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Muere Bin Laden, justicia para las familias argentinas

Info5/2/2011

Las familias argentinas de Sergio Villanueva, Gabriela Waisman, Pedro Grehanm y Mario Santoro ahora podran tal vez tener un pequeño aliciente, un poco de alivio al saber que uno de los mentores de este atentando ha muerto.

Cómo se encontró y mató a Bin Laden
Escondido en una mansión fortificada al norte de Islamabad, Bin Laden murió en una operación de apenas 40 minutos.- Su mensajero de más confianza fue quien permitió a la CIA dar con el terrorista más buscado de la tierra
El mensajero de más confianza de Bin Laden fue quien permitió a la CIA dar con el terrorista más buscado de la tierra. Su identidad no ha sido revelada pero este hombre del círculo más cercano de Bin Laden pasó a ser la pista esencial de esta operación histórica para Estados Unidos. Gracias a su rastro, los agentes de la inteligencia estadounidense pudieron encontrar al líder de Al Qaeda, según informaron funcionarios estadounidenses al diario The New York Times.

Todo empezó hace cuatro años. Los espías norteamericanos consiguieron el nombre de la persona que hacía de mensajero con el terrorista. Sin embargo, los agentes tardaron dos años en conocer la región donde operaba. A partir de ahí, la CIA halló la localización donde el mensajero de Bin Laden y su hermano vivían en Pakistán.

La sorpresa fue mayúscula. El lugar era un área próspera que se hallaba a unos 55 kilómetros al norte de Islabamad. Durante una década, la inteligencia y el Ejército norteamericanos habían seguido diversas pistas de Bin Laden, pensando que se encontraba en alguna cueva, entre Pakistán y Afganistán, donde incluso en una ocasión se llevó a cabo una agonizante batalla de persecución en las montañas de Tora Bora donde estuvo acorralado. A partir de entonces, Bin Laden consiguió huir a Pakistán, donde permaneció protegido por sus secuaces y por los simpatizantes que Al Qaeda tiene en un territorio en el que el extremismo islámico ha crecido considerablemente en los últimos años.

El paradero exacto de Bin Laden se conoció en agosto. Se encontraba en la localidad de Abottabad a 80 kilómetros de Islamabad y en el norte de Pakistán. Fuentes oficiales estadounidenses aseguran que los espías norteamericanos se dieron cuenta que no era una residencia normal. Se trataba de un complejo de lujo por completo fortificado. Muros de más de tres metros, con alambres de espino, sin ventanas y con el acceso muy restringido. Solo constaba con dos puertas de entrada. Construida en 2005 y valorada en un millón de dólares, la residencia no tenía ni acceso telefónico ni conexión a Internet.

La CIA dedicó semanas a examinar con fotos vía satélite e informes de sus espías la mansión y determinar quién estaba viviendo entre sus grandes paredes. Según el diario británico The Guardian, los agentes conocieron que el mensajero y su hermano vivían junto con una familia. En septiembre, según un alto funcionario, la inteligencia estadounidense determinó que había "una gran posibilidad" de que Bin Laden se hallase escondido dentro. En febrero, los agentes supieron que esa familia era nada más y nada menos que la familia Bin Laden.

En marzo, Obama conoció de primera mano la situación de la investigación. Ese mes, tuvo su primera reunión de las cinco que mantuvo en seis semanas en la Casa Blanca para conocer todos los detalles de la operación contra Osama Bin Laden. El Ejército de Estados Unidos preparaba el asalto a la mansión búnker de su enemigo número uno. Finalmente, Obama dio la orden de atacar el pasado viernes, 29 de abril. Washington no compartió los datos de inteligencia sobre el paradero de Bin Laden con ningún otro país, ni siquiera con Pakistán, por cuestiones de seguridad.

Un alto funcionario de la Administración de Obama ha asegurado, según el diario The Guardian, que "las altas paredes hacían la operación más peligrosa". La operación, según este alto funcionario, fue "de precisión quirúrgica" a manos de un puñado de operativos norteamericanos. Apenas duró 40 minutos desde la llegada de los efectivos estadounidenses a la residencia hasta su partida.

