya que dependiendo de la misma, será el pronóstico del paciente. Los síntomas comienzan dentro de los primeros 20-40 minutos después de la picadura.
EL veneno de los alacranes está compuesto principalmente por polipéptidos, enzimas proteolíticas, proteínas de bajo peso molecular, serotonina y aminoácidos de acción neurotóxica (escorpaminas de bajo peso molecular de cadena corta, mediana y larga, con puentes disufuro, que afectan los canales de K, Na y Ca). Es inoculado directamente a la víctima por vía subcutánea, y se disemina por vía hematógena. Es eliminado por la orina y la secreción biliar.
El veneno de los centruroides contiene dos grupos de péptidos, uno de los cuales bloquea los canales de potasio de las membranas celulares, principalmente del sistema nervioso y músculo esquelético.
Este bloqueo causa la sintomatología, aún cuando la cantidad de veneno que inocula cada alacrán es de 100 a 300 microgramos.
Existen factores del artrópodo y de la víctima, que intervienen en la aparición de la sintomatología,
como son la zona geográfica y la época del año, el género y la especie del artrópodo, la edad, el
tamaño del alacrán y la cantidad de la toxina inoculada. Son importantes el peso, la edad, el sitio de la picadura y el estado general de la víctima.
El manejo óptimo incluye una detección oportuna, un diagnóstico temprano y la pronta aplicación
del antídoto antialacrán; así como, una referencia oportuna a una unidad médica de segundo o tercer nivel de atención cuando esté indicado.
La eficacia del tratamiento depende de la potencia del antídoto, su espectro de actividad, del tiempo que transcurre desde la picadura, y el inicio del tratamiento y de la farmacocinética del antídoto.
Notas y recomendaciones
•Existe una gran variedad de especies peligrosas para el ser humano; la que se localiza en México es la de centruroides, que se encuentra en 30.3% del territorio nacional, en donde habita el 36.8% del total de la población mexicana.
•Colocar mosquiteros o sobre las camas mantas de cielo (pabellones) para evitar que caigan del techo los alacranes mientras duermen las personas.
•Revisar y sacudir la ropa entes de ponérsela.
•Revisar ángulos de las paredes, puertas y ventanas. Resanado y aplanado de techos, pisos y paredes. Colocar protección en puertas, ventanas y techos de materiales naturales, zoclo interior y exterior con azulejo, cemento pulido o lámina de metal galvanizado alrededor de la vivienda.
•Utilizar pabellones en las cunas y camas de los niños y sumergir las patas de las camas dentro de recipientes con agua. La cama debe estar 10 centímetros separada de la pared.
•Eliminar cúmulos de basura, piedras y madera alrededor y dentro de la casa. Cortar la hierba alrededor de la casa.
•Las picaduras de alacrán se pueden identificar por el dolor y edema en el sitio de la inoculación.
•Considerar signos de alarma la sensación de cuerpo extraño en faringe, sialorrea, fasciculaciones linguales, distensión abdominal, nistagmus, insuficiencia cardiaca, bradicardia y dificultad respiratoria.
•Ante manifestaciones clínicas de intoxicación por veneno de alacrán debe aplicarse el antídoto específico.
Tener especial cuidado en menores de cinco años y mayores de 65 con intoxicación por veneno de alacrán para evitar complicaciones e incluso la muerte.
La vulnerabilidad a la intoxicación por veneno de alacrán en las edades tempranas se debe a que los niños tienen menor índice de masa corporal, y por lo tanto, la cantidad de veneno inoculado resulta letal en una mayor proporción.
Monitorizar los signos vitales de los pacientes pediátricos cada 20 minutos.
El veneno de los alacranes está formado por proteínas de bajo peso molecular (700 Da), probablemente polipéptidos, a las que se conoce como escorpaminas; su dosis letal 50 M(DL 50) en ratones es de 0.096mg/Kg, lo que sugiere su elevada toxicidad.
Contiene además hialuronidasa que aumenta la permeabilidad capilar para facilitar su absorción, y 5-hidroxitrptamina de la que depende la producción de dolor y edema en el sitio de la picadura.
Las escorpaminas llegan rápidamente a la circulación general, y si son de especies muy venenosas, en minutos pueden matar a mamíferos pequeños. Estas proteínas tienen una afinidad selectiva por el sistema nervioso central y periférico. Unas actúan a nivel de los canales iónicos, retardando la inactivación de sodio y prolongando así el potencial de acción, con aumento del tiempo para integrar la corriente generada por las membranas excitables de las células efectoras y otras incrementan la liberación de acetilcolina y catecolaminas a nivel sináptico, tanto en las terminaciones músculo esqueléticas, como en las neuronas autonómicas ganglionares.
La distribución geográfica de las defunciones 2001-2003, muestra un patrón bien definido; con frecuencia es más elevado en la mayoría de los estados federativos que tienen costas en el Océano Pacífico (Sonora, Sinaloa, Nayarit, Jalisco, Michoacán, Guerrero, Oaxaca) y en algunos de la región central (Durango, Zacatecas, Guanajuato, Estado de México, Puebla y Morelos). Este comportamiento puede deberse a que los tipos de alacranes que habitan en estas regiones son los más tóxicos.
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