A todo lo que me espera por vivir, le digo “bienvenido”.
Cada cosa que vivimos, es una experiencia y un pequeño tesoro que guardamos. Es un pedazo, quizás muy pequeño, de sabiduría que vamos acumulando. Un rayo de sol que entra en nuestra ventana y calienta un poco nuestro cuerpo, nos da vida, pero no siempre lo podemos ver de inmediato.
Vivir bien es vivir harto. No adentro de tu casa, escondida del resto. Así no se pasa la existencia, ni tampoco así se pasan las penas. Nuestros días nos ponen frente a desafíos, y a veces estos nos herirán. Nos harán daño, sean personas o sean situaciones, y es ahí cuando realmente estás presionando el botón de “Play” de la vida.
Las penas y alegrías son como parches que ganan los exploradores. Son pequeños logros que llenan tu chaqueta, aunque solo tú sepas que los llevas. Pero para lograr realmente saborearlas y ser merecedoras de ellas, tenemos que caer. Para saber y ser conscientes de que ya estamos lejos del sufrimiento de manera temporal, y que vencimos otra etapa, para esperar con la cara sincera y los brazos abiertos a lo próximo que ha de venir, es que nos tenemos que caer.
Cada una de nuestras cicatrices, físicas o las que nadie más puede observar, indican las veces que nos hemos sabido recuperar. Algunas a medias, otras airosas. De algunas tuvimos que pasar muchos desafíos al mismo tiempo, pero significan que no nos rendimos. Aunque hayamos tardado, logramos cruzar el río. Y hoy estamos de pie, y nadie te puede hacer caer.
Las caídas que tenemos no las podemos encontrar a propósito. No nos podemos forzar a que las cosas pasen para que seamos más fuertes ya. Se presentarán solas, cuando menos lo esperas. No puedes vivir esperándolas, solo tienes que siempre seguir tu camino con la frente en alto. Pero para que sean victorias y no derrotas, tienes que saber superarlas. Nunca hallarás una receta ni una guía específica.
Para recuperarnos, hay que caer. Aunque quizás pensabas que cuando nos caemos, hay que recuperarse. Es lo mismo, pero no igual. El real logro no está en la caída, está en que has podido seguir adelante. Hasta ser imparables.