antes que nada quiero aclarar que no comparto lo que dice este señor solo cree este post para que se informativo y por que veo que los post de los creyentes siempre son borrados,como a mi me gusta la libertad de expresion cree este post
La gran pregunta... ¿Dios existe?
(Angelberto, 1996)
http://www.interbook.net/personal/angelberto/1DIOS.htm
INTRODUCCIÓN
Antes de nada, y como principio de esta introducción, pido disculpas a todas las personas que puedan sentirse ofendidas con la lectura de las próximas páginas.
Creo que en ellas no hay falta de respeto alguna hacia el alma de las distintas religiones, aunque a veces mi escepticismo pueda interpretarse como un acto de rechazo hacia ellas.
En la actualidad ni Dios ni la religión están de moda pero, de todas formas, sé que estos temas suelen generar intensas pasiones porque, queramos o no, se encuentran profundamente arraigados en todos nosotros.
Desde lo más tierno de nuestras infancias, la sociedad, sea cual fuere, se ha encargado de que pertenezcamos a su religión y sus costumbres como si se tratasen de la única verdad posible, y eso ha supuesto un lastre que nos ha impedido ver con claridad la existencia de otros horizontes.
Tengo que decir que no hay ninguna doctrina por la que sienta especial afecto o especial aversión ya que todas son prácticamente iguales, y aunque en estas páginas escribo sobre alguna de ellas, lo que realmente quiero tratar es la teórica razón de ser de las religiones, es decir, Dios.
Aparentemente, las religiones son el camino para llegar a Dios pero casi siempre ese camino se acaba perdiendo en razones puramente económicas. Si profundizamos en los entresijos de cualquier doctrina sólo veremos un medio de vida para los que la dirigen, costeado siempre por los fieles creyentes.
No cabe duda que ha de haber ciertos sacerdotes de muchas religiones, absolutamente convencidos de la verdad del dogma que profesan, pero tengo la completa seguridad de que no son demasiados los que consiguen mantener la fe durante toda su vida, ya que la razón casi siempre acaba por imponerse.
En fin, disculpas a todos y que Dios nos guarde.
Angelberto.----------
I
DISTINTAS TEORÍAS SOBRE LA EXISTENCIA DE DIOS
En este mundo en que vivimos, y quizá también fuera de él, hay infinidad de religiones y cada una de ellas predica su particular doctrina como si fuese la única verdadera; es decir, todas están convencidas de que las demás son falsas.
Prácticamente la totalidad de las tendencias religiosas adoran a un ser supremo y omnipotente al que consideran creador de todo lo que vemos y conocemos. Del mismo modo, en casi todas las doctrinas hay un premio o un castigo que recibiremos después de la muerte, en función de nuestro comportamiento durante la vida.
Salvando ciertos matices y si analizamos debidamente la cuestión, podremos observar que no hay diferencias de fondo entre todas las religiones existentes.
Según estas enseñanzas, es fundamental adorar y amar a ese ser supremo creador de todo, no hay que hacer daño a nadie y se deben seguir ciertas reglas que nunca difieren demasiado de las más ateas normas de convivencia.
La religión, lógicamente, no discute la existencia de Dios ya que es la base de su razón de ser, pero nunca se ha preocupado de que sus fieles lleguen a tener un convencimiento razonado de tal existencia.
Exactamente eso quiso probar Santo Tomás de Aquino (1225-1274) en su Suma Teológica, y más concretamente con las famosas "cinco vías": La existencia del Dios Creador.
Santo Tomás, célebre religioso nacido en Nápoles y conocido fundamentalmente por sus trascendentales estudios teológicos, tomaba como punto de partida en cada una de sus vías, un hecho de la realidad mundana, y aplicando diferentes principios filosóficos llegaba a una conclusión clara de la existencia de Dios.
Basándonos en alguna de esas teorías, que, por supuesto, son absolutamente lógicas, no hay duda de que cualquier movimiento que ahora mismo podamos ver, siempre habrá sido causado por otro, y este último por otro, y el otro por otro diferente... En fin, que todo movimiento que veamos nos hará comprender que ha sido ocasionado por una sucesión de movimientos anteriores. La cuestión es que nunca podríamos trasladarnos hacia atrás en esos movimientos sucesivos sin que llegásemos al que inició el primero de ellos, ya que lo contrario equivaldría a admitir que no hay principio, y si no hubiera principio tampoco habría continuación, y por lo tanto, no existiría nada.
En la antigua filosofía griega no se hacían estos planteamientos porque era comúnmente aceptado el hecho de que el mundo era eterno, y por consiguiente no existían razones para buscar ese principio, pero Aristóteles (384-322 a.C.) trató de demostrar la existencia de Dios desde un punto de vista teleológico, es decir, considerando a Dios como fin último del universo y motor inmóvil que genera movimiento hacia sí por una especie de atracción de amor. Según Aristóteles, no podría explicarse la coordinación y armonía de los movimientos sin aceptar la existencia de Dios.
Cuando los filósofos se refieren a Dios como motor inmóvil generador de movimientos, están dejando muy claro que no es posible que él pueda moverse ya que si también él se moviese habría que recurrir a otra causa que explicase ese movimiento, y si hubiera una causa por encima de Dios, esta última causa sería Dios y no la anterior.
Otro de los pocos defensores del planteamiento teleológico fue Pierre Teilhard de Chardin (1881-1955), un jesuita francés cuyas teorías, entre científicas y religiosas, fueron condenadas por la Santa Sede ya que se desviaban notablemente de las enseñanzas de su iglesia.
P. T. de Chardin no negaba absolutamente a Dios como principio del universo, pero creía más justificable que estuviese en el final, ya que los procesos evolutivos tienden a la perfección. En sus escritos decía que "el cosmos tiende a vitalizarse, la vida a hominizarse y el espíritu a liberarse de la materia".
Chardin consideraba que el universo es una mezcla de materia y alma que evoluciona hacia el Dios-fin, y que el alma del hombre, dentro de ese proceso, surge a partir del sistema nervioso.
Para este jesuita era mucho más lógico que Dios, como ser perfecto, estuviese en el fin de la evolución, después de un proceso de superior unificación, que no al principio de lo que ahora es aún una realidad imperfecta.
Aunque Santo Tomás quiso demostrar la verdad de Dios buscándole en la causa primera, hay que apuntar que la última de sus vías pudiera tener cierto enfoque teleológico que, en cierto modo, parece acercarse a las teorías de Aristóteles y Chardin.
Muchos más trataron de manifestar la existencia de Dios utilizando la reflexión racional, y entre ellos no hay que restar importancia a San Anselmo de Canterbury (1033-1109).
San Anselmo fue un monje benedictino que nació en Aosta, al noroeste de Italia, y eligieron arzobispo de Canterbury (Inglaterra) cuando contaba unos sesenta años de edad. A él se debe lo que algunos llamaron, con mayor o menor fortuna, "argumento ontológico".
Con este argumento quiso probar la existencia de Dios, aunque Santo Tomás siempre consideró incompleta su demostración.
San Anselmo dijo que Dios era lo mayor que podía ser imaginado, pero si sólo existiese en el entendimiento no sería lo mayor, pues podría imaginarse como existente también en la realidad, y en este caso, eso sería superior. Es decir, que lo mayor que pueda ser imaginado tiene que existir tanto en el entendimiento como en la realidad; por lo tanto, si lo mayor que puede ser imaginado forzosamente ha de existir en la realidad; Dios existe.
Uno de los principales defensores de este planteamiento fue René Descartes (1596-1650), prestigioso filósofo y matemático francés, eterna y aparentemente sumergido en un mar de dudas pero creador de frases tan contundentes como la famosísima "pienso, luego existo" y "la existencia de Dios es más cierta que el más cierto de todos los teoremas de la geometría".
Independientemente de sus concordancias con San Anselmo, para Descartes hay dos sustancias, la de los seres pensantes y la del resto de los animales y cosas existentes. Las dos sustancias están absolutamente separadas entre sí, y dicha separación la provoca el hecho casual de que el hombre tiene alma. Curiosamente, este filósofo se atrevió a ubicar el alma en la glándula pineal o epífisis, que se halla situada en el centro del encéfalo. Es verdad que aún no se ha podido averiguar la función física de esta glándula, pero no es menos cierto que todavía estamos muy lejos de saberlo todo sobre el funcionamiento del cuerpo humano.
