De acuerdo con la ultima medición de la consultora internacional Mercer, Viena es la ciudad del mundo con mejor calidad de vida, sumando 108 puntos en un ranking que tiene como base de comparación a Nueva York, ciudad que, con 100 puntos, se ubica en el puesto número 49.
Buenos Aires, con 88,8 puntos, alcanza el 78º escalón, en el mismo pelotón de San Juan de Puerto Rico, Montevideo y Santiago (92,8, 88,6 y 84,4, respectivamente). La buena noticia es que los porteños subimos un punto en comparación con 2007.
En contraste con la capital austríaca, el peor lugar del mundo para vivir es Bagdad, que, en el puesto número 221, sólo suma 14,7 puntos. Sólo ocho puestos más arriba se sitúa Puerto Príncipe, capital de Haití. Managua y Caracas, en los puestos 156 y 165, completan el triste podio de las peores ciudades latinoamericanas.
El ranking construido por Mercer se basa en un índice que pondera diez categorías y es una buena aproximación a la calidad de vida de una ciudad, pero deja fuera una variable central que define cuáles son los lugares más deseados para vivir: los vecinos.
De acuerdo con el relevamiento de la Subsecretaría de Planeamiento de la Ciudad de Buenos Aires, comprar un departamento en Puerto Madero cuesta 3.842 dólares por metro cuadrado; el segundo barrio más caro es Retiro (2.324 dólares), seguido por Recoleta, Palermo y Belgrano (2.173, 2.120 y 1926 dólares por metro cuadrado, respectivamente).
Caballito, y no Palermo, se alzó con el primer lugar en el ranking (dentro de los cuatro barrios analizados). San Cristóbal terminó último.
El estado de las veredas, la presencia de actividades culturales y de recreación, la calidad y disponibilidad de espacios verdes, la seguridad durante el día y la ausencia de polución, ruidos molestos y gente pidiendo por las calles son todas variables que afectan significativamente la calidad de vida del barrio, según los propios vecinos.
Contrariamente a lo que muchos pueden pensar, la presencia de animales sueltos, el ejercicio de la prostitución, la escasez de comercios, la forestación de las veredas, la recolección de residuos, el acceso al transporte público y la iluminación de las calles son variables que no afectan la percepción de los vecinos sobre la calidad de vida en su barrio.
Pero la sorpresa mayor estaba aún por venir: de todas las variables analizadas, la que impacta de manera más potente en la calidad de vida de un barrio es la calidad de los vecinos que te tocan en suerte. Esto explicaría por qué la gente no valora tanto la cercanía a escuelas, hospitales, comercios, espacios verdes, centros de salud y medios de transporte
Colegiales puede tener mejor calidad de vida, pero la gente prefiere pagar más por vivir en Palermo o Recoleta, porque esos barrios parecen garantizarle el acceso a mejores vecinos.
La distorsión entre el precio de los departamentos en algunos barrios y la calidad de los servicios obedece entonces a la presión de la gente por segregarse. Las personas de más altos ingresos demandan propiedades en barrios donde habitan vecinos de similares características, y de este modo hacen que suban fuertemente los precios de las propiedades, lo que garantiza que quienes no están en un mismo nivel no puedan ingresar en el barrio.
Este resultado puede ser una novedad empírica, pero no hace otra cosa que corroborar la hipótesis teórica que le valió a Thomas Schelling el Premio Nobel de Economía en 2005: la gente no sólo se autosegrega, sino que, incluso, está dispuesta a pagar para hacerlo, lo que muestra su gusto por la discriminación.