Artífices de la gloria- Peñarol, campeón 1961.
Consiguió 30 puntos sobre 36 posibles, lo que significó un 83,33 por ciento de efectividad.
Un rendimiento importante, que luego sería mejorado por el campeón de 1962, con el 91,66
por ciento. Espectacular.
Hubo aspectos que fueron fundamentales, como los aciertos en la conducción y en la elección de futbolistas, sobre todo los llegados del exterior, como Spencer y Linnazza. Recuerdo que Linazza, por ejemplo tuvo un gran rendimiento pese a no ser un excelente jugador. También estaban surgiendo jóvenes notables como Rocha. Había tantos futbolistas, y tan buenos, que muchas veces jugábamos en la reserva porque no teníamos lugar. Hubo gente que fue fundamental, como Tito Goncálves. Su poderío dentro y fuera de la cancha era impresionante".
Cubilla se mete en el recuerdo y enriquece su relato: "También recuerdo la primera vez que vi a Spencer. Estaba en las Acacias: recién llegado, extrañaba mucho tenía frío y le llamaba la atención esa manera de jugar tan dura que tenemos en el Uruguay. El Tito lo recibió, le cubrió la espalda con una frazada y lo hizo sentirse mejor. El técnico Scarone también tuvo incidencia. Le dió personalidad a los que la necesitaban y frenó a los que tenían demasiada".
"Cuando Spencer vino a Peñarol -recuerda Tito Goncalves-, cobraba y no se defendía. Hasta que un día lo agarré y le dije: `Mirá Alberto, tenés que acerte acreedor a una falta, que te expulsen una vez, para que todos los defensores uruguayos se enteren de la noticia que vos también metés de vez en cuando!´.Ese domingo jugábamos con Fénix y la ligó un indio de pelo duro que jugaba para ellos, Gómez Lugo. A los quince minutos, Alberto andaba por el suelo, a los golpes. Entonces le pedí a Lito Silva que le tirara una pelota larga para dividir, y a Spencer se le fué la mano: metió un planchazo y le rompió ligamentos rodilla. Yo no le había pedido tanto, porque una cosa es meter y otra lesionar. Pero desde ese día lo trataron distinto".
"Una de las cosas que más recuerdo -dice Cubilla- es la final del tercer año contra cerro. El estadio estaba lleno. Incluso hubo avalanchas. Ellos tenían un gran equipo y un excelente jugador como Miguel de Britos: hábil, maniobrero. Pero la marca recia de Tito Goncalves sobre él fue fundamental para que ganáramos el partido. Cierro los ojos y aún hoy veo las motos de la policía que nos acompañaron de vuelta a Los Aromos, haciendo sonar las sirenas".
La mística Ganadora- El plantel aurinegro almuerza en la concentración, verdadera fortaleza donde se templaba el espíritu de los peñarolenses. El arquero Luis Maidana y Tito Goncalves fueron los únicos jugadores que integraron los cinco planteles de Quinquenio.
El técnico de ese equipo fue Roberto Scarone. Scarone había sido marcador lateral derecho de Peñarol de la década del 40 y fue contratado como técnico una vez concluído -pero no definido- el Torneo Uruguayo de 1959, después que cumpliera una exitosa campaña como entrenador en Perú. Bajo su conducción, los aurinegros ganaron la final del 59 -jugada en marzo del 60- y obtuvieron luego, los títulos de las dos temporadas posteriores: 1960 y 1961.
En 1961, la batalla por la continua superación siguió su marcha: 30 puntos sobre 36 (83,33 por ciento de efectividad) para dar la cuarta vuelta olímpica consecutiva en el ámbito local.
Goleada histórica- El 12 de octubre de 1962, Peñarol goleó a Nacional 4-1. Pepe Sacía hizo tres tantos.
La foto muestra uno de ellos, con un cabezazo que superó el vuelo de Sosa.
Peñarol seguía dominando y cosechando títulos. De ese equipo, Alberto Spencer -el histórico ecuatoriano- recuerda: "Cuando llegué a Uruguay se estaba por jugar la final de 1959, que terminó siendo en los primeros meses de 1960. Ese fue mi debut oficial, en un clásico a estadio lleno. Me impresionó mucho porque en mi país nunca había visto una fiesta así. Aquello fue el despegue porque al año siguiente -1961-, ya vinieron el Pepe Sacía y el peruano Juan Joya.
Entonces, no solo salimos campeones uruguayos de nuevo sino que también de América y del Mundo".
El equipo base de estos años (incluyendo 1962) fue: Maidana; William Martínez y Cano; Santiago Pino (Edgardo González), Néstor Goncalves y Gonzalvo (Aguerre); Cubilla, Ledesma (Linazza, Rocha), Hohberg (Sasía, Cabrera), Spencer y Borges (Joya).
La curva de triunfos seguía en escala ascendente. Y alcanzó su punto más alto en 1962. El equipo que obtuvo el torneo uruguayo de ese año fue el de mayor efectividad: 91,66 por ciento, ya que logró 33 de 36 puntos posibles, tras una campaña en la que ganó 16 partidos, empató uno y perdió uno.
En toda esta catarata de éxitos, apareció una figura desconocida para el medio uruguayo. Bela Guttman había sido el técnico húngaro que sacó campeón de Europa al Benfica portugués en 1961. En 1962 desembarcó en tierras sudamericanas, ya que lo contrató Peñarol, en el marco de una política innovadora. Pero solamente estuvo al frente del plantel durante la mitad de la temporada. Fundamentalmente, porque la diferente idiosincracia le habría impedido establecer una comunicación más fluida con los futbolistas de mayor nombre. Tal vez eso determinó que Peñarol no lograra los mismos resultados de años anteriores -léase copa libertadores, ganada por el Santos de Pelé-, igual, su paso dejó frutos, como la base del elenco que ganó el torneo de 1962.
El fugaz pasó del húngaro le habrió la puerta a Juan Pelegrín Anselmo, un crack de Peñarol en la década del 20. Una gloria. Apareció como sucesor de Bela Guttman luego de dirigir a Fénix en una campaña exitosa, tal vez de la misma forma en la que luego surgiría Roque Máspoli en varias ocasiones: era de la casa. Era propio.
Con ese sello, desde afuera de la cancha, "acompañó" la obra que culminaron los grandes jugadores aurinegros de entonces.
Edgardo Gonzáles fue uno de los pilares del Peñarol del 62.
"Llegué al club en el 61 -recordó. Esos dos últimos campeonatos de aquel Quinquenio se ganaron bien, siempre estábamos arriba. Para mí, que venía de Liverpool, fue una locura. Además yo era hincha. En mi primer año en Peñarol, toqué el cielo con las manos: fuimos campeones uruguayos, de América y del Mundo, y después lo remachamos con el Quinquenio. Cuando lo ganamos, la gente salió enloquecida a festejar por la 18 de Julio. Nosotros hicimos un festejo interno, íntimo, porque volvimos a la concentración de Los Aromos y no dejaron libres al otro día. En aquellos momentos era muy común ya que se jugaban muchos partidos y estábamos siempre concentrados. Además, aún recuerdo lo que era estar dentro de la cancha y mirar para las tribunas..."
