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Los libros raros: 2-Los códices mayas

Paranormal7/3/2015
En esta segunda entrega de Libros raros vamos a centrarnos en unos manuscritos antiguos que recogen información sobre una de las culturas más importantes: los mayas. Los códices mayas son libros escritos antes de la conquista española del continente y muestran algunos rasgos y cálculos matemáticos y astronómicos de esta población. En su escritura fueron empleados caracteres jeroglíficos.

Los mayas desarrollaron su papel en una era relativamente temprana. Hay pruebas arqueológicas del uso de cortezas desde inicios del siglo V. Ellos lo llamaban huun, que era superior en textura, durabilidad y plasticidad al papiro egipcio, con todo lo que ello significa.

Antes de abordar los textos en sí, es necesario adentrarse medianamente en los aspectos más relevantes sobre esta civilización.


Los libros raros: 2-Los códices mayas

Un poco de historia



Antes que los mayas se establecieran en las regiones de América Central, existían allí pueblos originarios, como los otomíes. Los mayas eran oriundos de América del Norte y después de décadas deambular por América Central se establecieron en la Península de Yucatán y en las áreas próximas, alrededor del año 900 a.C. La producción de maíz y la influencia de los olmecas fueron muy importante para el desarrollo.

La Cultura Maya, es una civilización de Mesoamérica, conocida por haber desarrollado completamente el lenguaje escrito en la América pre-colombina, así como por su arte, arquitectura y sistemas matemáticos y astronómicos. En un principio, los mayas se establecieron en el período pre-clásico (2000 a.C. a 250 d.C), según la cronología de Mesoamérica, muchas ciudades mayas alcanzaron su mayor desarrollo de Estado durante el período Clásico (250 d.C. a 900 d.C.), y continuaron durante todo el periodo Post-clásico hasta la llegada de los españoles. En su apogeo, la cultura maya fue una de las civilizaciones mas densamente pobladas y culturalmente una de las sociedades más dinámicas del mundo.

El área ocupada puede ser dividida en dos regiones: Por un lado estaban las tierras altas (área que ocupan hoy en día las repúblicas de El Salvador y de Guatemala), que limitaban con el Océano Pacífico. A pesar de las buenas condiciones naturales, ese territorio no tuvo mucha importancia para la construcción de la civilización maya.

Fue la zona de las tierras bajas donde desarrollaron su cultura, puesto que este lugar poseía una orografía granulosa de tierras calizas bien irrigadas por los ríos que desembocaban en el Caribe y en el Golfo de México.





Políticamente hablando, los mayas no llegaron a organizar un fuerte y poderoso Estado centralizado, sino que formaron Ciudades-Estado. En realidad, las ciudades mayas importantes controlaban las aldeas y tierras próxima. No había ningún poder o institución que las unificase. Ellos tenían autonomía económica y política, y generalmente eran gobernadas por familias nobles locales.

La economía de los mayas se basaba en la agricultura. La tecnología empleada en las actividades agrícolas era bastante primitiva. Sin embargo, ellos consiguieron una extraordinaria productividad, principalmente de maíz. Es justamente esa producción la que generaba excedentes, entonces un gran contingente de mano de obra podía ser liberado de las actividades agrícolas para la construcción de templos, pirámides, reservorios de aguas, etc.

Precisamente la arquitectura y la ingeniería representarían las áreas del conocimiento mas desarrollado por los mayas. Sus grandes centros religiosos, las pirámides, las ciudades con edificios de varios pisos, los canales de irrigación y los reservorios de agua maravillaron a los conquistadores europeos del siglo XVI. Pero, para desarrollar tan magnifica civilización tuvieron que desarrollar la ciencia de la Matemática.


La escritura y los códices



La escritura maya, conocida también como jeroglíficos mayas, fue el sistema de escritura utilizado por esta civilización. Los primeros epigrafes que son reconocibles como de la civilización maya datan del siglo III a.C, y la escritura fue usada hasta poco después del arribo a Mesoamérica de los invasores españoles en el siglo XVI (e incluso después en lugares como Tayasal).

La escritura usaba logogramas complementados por un juego de glifos silábicos, con funciones similares a los de la escritura japonesa. La escritura maya fue llamada "jeroglífica" por los antiguos investigadores europeos de los siglos XVIII y XIX, que sin entenderla encontraron que tenía cierta similitud en su apariencia con los jeroglíficos del Antiguo Egipto.