Los estadounidenses llegaron al complejo en helicóptero. Una vez allí, no encontraron fuerzas de seguridad locales. El objetivo era capturar a Bin Laden pero "hubo resistencia", según informa Al Yazira. Al entrar en el complejo se dio un tiroteo. Murieron cinco personas: cuatro hombres y una mujer. Bin Laden murió de un disparó en la cabeza.

Tras la operación, los estadounidenses abandonaron el lugar nuevamente en helicóptero. "Se trata de la mayor victoria jamás alcanzada por EE UU en diez años de lucha contra Al Qaeda", ha asegurado el alto funcionario norteamericano. El presidente de EE UU, Barack Obama, ha sido más directo: "Se ha hecho justicia". Casi diez años después de los atentados del 11 de septiembre, la muerte de Bin Laden estaba confirmada.

Los Argentinos del 11 de septiembre

Sergio Gabriel Villanueva


Sergio Gabriel Villanueva, (Bahía Blanca, 4 de julio de 1968; † 11 de septiembre de 2001), fue un bombero argentino fallecido mientras rescataba a las víctimas de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en las Torres Gemelas de Nueva York. Ha sido considerado uno de los héroes de la jornada.
Biografía

Sergio Villanueva nació en Bahía Blanca, Provincia de Buenos Aires, Argentina. Fue un policía y bombero bahiense que integró el contingente de bomberos que actuó en los rescates del 11-S en Nueva York.
En 1970 llegó con sus padres, hermano y hermana a Nueva York, como inmigrantes argentinos. Se instalaron en Flushing, Queens. Sergio estaba de novio con Tanya Béjasa y había recibido el sobrenombre de “Big Daddy”.
En 1992 se incorporó al Departamento de Policía de la Ciudad de Nueva York desempeñándose como policía antinarcóticos y luego como bombero en el precinto 46, unidad escalera 132.
Fuera de su servicio en el Departamento de Bomberos, Sergio Villanueva se destacaba como atleta futbolista, líder del equipo del Departamento de Policía de Nueva York.
Sergio Villanueva se destacaba por su carácter alegre y solidario. Su madre lo recuerda así:
El era un arriesgado, un chico que no le tenía miedo a nada. Era completamente servicial, le gustaba dar servicio a quien fuera. El salía de su ruta para ayudar a alguien.1
El 11 de septiembre de 2001, a las 8 de la mañana, Sergio Villanueva había terminado su servicio y se disponía a ir a dormir. Se encontraba aún en el cuartel cuando sonó la alarma. Villanueva volvió a cambiarse y se dispuso a sumarse al rescate.
Villanueva ingresó a la Torre Norte con la escalera 132, poco después de que el segundo avión impactara la Torre Sur.
El Cuerpo de Bomberos perdió 343 miembros; 15 eran de origen hispano y uno, Segio Gabriel Villanueva era argentino. Su cuerpo no fue hallado.2
Sergio Villanueva ha sido considerado como uno de los héroes del 11 de septiembre de 2001.
El alcalde de Nueva York Michael Bloomberg se refirió públicamente a Sergio Villanueva con estas palabras:
Hay un manojo de personas que nacieron para servir y dar el ejemplo. Sergio era uno de ellos. Todos nosotros estamos más seguros gracias a Sergio.
Debido a la pasión de Sergio Villanueva por el fútbol a su muerte fue creada la Fundación de Fútbol Bombero Sergio G. Villanueva. La Fundación Villanueva patrocina la Beca Villanueva en la Universidad Hofstra y el Colegio Santa Cruz, y aloja clínicas de fútbol y cursos educativos.
Para celebrar su vida y memoria la Universidad de Hofstra ha creado Beca Memorial Sergio G. Vilanueva. La Beca Villanueva tiene como fin expreso asistir a estudiantes-atletas a completar su educación universitaria. Los aspirantes deben acreditar una actitud ética de la vida, íntegridad y valentía, capaz de ejemplificar la vida de Sergio Villanueva.

