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Que se siente al matar? Pasa que te lo cuento

Offtopic•10/17/2015
Al matar, unos asesinos se sienten fuera de sí mismos, otros sienten que tienen gran poder y control, algunos experimentan sádico placer y hay quienes muestran fría indiferencia. Entretanto, tras asesinar, unos sufren culpa y pesar, como D. Andrew Nielsen que afirmaba sentir que se mataba a sí mismo; en tanto que por ejemplo, Chikatilo, afirmó que sentía “paz mental” después de asesinar… Intentaremos responder a las preguntas de qué sienten los asesinos mientras matan y después de haber matado. No recurriremos a teorías y explicaciones generales, sino que expondremos lo que los propios asesinos han dicho: esto es, las respuestas que ellos mismos han dado a esas interrogantes. Por ello, hemos tomado ejemplos representativos en cada tipo de respuesta, ya que lo experimentado al matar o después de matar, depende de la constitución psicológica particular de cada asesino; pero, como bien sabemos, es posible organizarlos en tipos. Los que se sentían poderosos David Parker Ray Este asesino solo mataba para conservar el control. Fue un verdadero sádico sexual que secuestró a varias mujeres, las esclavizó sexualmente, las sometió a múltiples torturas, y mató a las que se le volvieron más problemáticas por su desobediencia. Por eso, se deduce de sus declaraciones que al asesinar experimentaba frustración y disgusto en tanto que perdía un objeto de placer (la esclava), pero a la vez sentía reafirmado su sentimiento de poder, su rol de controlador. Citamos ahora la transcripción de un perverso audio que él mismo emitió para sus esclavas: ‹‹Aquí, usted es una esclava y la disciplina es muy estricta. Se les dará un conjunto de reglas, las cosas que puede y no puede hacer, y usted aprenderá a cumplir porque cada vez viole una regla, será castigada. Puede sonar duro y frío, pero si usted nos da demasiados problemas, o si usted representa algún tipo de amenaza para nosotros, no voy a tener ningún reparo en absoluto acerca de rebanarle la garganta. Como he dicho antes, no me gusta matar a las chicas que traemos aquí, pero de vez en cuando las cosas suceden. ¿Qué puedo decir? Yo realmente odio tener que tirar ese lindo cuerpo afuera (…). No estoy tratando de asustarla. Ésta es simplemente la forma en que las cosas funcionan.›› Gary Ridgway Gary Ridgway odiaba a las prostitutas, las consideraba “basura” y en consecuencia quería erradicarlas. De ese modo, cuando él mataba sentía que las tenía bajo control, que el ejercitar su poder para erradicarlas era manifestar el control que tenía sobre ellas. Dijo así, refiriéndose a la prostituta en forma genérica: “Yo tuve control sobre ella cuando la mataba, y yo tuve control sobre ella mientras estaba todavía en posesión mía” (se refiere al cadáver en lo segundo, y aquí hay que tener en cuenta que practicó la necrofilia). Además de lo citado, también Gary pareció referirse a lo que se sentía matar como algo desconcertante, aunque lo expresó de forma vaga, con la siguiente frase: “Siempre me pregunté cómo sería matar a alguien, y mira tú lo que era” Harold Shipman Este famoso ángel de la muerte manifestó, desde pequeño (en gran parte a causa de ser hijo único y de la forma en que fue educado), un sentimiento de superioridad, que profundizó grandemente en su trayectoria como asesino, buscando en ello una especie de compensación psicológica a la falta de poder que tuvo para evitar la muerte de su propia madre cuando aún era joven. Dijo por ello en la corte: “Yo puedo curar o puedo matar. Soy un médico y en mis manos está el poder de la vida y la muerte. No soy un instrumento de Dios; cuando estoy con un paciente, yo soy Dios. Soy un ser superior”. Tinta “Tinta” es un sicario colombiano de 38 años, que lleva varios años en el negocio y vive en el Barrio Triste de Medellín, donde tiene un taller en que repara vehículos a manera de segundo oficio. Allí, en su taller, una vez fue entrevistado y, ante la pregunta de “¿Qué sientes al matar a un hombre?”, Tinta respondió con convicción: “Poder, parce. Se siente poder” Asesinos perdiendo el control David Berkowitz De todas las cosas que dijo David Berkowitz, se desprende que sus asesinatos estaban vinculados al odio, por lo que sentía que desahogaba ese sentimiento (y la ira que conlleva) al matar. Sin embargo, tal y como en Richard Ramirez u otros asesinos