La escritura maya quedó registrada en códices, pinturas, estelas, edificios y materiales que ofrecieron ricas texturas como el algodón, los objetos hechos de cerámica y diversas joyas realizadas en piedras de gran belleza, como el jade y la obsidiana.


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En los códices, sus libros sagrados, registraron noticias, crónicas y hechos históricos; hicieron gala de la precisión de sus sistemas cronológicos y de su literatura y dieron cuenta de su arte, así como de sus conocimientos en astronomía, medicina y botánica. Como se evidencia, se necesitaba ser poseedor del conocimiento para escribir códices; por ello, los sacerdotes, pertenecientes a la nobleza, eran los encargados de escribirlos. Eran llamados ah ts'ib: escribas, o ah woh: pintores.

También eran ellos los únicos que tenían la facultad de leerlos e interpretarlos, ya que la manera de hacerlo dependía del momento, de la situación y de quién los consultaba -así como de los objetivos que perseguía al hacerlo-. La interpretación jamás era única y lineal, hecho que, por cierto, dificulta el desciframiento de los códices. Aunado a ello, como su escritura tiene varios signos para representar una misma idea, la lectura se vuelve rica en expresiones, pero altamente codificada y compleja.

Fabricaron sus códices usando una corteza vegetal: el amate, y se sabe que también utilizaron la piel de venado especialmente tratada. Formaban largas tiras dobladas como biombo y las recubrían con una fina capa de estuco, sobre la que dibujaban, y esto les permitía hacer correcciones aplicando el color blanco a manera de goma de borrar para continuar pintando sus jeroglíficos.


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El códice de Madrid



Los códices tenían un orden: cada página estaba perfectamente dividida en secciones de glifos, numerales y figuras. El colorido de los códices es notable, y destaca el uso del rojo, el negro y el azul maya.

La mayor parte de los códices mayas fue destruida durante la Colonia. Han sobrevivido hasta nuestros días únicamente tres códices que han recibido el nombre de la ciudad en donde se encuentran: Dresde (Alemania), París (o Peresiano) y Madrid (o Trocortesiano).

Fueron muchos más los libros mayas escritos al tiempo de la conquista de Yucatán en el siglo XVI, pero casi todos fueron destruídos más tarde por conquistadores y sacerdotes. En particular, los encontrados en la Península de Yucatán fueron destruidos por órdenes de Fray Diego de Landa en julio de 1562. Juntos, los códices, son una fuente de información primaria de la cultura maya, junto con las inscripciones en piedras y monumentos, y estelas que sobrevivieron hasta nuestros días y los frescos de algunos templos. Muchas de las claves para entender al mundo maya fueron así destruidas.

Fray Bartolomé de las Casas se lamentó cuando descubrió que esos libros fueron destruidos y escribió: "Estos libros fueron vistos por nuestros clérigos, y yo aún pude ver restos quemados por los monjes aparentemente porque ellos pensaron que podrían dañar a los Indígenas en materia de religión, ya que se encontraban al inicio de su conversión". Los últimos en ser destruidos fueron los deTayasal Guatemala, la última ciudad de América en ser conquistada en 1697.

Repasando, y volviendo al tema de los códices en sí, solamente tres códices y una parte de un cuarto sobrevivieron hasta nuestros tiempos. Tres de ellos llevan el nombre según el lugar de su custodia (los 3 primeros). El cuarto, lleva el lugar donde se expuso por primera vez en 1971. Éstos son:

1. El Códice de Dresde.

2. El Códice de Madrid, también conocido como el Códice Tro-Cortesiano

3. El Códice de París, también conocido como el Códice Peresiano

4. El Códice de Grolier, también conocido como el Fragmento de Grolier.

Además de estos, han aparecido otros en excavaciones arqueológicas pero se encuentran en mal estado. Vamos, entonces, a hacer un repaso por cada uno:


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1. El códice de Dresde


Está guardado en la Sächsische Landesbibliothek (SLUB), la biblioteca estatal en Dresde, Alemania. Desde el punto de vista artístico, se ha considerado que el Códice Dresde, es el más bello y el más antiguo de los tres manuscritos mayas que se conocen, debido a la claridad de sus trazos y a la cuidadosa disposición de los textos.

Tiene 39 hojas pintadas en ambos lados, largas y estrechas. Cada una mide 20.5 por 9 cm y desplegado 3.5 m. Las pinturas y glifos han sido realizadas con todo cuidado habiéndose usado un pincel extremadamente delgado. Por las características estilísticas del documento es posible que haya sido realizado por ocho escribas distintos. Se sabe que es copia de uno más antiguo porque se utilizan dos tipos distintos de los signos de los días que a su vez corresponden a épocas diferentes. Las páginas están enmarcadas por una linea roja con la excepción de la 74. La mayoría se dividen horizontalmente en tres partes por medio de delgadas líneas rojas.