Continuador, en cierto modo, del concepto de Descartes sobre la sustancia, fue el filósofo holandés Baruch Spinoza (1632-1677), que hizo derivar esos razonamientos en el panteísmo.
Esta es una doctrina que funde a Dios con la materia como unidad absoluta del cosmos. De todos modos, pueden distinguirse diferentes tendencias en el panteísmo, y las más representativas son dos: el acosmismo, defendido fundamentalmente por Spinoza y Giordano Bruno (1548-1600); y el panteísmo ateísta, cuyos principales doctrinarios fueron Paul Henri d’Holbach (1723-1789) y Julien Offroy de Lamettrie (1709-1751).
En el acosmismo existe una sola sustancia real que es Dios; el resto de las cosas son simples manifestaciones del propio Dios, instrumentos inmóviles que Dios mueve.
El panteísmo ateísta viene a ser casi lo contrario, es decir, niega a Dios cualquier tipo de divinidad y lo relega a simple y material principio y fin de la naturaleza, aceptando como única realidad la materia y el movimiento.
Entre los que más dudan están los agnósticos, que niegan a la razón humana la posibilidad de entender lo absoluto.
Según el agnosticismo, hay una clara frontera que el entendimiento humano no puede traspasar, y por lo tanto no se acepta ningún tipo de demostración sobre la existencia de Dios, ya que tal demostración sería imposible para la razón.
Sin duda, hay que reconocer que es realmente difícil entender algo para lo que no estamos capacitados; ¿Qué concepto puede tener un ciego de nacimiento sobre las diferencias entre el color rojo y el verde? ¿Cómo podemos entender algo que escape a nuestros sentidos?.
El agnosticismo más representativo quizá sea el manifestado por Immanuel Kant (1724-1804), filósofo prusiano que creía que las cosas no se perciben como son realmente sino como somos capaces de percibirlas, es decir, podemos comprender lo que vemos pero tenemos que renunciar a conocer la verdadera realidad del fenómeno porque nuestra sensibilidad no está capacitada para percibirlo. Kant pensaba que había que prescindir de la metafísica.
De todos modos, y aun siendo muchos los agnósticos, muchos más son quienes se han esforzado en demostrar la existencia de Dios por medio de la razón filosófica, tal fue el caso de Juan Escoto Eriúgena (810-877), gran filósofo cuya obra condenó la Iglesia porque su pensamiento se desviaba de lo que esa institución había decidido que era la verdad.
Las ideas de Escoto sobre Dios se acercaban a posturas próximas al acosmismo panteísta, pero como diferenciaba a la "naturaleza creadora" (Dios), del resto de las cosas, bien pudiera haber sido definido como teólogo ya que, además de la naturaleza, también concebía a las Sagradas Escrituras como fuente de conocimiento de Dios, quedando así patente su influencia religiosa.
La doctrina de Escoto, como ha quedado dicho, estaba basada en la naturaleza, y la jerarquizó del siguiente modo:
1º.- La naturaleza creadora y no creada (Dios-principio).
2º.- La naturaleza creada y creadora (las ideas).
3º.- La naturaleza creada y no creadora (las cosas).
4º.- La naturaleza no creadora y no creada (Dios-fin).
Continuando con las distintas teorías sobre la existencia de Dios, voy a recordar a Avicena (980-1037).
Este gran estudioso de muchas y diferentes ciencias, nacido en Persia, se distinguió principalmente por su calidad de médico y, sobre todo, por sus estudios filosóficos y teológicos.
Avicena concibe a Dios como un ser eterno con la primera y más alta de todas las inteligencias. De esa inteligencia sublime van brotando más inteligencias, una tras otra, y cada una de ellas inferior a la anterior, que son las que hacen que el mundo exista tal como es y con todos sus detalles.
Según Avicena, el mundo es una consecuencia de Dios.
Otro filósofo y teólogo que se inquietó por el tema fue John Duns Scot (1266-1308), franciscano escocés conocido también por Juan Duns Escoto.
Duns entiende la necesidad de que haya una causa primera que ha de ser incausada. Seguidamente pretende demostrar su existencia actual argumentando la imposibilidad de que no exista ahora ya que el hecho de ser incausable significa que ha existido siempre, y si ha existido siempre es porque es infinito y por lo tanto, al no tener fin, forzosamente ha de existir en la actualidad.
Para Duns, Dios es la infinita perfección.
Este religioso tuvo cierta inclinación por el modo de pensar de San Agustín.
San Agustín (354-430), cuyo verdadero nombre fue Aurelio Agustín, nació en Numidia, actual Argelia, y su vida religiosa fue muy irregular en los primeros años de juventud.
Perteneció a la doctrina de Manes (215-276), un teólogo babilónico que fundó el maniqueísmo, cuyas enseñanzas, básicamente, indicaban que el mundo estaba dividido en el Bien y el Mal. La base fundamental del maniqueo fue el dualismo; el antagonismo entre la Luz y las Tinieblas.
A los treinta y tres años se bautizó y, curiosamente, cuatro años después fue sacerdote, y cinco más tarde le nombraron obispo de Hipona.
Fortaleció la Iglesia y luchó incansablemente contra lo que consideraba herejías. Combatió de un modo especial al pelagianismo, que es una doctrina difundida por Pelagio (360-422), monje británico, en la que no se reconocía el pecado original ni el sentido cristiano del bautizo, así como tampoco se creía que el estado de gracia fuese fundamental para la salvación.
San Agustín fue un magnífico estudioso del Humanismo y la Teología, y su gran prestigio ha influido notablemente en muchos teólogos de renombre. Incluso la Psicología y la Sociología se han visto afectadas por el pensamiento de San Agustín.
Muy lejano en el tiempo pero no carente de importancia tenemos a Lao-Tse (615-X a.C.), filósofo chino fundador del taoísmo.
Lao-Tse no busca a Dios como causa primera, ni siquiera lo reconoce con el concepto que se suele tener de su ser, pero para él, todo procede de lo que llama Tao, se realiza en Tao y vuelve a Tao.
Esta palabra puede traducirse como "el camino", pero Lao-Tse la define como lo absoluto, la total existencia y la bondad del hombre. El Tao es la absoluta perfección y la total quietud en la que el hombre ha de introducirse para conseguir la plenitud de su espíritu.
Lao-Tse expone su doctrina en el libro "Tao-te Ching" (Libro del camino recto) que más tarde influyó en el budismo.
Como puede comprobarse, todas las teorías y demostraciones de la existencia o no existencia de Dios poseen ciertas dosis de lógica, pero es evidente que hay diferencias, a veces muy sustanciales, entre los distintos pensadores que han profundizado en el tema.
Muchas personas han tratado de buscar a Dios por medio de la razón, y posiblemente algunas crean haberlo encontrado pero estoy seguro de que quien prescinda de la fe para hallar a Dios, tropezará con grandes dificultades.
Los que, con la ayuda inestimable de la fe, creen en la existencia de Dios le conceden, entre otros, los siguientes atributos que definen su esencia:
La "Simplicidad", que considera a Dios como un ser sin ningún tipo de composición, ni física ni metafísica, por lo que es absolutamente puro, simple e indivisible.
La "Bondad", que parece quedar demostrada por el hecho mismo de la creación.
La "Unicidad", es decir, la evidencia de que Dios es único ya que si hubiera dos se distinguirían en algo y en esa diferencia estaría la imperfección, por consiguiente, si Dios es perfecto, sólo puede haber uno.
La "Inmutabilidad", o sea, Dios no cambia porque es perfecto, ya que si lo perfecto cambiase pasaría a ser imperfecto. Del mismo modo, si el Ser puro cambiara, sólo podría cambiar a "no ser", porque es puro, y en este caso no existiría.
La "Eternidad", esto es, al ser Dios inmutable no cambia ni se mueve, y por lo tanto no puede ser afectado por el tiempo. Dios no es pasado ni futuro, Dios vive un absoluto presente.
La "Omnipresencia", ya que Dios lo ocupa todo porque es ilimitado y no puede medirse. Es purísimo, y del mismo modo que no le afecta el tiempo, tampoco le puede afectar el espacio.
Evidentemente hay muchas hipótesis que pretenden llegar a la realidad de lo que puede ser Dios, e incluso, desde las diferentes doctrinas, se llegan a hacer afirmaciones que, según mi opinión, no pasan de ser simples conjeturas.