El orígen del Proceso
Todo se remonta al 18 de enero de 1958, fecha en la que según disponen los estatutos del club, se debían llevar a cabo las elecciones presidenciales. El 31 de ese mes, se procedió a la distribución de cargos electos, para cuyos primeros puestos figuraban el contador Gastón Güelfi, Washington Cataldi y Fernando Parrabere, quienes encabezaban la lista 1.
Washington Cataldi relató su llegada a Peñarol de esta manera: "íbamos desde muy jóvenes a ver a Peñarol. En una racha mala mirasol, un grupo de gente nos invitó a que trabajáramos por el club. Trabajamos ya en 1956 en divisiones inferiores.
Después, dejamos porque nos llevaba mucho tiempo y no estábamos satisfechos con nuestra propia labor... La ciudad vieja nos llevó después a delegar a River Plate en la Divisional "B" (sin entrar en colisión con Peñarol claro) y, más tarde, sí: en una mala racha, yo salí a confeccionar una lista.
Los duendes del gol- La línea ofensiva de Peñarol al principio de los años 60: Abbadie, Sacía, Moacír (?), Spencer y Joya. Fueron el símbolo del desequilibrio ante las rudas defensas de aquella época.
Otra vuelta más- Peñarol campeón del certámen de 1959.
Arriba: Maidana, Aguerre, Pino, Goncalves, Martínez, Salvador.
Abajo: Cubilla, Linazza, Hohberg, Spencer y Borges.
Busqué al contador Güelfi y a Parrabere para hacerla, y ganamos las elecciones. Eso fue en el 58, y estuvimos en Peñarol continuamente... 28 años! Es un buen mandado: he cumplido con la institución de mis amores, y tuve la felicidad de contribuir a hacer algunas cosas y vivir momentos muy importantes en Peñarol".
Lo que pocos sabrían y se imaginaban fue que ese comando estaría destinado a revolucionar el fútbol del continente a través de una acción pujante, inteligente, inclaudicable, plena de ideas y realizaciones de nivel como jamás había conocido el medio, habida cuenta del volúmen que adquirirían sus espectaculares iniciativas.
La etapa que culminaría en el 62 tiene hondas raíces, como todos los procesos que realmente importan.
Así como el memorable "Peñarol del 49" tiene una larga foja, también los espectaculares triunfos de los 60 comienzan mucho antes.
En el aspecto directivo, fue vital el funcionamiento del trio Güelfi-Parrabere-Cataldi para el consolidamiento deportivo en todas las fases del club.
Se trató de un ciclo distinto al del 49, ya que en este aparecieron el proyecto del palacio Peñarol y la compra de la concentración de Los Aromos. En este proceso, el énfasis estuvo puesto en la cancha y en la mesa dirigente, entre las rayas de cal y entre las paredes de los despachos. El club se movió con soltura, con metas fijas y consiguió los mayores títulos y los mejores triunfos políticos.
Por un lado, se creó un gran equipo, de alto nivel competitivo, capáz de dar respuesta al desafío que entrañaba responder al planteo que el consejo directivo tenía entre ceja y ceja: proyectar al fútbol a una dimensión desconocida., dar un vuelto total a lo ya visto.
Pero esos planteos teóricos de nada servirían si no se tenía un equipo capaz de estar a la altura de esa responsabilidad.
Por primera vez en la historia de Uruguay aparecía un movimiento directriz que se ponía delante del equipo que lo guiaba y lo obligaba a seguirle los pasos, marcándole los rumbos. Todo un acontecimiento y una novedad para ese entonces.
Hasta el momento, las cosas marchaban a la inversa. Primero, aparecía un equipo que se armaba según las mil iniciativas que conducen a esto. Y después con el éxito en la mano, con los títulos en el bolsillo, recién se comenzaba a pensar cómo sacarle partido a ese capital deportivo.
Ese fue uno de los méritos incuestionables del periodo de 1958 que marcan Güelfi, Parrabere y Cataldi: proyectar nuevas fronteras para el fútbol, teniendo como capital a la inteligencia, la claridad de metas y la obsesión por el trabajo.
Si bien fue presidente de Peñarol más adelante en el tiempo, tras la muerte de Gsatón Güelfi, sería injusto referirse a la conducción institucional del club, en la época del primer Quinquenio sin mencionar la incidencia que tuvo la gestión de Washington Cataldi en la faz dirigente. El entonces delegado del club ante la Asociación Uruguaya de Fútbol, por ejemplo, fue el artífice de la acción política que permitió la habilitación de Carlos Abel Linazza y Alberto Spencer para que jugaran en marzo de 1960 la final del campeonato uruguayo de 1959, pese a que habían arribado a Peñarol con el comienzo de la década.
Este proceso tuvo sus picos de gloria más altos en los años 60 con las participaciones a nivel continental y mundial.
Que personaje!- Elío Montaño, el inefable.
Un gran jugador que, además solía relatar
los partidos al mismo tiempo que jugaba...
No eran tiempos de globalización, ni nada que se le pareciera. La integración de los países no resultaba una cuestión de Estado para ningún mandatario. Sin embargo, el fútbol iba a ser el precursor.
Y el puntapié inicial lo daba nada menos que la famosa Copa Libertadores de América. "La idea la trajo el presidente de la CSF, el brasileño de Freitas -señaló alguna vez Washington Cataldi-. Y encontró rápido eco en el Uruguay. Peñarol fue pionero en la Copa. Pusimos enseguida todo nuestro empeño, todo nuestro empeño, todo nuestro afán por concretarla. Creímos en ella. Nos jugamos a muerte, sin desvelos, ni conseciones. Y sin pensar en fracasos. Estuvimos seguros desde el principio que era el gran certámen que el continente necesitaba. Vencimos la abuña y el descreimiento de mucha gente".
En el congreso de Santiago de Chile de 1959, Fermín Sorhueta (presidente de la AUF) y Washington Cataldi representaron a Uruguay y sentaron las bases del nuevo torneo. A principios de 1960, se concretó la reglamentación.
Las bases eran bien específicas desde el arranque: "Deportivamente se llenará una necesidad evidenciada por la relación en Europa, desde hace muchos años, de un certámen de características similares -dijo entonces Cataldi-. El enfrentamiento posterior con el campeón europeo será una nota de repercusión mundial. Al margen de los resultados económicos que arroje el torneo en sí, la obtención del título de Campeón de América ha de mejorar la cotización internacional del equipo que lo logre".
Hombre gol- Pedro Virgilio Rocha fue trascendental
en el despegue internacional de Peñarol.
El 19 de abril de 1960 el estadio centenario fue el escenario del debut aurinegro en la copa Libertadores de América. El rival fue Jorge Wilsterman, campeón de Bolivia, por el sistema de partido y revancha como local y visitante respectivamente. Participaron sólo siete equipos: Peñarol, San Lorenzo, Bahia (Basil), Millonarios de Bogotá, Olimpia, Universidad de Chile y Jorge Wilsterman. En su debut, Peñarol apabulló a los bolivianos de una manera contundente, jugando siempre a voluntad. Ese día frmó con: Maidana, William Martínez y Salvador, Pino Goncalves y Aguerre, Cubilla, Linnaza, Hohberg, Spencer y Borges. Spencer hizo cuatro goles, Borges dos y Cubilla, el restante.
La revancha se disputó el 30 de abril, en La Paz. Peñarol pasó a la siguiente fase después de empatar en un sólo gol (Cubilla), jugando contra el crecimiento de su rival (ambientado por el entorno) y la famosa altura boliviana.
