













De la misma forma en la que ha sucedido durante estos últimos años, estamos en “ese” día del mes de abril en el cual recibimos a una nueva versión de Ubuntu. El ciclo abril-octubre se mantiene sin cambios, pero no podemos decir lo mismo sobre el sistema operativo. Si hay una razón por la cual Natty Narwhal era aguardado con un interés mayor, es por el cambio de interfaz, adoptando a Unity por defecto en reemplazo del conocido entorno GNOME. Con esta decisión, Canonical ha realizado una apuesta un poco más alta de lo usual.
Cambiar o no cambiar, esa es la cuestión. En el mundo informático, es una frase que posee un peso específico extraordinario. Todo cambio debe ser medido y estudiado, y luego estar listo para enfrentar las consecuencias. La regla dicta que cada vez que hay un cambio radical en un prorgama o un servicio, la mayoría de los usuarios expresa rechazo y resistencia. La explicación es sencilla: La gente se queja de lo que consume. Cada vez que Facebook hace alteraciones a su interfaz, se desata una guerra nuclear en la red social. Si la PlayStation Network no tuviera tantos usuarios, el revuelo hubiese sido mucho menor. Y lo mismo se puede aplicar al supuesto rastreo de iPhones y iPads, o a cualquier producto de Microsoft. Ubuntu no es la excepción. Junto con Android, es la distro Linux más popular del mercado. Exactamente un año atrás, se hablaba de doce millones de usuarios de Ubuntu, y hoy es lógico asumir que son muchos más. Por lo tanto, sabíamos de antemano que cualquier cambio importante sobre el sistema operativo generaría su cuota de ruido. La salida de GNOME polarizó mucho a los usuarios, y por diferentes razones. Pero la diferencia es que Canonical dio seis meses de ventaja para digerir la noticia, y el cambio aún no es permanente. Siendo honestos, nunca lo será del todo: Esto es Linux, y puedes elegir el entorno que quieras.
Todo normal hasta aquí
Nota el "Ready when you are" en la parte inferior
La velocidad de instalación, excelente
Finalmente hemos pasado el 28 de abril, y ya tenemos en nuestros discos y pendrives una copia de Ubuntu 11.04, Natty Narwhal para los amigos. Como nos tiene acostumbrados Ubuntu en estos ultimos builds, el proceso de instalación fue muy veloz, algo potenciado por el hecho de que configuras nombre de usuario, teclado y zona horaria mientras se lleva a cabo parte la instalación en segundo plano, una forma si se quiere eficiente de aprovechar el tiempo. Y terminada la instalación, ante nosotros: Unity. Antes que nada, hay un detalle que debemos mencionar, y es que Unity tiene ciertos requerimientos de aceleración de hardware relacionados con Compiz. En caso de no existir un vídeo compatible en el ordenador, Ubuntu se ejecutará en el modo “clásico” para asegurar que el usuario acceda a un entorno operativo, pero esta tampoco será una solución permanente. La próxima versión de Ubuntu tendrá una versión de Unity independiente de los requisitos de Compiz, y aunque GNOME seguirá siendo una opción de escritorio, no será incluido por defecto, por lo cual los usuarios interesados deberán instalarlo manualmente. Con la llegada de Unity a la versión 11.04, la fusión entre la versión de escritorio y la “Netbook Edition” queda definitivamente sellada. Obviamente, los builds alternativos de Ubuntu siguen disponibles en su sitio oficial, pero de ahora en adelante ya no habrá una “distro dedicada” para netbooks.
Ubuntu 11.04 con Unity
Una de las primeras cosas que hace Unity es alejar al usuario de aquellas secciones “de sistema” que suelen provocar escalofríos entre los más novatos. En GNOME todo estaba al alcance de un par de clics, pero lo cierto es que Unity ni siquiera ofrece por defecto un icono de acceso a la terminal del sistema. Tanto para este caso como para otras aplicaciones, la solución es abrir el buscador (invocar el “dash” con el icono de Ubuntu), escribir parcialmente su nombre (un concepto conocido en OS X y Windows), y arrastrar el icono hacia el lanzador del lado izquierdo. Y, no, el mismo Mark Shuttleworth anunció que el lanzador de Unity no podrá ser relocalizado a ningún otro lugar de la pantalla. Esta es una decisión “por diseño”, una frase que estamos acostumbrados a escuchar en las cercanías de la ciudad de Redmond. ¿Grave? No. ¿Inusual? Yo diría que sí. La idea es que el lanzador se quede cerca del botón de Ubuntu, pero me cuesta creer que Unity perdería funcionalidad si su lanzador fuera colocado, por ejemplo, del lado derecho de la pantalla. Aún así, creo que los “hacks” para cambiar este comportamiento serán solamente una cuestión de tiempo.