El códice es un calendario mostrando qué dioses influyen en cada día, ya que trata asuntos adivinatorios que se desenvuelven en un marco de rituales vinculados a la cosmología, la astronomía y el calendario. Así, el códice Dresde explica detalles del calendario y del sistema numérico de los mayas.


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Entre los principales temas se encuentran secciones dedicadas particularmente a la deidad lunar, un calendario de Venus vinculado al sol y la luna, lo que muestra que los mayas tenían un calendario más complejo asociado con ideas ceremoniales, tablas lunares, profecías, rituales de año nuevo y agrícolas, una serie de fechas calculadas a partir de los números registrados dentro de las ondulaciones de cuerpos de serpientes, almanaques para adivinar las lluvias (de gran preocupación para ellos por la suerte que correría el cultivo del maíz) o tablas de múltiplos de varios números.

En el Códice Dresde aparecen representados cada una con treinta de los signos utilizados en el calendario de 260 días llamado tzolkin. Cada uno de los signos representa el día en el tzolkin en donde ha comenzado una posición particular de uno de los cinco períodos de Venus que complementan ocho años de 365 días.

El códice trata asuntos adivinatorios que se desenvuelven en un complejo marco de rituales vinculados a la cosmovisión, la astronomía y los sistemas calendáricos. Entre los principales temas se encuentran secciones dedicadas particularmente a la deidad lunar, el ciclo venusino vinculado al Sol y a la Luna, tablas lunares, profecías asociadas a los katunes, una serie de fechas calculadas a partir de los números registrados dentro de las ondulaciones de cuerpos de serpientes, un diluvio, rituales de año nuevo y de ciclos agrícolas, así como tablas de múltiplos de varios números. Se ha propuesto también la existencia de una sección dedicada al planeta Marte.


misterio



Esta versión del manuscrito pictórico al parecer es una copia de una fuente o fuentes más tempranas. La fecha más reciente que aparece en la lámina 51 es 10.19.6.1.8., o sea 12 lamat, 6 kumkú, de la cuenta larga, correspondiente a 1210 d.C. Mucho del contenido fue diseñado para ser reusado, aspecto que se explica debido a las creencias mayas de que el tiempo es cíclico y la historia es en esencial profética. Una sección que predice la aparición y desaparición del planeta Venus incorpora números que pudieron haberse usado para corregir el error acumulado, derivado de la carencia de fracciones en el sistema matemático. Los cómputos establecidos en el códice bien pudieron haberse utilizado con una razonable precisión hasta el final del siglo XV. Otros elementos remiten a una fecha de elaboración durante el Post-clásico tardío.


2. El códice de Madrid



Éste es el más extenso de los códices mayas prehispánicos. Consta de 112 páginas (56 hojas pintadas en ambos lados) que miden 23.2 cm de altura por 12.2 cm de ancho (con ligeras variantes). El papel es de amate y originalmente se preparó como una larga tira que se doblaba como acordeón. Sobre las páginas se aplicó una capa de estuco muy fino como base, sobre la cual se pintaron jeroglíficos e imágenes. Los colores ahora visibles son café rojizo oscuro, amarillo café claro, dos tonos de azul, negro y gris. En algún momento la pictografía fue dividida en dos partes. Un gran fragmento de estuco pintado, desprendido de la parte superior de la página 56, se guarda junto con las dos partes señaladas.

El códice contiene escenas adivinatorias en un contexto de ciclos calendáricos (tzolkin y haab) y direcciones del universo. Las imágenes representan rituales y actividades cotidianas como la agricultura, petición de lluvia, apicultura, caza, actividades bélicas, sacrificio humano y tejido, como se reflejaban en el ámbito de las deidades. Por ejemplo, se ilustra una serie de mujeres tejiendo en telar de cintura, tema que se ha asociado con la diosa lunar y que se compara con el movimiento de nuestro satélite. También se ilustraron ceremonias que marcan el término de un ciclo de 365 días (haab) y el inicio del siguiente. El contenido de algunos pasajes muestran similitudes con partes de pictografías procedentes del Centro de México.