El rival siguiente fue San Lorenzo de Almagro, que había eliminado al Bahía, campeón brasileño. El primer partido fue el 18 de mayo en el Centenari. Hubo una gran asistencia de público. Peñarol no pudo doblegar a la azulgranas: 1 a 1 con goles de Linazza y Boggio. El 24 de mayo se jugó la revancha en Parque Patricios. San Lorenzo era el favorito. Pero Peñarol, con juego astuto y conservador, logró mantener cerrado el marcador los 90 minutos, forzando un tercer partido. Ese día, Cubilla y Reinoso fueron expulsados y quedaron inhabilitados para participar del siguiente, que se jugó en el Centenario. Ganó Peñarol 2 a 1 (Spencer (2) y Sanfilippo).
Peñarol pasó así a la final. El adversario que esperaba era Olimpia de Paraguay, verdugo de Millonarios de Bogotá en la semifinal.
La primera vez
La primera final se jugó el 12 de junio, en el Centenario, con arbitraje del chileno Carlos Robles. Ese día Peñarol alineó a Maidana, William Martínez y Salvador, Pino, Matosas y Aguerre, Cubilla, Linazza, Spencer, Crescio y Borges
Muy cerca- El equipo de Peñarol que enfrentó a Real en la final de 1960.
Arriba: Aguerre, Maidana, Pino, Goncalves, Martinez y Salvador.
Abajo: Cubillas, Hohberg, Linazza, Spencer y Borges.
Olimpia formó con Arias; Juan Lezcano, Rojas; Arévalo, Claudio Lezcano y Osorio; Rodriguez, Recalde, Doldán, Cabral y Melgarejo.
El único gol del partido lo anotó Spencer. Poco hizo el campeón guaraní: nervioso, violento rozando la mala intención. Luego de un comienzo defensivo flojo, Peñarol pasó a ser dominador neto, pese a la escasa diferencia en el marcador.
El 19 de Junio se jugó el partido de vuelta. En Asunción, en el estadio de Puerto Sajonia, los uruguayos sacaron un empate angustioso, con un gol de Cubilla cuando faltaban siete minutos para el final. Al día
siguiente, hubo un cálido recibimiento, con clima de festejo y euforia, en el aeropuerto de Carrasco.
Ese mismo día, Sorhueta y Cataldi viajaron a Europa a gestionar el partido por la Copa Intercontinental. Después de negociar en la sede de la UEFA (en Berna, Suiza) con el representante del Real Madrid (Raimundo Saporta), el 3 de Julio se jugó el primer partido del certámen. En el Centenario, el Madrid de Di Stéfano -dueño absoluto de Europa desde hacía 5 años- hacía su aparición: Rogelio Domínguez; Santamaría y Zárraga; Marquitos, Vidal y Pachín; Canario, Del Sol, Di Stéfano, Puskas y Bueno.
Durante toda la tarde la lluvia cayó sobre las 80 mil personas que estaban en el estadio. Hubo recaudación récord en el fútbol uruguayo: $ 891.943. El resultado fue 0 a 0.
Dos meses después, Peñarol viajó a Europa para jugar la revancha.
En un partido nocturno -para el que desde hacía semanas ya no había más entradas-, el Santiago Bernabeu lo recibió el 4 de setiembre. Los locales -a diferencia del partido en Uruguay- incluyeron a Francisco Gento. El resultado final fue 5 a 1 (Puskas -2-, Herrera, Di Stéfano y Gento; Spencer para Peñarol).
El fútbol espectáculo
Para la temporada de 1961, los dirigentes de Peñarol dieron rienda suelta a lo que se llamó "fútbol espectáculo". El optimismo de Güelfi y Cataldi era manifiesto: "Vamos a ser campeones de América y a ganar la copa con los europeos. Peñarol será campeón del mundo".
El 21 de enero fueron reelectos en sus cargos. Y después, llegaron las contrataciones: José Sacía, de Boca, y el peruano Juan Joya, de River. A ellos, les siguió Juan Vicente Lezcano, zaguero de Olimpia y la selección paraguaya. En el orden nacional, se contrató a Edgardo González (Liverpool) y Rótulo (Central), como marcadores de punta.
La nueva versión de la Copa Libertadores había traído un nuevo rival: Universitario de Lima. El 19 de abril, Peñarol goleó 5 a 0 y se aseguró el pasaje a la siguiente ronda por la abrumadora diferencia de goles, pese a perder 2 a 0 en Lima. En la semifinal, ya le tocaba el turno de espera a Olimpia. El primer partido (21 de mayo) fue en el Centenario y ganó Peñarol 3 a 1. El clima fue áspero. Y los paraguayos, muy temperamentales, vehementes y descontrolados, terminaron furiosos con el árbitro, el argentino Carlos Nal Foino. La prensa paraguaya fustigó la actuación del juez y la actuación de Sacía, condenada por sus brusquedades. Así, crearon un clima de gran revancha, con un fanatismo imponente.
La batalla de las naranjas
En Asunción había un clima irrespirable, de "vendetta". Sacía fue el principal objetivo de los naranjazos que partieron continuamente desde los cuatro costados. Sin embargo, Pepe se convirtió en el eje conductor de su equipo, que ganó 2 a 1. Pero la salida tuvo que prolongarse por varios minutos, ante la lluvia de proyectiles que caía de las tribunas.
Uno de ellos dió en la cabeza de Gastón Güelfi, presidente de Peñarol, que debió salir del campo con una gran venda en la frente y perdiendo abundante sangre.
Peñarol estaba otra vez en la final de América, El rival era el Palmeiras de Brasil, que contaba con varios campeones mundiales. El primer partido fue en Montevideo (4 de junio), y los brasileños, entre otros, alinearon a Djalma Santos, Chinezinho y Julinho. La visita mantuvo el cero hasta el último minuto del partido. Pero una corajeada de Cubilla -peleó una pelota imposible- y la infalibilidad de Spencer hicieron que los dos primeros puntos quedaran en casa.
El campeón del Brasil aguardaba la revancha en el estadio Pacaembú. De Montevideo, Peñarol partió en un clima de confianza y tranquilidad inusitadas. El 11 de junio, el mirasol retuvo su título.
El "Equipo espectáculo lo integraron: Maidana; Martínez, Cano; Goncalves, Matosas, Aguerre; Cubilla, Ledesma, Spencer, Sacía y Joya. A los 4 minutos un remate de Sacía entró junto al travesaño y perforó la red en la parte superior. El juez (el argentino Praddaude) no dudó en conceder el gol, ante las protestas vehementes del público y los jugadores locales. A partir del gol, los uruguayos se refugiaron y escalonaron hombres, mandando a Ledesma a trabajar atrás, en decidida colaboración con su defensa.
Palmeiras llegó al empate. Pero no alcanzó. Peñarol se consagró una vez más, en un clima violento como el que imperaba en el Pacaembú.
De inmediato, se iniciaron los contactos con el nuevo campeón europeo. Era un club casi desconocido para la afición sudamericana: Benfica de Lisboa, que destronó al Real Madrid después de cinco años de supremacía en el Viejo Mundo.
El caudillo.-
Néstor "Tito" Goncalves, pieza clave y símbolo de los equipos que catapultaron a Peñarol a nivel mundial.