Gabriela Waisman


(Nota de la Nacion, 5 dias despues de la caida de las torres)
http://www.lanacion.com.ar/335744-gabriela-waisman-estaba-en-el-piso-106

Gabriela Waisman estaba en el piso 106
NUEVA YORK.- Gabriela Waisman estaba feliz con su trabajo porque la habían ascendido hacía poco en la empresa de software norteamericana Sybase. En la mañana del último martes fue a la torre norte a una feria de Internet y software con su compañera de trabajo Clara Hernández. Estaba en el piso 106 cuando el avión al mando de un suicida chocó contra la torre.
Gaby empezó a llamar desesperada a su hermana Andrea, en Long Island.
"El martes, entre las 8.45 y las 9 de la mañana, me llamó 10 veces por su teléfono celular. Lloraba, tenía mucho miedo. Nosotros no sabíamos qué pasaba hasta que prendimos la televisión", le dijo a LA NACION su hermana Andrea Waisman, la última en tener contacto con ella.
"Gaby me contó que había mucho humo. Le dije que tratara de salir. Le pregunté si tenía agua y me dijo que no", agregó Andrea.
Según el diario The New York Times, el avión probablemente pegó entre los pisos 96 y 103 de la torre norte y esta fue, sin duda, la zona más dañada en los primeros instantes.
Gabriela tiene 33 años, cara redonda y tez blanca. Vive en Queens. Es soltera y no es abogada, como trascendió en los primeros días. La abogada de la familia es Andrea.
La familia Waisman llegó a Estados Unidos en 1974, desde Buenos Aires. Se instalaron en Long Island, una zona residencial de clase media, a unos 30 minutos de Manhattan. Gabriela se fue a vivir sola a Queens, pero comparte sus días con su hermana y sus padres. Todavía le quedan algunos familiares en la Argentina. "Hablo con mi familia todo el tiempo y los tengo informados de lo que pasa", dijo Andrea.
Una fotocopia de una foto de Gaby fue pegada por su hermana en el alambrado que rodea al arco del parque Washington Square -donde termina la Quinta avenida- en pleno corazón de Greenwich Village y a menos de 30 cuadras del escenario de la tragedia.
"Esta es mi hermana...", comienza la frase escrita en el papel que se sostiene con una cinta de pegar y algunas flores que dejó en ofrenda un anónimo transeúnte. Pegada a su foto se encuentra la de su amiga Clara Hernández y la del cuñado de ésta, Norberto Hernández, que trabajaba en el restaurante Windows on the world, en el piso 107 de la torre 1.
Los familiares de Gabriela Waisman ya hicieron las denuncias correspondientes y están a la espera de alguna respuesta.

Pedro Grehanm
(Nota del Diario Clarin)
http://edant.clarin.com/diario/2001/09/28/i-305368.htm





LA FAMILIA DE PEDRO GREHAN YA NO TIENE ESPERANZAS DE HALLARLO CON VIDA
Dan por muerto al broker argentino que trabajaba en el WTC






A dos semanas de la desaparición del financista, sus padres, hermanos y amigos organizaron una misa en su memoria, que se realizó el lunes en San Isidro. La decisión implica la inequívoca aceptación de que ya no hay posibilidades de hallarlo con vida. Junto a él, que estaba casado y tenía tres hijos, desaparecieron 700 de los 1.000 empleados de la financiera estadounidense para la que trabajaba desde 1997.






De la Redacción de Clarín.co
La infructuosa búsqueda de Pedro Grehan, uno de los cinco argentinos que permanecen desaparecidos desde el brutal atentado contra las Torres Gemelas, llegó a su fin, al menos para su familia, que con dolorosa sensatez resolvió aceptar su muerte. Concluyen así dos largas semanas de desolación y angustia, días en los que la esperanza se mezcló con los escombros, a la espera de alguna noticia no desalentadora. Agustín Grehan, hermano de Pedro, dijo a Clarín que la ansiedad de la familia por hallar al "broker" de 35 años, que trabajaba en el piso 105 de la torre norte del World Trade Center (WTC), se apagó definitivamente el lunes, día en que se celebró una misa en su memoria en la catedral de San Isidro. "Ahora decimos: ya está, todo acabó", sintetiza Luli, esposa de Agustín y cuñada de Pedro.