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Al parecer los sacerdotes lo consultaban para predecir el futuro y establecer los días más adecuados para realizar distintas labores. Sin embargo, no posee el contenido astronómico y matemático que se refleja en el Códice Dresde. Además, la calidad es inferior al Códice Dresde pues el trazo de las figuras y glifos reflejan cierto descuido.

Las páginas 75 y 76, junto con las 77 y 78, abarcan un pasaje relativo a la asociación de la rueda calendárica con las direcciones del mundo, los lugares que ocupan las deidades en este espacio ritual y las ofrendas que se entregaban en determinadas ocasiones. Este diagrama espacio-temporal sigue las premisas que continuaron en uso en el periodo colonial y que en la actualidad están vigentes. El sistema está basado en la observación del movimiento aparente anual del Sol, visto como una “migración”, desde su salida y puesta en los horizontes oriental y occidental, entre las fechas de los solsticios de verano e invierno. El resultado es el registro de cinco sectores: el centro –donde se localiza el observador–, los segmentos este y oeste –delimitados por los amaneceres y atardeceres solsticiales–, y el norte y el sur.

En el códice, la separación de las cuatro direcciones se hizo mediante una especie de cruz de Malta, en cuyo perímetro se registró la cuenta ritual del tzolkin, de 260 días, por medio de puntos negros y glifos. Se trata de uno de los ciclos que conforman la rueda calendárica maya. El sector central fue cuidadosamente trazado, y los glifos de los cuatro puntos cardinales se encuentran en los espacios trapezoidales. Las deidades registradas en las tres escenas del eje oriente-poniente son aspectos del dios solar y de la Luna, aunque aquí ésta muestre características masculinas. Además, se agregaron 18 pisadas humanas en los espacios que se forman en los ángulos solsticiales, entre los cuatro puntos cardinales.


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Se cree que representan intervalos de 20 días cada uno. Si se agrega el grupo de puntos pequeños de la esquina sureste, aparentemente sumarían los 365 días, correspondientes al ciclo anual conocido como haab. Al parecer, las pisadas humanas simbolizan el aparente movimiento del dios solar. El registro de los días del tzolkin que crea la cruz de Malta se inicia en la parte interior de la esquina sudoriental, en el día 1 imix, y prosigue en dirección contraria a las manecillas del reloj, con incrementos de 13 días (trecenas). Esta cuenta puede estar relacionada con la lista de días de una trecena que comienza en la página 78 y concluye en la 77.

Estas partes se asocian con el diagrama espacio-temporal que ocupa las páginas 75 y 76, mediante glifos direccionales y ofrendas como las que se registraron en el sector central. La unidad de contenido de las páginas 77 y 78 es clara, además, la página 76 está físicamente unida a la 77. La continuidad temática establece que la escena de las páginas 75 y 76 debe estar acomodada con el oriente en la parte de arriba, aunque esto invierte la posición de las deidades solar y lunar en dos de los tres paneles del eje oriente-poniente. Esta unidad, compuesta de cuatro páginas, deberá ser leída como 78, 77, 76 y 75.


3. El códice de París


El Códice de París o Peresianus, es uno de los códices mayas que aún se conservan, recibió ese nombre por encontrarse en la Biblioteca Nacional de París. Su estado de conservación es deplorable y muchas páginas han perdido los textos e imágenes superiores e inferiores.

Se trata de un códice pequeño en comparación con los demás aunque originalmente contaba con 24 páginas de las que dos se perdieron y en otras tantas el deterioro es casi total. El mal estado podría deberse al ambiente y humedad en el que se conservó, además de la falta de atención en la biblioteca, que lo adquirió en 1832, pero cuyos bibliotecarios no lo cuidaron, al punto que estuvo extraviado por algún tiempo.

Este códice, se encuentra en la actualidad en el Fonds Mexicain de la Biblioteca Nacional de Francia y guardado celosamente sin exhibición al público. No obstante de este códice existen importantes copias que han permitido su estudio. Estas copias, en su mayoría, se derivan de la versión cromolitografica de Léon de Rosny en 1887 (como la publicación de Graz de 1968 y la de Chiapas de Thomas Lee Jr. de 1995) y la versión fotográfica en blanco y negro de 1888.


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El documento dispone tan sólo de un total de once páginas (es un códice bastante pequeño), donde en dos se han perdido completamente todos los detalles, y en las otras ocho se preservan razonablemente intactos los glifos ubicados en la parte central, pero todos los motivos cercanos a los cuatro márgenes se han borrado. Cada hoja mide de 20 a 25 cm por 12.5, realizado en papel indígena como los anteriores (papel de amate).

