Guerra biológica: ¿el origen de la enfermedad?
En 1932, el Instituto Rockefeller para la experimentación del Cáncer mató a 13 personas inyectándoles virus del cáncer. Oficialmente, esas investigaciones se realizaban para prevenir ataques de potencias rivales o “por el progreso de la ciencia”.

Pero no sería hasta 1941 cuando el programa de guerra biológica americana comenzara oficialmente, es decir, de acuerdo a los documentos y memorandos oficiales. Según esos mismos documentos, la dirección de ese programa fue encargada a George W. Merck, heredero del presidente de la corporación Merck y desde 1925, su presidente. Hoy dia, como es sabido, la firma Merck es uno de los grandes gigantes de la industria farmacéutica. Al otro lado del Atlántico, los experimentos corrían en paralelo.

En 1942, los ingleses condujeron sus primeros experimentos en guerra biológica con bombas con ántrax, para determinar si las esporas actuaban sobre las ovejas. Los experimentos en la Costa de Escocia confirmaron que el ántrax podría ser extendido mediante explosivos y que quedaba en el suelo durante décadas. De hecho, el lugar donde se realizaron estos experimentos estuvo cerrado al público hasta finales de los años setenta. Pero eso no fue todo: entre 1940 y 1979 la población inglesa fue rociada con químicos y microorganismos letales sin previo aviso.
Sin duda, la Alemania nazi se destacó en este campo, como en muchos otros de la ciencia. En los campos de concentración alemanes se experimentó con los humanos allí encerrados en cuestiones tales como el efecto de las radiaciones o técnicas psicológicas y biológicas para el control mental.
Es desconocido para el gran público que esos grandes biólogos, médicos y psiquiatras obtuvieron la amnistía de sus crímenes tras el Proceso de Nuremberg, con el fin de que se fueran a trabajar para el gobierno estadounidense, incluido el doctor Mengele, exiliado en Paraguay y Brasil. Este Proyecto se conocería como “Paperclip” y uno de sus máximos gestores fue el omnipresente Henry Kisinger, judío de origen alemán, posteriormente nacionalizado norteamericano, según informaciones de su biógrafo, Walter Isaacson. El resto de los grandes científicos pasaría a trabajar para los “archienemigos” comunistas pero seguirían estando en contacto.

Las relaciones entre el nazismo y el gobierno estadounidense comenzaron por el senador Prescott Bush (padre y abuelo de futuros presidentes) quien, a través de su empresa Brown Harriman y el Union Bank Corporation, financiaría la campaña de Hitler para llegar al poder a través de la familia Thyssen. Brown Harriman se convertiría, con el paso del tiempo, en la conocida contratista militar Halliburton, a cuyo mando estaría el posterior vicepresidente, Dick Cheney.
Por su parte, el complejo fármaco-biológico IG Farben, propietario de la empresa farmacéutica Bayer, fue financiado desde el principio por la empresa de la Familia Rockefeller, Standard Oil, lo que liga a las industrias petroleras y farmacoquímica. Allen Dulles posterior director de la CIA, trabajaba para Rockefeller y era el contacto en Alemania con IG Farben. En 1951, Erin Traub, jefe de armas biológicas de Hitler, estaba ya trabajando para el Departamento de la Marina investigando 40 cepas de virus muy contagiosos.
Las conexiones entre la industria farmacéutica, el nazismo y los gobiernos quedaron pues, asentadas desde aquella época.

Según la citada portavoz del gobierno USA, Jeanne Cono, en 1953 Estados Unidos comenzó un programa ofensivo de guerra biológico, con “unos modestos medios” en las instalaciones de Fort Detrick, cerca de Maryland.