vinculados al satanismo en el cometimiento de sus crímenes, David decía servir a un ente demoníaco y se sentía, de alguna manera, entregado a una fuerza oscura asociada a la oscura entidad que veneraba, fuerza que desde un punto de vista psicológico bien podría representar a una parte de sí mismo que el sujeto exterioriza en la representación que se hace para sí mismo de ésta. Por otra parte, es importante el sentirse como “cazador” en el “juego” de la cacería (cosa que David señala en la carta que veremos), ya que eso indica que el matar le ocasiona una complacencia sádica vinculada al ejercicio del poder para destruir la vida de los otros. Veamos ahora la carta de 1977: ‹‹Yo soy el Monstruo Belcebú, el Behemoth gordito. Me encanta cazar. Rondar las calles en busca del juego justo –sabrosa carne (…). Yo vivo para la caza (mi vida). Sangre por papá.›› Luis Alfredo Garavito Garavito abusó sexualmente de los más de 150 niños que asesinó. Ahora bien, según se desprende de sus declaraciones, parece que al matar (no al torturar y violar, al matar en sí mismo) sentía que se vengaba de todo lo que le hicieron (fue violado varias veces cuando era menor de edad); dijo por eso lo siguiente de su primer asesinato, que puede en esencia aplicarse a los crímenes que siguieron: ‹‹Me transporté a mi infancia, sentí mucho odio, más los niños que yo llevaba nunca los mataba, y es allí donde cojo a este menor, empiezo a tasajearlo con una cuchilla y se apodera de mí algo extraño que me decía “mate, que con matar ya venga muchas cosas”. Fue así como yo procedí a matarlo, así fue mi primera muerte. ››. Como puede verse, al igual que en David Berkowitz, en Garavito aparece, y aún con mayor claridad, la figura de ese “algo” que se apodera del asesino en el momento de cometer el asesinato, un “algo” que suele estar vinculado prácticas satánicas (Garavito hizo pacto con el Diablo), y que psicológicamente podría explicarse como una representación exteriorizadora que el sujeto hace de una parte de sí mismo que de alguna manera le resulta conflictiva, y que puede ponerse con más facilidad en algo exterior (la voz que escucha Garavito) si es que hay de por medio una tendencia esquizofrénica o una esquizofrenia como tal. Ted Bundy Ted Bundy ha explicado que detrás de su motivación por matar estuvo una exposición temprana y prolongada a formas violentas de pornografía, que inducían el desarrollo de una sexualidad patológicamente sádica, anclada sobre una vinculación entre la muerte-dolor y el placer. Por ello, más adelante se le conoció como “El asesino de estudiantes”, en tanto que buscaba a jóvenes universitarias para matarlas después de abusar sexualmente de ellas. Ahora, en cuanto a lo que sentía al hacer eso, citaremos fragmentos de una entrevista que dio justo antes de morir ajusticiado: JCD: Después de que usted cometió su primer asesinato, ¿cuál fue el efecto emocional? ¿Qué pasó en los días después de eso? Ted: Incluso después de tantos años, es difícil hablar. Revivir eso hablándolo es difícil, por decir lo menos, pero quiero que entiendas lo que pasó. Fue como salir de algún trance horrible o sueño. Sólo puedo compararlo con (y yo no quiero dramatizar) ser poseído por algo tan horrible y extraño, y a la mañana siguiente despertar y recordar lo que pasó y darse cuenta de que a los ojos de la ley, y desde luego ante los ojos de Dios, tú eres responsable. Al despertar por la mañana y darme cuenta de lo que había hecho con una mente clara, con todos mis sentimientos morales y éticos esenciales intactos, me horrorizó absolutamente. JCD: ¿Usted no había sabido que era capaz de eso antes? Ted: No hay manera de describir el impulso brutal de hacer eso, y una vez que se ha cumplido, o pasado, y que el nivel de energía retrocede, me convertía en yo mismo otra vez. Básicamente, yo era una persona normal. Trabajando por un “ideal” Pedro Nakada El caso de Nakada es muy particular porque representa indiscutiblemente al asesino misionero, en tal grado que, lo que sentía al matar, estaba profundamente vinculado a lo que percibía como su misión detrás de los crímenes. Dijo así: “¿Qué siento cuando mato –dice–? Siento que ayudo. ¿A qué? A que la gente cambie. A que el mundo cambie. Quiero que haya paz.” Bueno linces eso fue todo, faltaron más pero no quería hacer tan largo el post, deja puntos si te gustó. Saludos.
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