Y yo me pregunto. Si Dios existe, ¿Qué relación tiene con la gran variedad de religiones? ¿Y con las Sagradas Escrituras y Libros de los distintos credos?.
La verdad es que no soy capaz de encontrar conexión alguna entre las religiones y Dios.
II
LAS VÍAS DE SANTO TOMÁS
Seguramente, la demostración más representativa de la existencia de Dios son las "cinco vías" de Santo Tomás, y esta teoría es la que la Iglesia ha utilizado desde hace siglos para luchar contra el ateísmo y otros errores doctrinales.
Siento un profundísimo respeto por todo tipo de creencias e hipótesis, pero creo que Santo Tomás merece capítulo aparte.
A continuación, voy a transcribir literalmente y en latín -lengua original de la obra- el artículo tres, de la cuestión segunda, del Tratado de Dios Uno (Suma Teológica).
Si reflejo estos escritos en la lengua original es por respeto a su autor, para que no falte ni una sola coma de su argumento. Evidentemente, después lo transcribiré al castellano.
* * *
ULTRUM DEUS SIT
AD TERTIUM SIC PROCEDITUR. Videtur quod Deus non sit.
1.- Quia si unum contrariorum fuerit infinitum, totaliter destruetur aliud. Sed hoc intelligitur in hoc nomine Deus, scilicet quod sit quiddam bonum infinitum. Si ergo Deus esset, nullum malum inveniretur. Invenitur autem malum in mundo. Ergo Deus non est.
2.- PRAETEREA, quod potest compleri per pauciora principia, non fit per plura. Sed videtur quod omnia quae apparent in mundo, possunt compleri per alia principia, supposito quod Deus non sit: quia ea quae sunt naturalia, reducuntur in principium quod est natura; ea vero quare sunt a proposito, reducuntur in principium quod est ratio humana vel voluntas. Nulla igitur necessitas est ponere Deum esse.
SED CONTRA est quod dicitur Exodi 3, 14, ex persona Dei: "Ego sum qui sum".
RESPONDEO dicendum quod Deum esse quinque viis probari potest. Prima autem et manifestior via est, quae sumitur ex parte motus. Certum est enim, et sensu constat, aliqua moveri in hoc mundo. Omne autem quod movetur, ab alio movetur. Nihil enim movetur, nisi secundum quod est in potentia ad illud ad quod movetur: movet autem aliquid secundum quod est actu. Movere enim nihil aliud est quam educere aliquid de potentia in actum: de potentia autem non potest aliquid reduci in actum, nisi per aliquod ens in actu: sicut calidum in actu, ut ignis, facit lignum, quod est calidum in potentia, esse actu calidum, et per hoc movet et alterat ipsum. Non autem est possibile ut idem sit simul in actu et potentia secundum idem, sed solum secundum diversa: quod enim est calidum in actu, non potest simul esse calidum in potentia, sed est simul frigidum in potentia. Impossibile est ergo quod, secundum idem et eodem modo, aliquid sit movens et motum, vel quod moveat seipsum. Omne ergo quod movetur, oportet ab alio moveri. Si ergo id a quo movetur, moveatur, oportet et ipsum ab alio moveri; et illud ab alio. Hic autem non est procedere in infinitum: quia sic non esset aliquod primum movens; et per consequens nec aliquod aliud movens, quia moventia secunda non movent nisi per hoc quod sunt mota a primo movente, sicut baculus non movet nisi per hoc quod est motus a manu. Ergo necesse est devenire ad aliquod primum movens, quod a nullo movetur: et hoc omnes intelligunt Deum.
Secunda via est ex ratione causae efficientis. Invenimus enim in istis sensibilibus esse ordinem causarum efficientium: nec tamen invenitur, nec est possibile, quod aliquid sit causa efficiens sui ipsius; quia sic esset prius seipso, quod est impossibile. Non autem est possibile quod in causis efficientibus procedatur in infinitum. Quia in omnibus causis efficientibus ordinatis, primun est causa medii, et medium est causa ultimi, sive media sint plura sive unum tantum: remota autem causa, removetur effectus: ergo, si non fuerit primum in causis efficientibus, non erit ultimum nec medium. Sed si prcedatur in infinitum in causis efficientibus, non erit prima causa efficiens: et sic non erit nec effectus ultimus, nec causae efficientes mediae: quod patet esse falsum. Ergo est necesse ponere aliquam causam efficientem primam: quam omnes Deum nominant.
Tertia via est sumpta ex possibili et necessario: quae talis est. Invenimus enim in rebus quaedam quae sunt possibilia esse et non esse: cum quaedam inveniantur generari et corrumpi, et per consequens possibilia esse et non esse. Impossibile est autem omnia quae sunt talia, semper esse: quia quod possibile est non esse, quandoque non est. Si igitur omnia sunt possibilia non esse, aliquando nihil fuit in rebus. Sed si hoc est verum, etiam nunc nihil esset: quia quod non est, non incipit esse nisi per aliquid quod est; si igitur nihil fuit ens, impossibile fuit quod aliquid inciperet esse, et sic modo nihil esset: quod patet esse falsum. Non ergo omnia entia sunt possibilia: sed oportet aliquid esse necessarium in rebus. Omne autem necessarium vel habet causam suae necessitatis aliunde, vel non habet. Non est autem possibile quod procedatur in infinitum in necessariis quae habent causam suae necessitatis, sicut nec in causis efficientibus, ut probatum est. Ergo necesse est ponere aliquid quod sit per se necessarium, non habens causam necessitatis aliunde, sed quod est causa necessitatis aliis: quod omnes dicunt Deum.
Quarta via sumitur ex gradibus qui en rebus inveniuntur. Invenitur enim in rebus aliquid magis et minus bonum, et verum, et nobile: et sic de aliis huiusmodi. Sed magis et minus dicuntur de diversis secundum quod appropinquant diversimode ad aliquid quod maxime est: sicut magis calidum est, quod magis appropinquat maxime calido. Est igitur aliquid quod est verissimum, et optimum, et nobilissimum, et per consequens maxime ens: nam quae sunt maxime vera, sunt maxime entia, ut dicitur II Metaphys. Quod autem dicitur maxime tale in aliquo genere, est causa omnium quae sunt illius generis: sicut ignis, qui est maxime calidus, est causa omnium calidorum, ut in eodem libro dicitur. Ergo est aliquid quod omnibus entibus est causa esse, et bonitatis, et cuiuslibet perfectionis; et hoc dicimus Deum.
Quinta via sumitur ex gubernatione rerum. Videmus enim quod aliqua quae cognitione carent, scilicet corpora naturalia, operantur propter finem: quod apparet ex hoc quod semper aut frequentibus eodem modo operantur, ut consequantur id quod est optimum; unde patet quod non a casu, sed ex intentione perveniunt ad finem. Ea autem quae non habent cognitionem, non tendunt in finem nisi directa ab aliquo cognoscente et intelligente, sicut sagitta a sagittante. Ergo est aliquid intelligens, a quo omnes res naturales ordinantur ad finem: et hoc dicimus Deum.
AD PRIMUM ERGO dicendum quod, sicut dicit Augustinus in Enchiridio: "Deus, cum sit summe bonnus, nullo modo sineret aliquid mali esse in operibus suis, nisi esset adeo omnipotens et bonus ut bene faceret etiam de malo". Hoc ergo ad infinitam Dei bonitatem pertinet, ut esse permittat mala, et ex eis eliciat bona.
AD SECUNDUM dicendum quod, cum natura propter determinatum finem operetur ex directione alicuius superiores agentis, necesse est ea quae a natura fiunt, etiam in Deum reducere, sicut in primam causam. Similiter etiam quae ex proposito fiunt, oportet reducere in aliquam altiorem causm, quae non sit ratio et voluntas humana: quia haec mutabilia sunt et defectibilia; oportet autem omnia mobilia et deficere possibilia reduci in aliquod primum principiom immobile et per se necessarium, sicut ostensum est.
* * *
Aquí termina el capítulo tres en su lengua original. Seguidamente lo transcribiré en castellano.
El traductor hace algunos cambios sin importancia para la mejor comprensión del texto, por ejemplo, cuando en el original está escrito "ut dicitur II Metaphys" (tal como se dice en la Metafísica II), en la traducción puede leerse "pues, como dice el Filósofo". Del mismo modo, y casi a continuación, el latín original expresa "ut in eodem libro dicitur" (tal como en el mismo libro se dice), mientras que en castellano está escrito "según dice Aristóteles".
