Éstos son los graffiteros argentinos "sin rostro ni nombre" que pintan los trenes del mundo
Se reforzó la seguridad, pero los graffitis siguen apareciendo. ¿Los autores? Cerca de 15 personas casi inaccesibles. En una entrevista exclusiva con minutouno.com, una de las crews más activas de Buenos Aires, cuenta qué los lleva a hacerlo.
Lejos de los murales típicos de San Telmo o La Boca, de las exposiciones en espacios cool palermitanos, del embellecimiento urbano propuesto por el gobierno de la Ciudad y del llamado boom del Street Art en Buenos Aires, existen las crews: un brazo armado (de aerosoles) que con la precisión de un equipo SWAT, entra de madrugada en las estaciones de trenes o convoys a plena luz del día, para dejar su marca.
Son los representantes del graffiti en el más autóctono de sus sentidos. De una filosofía que nació en los suburbios de Nueva York en los 80´s y que hoy existe en cada ciudad del mundo en la que haya un tren. Una práctica que provoca roces con los usuarios, con la seguridad, con la Policía, que surge al margen del arte, en el corazón de los barrios y se niega a ser domesticada. Una subcultura para la que el hecho de que esté prohibido, es parte del plan.
Se reforzó la seguridad, pero los graffitis siguen apareciendo. ¿Los autores? Cerca de 15 personas casi inaccesibles. En una entrevista exclusiva con minutouno.com, una de las crews más activas de Buenos Aires, cuenta qué los lleva a hacerlo.
Lejos de los murales típicos de San Telmo o La Boca, de las exposiciones en espacios cool palermitanos, del embellecimiento urbano propuesto por el gobierno de la Ciudad y del llamado boom del Street Art en Buenos Aires, existen las crews: un brazo armado (de aerosoles) que con la precisión de un equipo SWAT, entra de madrugada en las estaciones de trenes o convoys a plena luz del día, para dejar su marca.
Son los representantes del graffiti en el más autóctono de sus sentidos. De una filosofía que nació en los suburbios de Nueva York en los 80´s y que hoy existe en cada ciudad del mundo en la que haya un tren. Una práctica que provoca roces con los usuarios, con la seguridad, con la Policía, que surge al margen del arte, en el corazón de los barrios y se niega a ser domesticada. Una subcultura para la que el hecho de que esté prohibido, es parte del plan.
No se les conoce la cara, no dan sus nombres reales, no suben a las redes sociales ninguna imagen que pueda delatarlos a ellos o los lugares donde pintan, no tienen página web y no son fáciles de encontrar. El graffiti ilegal empieza como una competencia calles adentro de los barrios por ver quién conquista más muros, luego más vagones, quién es el que manda en esas calles. Y en su barrio, con más de 10 años pintando paredes, trenes en Buenos Aires, Córdoba, Rosario o Mendoza, en otros países latinoamericanos e inclusive en Europa, esos son los ALC´s.
Sobre salir a pintar trenes: "Siempre existe el riesgo de que la Policía o algún vecino te pegue un tiro"
"Nosotros arrancamos todos más o menos a los 14 o 15 años, a esa edad ya estábamos pintando en la calle. Éramos todos pibes del barrio que nos conocíamos de chicos", dice MICRO, que hoy tiene 25. "Se arranca de pibe porque se aprovecha mucho eso de ser menor", explica.
"Para mí mientras más difícil sea, más emocionante es"