Así, la familia deja atrás muchos días de tensión y una gran esperanza trunca. La pesadilla de los Grahan empezó cuando, tras la noticia de la explosión y el posterior derrumbe de la torre norte del WTC, la familia empezó a movilizarse en pos de un reencuentro que suponía seguro. El aporte solidario de los amigos de Pedro contribuyó al viaje de 5 de sus 9 hermanos, quienes prefirieron seguir la búsqueda de cerca para aminorar la inevitable sensación de impotencia. Lo último que supieron de él en Buenos Aires es que, tras el impacto del avión que finalmente derribó la torre en la que trabajaba, habló por teléfono con su amigo Matías Ferrari, que también vive en Nueva York. "Aquí todo es un quilombo, se quema...", le dijo. Y esas fueron sus últimas palabras. Inicialmente, algunos supusieron que había alcanzado a correr, que logró salir, y pensaron que pronto llamaría. Pero no. En cuestión de horas, el número de argentinos no ubicados se redujo en un 90 por ciento y Pedro seguía sin dar señales de vida. Entonces, sus familiares empezaron a soñar con su rescate, que pareció cierto cuando, en mediodel caos imnformativo, un conductor de televisión argentino informó por error que Pedro Grehan había sido ubicado en una sala de emergencia.

Sin embargo en permanente contacto con fuentes seguras, la familia nunca tuvo noticias de que Pedro hubiera sido visto fuera de las torres. Y, finalmente, el lunes, el mismo paso del tiempo llevó a la familia a pautar el oficio religioso celebrado el lunes, en el que se tomaron de las manos y elevaron sus plegarias para que el alma de Pedro descanse para siempre en paz. Hoy, su hermano Agustín agradece a las personas que los ayudaron a rastrearlo, en especial, a los equipos de búsqueda de los Estados Unidos. "Allá recibimos una atención espectacular: apenas nos presentamos en el centro de información, accedimos al programa de asistencia psicológica desplegado para familiares de las víctimas. Hasta nos dieron de comer." La única salvedad, según él, fue que, aunque el consulado argentino en Nueva York "contribuyó en lo que pudo" con ellos, ningún funcionario nacional se acercó a los Grehan que quedaron en Buenos Aires. "Nadie nos ayudó a viajar y tampoco recibimos el apoyo ni el pésame de ningún organismo oficial," puntualiza Agustín, quien regresó a Buenos Aires el sábado.

Hoy, las expectativas de la familia respecto al caso se reducen a los resultados de las pruebas de identificación de ADN que están siendo efectuadas a los restos humanos encontrados entre los escombros. Agustín entregó a las autoridades norteamericanas algunas pertenencias de Pedro, entre ellas, un peine, una afeitadora, un cepillo de dientes y una placa radiográfica bucal, además de una muestra de saliva. "Con mi hermano intercambiábamos e-mails a diario. Hoy, me queda el recuerdo de un hombre super positivo, laburador, frontal, divertido, fiel a sus seres queridos, que siempre tiró para adelante...", dice Agustín. Después cuenta que la última vez que vió a Pedro fue a fines de agosto, cuando él vino a la Argentina a visitar a su padre, que no estaba bien de salud. Agustín dice que el 24 de agosto, día en que se despidió por última vez de su hermano, no fue un día más, y asegura que aún retiene el calor del abrazo que se dieron antes de que Pedro regresara para siempre a Nueva York, la ciudad a la que consideraba su segundo hogar.

Pedro Grehan nació hace 35 años en San Isidro, provincia de Buenos Aires. Hijo de una conocida familia de la zona, estudió en el Colegio Marín y jugó al rugby en el Club Atlético San Isidro (CASI), cuya camiseta vistió en dos partidos oficiales de primera división. Luego, a fines de los 80, tras viajar por el sur del país y trabajar en un bar, se volcó a las finanzas. Su paso por un banco privado de inversiones y otras dos firmas del sector fueron antecedentes suficientes para animarlo a probar suerte en Nueva York, adonde viajó para empezar a trabajar en el WTC como especialista en bonos de la deuda externa de países emergentes. Sus padres, ya jubilados, tuvieron 9 hijos: Patricio, Pablo, Mary, John, Ignacio, Pedro, Inés, Agustín y Miller. Patricio Grehan, el mayor de ellos, es sacerdote y fue el primero de los hermanos en viajar a Nueva York para acompañar a su cuñada, Vicky Blackley, de 33 años. También argentina, casada con Pedro desde hace más de una década, Vicky es madre de Camila, Paddy y Sofía, de 9, 7 y 5 años, los tres hijos del broker desaparecido,