Como es lógico, tanto el autor como el traductor, en todo momento se están refiriendo a La Metafísica, de Aristóteles.
Ocurre lo mismo cuando se cita a San Agustín y su obra, así como al principio y final del capítulo en el momento de exponer dificultades y soluciones, pero las diferencias no son en absoluto sustanciales.
Inicio la transcripción.
* * *
DIFICULTADES. Parece que Dios no existe.
1.- Si de dos contrarios suponemos que uno sea infinito, éste anula totalmente su opuesto. Ahora bien, el nombre o término Dios significa, precisamente, un bien infinito. Si, pues, hubiese Dios, no habría mal alguno. Pero hallamos que en el mundo hay mal. Luego Dios no existe.
2.- Lo que pueden realizar pocos principios, no lo hacen muchos. Pues en el supuesto de que Dios no exista, pueden otros principios realizar cuanto vemos en el mundo, pues las cosas naturales se reducen a su principio, que es la naturaleza, y las libres, al suyo, que es el entendimiento y la voluntad humana. Por consiguiente, no hay necesidad de recurrir a que haya Dios.
POR OTRA PARTE, en el libro del Éxodo dice Dios de sí mismo: "Yo soy el que soy".
RESPUESTA. La existencia de Dios se puede demostrar por cinco vías. La primera y más clara se funda en el movimiento. Es innegable, y consta por el testimonio de los sentidos, que en el mundo hay cosas que se mueven. Pues bien, todo lo que se mueve es movido por otro, ya que nada se mueve más que en cuanto está en potencia respecto a aquello para lo que se mueve. En cambio, mover requiere estar en acto, ya que mover no es otra cosa que hacer pasar algo de la potencia al acto, y esto no puede hacerlo más que lo que está en acto, a la manera como lo caliente en acto, v. gr., el fuego hace que un leño, que está caliente en potencia, pase a estar caliente en acto. Ahora bien, no es posible que una misma cosa esté, a la vez, en acto y en potencia respecto a lo mismo, sino respecto a cosas diversas, lo que, v. gr., es caliente en acto, no puede ser caliente en potencia, sino que en potencia es, a la vez, frío. Es, pues, imposible que una cosa sea por lo mismo y de la misma manera motor y móvil, como también lo es que se mueva a sí misma. Por consiguiente, todo lo que se mueve es movido por otro. Pero, si lo que mueve a otro es, a su vez, movido, es necesario que lo mueva un tercero, y a éste otro. Mas no se puede seguir indefinidamente, porque así no habría un primer motor y, por consiguiente, no habría motor alguno, pues los motores intermedios no mueven más que en virtud del movimiento que reciben del primero, lo mismo que un bastón nada mueve si no lo impulsa la mano. Por consiguiente, es necesario llegar a un primer motor que no sea movido por nadie, y éste es el que todos entienden por Dios.
La segunda vía se basa en la causalidad eficiente. Hallamos que en este mundo de lo sensible hay un orden determinado entre las causas eficientes; pero no hallamos que cosa alguna sea su propia causa, pues en tal caso habría de ser anterior a sí misma, y esto es imposible. Ahora bien, tampoco se puede prolongar indefinidamente la serie de las causas eficientes, porque siempre que hay causas eficientes subordinadas, la primera es causa de la intermedia, sea una o muchas, y ésta causa de la última; y puesto que, suprimida una causa, se suprime su efecto, si no existiese una que sea la primera, tampoco existiría la intermedia ni la última. Si, pues, se prolongase indefinidamente la serie de causas eficientes, no habría causa eficiente primera, y, por tanto, ni efecto último ni causa eficiente intermedia, cosa falsa a todas luces. Por consiguiente, es necesario que exista una causa eficiente primera, a la que todos llaman Dios.
La tercera vía considera al ser posible o contingente y el necesario, y puede formularse así. Hallamos en la naturaleza cosas que pueden existir o no existir, pues vemos seres que se producen y seres que se destruyen, y, por tanto, hay posibilidad de que existan y de que no existan. Ahora bien, es imposible que los seres de tal condición hayan existido siempre, ya que lo que tiene posibilidad de no ser hubo un tiempo en que no fue. Si, pues, todas las cosas tienen la posibilidad de no ser, hubo un tiempo en que ninguna existía. Pero, si esto es verdad, tampoco debiera existir ahora cosa alguna, porque lo que no existe no empieza a existir más que en virtud de lo que ya existe, y, por tanto, si nada existía, fue imposible que empezase a existir cosa alguna, y, en consecuencia, ahora no habría nada, cosa evidentemente falsa. Por consiguiente, no todos los seres son posibles o contingentes, sino que entre ellos, forzosamente, ha de haber alguno que sea necesario. Pero el ser necesario o tiene la razón de su necesidad en sí mismo o no la tiene. Si su necesidad depende de otro, como no es posible, según hemos visto al tratar de las causas eficientes, aceptar una serie indefinida de cosas necesarias, es forzoso que exista algo que sea necesario por sí mismo y que no tenga fuera de sí la causa de su necesidad, sino que sea causa de la necesidad de los demás, a lo cual todos llaman Dios.
La cuarta vía considera los grados de perfección que hay en los seres. Vemos en los seres que unos son más o menos buenos, verdaderos y nobles que otros, y lo mismo sucede con las diversas cualidades. Pero el más y el menos se atribuye a las cosas según su diversa proximidad a lo máximo, y por esto se dice lo más caliente de lo que más se aproxima al máximo calor. Por tanto, ha de existir algo que sea verísimo, nobilísimo y óptimo, y por ello ente o ser supremo; pues, como dice el Filósofo, lo que es verdad máxima es máxima entidad. Ahora bien, lo máximo en cualquier género es causa de todo lo que en aquel género existe, y así el fuego, que tiene el máximo calor, es causa del calor de todo lo caliente, según dice Aristóteles. Existe, por consiguiente, algo que es para todas las cosas causa de su ser, de su bondad y de todas sus perfecciones, y a esto llamamos Dios.
La quinta vía se toma del gobierno del mundo. Vemos, en efecto, que las cosas que carecen de conocimiento, como los cuerpos naturales, obran por un fin, como se comprueba observando que siempre, o casi siempre, obran de la misma manera para conseguir lo que más les conviene; por donde se comprende que no van a su fin obrando al acaso, sino intencionadamente. Ahora bien, lo que carece de conocimiento no tiende a un fin si no lo dirige alguien que entienda y conozca, a la manera como el arquero dirige la flecha. Luego existe un ser inteligente que dirige todas las cosas naturales a su fin, y a éste llamamos Dios.
SOLUCIONES. 1.- Dice San Agustín que, "siendo Dios el bien supremo, de ningún modo permitiría que hubiese en sus obras mal alguno si no fuese tan omnipotente y bueno que del mal sacase bien". Luego pertenece a la infinita bondad de Dios permitir los males para de ellos obtener los bienes.
2.- Como la naturaleza obra para conseguir un fin en virtud de la dirección de algún agente superior, en lo mismo que hace la naturaleza interviene Dios como causa primera. Asimismo, lo que se hace deliberadamente, es preciso reducirlo a una causa superior al entendimiento y voluntad humanos, porque éstos son mudables y contingentes, y lo mudable y contingente tiene su razón de ser en lo que de suyo es inmóvil y necesario, según hemos dicho.
* * *
Y hasta aquí la demostración que elaboró Santo Tomás para probar la existencia de Dios.
A continuación voy a atreverme a exponer mis puntos de vista en relación con el tema. Quizá no debiera ser tan osado pero creo que la búsqueda de la verdad es algo innato en el ser humano. Todos sabemos que la verdad está en alguna parte y todos tratamos de encontrarla, aunque, a menudo, haya muchas ideas intrusas que se disfracen de la verdad y consigan mantenernos engañados toda la vida.
¿Podemos, acaso, estar seguros de que nuestra verdad es la auténtica? ¿Descubrimos siempre al intruso disfrazado?.
Es realmente difícil distinguir la auténtica verdad entre tan impresionante maraña de ideas filosóficas y religiones, pero el ser humano, siempre tan luchador y tan incansable buscador de un buen fin para su vida, no cesa ni cesará jamás de batallar consigo mismo y con los demás para autoconvencerse y convencer de que su verdad es LA VERDAD.
Complicada misión ante tanta incertidumbre.
