El terror se puede manifestar de muchísimas formas diferentes. Buena muestra de ello es la cantidad de películas, historias y juegos de este género que están disponibles en el mercado. Pero hay ciertas manifestaciones que dan mucho más miedo que las demás. El mito internetero de Zalgo está, con diferencia, entre las leyendas más perturbadoras debido a que no tiene forma. Para la psique humana no hay peor enemigo que algo que no podemos ver o identificar de manera concreta. Este es uno de los principios por el que la radiactividad, las enfermedades y los gases tóxicos se tienen como las causas de muerte que más espantan. El no saber dónde está la muerte, qué aspecto tiene, ni cuándo va a golpearnos amplifica la sensación de terror que esta produce. El miedo a algo sin forma es, en definitiva, la esencia misma del miedo.
The Zalgo Chronicles
27 de julio 2004 – Newark, Nueva Jersey
Como todas las mañanas, Jon se disponía a darle de comer a su adorado gatito pelirrojo. Agarró el bote de comida, iba a abrirlo, cuándo la mascota saltó sobre la mesa y empezó a mirarle con una cara que nunca Jon había visto antes. Esos ojos inusualmente oscuros eran como las puertas de las tinieblas. Inmediatamente, el animal empezó a hablarle en una lengua extraña. Jamás Jon había escuchado ese idioma. No sabía el por qué, pero estaba seguro de una cosa. Esa voz, que retumbaba en su mente como si viniera de una dimensión infinita, no era de este mundo.
Lo único que pudo entender de todo aquello fueron dos palabras: “Él viene”. No le dio tiempo a pensar: sintio cómo su cara se desfiguraba con un dolor lancinante. Los ojos se le desplazaban hacia los lados de la cabeza; los dientes se le agrandaban, hasta convertirse en colmillos destilando babas, mientras de su frente se extendía algo parecido a un tentáculo de carne.
Guiado por una voluntad ajena a la suya, Jon olió la sangre de una criatura inocente, y se dirigió al dormitorio, dónde su hija descansaba tranquila.
2 de diciembre 2008 – Los Angeles, California
Era la una de la noche, Paul y Sarah estaban a punto de dormirse. El día siguiente iban a tener una larga jornada de trabajo, y de hecho Sarah ya estaba dormida. Su marido, ya en cama, esperaba que le entrara sueño jugando un rato con la consola. De repente, Sarah se estremeció y despertó de golpe. Un terror innatural la sobrecogió y dirigió su mirada hacia Paul. Una voz helada salió de los labios del hombre:
- ¡Hija de puta! Es la tercer vez que me golpeas mientras duermes. Me has hecho perder la partida. Estoy harto ya. Te dejaré a mi Shoggoth.
Sarah vio un resplandor negro en los ojos de su marido, al tiempo que la cama parecía cobrar vida debajo de su cuerpo. Lo último que se oyó de ella fue un grito de terror, antes de ser engullida por una amorfa masa oscura.
21 de marzo 2009 – Filadelfia, Pensilvania
Nancy y Archie iban a visitar a su tía. Los dos niños charlaban tranquilamente mientras recorrían la avenida arbolada. Según el testimonio de un transeúnte, y sin ningún motivo aparente, la jovencita hizo una afirmación muy extraña:
- Cristo!, odio sacar a pasear los zurullos de la tía Fritzi.
La respuesta de su hermano no fue menos perturbadora:
- Aún puedo oler el coño de mi mamá en mi puño.
Lo siguiente que se vio fueron una maraña de tentáculos carnosos que sobresalían de las caras de los niños. Finalmente las dos personitas pronunciaron un nombre desconocido, casi una invocación: ¡Zalgo!
La mañana siguiente, cuando la policía irrumpió en la casa de la tía de Archie y Nancy, encontró el cuerpo de la anciana desmembrado y parcialmente devorado. En la cocina, los chiquillos estaban acurrucados en un rincón; las caras embarradas de sangre, los ojos sin rastro de humanidad, llenos de nada absoluta. De sus bocas, que masticaban bocados de carne humana, salían frases inconexas: “Él espera detrás de la pared delgada que ha construído en su alma para liberarse de él... Él espera... pero ha de venir... y cantará la canción que va a terminar con el mundo”.
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