Hasta antes del atentado, Pedro y Vicky vivían en Nueva Jersey, lo que obligaba al financista a viajar en tren una hora y media por la mañana y otro tanto por la tarde para ir y volver a Manhattan, donde permanecía entre las seis y media de la mañana y las cinco de la tarde. Pedro pasaba todas esas horas en una de las oficinas de la financiera Cantor Fitzgerald, una de las firmas más castigadas por la tragedia, ya que se calcula que habría perdido el 70 % de sus mil empleados, consecuencia directa de la localización de sus oficinas, ubicadas por encima de la zona donde impactó el avión. Desde el 11 de septiembre, Vicky se hospeda provisoriamente en Connecticut, el estado vecino a Nueva York donde, el domingo, el padre Patricio Grehan también ofició una misa en memoria de su hermano. Es que Vicky ya no quiere quedarse sola con los chicos en su casa. Al menos por el momento, prefiere la cercanía de algunos amigos argentinos que, como su marido, vislumbraron alguna vez que en los Estados Unidos tendrían un futuro próspero. Tras los atentados, que tan brutalmente le arrancaron a su marido para siempre, Vicky se ha repetido una y otra vez la misma pregunta: ¿es este el lugar ideal para que crezcan mis hijos?

Mario Santoro

(Nota del diario La Nacion)
http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=336323

La búsqueda y el dolor de la familia de Mario Santoro
Padres y hermanos del paramédico no descansarán hasta que no saquen la última piedra
Miércoles 19 de septiembre de 2001 | Publicado en edición impresa


