





Siempre resultara increíble los motivos que pueden desencadenar una guerra. Para la inmensa mayoría de las personas esos motivos son banales, innecesarios, es más la mayoría de las guerras se pueden considerar como inútiles. Pero conflictos entre padres, hermanos, primos y demás siempre han existido y existirán, por el simple principio de diferencia individual. Los intereses nunca son unánimes, nunca van encaminados en un mismo sentido el beneficio siempre sule ser para una minoría y el desastre para una mayoría.


La Guerra de las islas Malvinas o Flalklands, como se les nombra en ingles, es uno de esos episodios del siglo XX que nos demuestra lo transmitido en las líneas iniciales. El pequeño archipiélago austral que se forma de tres islas, se encuentra bajo dominio británico desde 1833 cuando fue ocupado por la fuerza militar. El motivo que los británicos ocuparan el archipiélago, descubierto por los holandeses un par de siglos atrás, fue por su ubicación privilegiada para las rutas comerciales.


Esta dosis de expansionismo colonial nunca ha sido aceptada por la República Argentina que sigue considerando a las islas como parte de su territorio. Este episodio es recordado porque a lo largo del siglo XIX las jóvenes naciones de Latinoamérica escenificaron varios conflictos con potencias europeas, tal es el caso de México con la intervención francesa.


Pero en la segunda mitad del siglo XX Argentina tuvo una gran cantidad de gobiernos militares. Para finales de la década de 1970, la situación del país era asfixiante, sumida en una crisis económica y con el desempleo y la pobreza creciendo a niveles insospechados la junta militar al mando del general Leopoldo Galtieri decidió desviar la atención de la población sobre estos puntos con un acto que consideraron patriótico, pero que tuvo resultados contraproducentes.


De esta manera, la junta militar tomo como argumentos para la invasión, el que los británicos habían restringido los derechos de los nativos de las islas, al restringirles la ciudadanía completa, el que la guarnición británica había sido reducida, además creyeron que los británicos no podrían ni desearían librar una batalla al otro lado del orbe por unas incipientes islas. El error fue mayúsculo al final.


El gobierno de Reino Unido encabezado por la primer ministro Margaret Thatcher dio pelea y recupero las islas a tan solo dos meses de iniciado el conflicto. Sin embargo, durante la ocupación, las fuerzas armadas argentinas implementaron ciertas medidas, implementaron el español como idioma oficial, cambiaron los nombres ingleses por su contraparte argentina e increíblemente el sentido vehicular para que se condujese por la derecha y no por la izquierda.


Durante el conflicto armado, también hubo roces en el plano diplomático. Las Naciones Unidas condenaron la invasión argentina, las relaciones entre los dos países se rompieron. Incluso los gobiernos de Perú y Suiza se ofrecieron a mediar entre esta tensa situación.


El conflicto siendo parte del contexto de la Guerra Fría ubicó a los Estados Unidos en un dilema pues el problema era en entre dos aliados, una democracia y una dictadura de derecha, entre romper con la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) al negar el apoyo a los británicos o el TIAR (Tratado Interamericano de Asistencia Reciproca) al condenar a los argentinos. Por su parte la Unión Soviética no dio muestras de interés mayor, a diferencia de la Cuba de Fidel Castro que al ver que Ronald Reagan decidió respaldar a los británicos, ofreció su apoyo a la junta militar argentina.


Los intentos de mediación, sobre todo por parte del presidente peruano Fernando Belaúnde, fracasaron. De esta manera, los británicos emprendieron un ataque para recuperar los archipiélagos. Después de una invasión por tierra y jornadas de constante bombardeos, además del hundimiento de embarcaciones de los dos bandos, los británicos restablecieron el statu quo en las islas.


Dentro de las consecuencias que trajo el conflicto fue el fin del TIAR, el fortalecimiento de las relaciones entre Estados Unidos y el Reino Unido, la consolidación del gobierno de Margaret Thatcher que fue reelecta un año después, eliminando la serie de críticas que había en su contra. Por otro lado llevo a la caída gradual de la dictadura militar en Argentina, que un año y medio después del fin de la guerra tuvo a Raúl Ricardo Alfonsín su primer presidente democrático desde 1976. Por su parte los británicos en 1985 concedieron a los habitantes la posibilidad de autodeterminación, eligiendo estos seguir siendo parte del Reino Unido. En cuanto a las relaciones entre estos dos países se podrían definir como “regulares”, pues existe una especie de silencio en lo relativo a la situación de la isla.


Este conflicto nos demuestra como la guerra no es una solución. El gobierno argentino guiado no tanto por un sentir patriótico sino por la posibilidad de encontrar petróleo en esa zona y desviar la atención de sus verdaderos problemas, llevó a su país a llorar la muerte de personas. Es cierto que del lado británico hubo ciertos beneficios, dudo que las familias de los cerca de 700 personas que perdieron la vida estén de acuerdo en que pelear por estas islas sea un justificante para su muerte.


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