"Dudo, luego existo", dijo San Agustín.
En fin, al menos sé que existo.
fin de la parte 1
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La gran pregunta... ¿Dios existe?
(Angelberto, 1996)
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INTRODUCCIÓN
Antes de nada, y como principio de esta introducción, pido disculpas a todas las personas que puedan sentirse ofendidas con la lectura de las próximas páginas.
Creo que en ellas no hay falta de respeto alguna hacia el alma de las distintas religiones, aunque a veces mi escepticismo pueda interpretarse como un acto de rechazo hacia ellas.
En la actualidad ni Dios ni la religión están de moda pero, de todas formas, sé que estos temas suelen generar intensas pasiones porque, queramos o no, se encuentran profundamente arraigados en todos nosotros.
Desde lo más tierno de nuestras infancias, la sociedad, sea cual fuere, se ha encargado de que pertenezcamos a su religión y sus costumbres como si se tratasen de la única verdad posible, y eso ha supuesto un lastre que nos ha impedido ver con claridad la existencia de otros horizontes.
Tengo que decir que no hay ninguna doctrina por la que sienta especial afecto o especial aversión ya que todas son prácticamente iguales, y aunque en estas páginas escribo sobre alguna de ellas, lo que realmente quiero tratar es la teórica razón de ser de las religiones, es decir, Dios.
Aparentemente, las religiones son el camino para llegar a Dios pero casi siempre ese camino se acaba perdiendo en razones puramente económicas. Si profundizamos en los entresijos de cualquier doctrina sólo veremos un medio de vida para los que la dirigen, costeado siempre por los fieles creyentes.
No cabe duda que ha de haber ciertos sacerdotes de muchas religiones, absolutamente convencidos de la verdad del dogma que profesan, pero tengo la completa seguridad de que no son demasiados los que consiguen mantener la fe durante toda su vida, ya que la razón casi siempre acaba por imponerse.
En fin, disculpas a todos y que Dios nos guarde.
Angelberto.----------
I
DISTINTAS TEORÍAS SOBRE LA EXISTENCIA DE DIOS
En este mundo en que vivimos, y quizá también fuera de él, hay infinidad de religiones y cada una de ellas predica su particular doctrina como si fuese la única verdadera; es decir, todas están convencidas de que las demás son falsas.
Prácticamente la totalidad de las tendencias religiosas adoran a un ser supremo y omnipotente al que consideran creador de todo lo que vemos y conocemos. Del mismo modo, en casi todas las doctrinas hay un premio o un castigo que recibiremos después de la muerte, en función de nuestro comportamiento durante la vida.
Salvando ciertos matices y si analizamos debidamente la cuestión, podremos observar que no hay diferencias de fondo entre todas las religiones existentes.
Según estas enseñanzas, es fundamental adorar y amar a ese ser supremo creador de todo, no hay que hacer daño a nadie y se deben seguir ciertas reglas que nunca difieren demasiado de las más ateas normas de convivencia.
La religión, lógicamente, no discute la existencia de Dios ya que es la base de su razón de ser, pero nunca se ha preocupado de que sus fieles lleguen a tener un convencimiento razonado de tal existencia.
Exactamente eso quiso probar Santo Tomás de Aquino (1225-1274) en su Suma Teológica, y más concretamente con las famosas "cinco vías": La existencia del Dios Creador.
Santo Tomás, célebre religioso nacido en Nápoles y conocido fundamentalmente por sus trascendentales estudios teológicos, tomaba como punto de partida en cada una de sus vías, un hecho de la realidad mundana, y aplicando diferentes principios filosóficos llegaba a una conclusión clara de la existencia de Dios.
Basándonos en alguna de esas teorías, que, por supuesto, son absolutamente lógicas, no hay duda de que cualquier movimiento que ahora mismo podamos ver, siempre habrá sido causado por otro, y este último por otro, y el otro por otro diferente... En fin, que todo movimiento que veamos nos hará comprender que ha sido ocasionado por una sucesión de movimientos anteriores. La cuestión es que nunca podríamos trasladarnos hacia atrás en esos movimientos sucesivos sin que llegásemos al que inició el primero de ellos, ya que lo contrario equivaldría a admitir que no hay principio, y si no hubiera principio tampoco habría continuación, y por lo tanto, no existiría nada.
En la antigua filosofía griega no se hacían estos planteamientos porque era comúnmente aceptado el hecho de que el mundo era eterno, y por consiguiente no existían razones para buscar ese principio, pero Aristóteles (384-322 a.C.) trató de demostrar la existencia de Dios desde un punto de vista teleológico, es decir, considerando a Dios como fin último del universo y motor inmóvil que genera movimiento hacia sí por una especie de atracción de amor. Según Aristóteles, no podría explicarse la coordinación y armonía de los movimientos sin aceptar la existencia de Dios.
Cuando los filósofos se refieren a Dios como motor inmóvil generador de movimientos, están dejando muy claro que no es posible que él pueda moverse ya que si también él se moviese habría que recurrir a otra causa que explicase ese movimiento, y si hubiera una causa por encima de Dios, esta última causa sería Dios y no la anterior.
Otro de los pocos defensores del planteamiento teleológico fue Pierre Teilhard de Chardin (1881-1955), un jesuita francés cuyas teorías, entre científicas y religiosas, fueron condenadas por la Santa Sede ya que se desviaban notablemente de las enseñanzas de su iglesia.
P. T. de Chardin no negaba absolutamente a Dios como principio del universo, pero creía más justificable que estuviese en el final, ya que los procesos evolutivos tienden a la perfección. En sus escritos decía que "el cosmos tiende a vitalizarse, la vida a hominizarse y el espíritu a liberarse de la materia".
Chardin consideraba que el universo es una mezcla de materia y alma que evoluciona hacia el Dios-fin, y que el alma del hombre, dentro de ese proceso, surge a partir del sistema nervioso.
Para este jesuita era mucho más lógico que Dios, como ser perfecto, estuviese en el fin de la evolución, después de un proceso de superior unificación, que no al principio de lo que ahora es aún una realidad imperfecta.
Aunque Santo Tomás quiso demostrar la verdad de Dios buscándole en la causa primera, hay que apuntar que la última de sus vías pudiera tener cierto enfoque teleológico que, en cierto modo, parece acercarse a las teorías de Aristóteles y Chardin.
Muchos más trataron de manifestar la existencia de Dios utilizando la reflexión racional, y entre ellos no hay que restar importancia a San Anselmo de Canterbury (1033-1109).
San Anselmo fue un monje benedictino que nació en Aosta, al noroeste de Italia, y eligieron arzobispo de Canterbury (Inglaterra) cuando contaba unos sesenta años de edad. A él se debe lo que algunos llamaron, con mayor o menor fortuna, "argumento ontológico".
Con este argumento quiso probar la existencia de Dios, aunque Santo Tomás siempre consideró incompleta su demostración.
San Anselmo dijo que Dios era lo mayor que podía ser imaginado, pero si sólo existiese en el entendimiento no sería lo mayor, pues podría imaginarse como existente también en la realidad, y en este caso, eso sería superior. Es decir, que lo mayor que pueda ser imaginado tiene que existir tanto en el entendimiento como en la realidad; por lo tanto, si lo mayor que puede ser imaginado forzosamente ha de existir en la realidad; Dios existe.
Uno de los principales defensores de este planteamiento fue René Descartes (1596-1650), prestigioso filósofo y matemático francés, eterna y aparentemente sumergido en un mar de dudas pero creador de frases tan contundentes como la famosísima "pienso, luego existo" y "la existencia de Dios es más cierta que el más cierto de todos los teoremas de la geometría".
Independientemente de sus concordancias con San Anselmo, para Descartes hay dos sustancias, la de los seres pensantes y la del resto de los animales y cosas existentes. Las dos sustancias están absolutamente separadas entre sí, y dicha separación la provoca el hecho casual de que el hombre tiene alma. Curiosamente, este filósofo se atrevió a ubicar el alma en la glándula pineal o epífisis, que se halla situada en el centro del encéfalo. Es verdad que aún no se ha podido averiguar la función física de esta glándula, pero no es menos cierto que todavía estamos muy lejos de saberlo todo sobre el funcionamiento del cuerpo humano.
Continuador, en cierto modo, del concepto de Descartes sobre la sustancia, fue el filósofo holandés Baruch Spinoza (1632-1677), que hizo derivar esos razonamientos en el panteísmo.
