Inventos que ayudan al medio ambiente:
El auto fantástico.
La Argentina y Chile ya recibieron los primeros embarques de autos “limpios”. Se trata de vehículos híbridos que funcionan con nafta y electricidad y, según las condiciones de uso, pueden consumir 5 veces menos combustible que un auto normal. El nivel de emisiones gaseosas es mínimo, son absolutamente silenciosos y están compuestos por materiales reciclables en un 85 por ciento. El problema, por ahora, es el precio: en Chile, que cuenta con los aranceles más bajos de la región para la importa- ción de autos e incentivos para el desarrollo de tecnologías limpias, cuesta unos 30 mil dólares y en la Argentina, el valor trepa a 50 mil. Este año, en la región presentarán una cantidad simbólica pero en los Estados Unidos la marca que los fabrica lleva vendidos más de un millón.
La bolsa de los mandados.
Hay otras tendencias, más cotidianas, que marcan una preferencia por el consumo responsable. Retomar la costumbre de ir al mercado con “la bolsa de las compras”, como hacían las abuelas, u optar por los envases retornables, es algo que parece una acción intrascendente. Sin embargo, el nailon y el plástico de los envases de aguas o gaseosas tardan cientos de años en degradarse. En los dos casos, la materia prima son los combustibles fósiles, un recurso no renovable.
La comida casera.
El consumo de alimentos es otra muestra de los nuevos hábitos y las prácticas que rechazan agregados artificiales. Salsas elaboradas con tomates naturales o la polenta con harina de maíz, sin sustancias “mágicas” que le permitan cocinarse en un minuto, comienzan a ser consideradas. En los ejemplos mencionados la diferencia se aprecia en el sabor, la calidad, el precio y la certeza de ahorrarle males al ambiente debido a que no se utilizan químicos ni envases y, en muchos casos, se fomenta el consumo de productos locales.
Un poco más caro, pero bueno.
También está el caso de los alimentos orgánicos. Hay casas especializadas que los comercializan y los supermercados los empiezan a incorporar tibiamente porque, si bien cuentan con la garantía de haber sido elaborados sin la utilización de agroquímicos y dañando lo menos posible el aire, la tierra y el agua, suelen ser entre un 20 y un 50 por ciento más caros que la mercadería tradicional. Hay vinos, aceitunas o lechugas producidos de este modo. En Buenos Aires un kilo de arroz orgánico cuesta casi 3 dólares; los tomates, 2; un kilo de lechuga, 3; medio kilo de yerba, 2 dólares; y la media docena de huevos también 2. Según una encuesta de la Unión Europea, los consumidores de la comunidad estarían dispuestos a pagar un 10 por ciento más por productos que respeten el ambiente.
El pescado certificado.
La depredación que han sufrido los mares de todo el mundo por prácticas pesqueras que se concentraban en capturar tanto volumen como fuera posible sin tener en cuenta la sustentabilidad del recurso y los colapsos registrados en varias especies plantea una mayor conciencia de los límites. Así los Estados, en defensa del recurso escaso, y las empresas que no quieren perder clientes, desarrollan mecanismos tendientes a transparentar la información y valorizar las mejores prácticas. El “etiquetado ecológico” es uno de esos instrumentos. Figuran detalles que garantizan buenas prácticas de manipulación y procesamiento de los productos de mar. En América Latina se detectan incipientes políticas de certificación de la pesquería industrial de merluza en Chile, de la vieira y la merluza del Golfo San Matías en la Argentina, y de la langosta en México. En los próximos 5 años serán pocas las pesquerías de relieve a escala mundial que podrán darse el lujo de no exhibir el etiquetado de referencia. Las “listas semáforo” que ya rigen en los Estados Unidos o Europa constituyen otro indicador para facilitar elecciones responsables. Se trata de cartillas que, bajo los rótulos verde, amarillo y rojo, advierten qué especies pueden ser consumidas, cuáles son dudosas según el origen, y cuáles están en peligro de colapsar. El tamaño del “semáforo” está diseñado para llevarlo en la billetera con comodidad.
Menos pieles, más pétalos.
En el diseño y los materiales utilizados en la confección de ropas también se detectan mejores prácticas. Las pieles de animales exóticos han dejado de ser un elemento de gracia y distinción para transformarse en símbolos de maltrato y extinción de las especies tras campañas impactantes que mostraron el modo sangriento con que se las mata para sacarles la piel. Los nuevos diseñadores emplean el cuero ecológico y los comercios de las principales ciudades presentan indumentaria teñida con pigmentos naturales en reemplazo de las anilinas artificiales. La técnica es milenaria, bien simple, y se vale de hojas, frutos maduros, verduras, raíces o pétalos de flores silvestres.
Ademas...
Las lámparas de bajo consumo que permiten ahorrar hasta un 75 por ciento de energía, las bolsas oxibiodegradables que hacen desaparecer los compuestos plásticos en tres meses, las pinturas ecológicas hechas con materias primas de origen vegetal o mineral que no contaminan, las pilas recargables, los termómetros para controlar la fiebre sin mercurio, cocinas solares, juguetes sin pilas, casas diseñadas para optimizar el uso de la energía (mejor ventiladas en verano y apropiadas para la conservación del calor en invierno), las heladeras más eficientes, los celulares cuyos componentes se reciclan en un ciento por ciento, dispositivos para gastar la mitad de agua durante la ducha o cuando lavamos los platos, o el auge de la utilización de videoconferencias para evitar el tráfico aéreo que genera emisiones contaminantes y contribuye al calentamiento global.
Es muy importante conocer si un producto ha sido facturado localmente, en la región, o si viene desde muy lejos. Cuando elegimos, validamos mayor o menor emisión de gases y, si contamos con más información acerca de los ingredientes utilizados para la elaboración, podríamos detectar el grado de contaminación al que estamos expuestos o qué tipo de degradación generó en el largo camino hasta llegar a nuestro hogar.
Nos obliga a entender que cuando descartamos las cosas sin darnos la posibilidad de reciclar o reutilizar, estamos enterrando en los basurales algo más que un artefacto que hemos decidido dejar de usar. Con él se va la materia prima que fue necesaria para su elaboración: maderas, minerales, petróleo, preciosos nutrientes del suelo o el agua vital. El nuevo consumo nos invita a no derrochar, a cierta constricción frente a lo dado y a ser más generosos con el entorno y nuestros semejantes.
En resumen, algunas ideas para cambiar:
Reutilice todos los envases posibles.
Opte por lámparas de bajo consumo.
Lleve su bolsa para hacer las compras y rechace las de plástico.
No compre juguetes con pilas.
Consuma frutas y verduras locales y de estación.
Utilice menos el auto. En trayectos cortos es preferible el transporte público, caminar o andar en bicicleta.
Ante una posible compra de algo que no sea imprescindible, haga el ejercicio de pensar qué materias primas se utilizaron para su fabricación y evalúe si realmente lo necesita.
Frente a la góndola, además de comparar precio y calidad, busque información que le permita reconocer “el lado oculto” del producto, si es que lo tiene.
Ejercite el hábito de ducharse en 3 minutos.
Utilice ambos lados del papel cuando deba imprimir algo.
Gracias por pasar!