Tampoco se conoce con exactitud la fecha de su realización pero sin duda corresponde a un periodo prehispánico tardío (entre los siglos XIII y XV). Tampoco en este código aparecen las figuras y glifos de la calidad del Código Dresde. Segùn Severin, el contenido conocido tradicionalmente del Códice París es el siguiente:

La primera mitad contiene la secuencia de Katunes con sus respectives ceremonias y ritos propiciatorios; Las páginas 19 y 20 tratan de los cargadores del año; El cuadro en las páginas 23 y 24 contiene un almanaque de siete juegos acompañados por seres colgados de una via celestial, que tal vez es una representación del zodiaco maya. La única discusión completa acerca del códice es el trabajo de Bruce Love en El Códice de París: Manual para un sacerdote Maya de 1994, que refiere su temática a cuestiones rituales, correspondiente a los dioses y sus ceremonias, profecías, calendario de ceremonias y un zodiaco dividido en 364 días.

De hecho, los datos que sugieren el uso de un posible zodíaco provienen de este códice donde aparecen dos líneas de figuras -sobre todo animales- suspendidas de bandas celestes y acompañadas de fechas, intervalos y textos glíficos.


4. El códice de Grolier


Es un fragmento de 11 páginas pobremente conservado en papel amate estucado, y se ha determinado que debió pertenecer a un libro con 20 páginas. Cada página mide 18 cm de alto por 12.5 cm de ancho. Por medio de datación por radiocarbono se ha calculado que fue fabricado en 1230 d. C. +/- 130 años, lo que lo convierte en el manuscrito más antiguo.

Actualmente está guardado en un museo de México, pero no expuesto al público. Fotografías escaneadas del códice pueden encontrarse en Internet. Las páginas son mucho menos detalladas que las de los otros códices. En cada página siempre se encuentra la figura de un personaje mirando hacia el lado izquierdo de la página e invariablemente sosteniendo un arma o algún instrumento. Arriba de cada página hay un número. En la parte inferior parece haber una lista de fechas.

Sin embargo, la autenticidad del códice es muy controvertida. La mezcla de sistemas de cálculo y de repertorios iconográficos sería según algunos, la mezcla realizada por un hábil estafador. Otro motivo para pensar en su falsificación es la ausencia de datos astrológicos y de predicciones.

Si bien la comunidad de mayistas se dividió en partidarios de la autenticidad, en adversarios de ésta y en indecisos, se publicaron muy pocas reacciones o estudios sobre el documento.


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Volviendo a la descripción, puede notarse el uso económico de color. Su estilo tiene elementos del arte tolteca-maya y de los códices mixtecos y mexicas, ubicándose cronológicamente entre el Dresde y el París.

El estilo híbrido y el contenido del Códice Grolier plantean la cuestión de dónde podría haberse realizado. Debió haber sido pintado por artistas tolteca-maya de algún centro comercial cosmopolita de las tierras bajas, probablemente el gran puerto comercial de Xicalango en Campeche, una ciudad controlada por los mayas chontales.

En cuanto a su contenido, los antiguos pueblos de Mesoamérica estaban profundamente interesados en Venus, el objeto más brillante en el cielo después del Sol y la Luna. Sus sacerdotes-astrónomos se dieron cuenta de que la estrella de la mañana y la estrella de la tarde eran el mismo planeta. El Códice Grolier se trata de un calendario venusino; los signos de los días en el lado izquierdo de cada página coinciden perfectamente con los de las Tablas Venusinas del Códice Dresde. Cada página no representa el período entero de los 584 días como en el Dresde, sino una posición sinódica de ese período.

En las 10 u 11 páginas del Códice Grolier se retoman las listas de nombres de los días de las páginas 48, 49 y parte de la 50 del Códice de Dresde. En este último las cuatro estaciones de un ciclo (de 584 días) ocupan la misma página del almanaque y las imágenes sólo se aplican al nacimiento heliaco, mientras que a cada página del Grolier corresponde una estación venusina con una columna de signos de días (kan para la p. 1), sus coeficientes y una imagen. Es decir, se da la misma importancia a todas las estaciones del ciclo, incluyendo las de invisibilidad, y para cada una hay una imagen ilustrando un augurio, aparentemente siempre negativo. Si se comparan las páginas 1-4 del Grolier con la 48 del Dresde se observa la misma secuencia de nombres de día (kan, ix, kan, eb) precedidos de 11, 6, 1, 9, 4, 12, 7, etc., números indicados con el sistema de rayas (para 5) y puntos (para la unidad).


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