16 de septiembre de 1955 - Golpe autodenominado “Revolución Libertadora”
El 16 de septiembre de 1955 se produce la sublevación autodenominada “Revolución Libertadora”, movimiento revolucionario encabezado por el general Eduardo Lonardi, que derrocó al gobierno constitucional del general Juan Domingo Perón. El 13 de noviembre de 1955, Lonardi sería reemplazado por el general Pedro Eugenio Aramburu. El texto que sigue, extraído de la revista Primera Plana, constituye una mirada sobre los móviles que desencadenaron el movimiento que derrocó a Perón.
Revolución Libertadora "La cuarta invasión inglesa"
"La contrarrevolución de 1955 no fue gestada en 1954. No nació con el negocio petrolero iniciado con la Standard Oil, ni en el conflicto con la Iglesia argentina. La confabulación venía tomando cuerpo desde la segunda mitad de 1950 y principios de 1951, a través de los trabajos que realizaban en el ejército Pedro Eugenio Aramburu, Luis Leguizamón Martínez, Benjamín Menéndez, Eduardo Lonardi y José F. Suárez.
Si el movimiento peronista y su gobierno tuvieron fuertes enemigos internos, no es menos cierto que los hubo mayores en el exterior. El principal, entre éstos, era un imperio en decadencia, pero un imperio al fin. Inglaterra, puesto que de ella hablamos, iba a jugar sus cartas con maestría y sin esos movimientos bruscos que delatan a los carteristas novicios. En este sentido, la Argentina de 1955 fue la carpeta de juego en que los legos debieron enfrentar, con desventaja, a los fulleros.
La revolución peronista hirió sensiblemente a las minorías oligárquicas y a la burguesía del país, pero también perjudicó ostensiblemente a los intereses británicos, que a la postre se unirían con quienes les ofrecieran la más segura posibilidad de revancha. Si es verdad que sancionó a los Bemberg, es cierto también que lesionó duramente la esfera de influencia de los británicos.
En un olvidado artículo periodístico, de 1957, Juan Perón señaló que la llamada “revolución libertadora” trajo la cuarta invasión inglesa. “Ante la incredulidad de propios y extraños –escribía-, nacionalizamos, comprando y pagándoles, los transportes, puertos, teléfonos, silos y elevadores, frigoríficos, servicios de gas y energía, el Banco Central, creamos la Flota Mercante, que llegó a ser la cuarta del mundo, y dimos al país transportes aéreos. Industrializamos la Nación facilitando la instalación de industrias pesadas. Asimismo, fabricamos gran cantidad de maquinarias y automotores. Así logramos la independencia económica, arrojando por tercera vez al invasor británico”. En otro párrafo del texto que estamos rememorando decía Perón: “Nuestra economía justicialista les resultó desastrosa. Sirva un ejemplo: en textiles y afines importábamos de Inglaterra por un valor de 100 millones de dólares anuales. En 1954, esa cifra se redujo a medio millón anuales. Como último bastión, le quedaba nuestro mercado comprador de petróleo. Inglaterra nos vende combustible por valor de 350 millones de dólares por año. Nuestro gobierno había firmado ad referéndum del Congreso de la Nación, un “contrato de locación de servicios” con la Standard Oil de California. Por éste, la compañía norteamericana se comprometía a explorar parte de nuestro subsuelo y extraer el petróleo que hubiera, el que debía ser entregado en su totalidad a YPF para su comercialización”.
Es posible que los ingleses hayan hecho el cálculo de la pérdida que el cambio de política petrolera significaba para ellos, y que decidieran intervenir, contando como contaban con fuertes aliados en la marina de guerra argentina. Los hechos parecen dar entera razón a estos asertos. El viaje de Milton Eisenhower a la Argentina, registrado en el invierno de 1953, indicó el principio del cambio en cuanto a relaciones internacionales. En menos de dos años el cuadro varió visiblemente. El 26 de mayo de 1955 el profesor Silenzi de Stagni dio su famosa clase contra el proyecto de contrato petrolero, que tanto impresionó a los jefes de las Fuerzas Armadas. El 31 de agosto la comentó el periódico Die Welt, de Hamburgo, sobre la base de una síntesis enviada por su corresponsal.
El grupo Bemberg, símbolo de toda una época de la Argentina librada al apetito de los consorcios internaciones, se convirtió en el enemigo más enconado e intrigante de Perón. Los misteriosos “accionistas franceses” de la Cervecería Quilmes no se quedaron quietos y acrecentaron la propaganda antiargentina en el exterior. Al grupo Bemberg se agregó en 1951 el grupo Gainza Paz, estrechamente ligado a la UP y a la SIP, cuando el movimiento expropió La Prensa y lastimó a la oligarquía en dos de sus mucosas más sensibles: el bolsillo y el orgullo de clase.
Finalmente en la consolidación “moral” del frente antiperonista interno jugaron un papel importante las logias masónicas y otras agrupaciones típicas de la burguesía antinacional."