Viajaron Cataldi y Parrabere con dos objetivos adicionales: oficializar la Copa América-Europa y conseguir una nueva plaza en la Copa Carranza, que se disputaba en Cádiz.
La misión fue un éxito rotundo, ya que se logró la admisión en el trofeo y la promesa de la FIFA de una futura oficialización del torneo Intercontinental.
La cita fue el 4 de setiembre en el estadio Da Luz de Lisboa. Un gol del internacional Coluna selló la derrota aurinegra. Previamente Peñarol había llegado a la final del trofeo Carranza, en la que había por 2 a 1 ante Barcelona, después de vencer al Atlético de Madrid. De todos modos, la vuelta a Montevideo fue en un clima de confianza y optimismo, ya que viajaron con la sensación de que se pudo obtener un mejor resultado.
El 17 de septiembre goleó 5 a 0 en el Centenario. Dos de Spencer, dos de Joya y uno de Sacía hicieron que se tuviera que jugar un tercer partido. Dos días después, en la noche del 19 de septiembre, Maidana, William Martínez, Cano, Gonzáles, Goncalves, Aguerre, Cubilla, Ledesma, Sacía, Spencer y Joya salieron a la cancha. Benfica tenía un as en la manga y se jugó con cambios que le cambiaron la cara a su equipo.
En ese momento se produjo una presentación de lujo, un delantero joven y moreno de Mozambique: Eusebio.
Dos tantos de Sacía le dieron la victoria a Peñarol. Eusebio hizo el único gol del Benfica. Por primera vez, Montevideo festejó eufóricamente el título de campeón mundial de clubes. Como muestra de la resonancia que tuvo el triunfo, en 1962 Peñarol salió de gira por Europa para estrenar el flamante título. "Tenemos que imitar al Real Madrid dentro de nuestras posibilidades -sostuvo Cataldi- Debemos seguir nuestra actividad de acuerdo al molde madrilista".
Mundial- Peñarol Campeón Intercontinental 1961.
Le ganó al Benfica.
En enero de 1962, la CSF modificó el reglamento de la Copa Libertadores. Entre las modificaciones, estableció que el campeón entrara a jugar directamente en semifinales, sin participar de la serie eliminatoria. Otra indicaba que el subcampeón del país al que perteneciera el dueño de América también quedaría habilitado para participar del certámen. En ese año, Peñarol contrató a Moacyr Claudino Pinto, brasileño campeón mundial en 1958, y al delantero central Olimpia, Cabral, que gozaba fama de goleador. Pero la incorporación más resonante fue la del húngaro Bela Guttman, entrenador del Benfica . El 8 de julio debutó en la Copa, jugando en semifinales ante Nacional. Hubo tres partidos. El primero fue 2-1 para Nacional (Escalada y Gonzáles; Moacyr). El segundo 3-1 para Peñarol (Spencer -2-, Cabrera; Douskas). Finalmente, el 22 de julio empataron 1 a 1 (Spencer; Acosta), después de un alargue a los 90 minutos de juego. Como Peñarol tenía mejor diferencia de goles, pasó a la final.
Los partidos decisivos se jugaron ante el Santos de Pelé. El 28 de julio, los brasileños ganaron en el Centenario, con dos goles de Coutinho. Spencer descontó para Peñarol.
Para la revancha, en Villa Belmiro, Peñarol no tenía chances: los brasileños iban a jugar en un campo de reducidas dimensiones, con tribunas pequeñas, y con el público "metido" en el terreno de juego, con ansias enormes de obtener el título, al que se llegaría con un sólo empate.
Ya los dirigentes de Peñarol habían expresado su preocupación por la falta de garantías que presentaba el campo de juego fijado por la Confederación Brasileña de Deportes para una final de América. El manya sorprendió a todos con una actuación sensacional. Ganaba 3 a 2 (Spencer -2-, Sacía; Dorval y Mengalvio), cuando comenzaron a caer proyectiles sobre el terreno de juego. Uno golpeó en la cabeza al juez Robles. Posteriormente , una piedra impactó al zaguero de Peñarol, Lezcano, y uno de los líneas también acusó lesión por un proyectil.
El juego debió suspenderse por una hora y treinta y cinco minutos, tiempo en el que el juez y los equipos permanecieron en los vestuarios. Mientras, los dirigentes negociaban y el enfervorizado público seguía a la espera de los acontecimientos. Robles decidió volver a la cancha y dirigir los minutos que faltaban en forma "amistosa" (así lo hizo constar en su informe).
El 8 de agosto, el juez se expidió: según dejaba claro en su informe, Peñarol había efectivamente, ganado el partido. La CBD se dirigió a la FIFA para reclamar y el Santos no acató la decisión inicial de la CSF de presentarse a jugar un desempate el 17 de agosto en cancha de River. La Comisión Organizadora resolvió que los clubes acordaran los detalles del partido. Pero eso no se logró y nuevamente, tuvo que fijar las condiciones del juego definitorio.
Casi... El team mirasol que perdió la final de la Copa ante independiente
Hazaña-Peñarol acaba de derrotar a River y es campeón de América.
Cruzando el Charco
El 30 de agosto, más de diez mil uruguayos cruzaron el Rio de la Plata para alentar a Peñarol. Los brasileños jugaron bajo protesta, pero vencieron 3 a 1 y la Copa Libertadores, por primera vez, cambió de manos.
En 1963, Peñarol quedó afuera en semifinales, después de caer ante el Boca Juniors de Valentim y Sanfilippo. Y en 1964, no participó porque -por entonces- los subcampeones no jugaban el torneo y el título uruguayo quedó en manos de Nacional.
El proyecto de Washington Cataldi de incluir a los vicecampeones en la disputa de la Libertadores recién fue tratado en el congreso de la CSF de diciembre de 1964. Las gestiones fueron fructíferas. La modificación no salió para la edición de 1965. Pero sí para la de 1966.
El año 1965 arracó para Peñarol con un nuevo triunfo político. Campeón del torneo uruguayo, Julio César Abbadie fue habilitado por la CSF para participar del continental. Abbadie estaba suspendido por su expulsión en 1963 ante Boca. Peñarol argumentó que, al no haber participado de la edición de 1964, el jugador había purgado la pena (un partido). Y la tesis fue compartida por las autoridades.
Por esas fechas, se incorporaba también -después de pagar 500 mil pesos a Racing de Montevideo- un arquero de apenas 19 años de edad: Ladislao Mazurkiewicz.
En el comienzo de la Copa , el Deportivo Galicia le arrancó un punto en Caracas. Además del resultado (empataron en uno), se fueron expulsados Lezcano y Pedro Rocha. El primero quedó inhabilitado para el resto del torneo. El segundo, suspendido por una fecha .
Al día siguiente, Cataldi viajó a Buenos Aires -a la sede de la CSF- para denunciar que el jugador uruguayo Roberto Leopardi no estaba habilitado para actuar en el Deportivo Galicia. Comprobado esto, la CSF falló a favor de Peñarol. Entonces recuperó el punto dejado en Caracas.
La revancha fue el 1o. de marzo, en Montevideo: 2-0 (Joya y Abbadie). Pero también hubo un saldo negativo: en un choque resultó fracturado el lateral Edgardo Gonzáles.