Esta es una doctrina que funde a Dios con la materia como unidad absoluta del cosmos. De todos modos, pueden distinguirse diferentes tendencias en el panteísmo, y las más representativas son dos: el acosmismo, defendido fundamentalmente por Spinoza y Giordano Bruno (1548-1600); y el panteísmo ateísta, cuyos principales doctrinarios fueron Paul Henri d’Holbach (1723-1789) y Julien Offroy de Lamettrie (1709-1751).
En el acosmismo existe una sola sustancia real que es Dios; el resto de las cosas son simples manifestaciones del propio Dios, instrumentos inmóviles que Dios mueve.
El panteísmo ateísta viene a ser casi lo contrario, es decir, niega a Dios cualquier tipo de divinidad y lo relega a simple y material principio y fin de la naturaleza, aceptando como única realidad la materia y el movimiento.
Entre los que más dudan están los agnósticos, que niegan a la razón humana la posibilidad de entender lo absoluto.
Según el agnosticismo, hay una clara frontera que el entendimiento humano no puede traspasar, y por lo tanto no se acepta ningún tipo de demostración sobre la existencia de Dios, ya que tal demostración sería imposible para la razón.
Sin duda, hay que reconocer que es realmente difícil entender algo para lo que no estamos capacitados; ¿Qué concepto puede tener un ciego de nacimiento sobre las diferencias entre el color rojo y el verde? ¿Cómo podemos entender algo que escape a nuestros sentidos?.
El agnosticismo más representativo quizá sea el manifestado por Immanuel Kant (1724-1804), filósofo prusiano que creía que las cosas no se perciben como son realmente sino como somos capaces de percibirlas, es decir, podemos comprender lo que vemos pero tenemos que renunciar a conocer la verdadera realidad del fenómeno porque nuestra sensibilidad no está capacitada para percibirlo. Kant pensaba que había que prescindir de la metafísica.
De todos modos, y aun siendo muchos los agnósticos, muchos más son quienes se han esforzado en demostrar la existencia de Dios por medio de la razón filosófica, tal fue el caso de Juan Escoto Eriúgena (810-877), gran filósofo cuya obra condenó la Iglesia porque su pensamiento se desviaba de lo que esa institución había decidido que era la verdad.
Las ideas de Escoto sobre Dios se acercaban a posturas próximas al acosmismo panteísta, pero como diferenciaba a la "naturaleza creadora" (Dios), del resto de las cosas, bien pudiera haber sido definido como teólogo ya que, además de la naturaleza, también concebía a las Sagradas Escrituras como fuente de conocimiento de Dios, quedando así patente su influencia religiosa.
La doctrina de Escoto, como ha quedado dicho, estaba basada en la naturaleza, y la jerarquizó del siguiente modo:
1º.- La naturaleza creadora y no creada (Dios-principio).
2º.- La naturaleza creada y creadora (las ideas).
3º.- La naturaleza creada y no creadora (las cosas).
4º.- La naturaleza no creadora y no creada (Dios-fin).
Continuando con las distintas teorías sobre la existencia de Dios, voy a recordar a Avicena (980-1037).
Este gran estudioso de muchas y diferentes ciencias, nacido en Persia, se distinguió principalmente por su calidad de médico y, sobre todo, por sus estudios filosóficos y teológicos.
Avicena concibe a Dios como un ser eterno con la primera y más alta de todas las inteligencias. De esa inteligencia sublime van brotando más inteligencias, una tras otra, y cada una de ellas inferior a la anterior, que son las que hacen que el mundo exista tal como es y con todos sus detalles.
Según Avicena, el mundo es una consecuencia de Dios.
Otro filósofo y teólogo que se inquietó por el tema fue John Duns Scot (1266-1308), franciscano escocés conocido también por Juan Duns Escoto.
Duns entiende la necesidad de que haya una causa primera que ha de ser incausada. Seguidamente pretende demostrar su existencia actual argumentando la imposibilidad de que no exista ahora ya que el hecho de ser incausable significa que ha existido siempre, y si ha existido siempre es porque es infinito y por lo tanto, al no tener fin, forzosamente ha de existir en la actualidad.
Para Duns, Dios es la infinita perfección.
Este religioso tuvo cierta inclinación por el modo de pensar de San Agustín.
San Agustín (354-430), cuyo verdadero nombre fue Aurelio Agustín, nació en Numidia, actual Argelia, y su vida religiosa fue muy irregular en los primeros años de juventud.
Perteneció a la doctrina de Manes (215-276), un teólogo babilónico que fundó el maniqueísmo, cuyas enseñanzas, básicamente, indicaban que el mundo estaba dividido en el Bien y el Mal. La base fundamental del maniqueo fue el dualismo; el antagonismo entre la Luz y las Tinieblas.
A los treinta y tres años se bautizó y, curiosamente, cuatro años después fue sacerdote, y cinco más tarde le nombraron obispo de Hipona.
Fortaleció la Iglesia y luchó incansablemente contra lo que consideraba herejías. Combatió de un modo especial al pelagianismo, que es una doctrina difundida por Pelagio (360-422), monje británico, en la que no se reconocía el pecado original ni el sentido cristiano del bautizo, así como tampoco se creía que el estado de gracia fuese fundamental para la salvación.
San Agustín fue un magnífico estudioso del Humanismo y la Teología, y su gran prestigio ha influido notablemente en muchos teólogos de renombre. Incluso la Psicología y la Sociología se han visto afectadas por el pensamiento de San Agustín.
Muy lejano en el tiempo pero no carente de importancia tenemos a Lao-Tse (615-X a.C.), filósofo chino fundador del taoísmo.
Lao-Tse no busca a Dios como causa primera, ni siquiera lo reconoce con el concepto que se suele tener de su ser, pero para él, todo procede de lo que llama Tao, se realiza en Tao y vuelve a Tao.
Esta palabra puede traducirse como "el camino", pero Lao-Tse la define como lo absoluto, la total existencia y la bondad del hombre. El Tao es la absoluta perfección y la total quietud en la que el hombre ha de introducirse para conseguir la plenitud de su espíritu.
Lao-Tse expone su doctrina en el libro "Tao-te Ching" (Libro del camino recto) que más tarde influyó en el budismo.
Como puede comprobarse, todas las teorías y demostraciones de la existencia o no existencia de Dios poseen ciertas dosis de lógica, pero es evidente que hay diferencias, a veces muy sustanciales, entre los distintos pensadores que han profundizado en el tema.
Muchas personas han tratado de buscar a Dios por medio de la razón, y posiblemente algunas crean haberlo encontrado pero estoy seguro de que quien prescinda de la fe para hallar a Dios, tropezará con grandes dificultades.
Los que, con la ayuda inestimable de la fe, creen en la existencia de Dios le conceden, entre otros, los siguientes atributos que definen su esencia:
La "Simplicidad", que considera a Dios como un ser sin ningún tipo de composición, ni física ni metafísica, por lo que es absolutamente puro, simple e indivisible.
La "Bondad", que parece quedar demostrada por el hecho mismo de la creación.
La "Unicidad", es decir, la evidencia de que Dios es único ya que si hubiera dos se distinguirían en algo y en esa diferencia estaría la imperfección, por consiguiente, si Dios es perfecto, sólo puede haber uno.
La "Inmutabilidad", o sea, Dios no cambia porque es perfecto, ya que si lo perfecto cambiase pasaría a ser imperfecto. Del mismo modo, si el Ser puro cambiara, sólo podría cambiar a "no ser", porque es puro, y en este caso no existiría.
La "Eternidad", esto es, al ser Dios inmutable no cambia ni se mueve, y por lo tanto no puede ser afectado por el tiempo. Dios no es pasado ni futuro, Dios vive un absoluto presente.
La "Omnipresencia", ya que Dios lo ocupa todo porque es ilimitado y no puede medirse. Es purísimo, y del mismo modo que no le afecta el tiempo, tampoco le puede afectar el espacio.
Evidentemente hay muchas hipótesis que pretenden llegar a la realidad de lo que puede ser Dios, e incluso, desde las diferentes doctrinas, se llegan a hacer afirmaciones que, según mi opinión, no pasan de ser simples conjeturas.
Y yo me pregunto. Si Dios existe, ¿Qué relación tiene con la gran variedad de religiones? ¿Y con las Sagradas Escrituras y Libros de los distintos credos?.