Fermín Chavez, Revista Primera Plana Nº 507, 13 de septiembre de 1973.
Perón gobernó durante 6 años. Finalizado su primer mandato, tuvo la posibilidad de ser reelecto presidente por el período 1952-1958. Pero las condiciones ya no eran las mismas, la situación económica empeoraba crecía el descontento de numerosos sectores, entre ellos la Iglesia Católica, los grupos agrícolas - ganaderos, la Marina y varios partidos políticos, fundamentalmente la U.C.R.
La oposición organizó el golpe de estado con la decisiva participación de oficiales del Ejército y principalmente de la Marina. Las razones del descontento de estos grupos estaban en el creciente enfrentamiento que Perón mantenía con la Iglesia Católica, debido a la sanción de una ley de divorcio, el permiso para el funcionamiento del prostíbulos y la decisión de abandonar el sostén del culto por parte del Estado.
Otra cuestión que había irritado a los sectores ultranacionalistas era que Perón planeaba pasar la explotación del petróleo de la Patagonia a empresas norteamericanas, dejando de lado a YPF.
El 16 de junio los conspiradores atacaron la Casa de Gobierno con aviones de la Marina y Fuerza Aérea, apoyados por escasos contingentes del Ejército. Bombardearon la Plaza de Mayo dejando un saldo aproximado de 1000 víctimas, la mayoría eran civiles. El objetivo era matar a Perón, pero el presidente, avisado de la intentona, se había refugiado en el Ministerio de Guerra, donde hoy funciona el Comando en Jefe del Ejército.
El gobierno culminó exitosamente con la rendición de los jefes militares golpistas. Pero la acción, de las fuerzas civiles que apoyaban al gobierno aumentó los problemas. Varias iglesias y La Curia de Bs. As. fueron saqueadas y quemadas. Perón intentó calmar la situación, reemplazó a los ministros de prensa y declaró finalizada la revolución peronista y abierta una nueva etapa de carácter constitucional. El 15 de julio de 1955 pronunció un discurso ante los legisladores peronistas: este discurso implicaba un reconocimiento de críticas de los opositores hacia su régimen. La oposición política reaccionó con desconfianza y reclamó el restablecimiento de las garantías jurídicas comenzando por el levantamiento del estado de guerra interno - un mecanismo similar al del estado de sitio que permitía al Poder Ejecutivo suspender las garantías constitucionales y arrestar a individuos sin orden judicial vigente desde 1951.
La oposición mientras tanto organizaba el golpe de estado con la participación de oficiales del Ejército y principalmente de la Marina.
El 16 de septiembre estalló un levantamiento en Córdoba encabezado por el General Eduardo Lonardi. Las tropas leales no
pudieron sofocarlo, el levantamiento no consiguió extenderse. El Ejército procuraba no intervenir pero la Marina se movilizó totalmente contra Perón. Sus naves bloquearon Bs. As. Y amenazaron con atacar los depósitos de combustible de La Plata y Dock Sud. Antes de la hora señalada como ultimátum por la Marina, el Ministro de Guerra, el General Lucero pidió parlamentar y leyó una carta en la que Perón solicitaba la negociación de un acuerdo. Esta carta no era una renuncia, Perón describía su actitud como un renunciamiento; pero la Junta de Generales Superiores del Ejército decidió considerarla como tal y negociar con el grupo revolucionario. El 20 de septiembre Perón se refugió en la embajada del Paraguay e inició su largo exilio.
El 23 de septiembre una multitud perteneciente a la clase media, llenó la Plaza de Mayo para escuchar la palabra del nuevo presidente provisional, el General Lonardi.
El golpe que derrocó al gobierno peronista contó con el apoyo de la mayoría de los miembros de las Fuerzas Armadas, apoyado por los sectores ya nombrados y por los sectores civiles. Todos estos sectores de la sociedad argentina coincidían en caracterizar al régimen peronista como una dictadura totalitaria, por esta razón se sintieron identificadas con el nombre de Revolución Libertadora que los militares golpistas dieron a la intervención que quebró el orden democrático. Los jefes militares que encabezaron el golpe se presentaron como los verdaderos representantes, de la democracia y la libertad.
Entre las medidas tomadas se encuentran la clausura del Congreso, la intervención de las provincias, la cancelación del contrato de concesión de explotación petrolífera con una empresa norteamericana, la intervención de las universidades y la formación de una Junta Consultiva integrada por representantes de los partidos tradicionales.
Lonardi era afín al nacionalismo católico y proclive a contemporizar con el peronismo. Frente a él, los sectores intransigentemente antiperonistas - encabezados por el vicepresidente, el almirante Isaac F. Rojas -, apoyados por los partidos políticos del frente antiperonista, reclamaban una política dura contra los partidarios del gobierno derrocado. Estas diferencias que se hicieron manifiestas con la renuncia de Lonardi y su reemplazo en noviembre de 1955. La presidencia es asumida por el Jefe de Estado Pedro Aramburu.