Encontre este articulo dando vueltas por la red .....Para quienes alguna vez hemos sufrido por amor y superado la instancia, es bastante esclarecedor y un buen espejo donde mirarnos
Aca va .....
" Sufrir por amor. Por el que nunca pudo ser. Por el que fue pero terminó. Por el que se corresponde apenas, con cuenta gotas. Sufrir por el rechazo. Por el abandono. En cualquier caso: ¿en qué momento una pena de amor empieza a volverse una obsesión? ¿Por qué alguien puede quedar atrapado en el dolor, casi como si gozara con eso? ¿Cómo superarlo?
La médica psiquiatra y especialista en salud mental de adultos, Myriam Garbulsky, acuerda con que en estos casos extremos, más que ser consecuencia del amor, la patología ya existente –la obsesión- encuentra en la persona amada el objeto para desarrollarse. “La búsqueda de un objeto amado se convierte en una idea fija, que se torna en idea obsesiva”, explica. “Primero es una idea sobrevalorada, luego se transforma en una obsesión”.
¿Por qué es imposible para estas personas superar el amor frustrado? “Porque hay una patología de la personalidad que impide salirse de la idea”, dice Garbulsky. “Hasta puede llegar a ser una idea ya no sólo neurótico-obsesiva sino psicótico-obsesiva, donde el yo no puede controlarse”.
En casos tan patológicos, el pesar es tan intenso que parece exceder la capacidad de tolerancia que tiene cada uno. El objeto llorado es objeto de obsesión que todo lo domina. Se llora, se enloquece, se muere o se mata.
“Hay pacientes a los que no se los puede sacar de su obsesión y de perseguir al objeto amado”, continúa la profesional. “Amado y odiado, porque de repente ese objeto se puede convertir en lo antagónico”.
“El camino terapéutico es desanudar eso. Empezar a trabajar qué otros intereses de esa persona exiten en la vida cotidiana. Que la idea obsesiva no ocupe su pensamiento”, apunta.
Hay también en este sufrimiento amoroso algo de goce masoquista. “Saber cuánto que sufro me da un placer morboso del sufrir. Es como aquel que para llegar al goce precisa que lo castiguen, que lo ultrajen”, sigue Garbulsky. Aquellos que viven sufriendo por amor, están siempre ubicados en el lugar de la víctima. Sufrir por amor es, a la vez, “estar sometido al otro. Hay una desvalorización de la persona frente a lo que es el otro”.
Muchas personas pasan por períodos de profundas depresiones o angustias luego de la pérdida de una pareja o ante la imposibilidad de concretar un amor. La clave, si es que hay alguna, es poder atravesar el dolor –no saltearlo- para poder superarlo.
Al menos así lo sugiere el licenciado en sicología Miguel Espeche en su libro Penas de amor. "No es suprimiendo su manifestación que la pena se alivia. En realidad, para dejar de sufrir hay que dejar que la pena viva, que logre su expresión y cumpla su ciclo. De lo contrario, el dolor queda siempre latente y no termina de irse nunca", explica.
Lo mismo dice Garbulsky: “Frente a una pérdida, no hay que buscar sustituciones porque entonces no podés hacer el duelo necesario para enterrarla. Hay que poder sacarlo. Sino siempre estás sustituyendo una cosa por la otra y no terminaste de resolver la primera pena. Esto es lo que pasa cuando la gente empieza con la cosa promiscua de pasar de uno a otro para tapar la angustia que produce la primera situación de abandono que haya tenido”, ejemplifica.
"Considero que el dolor es parte de la vida y digo que hay penas que, valga la redundancia, valen la pena", asegura, por su parte, Espeche. Ante el dolor, el aislamiento puede ser una trampa de difícil salida. La ayuda mutua parece ser el mejor remedio para superarlo según este profesional que, en su libro, recopila historias reales que tienen un rasgo en común: lograron compartir su dolor con los demás y resignificarlo. "