La verdad es que no soy capaz de encontrar conexión alguna entre las religiones y Dios.
II
LAS VÍAS DE SANTO TOMÁS
Seguramente, la demostración más representativa de la existencia de Dios son las "cinco vías" de Santo Tomás, y esta teoría es la que la Iglesia ha utilizado desde hace siglos para luchar contra el ateísmo y otros errores doctrinales.
Siento un profundísimo respeto por todo tipo de creencias e hipótesis, pero creo que Santo Tomás merece capítulo aparte.
A continuación, voy a transcribir literalmente y en latín -lengua original de la obra- el artículo tres, de la cuestión segunda, del Tratado de Dios Uno (Suma Teológica).
Si reflejo estos escritos en la lengua original es por respeto a su autor, para que no falte ni una sola coma de su argumento. Evidentemente, después lo transcribiré al castellano.
* * *
ULTRUM DEUS SIT
AD TERTIUM SIC PROCEDITUR. Videtur quod Deus non sit.
1.- Quia si unum contrariorum fuerit infinitum, totaliter destruetur aliud. Sed hoc intelligitur in hoc nomine Deus, scilicet quod sit quiddam bonum infinitum. Si ergo Deus esset, nullum malum inveniretur. Invenitur autem malum in mundo. Ergo Deus non est.
2.- PRAETEREA, quod potest compleri per pauciora principia, non fit per plura. Sed videtur quod omnia quae apparent in mundo, possunt compleri per alia principia, supposito quod Deus non sit: quia ea quae sunt naturalia, reducuntur in principium quod est natura; ea vero quare sunt a proposito, reducuntur in principium quod est ratio humana vel voluntas. Nulla igitur necessitas est ponere Deum esse.
SED CONTRA est quod dicitur Exodi 3, 14, ex persona Dei: "Ego sum qui sum".
RESPONDEO dicendum quod Deum esse quinque viis probari potest. Prima autem et manifestior via est, quae sumitur ex parte motus. Certum est enim, et sensu constat, aliqua moveri in hoc mundo. Omne autem quod movetur, ab alio movetur. Nihil enim movetur, nisi secundum quod est in potentia ad illud ad quod movetur: movet autem aliquid secundum quod est actu. Movere enim nihil aliud est quam educere aliquid de potentia in actum: de potentia autem non potest aliquid reduci in actum, nisi per aliquod ens in actu: sicut calidum in actu, ut ignis, facit lignum, quod est calidum in potentia, esse actu calidum, et per hoc movet et alterat ipsum. Non autem est possibile ut idem sit simul in actu et potentia secundum idem, sed solum secundum diversa: quod enim est calidum in actu, non potest simul esse calidum in potentia, sed est simul frigidum in potentia. Impossibile est ergo quod, secundum idem et eodem modo, aliquid sit movens et motum, vel quod moveat seipsum. Omne ergo quod movetur, oportet ab alio moveri. Si ergo id a quo movetur, moveatur, oportet et ipsum ab alio moveri; et illud ab alio. Hic autem non est procedere in infinitum: quia sic non esset aliquod primum movens; et per consequens nec aliquod aliud movens, quia moventia secunda non movent nisi per hoc quod sunt mota a primo movente, sicut baculus non movet nisi per hoc quod est motus a manu. Ergo necesse est devenire ad aliquod primum movens, quod a nullo movetur: et hoc omnes intelligunt Deum.
Secunda via est ex ratione causae efficientis. Invenimus enim in istis sensibilibus esse ordinem causarum efficientium: nec tamen invenitur, nec est possibile, quod aliquid sit causa efficiens sui ipsius; quia sic esset prius seipso, quod est impossibile. Non autem est possibile quod in causis efficientibus procedatur in infinitum. Quia in omnibus causis efficientibus ordinatis, primun est causa medii, et medium est causa ultimi, sive media sint plura sive unum tantum: remota autem causa, removetur effectus: ergo, si non fuerit primum in causis efficientibus, non erit ultimum nec medium. Sed si prcedatur in infinitum in causis efficientibus, non erit prima causa efficiens: et sic non erit nec effectus ultimus, nec causae efficientes mediae: quod patet esse falsum. Ergo est necesse ponere aliquam causam efficientem primam: quam omnes Deum nominant.
Tertia via est sumpta ex possibili et necessario: quae talis est. Invenimus enim in rebus quaedam quae sunt possibilia esse et non esse: cum quaedam inveniantur generari et corrumpi, et per consequens possibilia esse et non esse. Impossibile est autem omnia quae sunt talia, semper esse: quia quod possibile est non esse, quandoque non est. Si igitur omnia sunt possibilia non esse, aliquando nihil fuit in rebus. Sed si hoc est verum, etiam nunc nihil esset: quia quod non est, non incipit esse nisi per aliquid quod est; si igitur nihil fuit ens, impossibile fuit quod aliquid inciperet esse, et sic modo nihil esset: quod patet esse falsum. Non ergo omnia entia sunt possibilia: sed oportet aliquid esse necessarium in rebus. Omne autem necessarium vel habet causam suae necessitatis aliunde, vel non habet. Non est autem possibile quod procedatur in infinitum in necessariis quae habent causam suae necessitatis, sicut nec in causis efficientibus, ut probatum est. Ergo necesse est ponere aliquid quod sit per se necessarium, non habens causam necessitatis aliunde, sed quod est causa necessitatis aliis: quod omnes dicunt Deum.
Quarta via sumitur ex gradibus qui en rebus inveniuntur. Invenitur enim in rebus aliquid magis et minus bonum, et verum, et nobile: et sic de aliis huiusmodi. Sed magis et minus dicuntur de diversis secundum quod appropinquant diversimode ad aliquid quod maxime est: sicut magis calidum est, quod magis appropinquat maxime calido. Est igitur aliquid quod est verissimum, et optimum, et nobilissimum, et per consequens maxime ens: nam quae sunt maxime vera, sunt maxime entia, ut dicitur II Metaphys. Quod autem dicitur maxime tale in aliquo genere, est causa omnium quae sunt illius generis: sicut ignis, qui est maxime calidus, est causa omnium calidorum, ut in eodem libro dicitur. Ergo est aliquid quod omnibus entibus est causa esse, et bonitatis, et cuiuslibet perfectionis; et hoc dicimus Deum.
Quinta via sumitur ex gubernatione rerum. Videmus enim quod aliqua quae cognitione carent, scilicet corpora naturalia, operantur propter finem: quod apparet ex hoc quod semper aut frequentibus eodem modo operantur, ut consequantur id quod est optimum; unde patet quod non a casu, sed ex intentione perveniunt ad finem. Ea autem quae non habent cognitionem, non tendunt in finem nisi directa ab aliquo cognoscente et intelligente, sicut sagitta a sagittante. Ergo est aliquid intelligens, a quo omnes res naturales ordinantur ad finem: et hoc dicimus Deum.
AD PRIMUM ERGO dicendum quod, sicut dicit Augustinus in Enchiridio: "Deus, cum sit summe bonnus, nullo modo sineret aliquid mali esse in operibus suis, nisi esset adeo omnipotens et bonus ut bene faceret etiam de malo". Hoc ergo ad infinitam Dei bonitatem pertinet, ut esse permittat mala, et ex eis eliciat bona.
AD SECUNDUM dicendum quod, cum natura propter determinatum finem operetur ex directione alicuius superiores agentis, necesse est ea quae a natura fiunt, etiam in Deum reducere, sicut in primam causam. Similiter etiam quae ex proposito fiunt, oportet reducere in aliquam altiorem causm, quae non sit ratio et voluntas humana: quia haec mutabilia sunt et defectibilia; oportet autem omnia mobilia et deficere possibilia reduci in aliquod primum principiom immobile et per se necessarium, sicut ostensum est.
* * *
Aquí termina el capítulo tres en su lengua original. Seguidamente lo transcribiré en castellano.
El traductor hace algunos cambios sin importancia para la mejor comprensión del texto, por ejemplo, cuando en el original está escrito "ut dicitur II Metaphys" (tal como se dice en la Metafísica II), en la traducción puede leerse "pues, como dice el Filósofo". Del mismo modo, y casi a continuación, el latín original expresa "ut in eodem libro dicitur" (tal como en el mismo libro se dice), mientras que en castellano está escrito "según dice Aristóteles".
Como es lógico, tanto el autor como el traductor, en todo momento se están refiriendo a La Metafísica, de Aristóteles.
