"Verga, esa es una pantalla LED, de 55 pulgadas HD"
A la hora exacta del mismo sábado en que el presidente Hugo Chávez transmitía en vivo y en directo lo que podía ser su último consejo de ministros (al menos por este año), el oficialista más radical de mi edificio pasaba por el problema de ingresar en el ascensor el nuevo artefacto que acababa de adquirir.
A la hora exacta del mismo sábado en que el presidente Hugo Chávez transmitía en vivo y en directo lo que podía ser su último consejo de ministros (al menos por este año), el oficialista más radical de mi edificio pasaba por el problema de ingresar en el ascensor el nuevo artefacto que acababa de adquirir.
"Verga, esa es una pantalla LED, de 55 pulgadas y burda de HD", le dijo a su amigo de igual edad, un adolescente imbuido en asuntos de tecnología, y que por instantes abandonó la patineta para ayudar a este vecino que ha ondeado por años su franela roja, con logos que van de la Alcaldía de Libertador al Seniat, a superar una prueba difícil.
Era para verlo en pantalla compartida cualquiera sea su tamaño de la televisión: en una mitad, la imagen del líder absoluto de la revolución bolivariana pasando por el trance de dejar en orden los asuntos de gobierno, en previsión de su larga ausencia del país; y del otro lado el vecino, buscando la manera que el gigantesco televisor entrara donde ya se le había advertido que no cabía, lo que le auguraba un ascenso de doce piso por escalera, con la ayuda de los señores que le hicieron el transporte y que estaban a punto de marcharse.
No pretendo aquí elaborar una metáfora sobre la moral y los malos gobiernos, sino que reflexiono un poco acerca de los sueños y de los propósitos de las personas; de quienes pretenden vivir mejor, sin que tales deseos le ocasionen tormentos, sentimientos de culpas o persecuciones.
En otras palabras, la ausencia de Hugo Chávez del territorio nacional debe significar en mi humilde entender un paso adelante para estos oficialistas que han vivido amarrados a los clichés revolucionarios y cuyo discurso socialista ha sido tomado en calidad de préstamo de otros compañeros que fingen para no estar del lado de los desempleados, de esos que figuran en la lista de los propietarios con condominio atrasado.
Es cierto que Jaua ha hecho esfuerzos en estos días de "mediovicepresidente" (la otra mitad del billete le corresponde a Giordani) para exhibir una imagen de que la revolución sigue en marcha y que el proceso no se perderá, pese a la ausencia del líder imprescindible, indiferente de que su firma electrónica funcione o no desde La Habana.
Si la ausencia momentánea del Presidente ha significado un alivio para los jubilados que se quedan en casa en las tardes oyendo la radio, o de las madres que, terminada la faena de la noche, intentan conciliar el sueño con una historia de amor televisiva, es obvio que para el funcionarato del Estado y hasta para los propios ministros estos han constituido los mejores días de sus vidas.
Ninguna llamada desde Miraflores a medianoche, cero concentración antiimperialisata de última hora, con lista, franela y gorra rojas. Menos sospechas de traición o de pasos de talanqueras, o de investigación de comisarios del Partido, porque el gran hermano no aparece por esta comarca.
Es verdad que todos invocan el nombre del Comandante, y algunos con más sinceridad y fervor que otros, anhelan porque salga airoso de esta verdadera batalla personal, para la cual no cuenta sino con los avances de la medicina y con su probada persistencia; pero, en el fondo, a más de un chavista este paréntesis revolucionario constituye un reto para examinar lo que ha sido de sus vidas y lo que desean para el país.
No pretendo aquí elaborar una metáfora sobre la moral y los malos gobiernos, sino que reflexiono un poco acerca de los sueños y de los propósitos de las personas; de quienes pretenden vivir mejor, sin que tales deseos le ocasionen tormentos, sentimientos de culpas o persecuciones.
En otras palabras, la ausencia de Hugo Chávez del territorio nacional debe significar en mi humilde entender un paso adelante para estos oficialistas que han vivido amarrados a los clichés revolucionarios y cuyo discurso socialista ha sido tomado en calidad de préstamo de otros compañeros que fingen para no estar del lado de los desempleados, de esos que figuran en la lista de los propietarios con condominio atrasado.
Es cierto que Jaua ha hecho esfuerzos en estos días de "mediovicepresidente" (la otra mitad del billete le corresponde a Giordani) para exhibir una imagen de que la revolución sigue en marcha y que el proceso no se perderá, pese a la ausencia del líder imprescindible, indiferente de que su firma electrónica funcione o no desde La Habana.
Si la ausencia momentánea del Presidente ha significado un alivio para los jubilados que se quedan en casa en las tardes oyendo la radio, o de las madres que, terminada la faena de la noche, intentan conciliar el sueño con una historia de amor televisiva, es obvio que para el funcionarato del Estado y hasta para los propios ministros estos han constituido los mejores días de sus vidas.
Ninguna llamada desde Miraflores a medianoche, cero concentración antiimperialisata de última hora, con lista, franela y gorra rojas. Menos sospechas de traición o de pasos de talanqueras, o de investigación de comisarios del Partido, porque el gran hermano no aparece por esta comarca.
Es verdad que todos invocan el nombre del Comandante, y algunos con más sinceridad y fervor que otros, anhelan porque salga airoso de esta verdadera batalla personal, para la cual no cuenta sino con los avances de la medicina y con su probada persistencia; pero, en el fondo, a más de un chavista este paréntesis revolucionario constituye un reto para examinar lo que ha sido de sus vidas y lo que desean para el país.
F!: http://www.talcualdigital.com/Avances/Viewer.aspx?id=55813&secid=44