Los hermanos y padres de Mario Santoro, con un empleado del hospital (centro) encabezaron la marcha, ayer, en Nueva York. / Alberto Armendáriz
NUEVA YORK.- Son las 8.48 de la mañana. Detrás de sus grandes anteojos negros, María Rosa Santoro mira al cielo y llora, mientras toda Nueva York hace un minuto de silencio. Hace una semana, la vida de esta argentina cambió para siempre.
A siete días del brutal atentado contra el World Trade Center, uno de sus hijos, Mario, de 28 años, sigue desaparecido bajo los escombros. Tomado de su mano, Alberto, el padre, la rodea con su brazo para consolarla. Se le acercan sus otros dos hijos varones, Alberto, de 30, y David, de 23, y la familia se funde en un fuerte abrazo.
"Esto recién empieza -dice María Rosa, que vive en Nueva York desde hace 20 años-. Anoche, a David lo llamaron para que vuelva a su base militar en El Paso, Texas, y a Alberto, que es reservista en Kansas City, Missouri, ya le dijeron que lo van a llamar también. No lo puedo creer."
Entre sollozos, los Santoro saludan a amigos y compañeros de trabajo de Mario, paramédico del New York-Cornell Medical Center. Les dicen lo bueno y trabajador que es Mario. Les acercan fotos y les aseguran que es un profesional excepcional. Todos se cuidan en usar los verbos en presente.
Pero Alberto, el padre, parece no escuchar. "No quiero un héroe -dice, con sus ojos llenos de lágrimas-. Quiero tener a mi hijo de vuelta."
Ayer, para homenajear a Mario y a Keith Farben (de 24) -compañero de ambulancia de Mario y también desaparecido-, los Santoro caminaron desde el hospital en el que ellos trabajaban, en la Avenida York y la calle 68, al lado del East River, hasta el corazón del Central Park. No estuvieron solos en ningún momento. Más de un millar de personas se sumó a la marcha presidida por esta familia argentina. Muchos, amigos de la familia y ex compañeros de trabajo. Sin embargo, también había muchas personas que espontáneamente se quisieron sumar en el recuerdo de estos jóvenes que sacrificaron sus vidas por salvar a otros.
Al paso de la marcha, que llevaba globos rojos, blancos y azules, los autos se paraban y la gente en la calle aplaudía.
El martes negro, Mario estaba a pocas cuadras de las Torres Gemelas, en su departamento, con su esposa, Leonor -puertorriqueña- y su hija de casi dos años, Sofía. Se preparaba para disfrutar de su día franco, pero ni bien escuchó el primer impacto, salió corriendo hacia el lugar. Se comunicó con Keith y le dijo que lo esperara bajo las torres.
Sus padres, que viven en Queens, lo llamaron desesperadamente, pero ya los atendió su cuñada. Intentaron ubicarlo en el celular, pero no respondió. "Nunca contestaba cuando estaba en una emergencia -contó Alberto a LA NACION-. Le dejé un mensaje para que me llamara en cuanto pudiera. Teníamos mucho miedo."
Dos camiones de bomberos están apostados a ambos lados de la Avenida York con sus escaleras desplegadas hacia arriba. Desde ellas cuelga una gigantesca bandera norteamericana. A los costados de la marcha, los transeúntes aplauden o se acercan a abrazar a los Santoro. María Rosa mira la bandera en lo alto y se aferra al brazo de David.
No a una guerra
Más tarde contará que no quiere saber nada con que sus otros dos hijos -todos nacidos en Rosario- vayan a una guerra que ella todavía no logra entender. "No me siento orgullosa que mis hijos vayan a pelear por Estados Unidos. Pero ésa es su decisión -dice-. Igual, ellos no son soldados para ir al frente. Alberto es electricista y está de reserva en la marina. David es asistente médico del ejército."
Sin embargo, ambos jóvenes, casados los dos -Alberto, con un hijo, Joseph-, ya tienen experiencia en "zonas calientes". El mayor estuvo en el Golfo Pérsico reparando submarinos y barcos de la Séptima Flota, y en Italia ("Aproveché para ir a conocer Sicilia, de donde viene mi familia", contó a este cronista). David, por su parte, estuvo en Kosovo, donde -recuerda- comió asado y tomó mate con soldados argentinos.
-¿Sienten que lanzar una guerra solucionará la situación?
-No si es un ataque indiscriminado. Eso sólo empeorará las cosas, señaló Alberto. Pero sí creo que los responsables tienen que pagar por lo que hicieron.
Sus padres no quieren ni imaginarse lo que se viene. Antes de la tragedia, Alberto, que es restaurador de muebles, estaba por abrir una pizzería en Brooklyn que atendería María Rosa. Ahora, los planes están congelados.
"Yo hasta que no saquen la última piedra de los escombros de las torres no voy a descansar", dijo Alberto al padre Carlos Mullins, un sacerdote argentino que tiene una parroquia en el Bronx y que llegó hasta Manhattan para acompañar a los Santoro, amigos de muchos años.
Fue el propio padre Mullins, que casó a María Inés (de 31), la única hija mujer de los Santoro, que no pudo venir a la marcha porque tenía que cuidar a su hijita. Tampoco vino Leonor, la esposa de Mario, con su beba.
"Está muy conmocionada, pobre. Se fue a la casa de sus padres. A nosotros no puede ni vernos porque se pone a llorar", apuntó María Rosa. "Si no aparece Mario, nosotros también tenemos pensado mudarnos -cuenta Alberto-. Yo no podría soportar seguir teniendo ahí el cuarto que usaba cuando era chico, con sus banderines de Rosario Central."
La gente camina en silencio hasta el centro del parque. Con las distantes risas de niños jugando como fondo, el padre Mullins reza un padrenuestro, todos tomados de las manos. Siguen los abrazos, los saludos y más lágrimas. "Nunca pensé que esto iba a ser tan difícil", dice Alberto a su esposa, mientras la familia se aleja por uno de los senderos del parque.







No sabemos si esto es justicia, de seguro sera un aliciente, pero para las familias argentinas, para todas las familias estadounidenses que han perdido al alguien ese día, por lo menos es una versión de la justicia, tal vez una manera, nunca sabremos con certeza que sucedió, si fue Bin Laden, si fue un chivo expiatorio, si los mismos EEUU armaron todo esto para tener excusas con la guerra, todo eso nunca lo sabremos, pero ahora tal vez, entre otras cosas, podríamos esperar que el premio nobel de la paz Obama retire a las tropas del medio oriente y vuelva a haber paz en el mundo, mis respetos a todos los caídos ese día.
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