Ocurre lo mismo cuando se cita a San Agustín y su obra, así como al principio y final del capítulo en el momento de exponer dificultades y soluciones, pero las diferencias no son en absoluto sustanciales.
Inicio la transcripción.
* * *
DIFICULTADES. Parece que Dios no existe.
1.- Si de dos contrarios suponemos que uno sea infinito, éste anula totalmente su opuesto. Ahora bien, el nombre o término Dios significa, precisamente, un bien infinito. Si, pues, hubiese Dios, no habría mal alguno. Pero hallamos que en el mundo hay mal. Luego Dios no existe.
2.- Lo que pueden realizar pocos principios, no lo hacen muchos. Pues en el supuesto de que Dios no exista, pueden otros principios realizar cuanto vemos en el mundo, pues las cosas naturales se reducen a su principio, que es la naturaleza, y las libres, al suyo, que es el entendimiento y la voluntad humana. Por consiguiente, no hay necesidad de recurrir a que haya Dios.
POR OTRA PARTE, en el libro del Éxodo dice Dios de sí mismo: "Yo soy el que soy".
RESPUESTA. La existencia de Dios se puede demostrar por cinco vías. La primera y más clara se funda en el movimiento. Es innegable, y consta por el testimonio de los sentidos, que en el mundo hay cosas que se mueven. Pues bien, todo lo que se mueve es movido por otro, ya que nada se mueve más que en cuanto está en potencia respecto a aquello para lo que se mueve. En cambio, mover requiere estar en acto, ya que mover no es otra cosa que hacer pasar algo de la potencia al acto, y esto no puede hacerlo más que lo que está en acto, a la manera como lo caliente en acto, v. gr., el fuego hace que un leño, que está caliente en potencia, pase a estar caliente en acto. Ahora bien, no es posible que una misma cosa esté, a la vez, en acto y en potencia respecto a lo mismo, sino respecto a cosas diversas, lo que, v. gr., es caliente en acto, no puede ser caliente en potencia, sino que en potencia es, a la vez, frío. Es, pues, imposible que una cosa sea por lo mismo y de la misma manera motor y móvil, como también lo es que se mueva a sí misma. Por consiguiente, todo lo que se mueve es movido por otro. Pero, si lo que mueve a otro es, a su vez, movido, es necesario que lo mueva un tercero, y a éste otro. Mas no se puede seguir indefinidamente, porque así no habría un primer motor y, por consiguiente, no habría motor alguno, pues los motores intermedios no mueven más que en virtud del movimiento que reciben del primero, lo mismo que un bastón nada mueve si no lo impulsa la mano. Por consiguiente, es necesario llegar a un primer motor que no sea movido por nadie, y éste es el que todos entienden por Dios.
La segunda vía se basa en la causalidad eficiente. Hallamos que en este mundo de lo sensible hay un orden determinado entre las causas eficientes; pero no hallamos que cosa alguna sea su propia causa, pues en tal caso habría de ser anterior a sí misma, y esto es imposible. Ahora bien, tampoco se puede prolongar indefinidamente la serie de las causas eficientes, porque siempre que hay causas eficientes subordinadas, la primera es causa de la intermedia, sea una o muchas, y ésta causa de la última; y puesto que, suprimida una causa, se suprime su efecto, si no existiese una que sea la primera, tampoco existiría la intermedia ni la última. Si, pues, se prolongase indefinidamente la serie de causas eficientes, no habría causa eficiente primera, y, por tanto, ni efecto último ni causa eficiente intermedia, cosa falsa a todas luces. Por consiguiente, es necesario que exista una causa eficiente primera, a la que todos llaman Dios.
La tercera vía considera al ser posible o contingente y el necesario, y puede formularse así. Hallamos en la naturaleza cosas que pueden existir o no existir, pues vemos seres que se producen y seres que se destruyen, y, por tanto, hay posibilidad de que existan y de que no existan. Ahora bien, es imposible que los seres de tal condición hayan existido siempre, ya que lo que tiene posibilidad de no ser hubo un tiempo en que no fue. Si, pues, todas las cosas tienen la posibilidad de no ser, hubo un tiempo en que ninguna existía. Pero, si esto es verdad, tampoco debiera existir ahora cosa alguna, porque lo que no existe no empieza a existir más que en virtud de lo que ya existe, y, por tanto, si nada existía, fue imposible que empezase a existir cosa alguna, y, en consecuencia, ahora no habría nada, cosa evidentemente falsa. Por consiguiente, no todos los seres son posibles o contingentes, sino que entre ellos, forzosamente, ha de haber alguno que sea necesario. Pero el ser necesario o tiene la razón de su necesidad en sí mismo o no la tiene. Si su necesidad depende de otro, como no es posible, según hemos visto al tratar de las causas eficientes, aceptar una serie indefinida de cosas necesarias, es forzoso que exista algo que sea necesario por sí mismo y que no tenga fuera de sí la causa de su necesidad, sino que sea causa de la necesidad de los demás, a lo cual todos llaman Dios.
La cuarta vía considera los grados de perfección que hay en los seres. Vemos en los seres que unos son más o menos buenos, verdaderos y nobles que otros, y lo mismo sucede con las diversas cualidades. Pero el más y el menos se atribuye a las cosas según su diversa proximidad a lo máximo, y por esto se dice lo más caliente de lo que más se aproxima al máximo calor. Por tanto, ha de existir algo que sea verísimo, nobilísimo y óptimo, y por ello ente o ser supremo; pues, como dice el Filósofo, lo que es verdad máxima es máxima entidad. Ahora bien, lo máximo en cualquier género es causa de todo lo que en aquel género existe, y así el fuego, que tiene el máximo calor, es causa del calor de todo lo caliente, según dice Aristóteles. Existe, por consiguiente, algo que es para todas las cosas causa de su ser, de su bondad y de todas sus perfecciones, y a esto llamamos Dios.
La quinta vía se toma del gobierno del mundo. Vemos, en efecto, que las cosas que carecen de conocimiento, como los cuerpos naturales, obran por un fin, como se comprueba observando que siempre, o casi siempre, obran de la misma manera para conseguir lo que más les conviene; por donde se comprende que no van a su fin obrando al acaso, sino intencionadamente. Ahora bien, lo que carece de conocimiento no tiende a un fin si no lo dirige alguien que entienda y conozca, a la manera como el arquero dirige la flecha. Luego existe un ser inteligente que dirige todas las cosas naturales a su fin, y a éste llamamos Dios.
SOLUCIONES. 1.- Dice San Agustín que, "siendo Dios el bien supremo, de ningún modo permitiría que hubiese en sus obras mal alguno si no fuese tan omnipotente y bueno que del mal sacase bien". Luego pertenece a la infinita bondad de Dios permitir los males para de ellos obtener los bienes.
2.- Como la naturaleza obra para conseguir un fin en virtud de la dirección de algún agente superior, en lo mismo que hace la naturaleza interviene Dios como causa primera. Asimismo, lo que se hace deliberadamente, es preciso reducirlo a una causa superior al entendimiento y voluntad humanos, porque éstos son mudables y contingentes, y lo mudable y contingente tiene su razón de ser en lo que de suyo es inmóvil y necesario, según hemos dicho.
* * *
Y hasta aquí la demostración que elaboró Santo Tomás para probar la existencia de Dios.
A continuación voy a atreverme a exponer mis puntos de vista en relación con el tema. Quizá no debiera ser tan osado pero creo que la búsqueda de la verdad es algo innato en el ser humano. Todos sabemos que la verdad está en alguna parte y todos tratamos de encontrarla, aunque, a menudo, haya muchas ideas intrusas que se disfracen de la verdad y consigan mantenernos engañados toda la vida.
¿Podemos, acaso, estar seguros de que nuestra verdad es la auténtica? ¿Descubrimos siempre al intruso disfrazado?.
Es realmente difícil distinguir la auténtica verdad entre tan impresionante maraña de ideas filosóficas y religiones, pero el ser humano, siempre tan luchador y tan incansable buscador de un buen fin para su vida, no cesa ni cesará jamás de batallar consigo mismo y con los demás para autoconvencerse y convencer de que su verdad es LA VERDAD.
Complicada misión ante tanta incertidumbre.
"Dudo, luego existo", dijo San Agustín.
En fin, al menos sé que existo.
fin de la parte 1
http://www.interbook.net/personal/angelberto/1DIOS.htm