Al terminar ese programa, siempre según reconoció la portavoz Cono en vídeo promocional, “habían desarrollado siete agentes incapacitantes, incluido el ántrax”.
Sin embargo, el libro del que fuera Relaciones Públicas de las citadas instalaciones, Norman Covert, “La historia de Fort Detrick”, demuestra que las instalaciones de Detrick no eran ni mucho menos humildes. En sus 500 hectáreas de extensión, trabajaban 300 científicos, 250 microbiólogos, 40 de ellos, catedráticos, y 150 especialistas como matemáticos o patólogos, así como 1000 personal especializado. Anualmente, usaba 900.000 ratas, 50.000 conejillos de indias, 2500 conejos y 4.000 monos, al margen de numerosos caballos y ganadería.
Secretos de un lado y otro
Hoy sabemos que las investigaciones sobre armas biológicas de ambos bloques fueron “algo más que en paralelo”. En realidad, los secretos fluyeron a través de agentes dobles tan importantes como el banquero Lord Rothschild, perteneciente al famoso grupo “Los cinco de Cambridge”. La razón es que ambos bloques estaban gobernados por los mismos poderes, que así alimentaban la falsa carrera armamentística, y el telón de acero solo era un telón… de teatro para incautos.

El informe Iron Mountain(Montaña de acero) de 1963 sobre los peligros potenciales para el mundo de finales del siglo XX, encargado a la Corporación Rand, aludía especialmente a la superpoblación: “Para mantener la paz en el interludio hacia el nuevo milenio, es preciso manejar el incremento de la población mundial”. Hombres como David Rockefeller y Henry Kisinger consideraron “la guerra como necesaria para el progreso económico, político y social… La guerra es imprescindible para la supervivencia del sistema tal y como lo conocemos hoy”. Pero la guerra como arma de despoblación tenía que ser mejorada con otros agentes. En el citado y polémico informe se lee: “Una alternativa viable para la guerra podría ser la generación de una amenaza externa de suficiente magnitud para que la ciudadanía demande una reorganización y la aceptación de una autoridad política”. En otras palabras, se buscaba una alternativa para sabotear a las sociedades sin destrozar infraestructuras.
Entre las propuestas realizadas por el grupo de intelectuales y expertos reunidos, las siguientes: “Alternativas a la guerra pueden ser la generación de enemigos ficticios (terrorismo) ”. Asimismo, recomendaron “la destrucción ecológica” y de la genética humana y “un comprensible plan eugenésico” (selección de la raza) través de un “medioambiente destructivo”. Se dice que hombres como Werner Von Braun participaron en este panel de expertos compuesto, con seguridad, de muchos médicos y biólogos cuyas tremendas consecuencias pueden interpretar los lectores de esta revista a la luz de las informaciones publicadas a lo largo de estos años.
De acuerdo a memorandos secretos descubiertos por Leonard Horowitz, el programa especial de virus del cáncer, data de 1962. Por aquella época, ya se habían creado, entre una larguísima lista, los virus de la leucemia, linfoma, herpes, gripe, mononucleosis, Kuru (prion), tumor de mama, meningitis…
Los sujetos de experimentación procedieron de diferentes ambientes pero, en un principio, cogieron lo que tenían más a mano: los propios militares. Una investigación del Congreso reveló que las esposas de militares norteamericanos de tierra recibieron dosis de vitaminas que en realidad contenían uranio 239 y plutonio 241 altamente radiactivo con el resultado de abortos y muertes de las madres. Según esas mismas investigaciones, entre 1910 y 2000 se llevaron a cabo 20.000 experimentos entre la gente de Estados Unidos. Por ejemplo, se realizaron experimentos con radiación de uranio y plutonio en hospitales con el consentimiento de las “agencias de salud” del gobierno USA. En 1968, el Pentágono probó un arma biológica mortal en el metro de Nueva York colocando, al mismo tiempo, personal en los hospitales para monitorizar sus resultados.
