Nunca había visto un biopic creado con tal originalidad y detallismo. Olivier Dahan es un director y productor francés, que dirige a Marion Cotillard en una total obra maestra.
Édith Giovanna Gassion fue una intérprete francesa que nació en 1915 y murió en 1963, a la tempranísima edad de 47 años.
La vie en rose es una verdadera obra artística. El primer punto que conjuga la obra en sus totalidad es la exquisita representación temporal. Perfeccionista y muy respetuosa, mantiene junto a la banda sonora una cinta que parece filmada en 1917.
Oliver Dahan
Los temas que interpreta Edith Piaf son brillantes y, como explayan en palabras durante el filme, te transportan a París. Los instrumentos junto a la voz de Edith recrean Francia; es verdaderamente, la voz de la ciudad de las luces.
Rica en cultura y con una visión única de la época, el filme de Dahan es un adorno para la majestuosa (no hay otro adjetivo) actuación de Marion Cotillard. Su personaje es increíble por varios aspectos.
La diferencia entre un personaje y la persona de carne y hueso siempre está, y es clave tenerlo en cuenta a la hora de ver una película. Al ser el cine un medio de expresión artística, la creación de toda obra tiene, implícitamente, un sello de personalidad que ponen: el director, los actores y todos los encargados de que la película se haga. Por lo tanto, aspecto que es obvio para algunos pero que muchos se olvidan, ningún personaje puede ser igual a la persona de la cual se quiere relatar.
Por lo tanto, cada actor crea un personaje nuevo, si quieren, basado en una persona que vivió y dejo una huella en el mundo. Este personaje creado por Cotillard es fantástico, uno de los personajes mejor logrado y más completo que he visto.
Marion Cotillard
La vie en rose es una flor que crece y florece a medida que los minutos pasan. La vida de Giovanna Gassion es música que acompaña el florecimiento, y termina atronando la última escena, con el tema Non Je ne regrette rien.
Édith Giovanna Gassion fue una intérprete francesa que nació en 1915 y murió en 1963, a la tempranísima edad de 47 años.
La vie en rose es una verdadera obra artística. El primer punto que conjuga la obra en sus totalidad es la exquisita representación temporal. Perfeccionista y muy respetuosa, mantiene junto a la banda sonora una cinta que parece filmada en 1917.
Oliver Dahan
Los temas que interpreta Edith Piaf son brillantes y, como explayan en palabras durante el filme, te transportan a París. Los instrumentos junto a la voz de Edith recrean Francia; es verdaderamente, la voz de la ciudad de las luces.
Rica en cultura y con una visión única de la época, el filme de Dahan es un adorno para la majestuosa (no hay otro adjetivo) actuación de Marion Cotillard. Su personaje es increíble por varios aspectos.
La diferencia entre un personaje y la persona de carne y hueso siempre está, y es clave tenerlo en cuenta a la hora de ver una película. Al ser el cine un medio de expresión artística, la creación de toda obra tiene, implícitamente, un sello de personalidad que ponen: el director, los actores y todos los encargados de que la película se haga. Por lo tanto, aspecto que es obvio para algunos pero que muchos se olvidan, ningún personaje puede ser igual a la persona de la cual se quiere relatar.
Por lo tanto, cada actor crea un personaje nuevo, si quieren, basado en una persona que vivió y dejo una huella en el mundo. Este personaje creado por Cotillard es fantástico, uno de los personajes mejor logrado y más completo que he visto.
Marion Cotillard
La vie en rose es una flor que crece y florece a medida que los minutos pasan. La vida de Giovanna Gassion es música que acompaña el florecimiento, y termina atronando la última escena, con el tema Non Je ne regrette rien.
Ni le bien qu`on m`a fait, ni le mal
tout ca m`est bien egal
tout ca m`est bien egal