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En la actualidad la mayor parte de los psicólogos coinciden en definir las actitudes como evaluaciones globales y relativamente estables que las personas hacen sobre otras personas, ideas o cosas que, técnicamente, reciben la denominación de objetos de actitud. De manera más concreta, al hablar de actitudes se hace referencia al grado positivo o negativo con que las personas tienden a juzgar cualquier aspecto de la realidad. De este modo, las evaluaciones o juicios generales que caracterizan la actitud pueden ser positivas, negativas o neutras y además pueden variar en su grado de polarización.
Los seres humanos presentan actitudes hacia cualquier objeto de actitud imaginable, tales como objetos materiales, personas, situaciones o ideas. A su vez, dichos objetos de actitud pueden ser concretos o abstractos.
Otra de las características esenciales de las actitudes es que constituyen un fenómeno mental. Es decir, reflejan una tendencia evaluativa que no es directamente observable desde fuera del propio sujeto. Por tanto, se hace necesario inferir las actitudes de las personas a partir de ciertos indicadores. Por otra parte, dichas evaluaciones o juicios presentan una estructura tripartita compuesta por los siguientes componentes:
- Componente cognitivo, que incluye los pensamientos y creencias de la persona acerca del objeto de actitud.
- Componente afectivo, que agrupa los sentimientos y emociones asociados al objeto de actitud.
- Componente conductual, que recoge las intenciones o disposiciones a la acción, así como los comportamientos dirigidos hacia el objeto de actitud.
Las personas poseen actitudes hacia la mayoría de estímulos que les rodean. Incluso para aquellos objetos para los cuales podemos no tener ningún conocimiento ni experiencia, enseguida podemos evaluarlos en la dimensión bueno – malo, o me gusta – no me gusta. Si bien, la formación de alguna de estas evaluaciones puede estar influida por aspectos genéticos, como parece ocurrir con ciertos estímulos muy concretos, tales como serpientes, arañas o determinados sonidos y sabores, y cuyo origen parece radicar en mecanismos relativamente innatos que han favorecido a la especie en épocas ancestrales, la mayoría de las actitudes tienen sus raíces en el aprendizaje y el desarrollo social.
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