Solo en 1972 se supo que 400 hombres negros fueron infectados de una bacteria de la sífilis durante varias décadas, en un experimento conducido por el Servicio Público de Salud conocido como el “Tasquidee experiment”. Tiempo después, algunos de los supervivientes fueron indemnizados por el propio Estado. La razón de que se fijaran en este colectivo es que se le veía como un potencial enemigo, debido a la lucha por su liberación capitaneada por Malcom X y Martin Luther King. Israel también efectuó sus propios experimentos en este campo.
Armas genéticas
El plan de depoblación de la Tierra ya estaba en marcha a comienzos de los años 70. Concretamente, el Memorando de Seguridad Nacional 200, de 10 diciembre 1974, llamaba a “la depoblación del Tercer mundo”, por encargo del “Grupo de armas nucleares”, presidido por Henry Kisinger, asesor de seguridad nacional durante el gobierno Nixon. Algunos de sus párrafos decían así: “Hay un gran riesgo para el sistema económico, ecológico y político según el sistema comience a fallar, y para nuestros valores humanitarios”…. “Los habitantes de las ciudades pueden, aunque no lo parezca al principio, constituirse en una fuerza violenta que ponga en riesgo la estabilidad política. En relaciones internacionales, los factores poblaciones son cruciales y a veces determinan los conflictos violentos de las áreas en desarrollo. No hay una estrategia única sino que, al mismo tiempo, existen diferentes opciones que deben ser sopesadas para países y poblaciones diferentes”. Según Horowitz, no hay duda: estas agendas eugenésicas llevaron a la creación de los retrovirus, entre ellos, el ébola y el sida, incapacitadores del sistema inmunológico.
Robert Gallo y el origen del sida
En 1997, en la conferencia sobre el sida celebrada en Vancouver, Canadá, el doctor Horowitz asaltó a preguntas a Gallo sobre si sus experimentos habían dado lugar al virus del sida, a través de unos monos que la empresa Litton Bionetics había llevado a Nueva York para crear vacunas para la hepatitis B. Gallo se removió de la silla incómodo por las acosadoras preguntas que se pueden ver en vídeo en youtube escribiendo “Gallo, AIDS, Horowitz”. Esgrimiendo unas publicaciones científicas de la época (National Academy of Scientist) de 1970, el propio Horowiz encaró a Gallo recriminándole haber mezclado los virus de la leucemia, linfoma y sarcoma, de diferentes cepas de animales, para crear el VIH, quince años antes de que fuera detectado por el departamento de salud americano. La respuesta de Gallo fue: “el virus del sida no pudo ser creado artificialmente a menos que se fuera un genio. Existía antes de que fuera “aislado”. El doctor Leonard Horowitz tiene pruebas de que el virus SV40, componente del VIH, llegó en 1978 en la vacuna contra la hepatitis B que fue inyectada a la población que practicaba la homosexualidad. Jonathan Man, director de asuntos del Sida de la OMS dijo, tras escuchar las preguntas de Horowitz que “más que un asunto médico, el sida es una imposición sociológico y político”.
En el vídeo “In lies we trust”, se puede escuchar a Maurice Hilleman, jefe de la división de vacunas de Merck, explicando cómo trajeron a los monos de Africa contaminados con SV40 que llegarían a Nueva York vía Madrid y que, según Horowitz, introducirían el virus del Sida. El SV40 también fue introducido en la vacuna de la polio durante los años 60.
Así suprimieron la medicina natural
Por encargo de las Fundación Rockefeller de la que su hermano Simon era “director para la investigación médica” y de la Fundación Carnegie, el doctor judío Abraham Flexner publicó un informe en 1910 titulado “Educación médica en Estados Unidos y Canadá”. En el citado informe, el propio Flexner dio el monopolio de la salud a las compañías farmacéuticas, eliminando a la medicina natural, homeopatía, masaje, etc. Ese es el verdadero origen de la situación que se vive actualmente en la que las compañías farmacéuticas (aliadas de los eugenistas) detentan el monopolio de la “salud”. (Y me perdonan el chiste negro).
Fuente:
La guerra contra el ciudadano
Por Rafael Palacios
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