Una semana después, en Puerto Sajonia y bajo 40 grados de un insoportable calor, perdió ante Guaraní de Paraguay por 2-1. En la revancha, ganó Peñarol 2-0 (Sacía y Silva). En semifinal le tocó el turno a el Santos. El 25 de marzo, en el Pacaembú, se jugó un partido cargado de dramatismo o interés. Santos arrasó, marcando 3 goles en los primeros 10 minutos. Pero faltaba media hora cuando el partido estaba 5 a 2 y surgió la garra de Peñarol: se puso 4-5 y metió al Santos bajo los tres palos de Gilmar.
El 28 de marzo, el Santos -con Pelé y compañia- debió claudicar en el Centenario ante el amor propio de los uruguayos. El resultado final 3-2 (Silva -2- y Sacía) y a definir otra vez, en Nuñez.
Un día después de la revancha, el arquero Luis Maidana fue separado del plantel por un problema disciplinario. Y Mazurkievicz tuvo la oportunidad de su vida para un debut absoluto en el plano internacional.
La noche del 1o. de abril, los aurinegros ganaron 2-1 tras un dramático alargue, en el que Sacía definió el juego. El Monumental festejó como si fuera uruguayo.
Figura-Mazurkiewicz llegó a Peñarol con 19 años.
Debutó en el desempate ante el Santos, por La Copa 1965.
Fiesta- Inolvidable. El recibimiento al equipo luego de vencer al Santos por 2-1 en 1965
El turno de Independiente
Por su parte Independiente le había ganado a Boca y fue el otro finalista. Además ostentaba el título del año anterior. Peñarol por diversos motivos, no contaba con medio equipo: Gonzáles, Abbadie, Spencer, Lezcano y Maidana.
El primer partido, con arbitraje del peruano Yamasaki, se jugó en Avellaneda el 9 de abril. Ganó el rojo con gol de Bernao y Peñarol tuvo otra baja: Sacía se fue expulsado y luego se lo suspendió por un partido.
Tres días más tarde, ganó Peñarol 3-1 en el Centenario (Goncálves, Reznik y Rocha). Los dos equipos viajaron a Santiago de Chile, donde el 16 de abril disputaron el partido final.
Ganó Independiente 4-1 (Bernao, Avallay, Mura y C. Pérez en contra; Joya para Peñarol). Rocha erró un penal y Sacía fue otra vez expulsado por agredir a Mori sobre el final del partido.
Poco tiempo después, se desvinculó del club y pasó al fútbol rosarino.
La Copa vuelve a su viejo dueño
La Copa Libertadores de 1966 comenzó mal para Peñarol. Cayó 4-0 ante un juvenil equipo de Nacional. La serie de la Copa se completaba con equipos ecuatorianos y bolivianos. Perdió 1-0 en Cochabamba con el Jorge Wilsterman. El 6 de febrero venció al 9 de Octubre de Ecuador con goles de Rocha y Spencer. Tres días después, un nuevo traspié, esta vez ante el Emelec por el mismo resultado 2-0. Y cuatro días más tarde, Peñarol ganó en La Paz 2-1 ante el Municipal. La serie de triunfos vendría en las revanchas. Comenzó el 2 de marzo en Montevideo: 2-0 al Jorge Wilsterman; 3-1 al Municipal; 2-0 al 9 de Octubre; 4-1 al Emelec y 3-0 a Nacional. En el clásico -jugado el 20 de marzo- anotaron Joya y Rocha en dos oportunidades.
En semifinales, los rivales fueron la Universidad Católica de Chile y, por disposición reglamentaria, Nacional. El 30 de Marzo ganaron los chilenos 1-0 en Santiago: floja actuación y el local, jugando de memoria al offside complicó todo lo previsto por Máspoli.
Por todo esto el nuevo clásico era decisivo para el futuro: el que perdía, quedaba sin chances de clasificar. Rocha convirtió los tres goles del partido. El 19 de abril cayó también la "U" Católica, con tantos de Joya y Rocha. Cuatro días más tarde, Peñarol se clasificó otra vez finalista. De esta manera, obtuvo el derecho después de vencer a Nacional por 1-0, con un gol de Cortés, tras recibir un pase de Silva. Nacional había intentado jugar al achique, pero una desinteligencia permitió que el gol fuera faltando veinte minutos para el final.
El 14 de mayo, en el Centenario Peñarol le ganó a River 2-0 con goles de Abbadie y Joya.
El equipo que ganó la copa de 1966.
Parados: Caetano, Mazurkiewicz, Goncálves, Díaz, Lezcano, Forlán y Máspoli.
Agachados: Abbadie, Rocha, Spencer, Cortés y Joya.
Dueños del planeta.
Peñarol, Campeón Intercontinental de 1966.
Superó al Real con sendas victorias en Madrid y Montevideo
Los argentinos esperaban la revancha en su concentración de Castelar. Peñarol se alojó en el lujoso Hotel Alvear de Buenos Aires. El 18 de mayo, en un clima absolutamente anormal (había cinco mil personas adentro del campo porque al borde se habían instalado tribunas prefabricadas, la policía festejaba como si fueran hinchas millonarios y el plantel mirasol fue hostigado en el hotel), ganó River 3 a 2. Al día siguiente, ambas delegaciones viajaron a Chile, donde se jugó el partido definitivo.
El 20 de mayo, 50 mil chilenos asistieron a la consagración. Ganaba River 2-0, con holgura. Amadeo Carrizo bajó una pelota con el pecho, tras un remate de Spencer. Eso despertó la garra charrúa. En media hora, Spencer y Cortés llegaron al empate. Y en el alargue Spencer y Rocha fueron los máximos responsables de lo que sería una nueva hazaña aurinegra.
En Madrid, esperaba otra vez el Real para jugar la Intercontinental. "De los dos, prefiero a Peñarol. Es más lento", había dicho Miguel Muñoz. técnico del equipo merengue. La primera final se jugó en el Centenario: 2-0 para Peñarol. El Real había hecho una marca pegajosa, tipo básquet, a la que Peñarol respondió con una circulación precisa y eficiente.
La prensa española ya daba por ganada la revancha. Culpaban al mal estado del campo de juego por la derrota inicial y decían que, en el Bernabeu, los merengues lo pasarían por arriba. Incluso, los pasajes a Lausanna para el tercer partido ya estaban sacados y se anunciaban excursiones para los fanáticos madrileños. Además en la vuelta estaba anunciada la presencia del veloz y peligroso puntero merengue Francisco Gento.
Días antes, Máspoli había dicho: "a Gento lo marcaremos en forma escalonada. Abbadie en el arranque, luego Tabaré Gonzáles y, si pasa, lo cruzará Lezcano. Caetano irá a muerte con Serena, que es hábil y peligroso. Lezcano y Varela esperarán en el fondo a Grosso y Amancio, Goncálves, Rocha y Cortés en el mediocampo, y el contragolpe de los morenos (Spencer y Joya) arriba. Trataremos de aguantar el empuje inicial local, que será muy bravo, para (poco a poco) hacer nuestro juego. Traer al Madrid al ritmo que más nos conviene".
Toda Europa (televisión mediante) vio el partido final. Real Madrid venía envalentonado. Sin embargo Ferenc Puskas advertía: "Peñarol es un cuadro que mete miedo".
El 25 de octubre, el último pitazo del árbitro italiano Concetto Lo Bello consagró a Peñarol.
