¿NO HAY MAL QUE DURE CIEN AÑOS?
Una vez infectada la persona, la enfermedad comienza con un período de incubación que dura entre 4 y 12 días. Este estado da paso a una etapa aguda del mal, que se extiende por 30 o 90 días según las características de cada sujeto y que se presenta con un cuadro de alta parasitemia y fiebre, que suelen pasar inadvertidas por los afectados. Se calcula que sólo un 15% de los casos se diagnostica en esta fase, pues es habitual que sea muy poco sintomática.
La manifestación más usual de esta etapa es el llamado Signo de Romaña, llamado así en homenaje al médico argentino Cecilio Romaña quien descubrió el cuadro. Según explica la doctora Marcotti, “involucra una inflamación en un solo ojo acompañada de una hinchazón en los párpados de consistencia firme y color violáceo, denominada edema palpebral, y una afectación de los ganglios regionales ubicados delante de la oreja. Además es común que la persona experimente un cuadro febril y un crecimiento del hígado y del bazo”. La aparición del Signo de Romaña, que en ocasiones puede presentarse sin fiebre, es el signo clínico más clásico de la enfermedad en este período.
Lo ideal, es que en esta fase la persona consulte con un médico para un diagnóstico adecuado y un tratamiento oportuno, ya que después de un mes estos signos tienden a desaparecer de forma espontánea, dando lugar a la etapa Indeterminada o de Latencia. Por lo mismo, el diagnóstico se vuelve más complicado de realizar.
Como su nombre lo indica, esta etapa, que comienza entre 8 y 10 semanas después del ciclo Agudo, se caracteriza por la ausencia de síntomas en el individuo. El problema más grave, es que en este escenario el mal de Chagas puede prolongarse por varios años o persistir indefinidamente.
Para determinar si una persona se encuentra infectada, existen tres métodos. En primer lugar se puede realizar un xenodiagnóstico. La doctora Marcotti señala que “este examen es el más útil y efectivo en el diagnóstico del mal de Chagas. Se trata de criar vinchucas en un laboratorio. Luego estos insectos, que obviamente están libres del parásito, son colocados en el brazo del paciente sospechoso para que se alimenten. Con posterioridad, se analizan las fecas de la vinchuca para detectar la presencia de protozoos”. En segundo término, se puede realizar un examen de sangre de la persona. El fluido se estudia a través de un microscopio con el objeto de detectar la presencia o ausencia de parásitos. Finalmente, está la posibilidad de practicar pruebas inmunológicas, como la hemoaglutinación y la inmunofluorescencia que detectan existencia de anticuerpos. “En la etapa crónica de la enfermedad se realizan pruebas destinadas a medir la presencia de anticuerpos que puede tener una persona en el organismo y así determinar la aparición o no de la enfermedad”, comenta la infectóloga.
Se sabe que el período crónico de la enfermedad, afecta al 30% de los casos y se puede presentar 20 ó 30 años después de que las personas han sido contagiadas. La especialista de Clínica Alemana cuenta que “a veces llegan personas de 40 ó 50 años con problemas cardiacos, esofágicos o al colon, consistentes en daños atribuibles al mal de Chagas”.
Los síntomas más comunes de esta fase de la enfermedad son taquicardia, disnea, intensos dolores en la zona cardiaca y molestias en la región hepática. En este período, las personas recurren al médico por diversos síntomas que en un principio no tienen necesariamente relación con la enfermedad de Chagas. “Entonces el especialista, tomando en cuenta la historia clínica del paciente y su lugar de residencia, entre otros factores, puede sospechar del origen chagásico de la patología. Lamentablemente, cuando sucede esto ya es demasiado tarde. La enfermedad se hace evidente cuando sus secuelas son ya tangibles” explica la profesional.
Las manifestaciones crónicas del mal de Chagas son bastante graves. Producen un daño estructural en determinados órganos que es irreversible. Como explica la doctora Marcotti, “el punto más vulnerable es el corazón donde se producen cardiopatía dilatada y arritmia. El daño ocasionado puede ser tan importante, que con el tiempo se genera en el paciente una insuficiencia cardiaca, llegando incluso a la necesidad de un transplante de corazón. El aparato digestivo también es susceptible de sufrir alteraciones. Se produce una dilatación del esófago y del intestino grueso, lo que se conoce con los nombres de megaesófago y megacolon, respectivamente”.
Estas consecuencias, aparte de su importancia médica, provocan un efecto social, pues además de incapacitar al individuo, generalmente en una edad productiva de su vida, con frecuencia lo conducen a la muerte. De hecho, se estima que el 5% de los afectados fallece. Además, la cardiopatía chagásica afecta a personas, que teniendo un organismo relativamente sano, presentan invalidez debido a la lesión en el corazón.
Tratamiento y pronóstico de un paciente con mal de Chagas
La enfermedad de Chagas sólo puede ser tratada efectivamente en su período agudo. Después de él no existe una terapia específica contra la enfermedad, sino que se tratan los síntomas. Por eso, la rapidez y la certeza del diagnóstico en esa etapa es un elemento clave en la mejoría del paciente. Como señala la doctora Marcotti, “si se ha logrado detectar en una persona la enfermedad en su período agudo, se le somete a un tratamiento que consiste en la administración de dos medicamentos: Nifurtimox o Benznidazol. El procedimiento tiene un grado de eficacia de entre 70% y 90% en el tratamiento de los casos agudos. Sin embargo, no se ha podido comprobar su efectividad en pacientes que ya están en la etapa crónica de la enfermedad”.
Cuando la persona se encuentra en esa fase, los médicos sólo pueden tratar las manifestaciones sintomáticas. Las secuelas estructurales en el corazón, el esófago y el colón no mejorarán, y la progresión de los daños ocasionados seguirá su curso. En el fondo, se trata de aminorar los sintomas determinados por dicha lesión, que persistirá durante toda la vida de la persona enferma.
En este escenario, la infectóloga de Clínica Alemana explica que “el pronóstico para el paciente dependerá del grado de compromiso que tengan sus órganos, el tipo y la intensidad de las manifestaciones chagásicas presentadas”. Además hay otros factores que pueden influir como la edad y el estado de nutrición.
Generalmente, el Mal de Chagas tiene un carácter más grave en los niños de corta edad, a los que puede ocasionar la muerte. “Los individuos que poseen un sistema inmunológico deprimido también pueden presentar manifestaciones atípicas que involucran un pronóstico desfavorable”, comenta la doctora Marcotti.
En cuanto a los problemas cardiacos derivados de un origen chagásico, la evolución del paciente es bastante variable y dependerá de factores como el grado de aumento del corazón, el tipo de trastorno del ritmo cardiaco y el grado de insuficiencia de la función cardiaca. La muerte puede producirse de manera súbita o bien luego de un período prolongado de deterioro, que conduce a una falla del corazón.