InicioOfftopicIrreversible(cuento)
Lo que estoy a punto de contarte podría cambiar tu vida, pero serás tan estúpido que no me creerás, que me tomaras por loco y dejaras pasar esta oportunidad, aunque analizándolo cuidadosamente, quizá sea lo mejor, tómame por loco querido lector, no hagas caso a estas palabras, que ni siquiera van dirigidas a ti, sino a ella, y que no son más que un movimiento desesperado por atraerla de vuelta hacia mí, tal vez podrás evitar así el dolor que estoy sintiendo ahora… La desesperación que estoy sintiendo ahora. En el momento que escribo esto está por culminar el 7 de noviembre de 1715, El tifón en Sare está causando estragos de magnitudes catastróficas, pareciese que el mundo va a acabar en cualquier momento, el sonido del viento es realmente aturdidor, ensordecedor, y cuando impacta con las paredes de mi morada logra hacer tambalear la sólida estructura como si de una casa de paletas se tratase, mis sirvientes están realmente aterrados, por las ventanas ahora rotas observan como si fuera una obra de teatro, los escombros del hasta ahora bello pueblo en donde he vivido los últimos 24 años, todo afuera es muerte, destrucción, Isabelle llora desconsoladamente, Alex intenta calmarla, pero se nota claramente su nerviosismo, necesita más bien que lo calmen a él, yo mientras, escribo sentado cómodamente en mi silla, de a ratos me observan fijamente, no lo pueden creer, no se explican mi serenidad, estúpidos, ¿Qué quieren?, ¿Qué le tema a la muerte?, su inocencia me causa un poco de gracia, pobres imbéciles, son tan simples, pero los comprendo, yo también he estado allí, de hecho más que comprenderlos, los envidio, los envidio con todas las fuerzas de mi corazón roto, de mi alma destrozada en miles de pedazos que busco desesperadamente reconstruir, ¿Qué que les envidio? Te contare todo desde el principio para que me comprendas mejor. Todo comenzó en ese oscuro granero, sucio, con piso de tierra, que solía tornarse más bien en pantano cuando llovía, debido a las rendijas nunca reparadas que se formaban por la separación de las tablas con las cuales de manera muy rudimentaria se había construido lo que llamaban “techo”, el fuerte olor a madera podrida era para nosotros mágico, ya que ocultaba si bien no por completo, en gran medida, la putrefacción de nuestros cuerpos producto de la falta de aseo y del sudor originado por el pesado trabajo que nos obligaban a realizar. En ese entonces tenía unos 37 años, hacían 15 ya que me habían arrancado junto con mi mujer de nuestra amada áfrica para embarcarnos rumbo a España, donde sufriríamos toda clase de vejaciones y malos tratos. Yo estaba debatiéndome entre la vida y la muerte, tirado sobre el sitio más seco que mis compañeros de reclusión pudieron encontrar para mí en aquel asqueroso lugar, ¿la razón de esto? La inhumana sentencia de 50 latigazos impuesta a mi mujer y a mí, por alimentar a nuestro hijo de 7 años al cual veíamos con impotencia morir de hambre, y es que ya no le daban comida, pues había cometido el pecado de entre juegos tocar la mano de la hija de los en ese entonces dueños de nuestra vida. ¿Qué podíamos hacer?, ¿solo ver?, no, no podíamos, así que lo planeamos y lo hicimos; mi mujer encargada de cocinar para la familia en un momento de descuido aprovecho para robar la pieza de pan, pieza de pan que marcaría el fin, cuando el capataz vio a nuestro hijo comiendo nada más y nada menos que aquella deliciosa comida prohibida para nuestros paladares, tomo la decisión junto con el patrón de ejecutar la ya mencionada sentencia, no sin antes matar de un certero machetazo en la cabeza frente a nuestros ojos al pequeño, las lágrimas empezaron a brotar, pero éramos incapaces de emitir sonido, no podíamos hablar, era como si el aire en nuestro interior hubiera desaparecido, y el espacio que ocupaba hasta ahora, hubiese sido reemplazado por dolor, dolor ensordecedor; enceguecedor, y así con lágrimas saliendo de nuestros ojos mientras nuestras rodillas tocaban el suelo y nuestras manos estaban suspendidas en lo alto gracias a las cuerdas atadas en aquellos troncos , se escuchó el primer latigazo, su cuerpo se estremeció, pero no se oyó ningún grito proveniente de su boca, yo por mi parte suplicaba que la dejaran en paz, que yo recibiría los 100 latigazos, mis suplicas fueron ignoradas, y así transcurrieron 28 latigazos más, entonces ella, decidió romper el silencio, con una voz muy débil y una mirada penetrante me vio y dijo “No me olvides”, ella lo sabía, no soportaría mucho más y su último deseo me lo había dicho ya, 2 latigazos más tarde, ella murió, yo sentí que otra parte de mi había muerto, pero aún quedaba otra prueba por superar, mis 50 latigazos, sumado a los 19 que ella no había podido recibir, y así fue, justo como con ella, con la diferencia de que yo si pude resistir al bárbaro castigo, pero en un estado deplorable, que ironía, para ellos éramos nosotros los seres sin alma, permanecí atado en el tronco hasta la noche, momento en el cual ordenaron a 2 de nuestros compañeros que me llevaran al granero, yo solo repetía, “no voy a olvidar” una y otra vez en respuesta a la petición de mí ya muerta compañera. 2 horas más tarde yo también morí, repitiendo una y otra vez las ya mentadas palabras, “no voy a olvidar”. Eres tan predecible mi insulso lector, seguramente ahora mismo te estas cuestionando la veracidad de mi muerte, y no, no se trata de ningún tipo de metáfora, realmente morí, mi corazón dejo bombear, era incapaz de respirar, el cuerpo en que había morado era inservible ya, mas no así mi esencia, mi espíritu, mi alma, o como tu sistema de creencias te imponga llamarlo, podía ver mi cuerpo, el dolor de algunos, la indiferencia de otros, y mientras repetía para mí que no olvidaría, se me ocurrió la idea de buscarlos, ellos también debían estar allí, pero fue en vano, por más que intente no podía separarme si no unos escasos metros de mi cuerpo, pasaron los días y mi voluntad se hacía cada vez más débil, mi conciencia se iba fundiendo, me estaba convirtiendo en la nada misma, y solo tenía fuerzas para mantener un pensamiento, “no voy a olvidar”, mientras todo a mi alrededor y yo mismo parecíamos desvanecernos. Cuando volví en mi me encontré rodeado por una multitud de seres transparentes, parecían hechos de agua, con silueta humana pero sin ningún rasgo, eran todos exactamente iguales, solo yo parecía diferir en apariencia, pero daba igual, ninguno parecía notar mi presencia. Continuara...
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