Mazurkiewicz, Lezcano, Varela, Gonzáles, Goncálves, Caetano, Abbadie, Rocha, Spencer, Cortés y Joya fueron los héroes.
Rocha (de penal) y Spencer, los goleadores. El planteo se basó en una defensa excepcional y en la vigencia de los piques ofensivos de Spencer y Joya.
La prensa mundial reconoció al campeón. ABC de Madrid dijo: "Peñarol estuvo genial. Todos son hombres de clase". Marca: "Una escuadra de clase internacional, formada en cien combates". Y la Gazzeta dello Sport: "Un primer tiempo que es una lección de cómo se debe jugar de visitante".
Mientras tanto, la 18 de Julio se llenaba de trompetas, banderas y gritos sin final. En el Hotel Luz Palace de Madrid, cien roncas gargantas seguían gritando su euforia, que prolongó la minifiesta del Bernabeu, en la que banderas argentinas y brasileras se unieron a las uruguayas.
Cuatro días después, fué el recibimiento apoteótico en Montevideo: el pueblo volcado en la rambla al paso de los campeones y el Estadio Centenario lleno en un mediodía de domingo. Toda una hazaña para un equipo que seguía haciendo historia.
De gala- El festejo mirasol en el hotel Luz Palace, de Madrid.
La Intercontinental, invitada de honor.
Cabecita de oro - Frentazo matador de Giménez para el 3-0 sobre Nacional, por el Uruguayo, el 8 de diciembre de 1974.
Otro título en casa..
La catarata de triunfos no se detuvo con el paso de los años. Peñarol siempre se caracterizó por ser un equipo ganador, ya sea en el ámbito local como internacional. Por eso, al tiempo que paseaba su prestigio por el mundo, fronteras adentro el mirasol consolidaba su poder. En 1964 recuperó el título uruguayo, que el año anterior había sido de Nacional. Y lo hizo de una manera contundente: invicto, ganando 16 partidos y empatando sólo 2.
En la temporada siguiente -la de 1965-. volvió a dar la vuelta olímpica a nivel nacional, tras retener el título uruguayo, logrado con 32 puntos sobre 36 posibles (88,88 por ciento de efectividad).
No importó mucho que el torneo de 1966 haya quedado en manos de Nacional, que aprovechó que Peñarol se había abocado a la obtención de la Copa Libertadores de América de ese año, amén de que la base de la selección uruguaya que participó en el Mundial de Inglaterra fuera el plantel aurinegro.
Porque en 1967 Peñarol volvió a coronarse campeón invicto, condición que repitió al año siguiente (1968). En ambas campañas, curiosamente, tuvo el mismo desempeño: ganó 15 partidos y empató tres. La base fue: Mazurkievicz; Forlán, Lezcano, Caetano y Varela; Rocha, Goncálves, Spencer; Abbadie, Silva y Joya. Antes de Mazurkiewicz, el arco lo ocupó Maidana (el polaco debutó recién en 1965, tras una pelea de Maidana con el técnico, Roque Máspoli). Al paraguayo Lezcano, a partir de 1967, lo reemplazó el chileno Elías Figueroa. A Varela, el lateral Tabaré Gonzáles. Y a Silva, Cortés. Así el plantel aurinegro se fue renovando continuamente.
Sobre esta época, Néstor Goncálves -que se retiró en 1970- dijo: "Nunca me gustó Elías Figueroa, lo digo con franqueza. El que juega en la zona de definición no puede ser amigo de los delanteros. Ni siquiera se debe saludarlos. Elías se abrazaba con Artime, y Luis pum! adentro. Con Figueroa nunca ganamos nada: no lo digo yo, lo dice la historia".
Tiempo de copas
Llegó la hora de la Copa Libertadores de 1967, en la que Peñarol -último campeón de América- ingresó directamente en semifinales. Allí, integró la zona B, en la que se enfrentó con Cruzeiro de Brasil y su clásico rival, Nacional. El equipo aurinegro debutó el 11 de junio, con una derrota en el Centenario por 1-0 ante Nacional. Después cayó por el mismo resultado en Belo Horizonte. En las revanchas, derrotó a los brasileños 3-2 en Montevideo. Pero empató 2-2 el clásico y finalizó último en el grupo, con sólo 3 unidades, a una del Cruzeiro y a dos de Nacional, el finalista que perdió la Copa ante Racing.
-No fue- Peñarol, a principios de los ´70. Arriba: Caetano, Walter Corbo, Sandoval, Matosas, Figueroa, Mario Gonzáles. Abajo: Losada, Villalba, Castronovo, Cortéz y Rúben Corbo. Le faltó fortuna.
Casi, casi- El equipo que llegó a la semifinal de la Libertadores ´69. Se destacaban históricos como Goncálves, Mazurkiewicz, Rocha, Joya y Spencer. Y nuevos como Figueroa y Ermindo Onega
En 1968 llegó a semifinales del torneo, donde cayó ante el Palmeiras (la copa la ganó Estudiantes). Había compartido el grupo IV en la primera fase, en la que superó a Nacional y los paraguayos Guaraní y Libertad. En la segunda etapa, integró la Serie II, que logró tras ganar cuatro partidos y empatar dos, ante el Sporting Cristal (Perú), Emelec (Ecuador) y Portugués (Venezuela).
En semifinales, Tupazinho (delantero del Palmeiras) fue el verdugo del aurinegro, ya que hizo tres goles (uno en San Pablo y dos en Montevideo) para las victorias 1-0 y 2-1 de su equipo.
La temporada 1969 comenzó con un empate 1-1 ante Nacional, por la copa Libertadores, en un clásico jugado el 23 de febrero. Ambos integraban el grupo IV, junto al Deportivo Quito y el Barcelona, de Ecuador. El grupo lo ganó Peñarol, tras vencer en tres partidos y empatar en otros tantos, que le dieron 9 puntos, uno más que Nacional. Igual ambos clasificaron.
En la segunda, los manyas integraron la zona 3, con Olimpia de Paraguay. Dos partidos -empate en uno en el Centenario; victoria 1-0 en Puerto Sajonia (gol de Ermindo Onega)- bastaron para que Peñarol llegara a semifinal. Allí el rival fue Nacional. Tres partidos se jugaron para definir al finalista: había ganado el bolso 2-0 el 26 de abril. Luego, triunfó Peñarol 1-0 en la revancha del 30 de abril. Y en el tercer partido, disputado el 4 de mayo, igualaron 0-0 luego de 120 minutos de juego, pero clasificó Nacional por diferencia de gol.
Finalmente, Nacional fue el campeón uruguayo de ese año.
Sin embargo, Peñarol tuvo motivos de festejo. Esa temporada de forma no oficial -por llamarlo de algún modo-, se organizó una primera edición de la Supercopa, disputada entre los campeones de América hasta entonces. Y el trofeo fue para el pionero en conquistas: Peñarol. Pero no fue lo mismo. Algo se había quebrado. "Después que me retiré de las canchas -contó alguna vez Goncálves-, tardé como un año en volver al fútbol. Y reaparecí en un Peñarol-Nacional. Cuando terminó el partido ví que Daniel Quevedo, un argentino que jugaba para Peñarol, estaba cambiando la casaca con uno de ellos. No aguanté y me fuí para los vestuarios. Le quité la camiseta y la tiré por el inodoro. No le dije ni una palabra, no hacía falta..."
