Incluso hace poco, el mundo estaba dividido en dos: por un lado los hombres, con las curvas de virilidad, autoridad y rudeza bien delimitadas; y por el otro, las mujeres, marcadas por la dulzura materna y la sensibilidad. Hoy en día, los códigos han cambiado, los valores específicos que distinguen los dos sexos ya no se definen como antes. Las mujeres han demostrado que pueden comportarse como hombres, y viceversa. “De hecho, hoy en día, cada uno de nosotros, hombres o mujeres, poseemos ambas facetas”, precisa Valérie Colin-Simard, autora de Masculin-Féminin la grande réconciliation.
Todos estamos dotados con estas dos polaridades, que podemos explorar según nuestras necesidades. Y según la psicoterapeuta, esto implica “un cambio radical sin precedentes de los modelos”. Sobre todo en el caso de los hombres, que no están de acuerdo con su identidad, y todavía menos con el punto de vista de las mujeres. Más allá de sus quejas y sus miedos, también surgen sus expectativas. Tenerlas en cuenta quizás podría conducirnos por el camino de la gran reconciliación de los sexos. ¿Preparados para un nuevo equilibrio?
Los hombres ocultan una gran vulnerabilidad
Toda una generación de hombres ha identificado lo masculino con la violencia y con una importante carencia en lo que se refiere a sentimientos y emociones. Rechazando de manera más o menos inconsciente su parte masculina, se han resignado a la búsqueda de su parte femenina. Motivados por la profunda mutación de los valores femeninos actuales, estos nuevos hombres descubren su parte vulnerable y se permiten desprenderse de la coraza y el escudo.
Entonces el problema se encuentra en la ambivalencia de las mujeres que no siempre son coherentes con sus discursos. Mientras que ellas reclaman a grandes voces un cambio, en realidad no parecen tan cómodas con estos nuevos hombres. “Los hombres necesitan ser acogidos en su vulnerabilidad, sus emociones, sus sensaciones”, afirma Valérie Colin Simard. Especialmente porque se trata de un terreno de expresión relativamente reciente, en el que todavía se esfuerzan por encontrar sus referencias…
Un deseo de mutación
Al apropiarse de los códigos masculinos en el amor, las mujeres confunden las pistas. Muchas aprenden a coger la iniciativa en la relación, ya sea en el plano amoroso o en el sexual. A veces el hombre se inscribe en un proyecto de vida cuidadosamente establecido entre trabajo, niños, compra de apartamento y ocio… El hacerse tan autónomas implica que, en el tema de la sexualidad, son muy conscientes de su manera de acceder al placer. Con efectos desafortunados en su relación: “¡Les corta el deseo de raíz!”, concluye nuestro experto.
¿Cómo sorprenderse? Tanto simbólica como fisiológicamente, el deseo femenino nace de la carencia. Así, al avanzarse a los hombres, ya no dejan que esta carencia se instale y ponen en peligro la parada amorosa. Prueba de ello es el aumento de las consultas en los psicólogos y sexólogos. “Los hombres están profundamente derrotados por este tipo de enfoques, casi viriles, que inconscientemente despiertan sus miedos ancestrales sobre el tema”, añade nuestro experto. Los temores de Todo el poder de la mujer en temas de sexualidad no datan de ayer y todavía siguen bien anclados.
Ya sea como solteros o en pareja, se encuentran con verdaderas dificultades. Especialmente porque a menudo las mujeres exigen, en lugar de solicitar, o por qué no, iniciar. Y a los hombres les resulta difícil adaptarse a su nuevo papel. También pueden sentirse sobrepasados, incluso desalentados en sus conductas de cambio, o incluso rechazados. Valérie Colin Simard lo dice claramente, “¡En realidad, los hombres esperan ser alentados, sostenidos y que se les pida amablemente, sin exigir!".
El miedo a verse asfixiado
Los hombres pueden sentirse desbordados o invadidos por las mujeres. Aunque los motivos se deben en gran parte a las madres “abusivas”, falta que sus esperas giren más en torno a la libertad de estar en sus diferencias… Quizás tienen la sensación de que las mujeres se sienten más vivas al criticarles lo que comporta un par de calcetines o que una reserva de vacaciones no se haga a tiempo y puntualmente. “No nos criticamos tanto”, le confían estirados en el diván de la psicóloga.
Los hombres no saben cómo hacerlo. En sintonía con las contradicciones de las mujeres, ¡a menudo reaccionan! “Dejarnos vivir y confiar en nosotros”, parecen reclamar de corazón los hombres, ¡que sólo piden amarnos! Escucharles también podría abrir las fronteras en la pareja, permitir comprender mejor la crisis por la que pasamos... para, por último, reconciliarnos.