No gano, pero como me divierto
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Gabriel Castll (el pollino enamorado)
Jesús era un sujeto que por el simple hecho de conocer mas el entorno en el que se desenvolvía (su mundito) y por saber leer, se creía mas que aquellos ignorantes que todo lo que “comprendían” era aquello que se les explicaba por medio valga la rebusnancia, medios de desinformación. Así que siempre parecía que caminaba sobre el agua porque era arrogante y engreído el muy cabrón, de sobrenombre cabrito porque era el hijo querido de dios según sus propias palabras ya que a él dios lo hizo blanco y bello (que no bonito) y a aquellos que lo admiraban feos cual patada en los... h....
Estaba pues el hijo de dios en el centro de Morelia, el muy naco (mas naco que el autor) tirando rostro en la plaza melchor ocampo (cuando aun no la destruían con su fuentecita, elegía tal lugar porque en la plaza de armas puro azteca que viene de turista, vagabundea en busca de diversión sexual (o sea, puros jotos y putas se pasean alli, ya parecen los campos eliseos, pero sin flora, aunque si abundan las libelulas)) esperaba encontrar a una mujer merecedora de sus flores (piropos), pero como en Morelia no existen mujeres bellas (¡que mentiroso soy!, si abundan, por cierto; pura calidad de exportación), tuvo que conformarse con aquella jalisciense de nombre Maria Teresa Alexandri, la que apoda el autor del relato ¡merezco!. Aquella mujer cuando se dejó ver por el centro de Morelia causó lo que ninguna otra al hijo de dios, al hipócrita que se decía sencillito y carismático y que en verdad era mas orgulloso y creído que un argentino campeón del mundo en futbol.
Aquella mujer pues logró que a Jesús se le bajaran los humos, que le descendiera su arrogancia y que sintiera lo que sienten los enamorados cuando andan de culo, por una bella flor de pueblo, que resultan las mas bellas por no estár tan contaminadas con los aires pestilentes de la capital chilanga. Cuando aquellos que le acompañaban para ver si agarraban a una moreliate borracha y le echaban montón se dieron cuenta de lo que aquella mujer hizo con el rostro de Jesús, no les faltaron huevos para desquitarse de todos los insultos vertidos por su “amo”, así que uno de ellos le hizo la observación a Jesús de: que se le habían saltado los ojos, se le había transformado el rostro de cabrito a borreguito y que lo enamorado le sentaba mal, porque le hacia ver ridículo al que creía verse bien vistiendo de liverpool, cuando a los indios de Michoacán, los huaraches les sientan mejor, ya que hacen juego con los trajes de hombre sencillo pero sobrados de huevos, (de manta, porque son los únicos atuendos que se soportan con este pinche caloron que hace).
Jesús se sintió ofendido por las palabras vertidas por aquel que creía que era su discípulo, pero mirandolos como a don nadie, se alejó de aquellos exclamando:”por mujeres como ella dejo de creerme dios, me hago un corderito y voy de muy hipócrita ante el altar del templo, a jurar que la amaré en las buenas y en las malas. ¡Aunque la verdad sea dicha!, solo la quiero amar porque está muy buena la condenada diabla que me ha derribado de la nube (de reflexivo, viajando por los cielos, cual dios) en que andaba”. Aquellos doce se quedaron sin aquel que por el simple hecho de ser atractivo, era el mas invitado del pueblo, pero no se sintieron pobres por lo que les acababa de suceder, !al contrario¡, todos comprobaron que sus ingresos de la semana estaban intactos en sus bolsillos, ya jamás invitarían a aquel a beber y con él, a un montón de vagabundos que le seguían para que les hiciera el milagro de comer y beber de a gratis, pero con la desgraciada pobreza de aquellos que le seguían muy de cerca porque les decía amigos, cuando en realidad eran sus mas allegados discípulos.
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Gabriel Castll (el pollino enamorado)
Jesús era un sujeto que por el simple hecho de conocer mas el entorno en el que se desenvolvía (su mundito) y por saber leer, se creía mas que aquellos ignorantes que todo lo que “comprendían” era aquello que se les explicaba por medio valga la rebusnancia, medios de desinformación. Así que siempre parecía que caminaba sobre el agua porque era arrogante y engreído el muy cabrón, de sobrenombre cabrito porque era el hijo querido de dios según sus propias palabras ya que a él dios lo hizo blanco y bello (que no bonito) y a aquellos que lo admiraban feos cual patada en los... h....
Estaba pues el hijo de dios en el centro de Morelia, el muy naco (mas naco que el autor) tirando rostro en la plaza melchor ocampo (cuando aun no la destruían con su fuentecita, elegía tal lugar porque en la plaza de armas puro azteca que viene de turista, vagabundea en busca de diversión sexual (o sea, puros jotos y putas se pasean alli, ya parecen los campos eliseos, pero sin flora, aunque si abundan las libelulas)) esperaba encontrar a una mujer merecedora de sus flores (piropos), pero como en Morelia no existen mujeres bellas (¡que mentiroso soy!, si abundan, por cierto; pura calidad de exportación), tuvo que conformarse con aquella jalisciense de nombre Maria Teresa Alexandri, la que apoda el autor del relato ¡merezco!. Aquella mujer cuando se dejó ver por el centro de Morelia causó lo que ninguna otra al hijo de dios, al hipócrita que se decía sencillito y carismático y que en verdad era mas orgulloso y creído que un argentino campeón del mundo en futbol.
Aquella mujer pues logró que a Jesús se le bajaran los humos, que le descendiera su arrogancia y que sintiera lo que sienten los enamorados cuando andan de culo, por una bella flor de pueblo, que resultan las mas bellas por no estár tan contaminadas con los aires pestilentes de la capital chilanga. Cuando aquellos que le acompañaban para ver si agarraban a una moreliate borracha y le echaban montón se dieron cuenta de lo que aquella mujer hizo con el rostro de Jesús, no les faltaron huevos para desquitarse de todos los insultos vertidos por su “amo”, así que uno de ellos le hizo la observación a Jesús de: que se le habían saltado los ojos, se le había transformado el rostro de cabrito a borreguito y que lo enamorado le sentaba mal, porque le hacia ver ridículo al que creía verse bien vistiendo de liverpool, cuando a los indios de Michoacán, los huaraches les sientan mejor, ya que hacen juego con los trajes de hombre sencillo pero sobrados de huevos, (de manta, porque son los únicos atuendos que se soportan con este pinche caloron que hace).
Jesús se sintió ofendido por las palabras vertidas por aquel que creía que era su discípulo, pero mirandolos como a don nadie, se alejó de aquellos exclamando:”por mujeres como ella dejo de creerme dios, me hago un corderito y voy de muy hipócrita ante el altar del templo, a jurar que la amaré en las buenas y en las malas. ¡Aunque la verdad sea dicha!, solo la quiero amar porque está muy buena la condenada diabla que me ha derribado de la nube (de reflexivo, viajando por los cielos, cual dios) en que andaba”. Aquellos doce se quedaron sin aquel que por el simple hecho de ser atractivo, era el mas invitado del pueblo, pero no se sintieron pobres por lo que les acababa de suceder, !al contrario¡, todos comprobaron que sus ingresos de la semana estaban intactos en sus bolsillos, ya jamás invitarían a aquel a beber y con él, a un montón de vagabundos que le seguían para que les hiciera el milagro de comer y beber de a gratis, pero con la desgraciada pobreza de aquellos que le seguían muy de cerca porque les decía amigos, cuando en realidad eran sus mas allegados discípulos.