El "dash" en su salsa. El lanzador a la izquierda no puede ser movido por defecto
El “dash” ciertamente invita a usar el teclado. Por defecto ofrece una serie de atajos a aplicaciones de categorías específicas, como multimedia y de uso en Internet, aunque también ofrece un atajo gigante dedicado a Firefox, y también los hay para otras funciones como la visualización de imágenes vía Shotwell. Unity intenta imponer una visión compacta y personalizada de las aplicaciones. Las que más has usado serán destacadas en cada una de sus categorías, y sólo podrás ver un puñado de las aplicaciones instaladas, a menos que despliegues por completo la lista. Por otro lado, hay una sub-sección dedicada al software disponible para descargar a través del Ubuntu Software Center. Pero de todas maneras, la caja de búsqueda está allí para ser usada. El teclado sigue siendo el rey de la velocidad, y a menos que llenes el lanzador con tus aplicaciones favoritas, lo más rápido será escribir las primeras tres o cuatro letras de la aplicación para llamarla.
El "dash" carece de funciones básicas de navegación. Ubuntu 11.10 debería corregir esto
Lamentablemente, el dash no está libre de defectos. Si bien trata de invitar al usuario a que use el teclado, presenta una seria contradicción al no ofrecer ninguna forma de navegación. Un ejemplo: Haces clic por error en la sección de aplicaciones para Internet, y quieres volver atrás. El punto es, que no puedes hacerlo. No hay forma directa, ni “botón atrás” como lo conocemos. Deberás cerrar el dash y abrirlo de nuevo para que se presenten los atajos otra vez. El sistema de reporte de bugs de Ubuntu está que arde al respecto. Para algunos es un bug, para otros una falla de diseño. Canonical ha dicho que esto será revisado en la próxima versión de la distro, pero no son pocos los usuarios que creen que Natty Narwhal debió haber ofrecido una solución definitiva. Lo que nos lleva una vez más al debate de GNOME. La frase dice: “Más vale malo conocido que bueno por conocer”. GNOME tiene sus berrinches, y aquellos que llevan un tiempo en el universo Linux lo saben bien. Pero el que no exista un método eficiente de navegación en el interior del dash hace que Unity parezca incompleto. Lo vigilaremos de cerca cuando el ocelote llegue a nosotros.
Los escritorios virtuales ahora son "espacios de trabajo", muy fáciles de usar
En lo que se refiere a cambios de software, no han sido muchos, pero sí importantes. Como era de esperarse, Mozilla Firefox ha sido actualizado a la versión 4.0, con su interfaz ajustada a las nuevas reglas de Unity. La interfaz por defecto de Firefox siempre ha sido un punto de queja por mi parte, pero en esta ocasión, la apariencia es mucho más limpia. La única modificación real que realizamos fue especificar que Firefox oculte la barra de pestañas cuando hay una sola, ganando así un poco más de visión vertical. Firefox fue recientemente actualizado a la versión 4.0.1, por lo que deberíamos recibir el “update” en cualquier momento. Después tenemos a LibreOffice, en reemplazo de OpenOffice.org. En el pasado hemos visto el comienzo de LibreOffice, una manifestación del miedo de los desarrolladores de OpenOffice.org a que Oracle colocara el proyecto entero en el congelador, en forma similar a como lo hizo con OpenSolaris. Hoy, LibreOffice es parte de Ubuntu 11.04, con su última versión estable 3.3.2. El paquete está funcionando bastate bien, pero nuestro interés se proyecta hacia la próxima versión 3.4, la cual buscará reducir su consumo de memoria, y más importante aún, su dependencia de Java. Finalmente, Banshee reemplazó a Rhythmbox como reproductor de audio. No está mal, y tiene accesos a las tiendas de música de Amazon y Ubuntu, pero tal vez su “esencia iTunes” sea poco tolerable para algunos. Ah, para escuchar un mp3, deberás bajar unos 60 MB adicionales de plugins y dependencias. Algo parecido sucede con Adobe Flash. Firefox no lo trae consigo, y no puedes instalarlo desde su interior. Deberás hacerlo a través del centro de software.
La clásica visita a NeoTeo desde Ubuntu 11.04
Sale OpenOffice, entra LibreOffice
Algún día Flash, algún día...
Banshee es agradable, no hemos tenido problemas con él
Ubuntu ha cambiado, y la versión 11.04 lo demuestra sin rodeos. No caben dudas de que será una “distro de transición” para la interfaz Unity, y para muchos usuarios también. La idea de desterrar el menú clásico para ofrecer un acceso más dinámico con un lanzador al costado de la pantalla, sumado a la velocidad inherente del teclado es muy atractiva, pero existen varios bordes filosos que necesitan ser limados, especialmente dentro del dash. No es absurdo pensar que la nueva interfaz se robó a casi todo el análisis, porque sucedió exactamente eso. La determinación de Canonical por dejar de lado a GNOME parece sólida. Hoy, Natty Narwhal ofrece a los usuarios conservar el modo clásico, pero en la versión 11.10 esto no sucederá. Mucho puede cambiar en seis meses. Después de haber jugado con el sistema operativo, me queda la sensación de que Ubuntu busca ser “más Ubuntu y menos Linux”. Es sencillo: Ve a la página principal de Ubuntu y busca la palabra “Linux” en ella. O en el “overview”. O en el “qué hay de nuevo”. El rendimiento, muy bueno. Las aplicaciones, selecciones lógicas dentro de todo (aunque cuestionaré a Shotwell hasta el fin del tiempo). Una vez más: Ubuntu ha cambiado. Ahora hay que escuchar la opinión de los usuarios.
Descarga Ubuntu 11.04