Más allá de este mal momento, llegarían mejores tiempos para Peñarol. Sobre el final de la década, la copa de 1970 fue la más propicia, ya que Peñarol llegó a la semifinal de dicho torneo. Terminó segundo en su grupo (el II), atrás de Nacional y adelante de los venezolanos Valencia y Deportivo Galicia.
Precisamente, el 15 de marzo, en el Centenario, goleó 11-2 al Valencia. Spencer hizo dos goles, al igual que Losada y Onega, Rocha hizo tres y Acuña y Cáceres los restantes. La segunda fase lo encontró en la zona 2, junto al Guaraní y la Liga Deportiva Universitaria de Ecuador, equipos a los que superó para llegar a la semifinal. Allí, jugó con la Universidad de Chile. Fue victoria trasandina en el estadio Nacional de Santiago por 1-0. En la revancha, ganó Peñarol 2-0. Luego, en cancha de Racing jugaron 120 minutos, en los que igualaron 2-2. Por diferencia de gol, pasó a la final. Y allí al cabo de dos durísimos partidos (0-1 en La Plata y 0-0 en el Centenario) sucumbió ante el Estudiantes de La Plata que orientaba Osvaldo Zubeldía.
"Daba gusto jugar por Peñarol -sostuvo Elías Figueroa-, porque siempre era candidato al título. Por uno u otro motivo nunca pude ganar la Copa. Pero la temporada que menos posibilidades tuvimos fuimos finalistas. A comienzos del ´70 nos quedamos exclusivamente los titulares que éramos extranjeros: Ermindo Onega, Alberto Spencer, Juan Joya y yo.
En 1968 llegó a semifinales del torneo, donde cayó ante el Palmeiras (la copa la ganó Estudiantes). Había compartido el grupo IV en la primera fase, en la que superó a Nacional y los paraguayos Guaraní y Libertad. En la segunda etapa, integró la Serie II, que logró tras ganar cuatro partidos y empatar dos, ante el Sporting Cristal (Perú), Emelec (Ecuador) y Portugués (Venezuela).
En semifinales, Tupazinho (delantero del Palmeiras) fue el verdugo del aurinegro, ya que hizo tres goles (uno en San Pablo y dos en Montevideo) para las victorias 1-0 y 2-1 de su equipo.
La temporada 1969 comenzó con un empate 1-1 ante Nacional, por la copa Libertadores, en un clásico jugado el 23 de febrero. Ambos integraban el grupo IV, junto al Deportivo Quito y el Barcelona, de Ecuador. El grupo lo ganó Peñarol, tras vencer en tres partidos y empatar en otros tantos, que le dieron 9 puntos, uno más que Nacional. Igual ambos clasificaron.
En la segunda, los manyas integraron la zona 3, con Olimpia de Paraguay. Dos partidos -empate en uno en el Centenario; victoria 1-0 en Puerto Sajonia (gol de Ermindo Onega)- bastaron para que Peñarol llegara a semifinal. Allí el rival fue Nacional. Tres partidos se jugaron para definir al finalista: había ganado el bolso 2-0 el 26 de abril. Luego, triunfó Peñarol 1-0 en la revancha del 30 de abril. Y en el tercer partido, disputado el 4 de mayo, igualaron 0-0 luego de 120 minutos de juego, pero clasificó Nacional por diferencia de gol.
Finalmente, Nacional fue el campeón uruguayo de ese año.
Sin embargo, Peñarol tuvo motivos de festejo. Esa temporada de forma no oficial -por llamarlo de algún modo-, se organizó una primera edición de la Supercopa, disputada entre los campeones de América hasta entonces. Y el trofeo fue para el pionero en conquistas: Peñarol. Pero no fue lo mismo. Algo se había quebrado. "Después que me retiré de las canchas -contó alguna vez Goncálves-, tardé como un año en volver al fútbol. Y reaparecí en un Peñarol-Nacional. Cuando terminó el partido ví que Daniel Quevedo, un argentino que jugaba para Peñarol, estaba cambiando la casaca con uno de ellos. No aguanté y me fuí para los vestuarios. Le quité la camiseta y la tiré por el inodoro. No le dije ni una palabra, no hacía falta..."
Más allá de este mal momento, llegarían mejores tiempos para Peñarol. Sobre el final de la década, la copa de 1970 fue la más propicia, ya que Peñarol llegó a la semifinal de dicho torneo. Terminó segundo en su grupo (el II), atrás de Nacional y adelante de los venezolanos Valencia y Deportivo Galicia.
Precisamente, el 15 de marzo, en el Centenario, goleó 11-2 al Valencia. Spencer hizo dos goles, al igual que Losada y Onega, Rocha hizo tres y Acuña y Cáceres los restantes. La segunda fase lo encontró en la zona 2, junto al Guaraní y la Liga Deportiva Universitaria de Ecuador, equipos a los que superó para llegar a la semifinal. Allí, jugó con la Universidad de Chile. Fue victoria trasandina en el estadio Nacional de Santiago por 1-0. En la revancha, ganó Peñarol 2-0. Luego, en cancha de Racing jugaron 120 minutos, en los que igualaron 2-2. Por diferencia de gol, pasó a la final. Y allí al cabo de dos durísimos partidos (0-1 en La Plata y 0-0 en el Centenario) sucumbió ante el Estudiantes de La Plata que orientaba Osvaldo Zubeldía.
"Daba gusto jugar por Peñarol -sostuvo Elías Figueroa-, porque siempre era candidato al título. Por uno u otro motivo nunca pude ganar la Copa. Pero la temporada que menos posibilidades tuvimos fuimos finalistas. A comienzos del ´70 nos quedamos exclusivamente los titulares que éramos extranjeros: Ermindo Onega, Alberto Spencer, Juan Joya y yo.
Goooool!- Ya sin camiseta Morena festeja su gol, el del 1-1 con Nacional.
Significó el título de 1973, luego de cuatro temporadas flacas.
Un lujo- Peñarol, campeón uruguayo de 1974.
Los once que le ganaron 1-0 a Rentistas, el 30 de Agosto. Arriba: Voltaire García, Acosta, Corbo, Garisto, Hugo Fernández, Mario González. Abajo: Quevedo, Julio César Giménez, Fernando Morena, Silva y Galilea.
El resto fue llamado a la selección para el mundial de México. El técnico (el brasileño Osvaldo Brandao) decidió armar un equipo con juveniles. Poco a poco fuimos pasando fases, con un equipo muy improvisado. Recuerdo que no teníamos arquero y que para dos partidos utilizamos a un muchacho que jugaba en las playas de Montevideo. Para la final clasificamos de suerte, en un desempate con Universidad de Chile en cancha de Racing. Perdíamos 2-1 y en el último minuto hubo un rebote en el área de ellos que fue gol. En La Plata, Estudiantes nos ganó la final 1-0 sobre el término del partido, y en el Centenario aguantaron una y mil veces nuestros ataques. Apenas sonaron los pitazos finales, se armó una pelea con los que entraron a festejar. Era habitual en esa época: jugar la Copa Libertadores era dejar el espíritu en la cancha y no perder contra los rivales tradicionales".
Una década de ostracismo
Hay un antes y un después de la Copa Libertadores en la historia de Peñarol. Como si el ámbito local le quedara chico, el mirasol daba valor a sus triunfos con mayor fuerza cuando tenían alcance internacional.
Pese al subcampeonato del ´70, la Copa de 1971 no fue buena para Peñarol. Debutó con una derrota 1-2 ante Nacional, por el grupo II del torneo. Sin embargo se recuperó y superó al Chaco Petrolero y el The Strongest, los equipos bolivianos con los que compartían la zona. Pero quedó a cuatro puntos de distancia de Nacional (que había obtenido 11), que fue el único clasificado a la segunda instancia.
En 1972, ganó los cuatro partidos que jugó por el grupo V, ante el Deportivo Italia y el Valencia, de Venezuela. 12 goles a favor y solo 3 en contra . Y el pasaje a semifinales, donde compartió grupo con Universitario de Perú y Nacional, el último campeón del torneo. Sólo ganó en Perú (3-2, goles de J. C. Giménez, Viera y Amoroso). Luego, empató con Nacional y los peruanos y cayó en el clásico definitivo, goleado 3-0 con goles de Luis Artime. Grupo particular el de semifinales: todos quedaron iguales. Jugaron 4, ganaron 1, empataron 2 y perdieron 1. Fue la diferencia de gol lo que definió las posiciones: Universitario (9 a favor y 7 en contra), Nacional (7;7) y Peñarol (5;7).
La Copa de 1973 tampoco le dio una actuación muy destacada último en el grupo II, abajo del Botafogo, Palmeiras, y Nacional. Seis partidos jugados, ninguna victoria, dos empates y cuatro derrotas. Cuatro goles a favor y ... 13 en contra. Puntos? Dos.
En el ámbito local, después de cuatro años de hegemonía de Nacional, Peñarol recuperó el trono en 1973. El equipo ahora lo dirigía Hugo Bagnulo, un ex-back de Danubio de los años ´30, llamado a conducir a la gloria al plantel aurinegro nueve años más tarde.
De los viejos campeones, poco quedaba: Pedro Rocha, hacía tres años que jugaba en el fútbol brasileño, transferido al San Pablo en enero de 1971. Abbadie, Spencer, Joya y Goncálves eran nombres del pasado, y otros, como Mazurkiewicz, se desempeñaban en Europa (el arquero actuaba en España).
Sin embargo, la renovación fue exitosa. En verano de ese año, Peñarol contrató a un centrodelantero joven, que en 1969 había debutado en la primera de River Plate de Montevideo y que, decían sus amigos, de chico era fanático de Nacional. Sin embargo, Fernando Morena se entregó por la camiseta de Peñarol: campeón uruguayo en 7 oportunidades, goleador en 6, estableció records, ganó una Copa Libertadores y una Copa Intercontinental y gritó 450 veces con la casaca aurinegra sobre el pecho.
Walter Corbo, el indio Walter Olivera, Sandoval, Luis Garisto, Hugo Fernández, Peruena, Mario Gonzáles, Nelson Acosta, Lamas, Zoryez, Quevedo, Julio César Giménez, Unanue, Fernando Morena, Ramón Silva y Rúben Romeo Corbo son los nombres que obtuvieron también los torneos de 1974 y 1975.
El resto fue llamado a la selección para el mundial de México. El técnico (el brasileño Osvaldo Brandao) decidió armar un equipo con juveniles. Poco a poco fuimos pasando fases, con un equipo muy improvisado. Recuerdo que no teníamos arquero y que para dos partidos utilizamos a un muchacho que jugaba en las playas de Montevideo. Para la final clasificamos de suerte, en un desempate con Universidad de Chile en cancha de Racing. Perdíamos 2-1 y en el último minuto hubo un rebote en el área de ellos que fue gol. En La Plata, Estudiantes nos ganó la final 1-0 sobre el término del partido, y en el Centenario aguantaron una y mil veces nuestros ataques. Apenas sonaron los pitazos finales, se armó una pelea con los que entraron a festejar. Era habitual en esa época: jugar la Copa Libertadores era dejar el espíritu en la cancha y no perder contra los rivales tradicionales".
Una década de ostracismo
Hay un antes y un después de la Copa Libertadores en la historia de Peñarol. Como si el ámbito local le quedara chico, el mirasol daba valor a sus triunfos con mayor fuerza cuando tenían alcance internacional.
Pese al subcampeonato del ´70, la Copa de 1971 no fue buena para Peñarol. Debutó con una derrota 1-2 ante Nacional, por el grupo II del torneo. Sin embargo se recuperó y superó al Chaco Petrolero y el The Strongest, los equipos bolivianos con los que compartían la zona. Pero quedó a cuatro puntos de distancia de Nacional (que había obtenido 11), que fue el único clasificado a la segunda instancia.
En 1972, ganó los cuatro partidos que jugó por el grupo V, ante el Deportivo Italia y el Valencia, de Venezuela. 12 goles a favor y solo 3 en contra . Y el pasaje a semifinales, donde compartió grupo con Universitario de Perú y Nacional, el último campeón del torneo. Sólo ganó en Perú (3-2, goles de J. C. Giménez, Viera y Amoroso). Luego, empató con Nacional y los peruanos y cayó en el clásico definitivo, goleado 3-0 con goles de Luis Artime. Grupo particular el de semifinales: todos quedaron iguales. Jugaron 4, ganaron 1, empataron 2 y perdieron 1. Fue la diferencia de gol lo que definió las posiciones: Universitario (9 a favor y 7 en contra), Nacional (7;7) y Peñarol (5;7).
La Copa de 1973 tampoco le dio una actuación muy destacada último en el grupo II, abajo del Botafogo, Palmeiras, y Nacional. Seis partidos jugados, ninguna victoria, dos empates y cuatro derrotas. Cuatro goles a favor y ... 13 en contra. Puntos? Dos.
En el ámbito local, después de cuatro años de hegemonía de Nacional, Peñarol recuperó el trono en 1973. El equipo ahora lo dirigía Hugo Bagnulo, un ex-back de Danubio de los años ´30, llamado a conducir a la gloria al plantel aurinegro nueve años más tarde.
De los viejos campeones, poco quedaba: Pedro Rocha, hacía tres años que jugaba en el fútbol brasileño, transferido al San Pablo en enero de 1971. Abbadie, Spencer, Joya y Goncálves eran nombres del pasado, y otros, como Mazurkiewicz, se desempeñaban en Europa (el arquero actuaba en España).
Sin embargo, la renovación fue exitosa. En verano de ese año, Peñarol contrató a un centrodelantero joven, que en 1969 había debutado en la primera de River Plate de Montevideo y que, decían sus amigos, de chico era fanático de Nacional. Sin embargo, Fernando Morena se entregó por la camiseta de Peñarol: campeón uruguayo en 7 oportunidades, goleador en 6, estableció records, ganó una Copa Libertadores y una Copa Intercontinental y gritó 450 veces con la casaca aurinegra sobre el pecho.
Walter Corbo, el indio Walter Olivera, Sandoval, Luis Garisto, Hugo Fernández, Peruena, Mario Gonzáles, Nelson Acosta, Lamas, Zoryez, Quevedo, Julio César Giménez, Unanue, Fernando Morena, Ramón Silva y Rúben Romeo Corbo son los nombres que obtuvieron también los torneos de 1974 y 1975.
Genial- Espectacular gol de Morena en la final de la Libertadores contra Cobreloa, en Santiago, el 30 de noviembre de 1982.