La revolución de la "inteligencia colectiva" impulsada por el sitio más exitoso de la Argentina, Taringa!, acaba de chocar de frente con la decisión de la Sala VI de la Cámara de Apelaciones en lo Criminal y Correccional, que multó a sus dueños con 200.000 pesos por infringir "la ley de propiedad intelectual".
Taringa! es un sitio de intercambio de contenidos, archivos, videos, música, hardware y software (el punto más débil) que funciona como nexo entre usuarios particulares y no como almacenaje de mercaderías "pirateadas", según argumentan sus jóvenes propietarios, Hernán Botbol, Matías y Alberto Nakayama.
El sitio, que cuenta con más de 5.600.000 visitas anuales, además, tiene un sistema que permite denunciar aquellos "posts" cuyo contenido infringe la ley de propiedad intelectual.
Pero en la realidad muchas cosas son incontrolables en un volumen de tráfico tan grande.
"Es imposible determinar el contenido de las cargas y determinar si violan los derechos de autor cuando de forma diaria, en promedio, se realizan 20.000 publicaciones", argumentaron los imputados como defensa en la causa judicial, que inmediatamente provocó un terremoto en la Red. Los usuarios de Taringa! dijeron que el fallo es un ataque contra Internet libre en la Argentina. Cientos de posts salieron a defender la posición de la página web.
El sitio casi no tiene un émulo en otros países -donde hay más regulaciones y mayor presión- y, a diferencia de Facebook o MySpace, por ejemplo, los contenidos se ofrecen a miles de interesados y no sólo a un grupo de amigos: es como una gran góndola de supermercado o un mercado de pulgas gigante.
El problema de la propiedad intelectual en Internet, según Botbol, no comienza ni termina con Taringa! y aún resulta un tema muy "nebuloso", según expresó en una nota LA NACION en 2008. Sus detractores, principalmente grandes compañías, sostienen todo lo contrario y le auguran a Taringa! un futuro negro.
Ese futuro ominoso llegó esta semana, cuando se publicó la novedad en la Agencia de Noticias del Poder Judicial. Los jueces sostuvieron: "Los imputados, a través de su sitio, permitían que se publiciten obras que finalmente eran reproducidas sin consentimiento de sus titulares. Si bien ello ocurría a través de la remisión a otro espacio de Internet, lo cierto es que justamente tal posibilidad la brindaba su servicio".
Y agregaron: "Adviértase que si bien los autores del hecho finalmente serían aquellos que subieron la obra al website y los que «la bajan», lo cierto es que el encuentro de ambos obedece a la utilización de la página, siendo sus responsables al menos partícipes necesarios de la maniobra y además claros conocedores de su ilicitud, por lo que el convenio que exhiben para pretender exonerarse de responsabilidad no podrá ser tenido en cuenta", concluyeron.
La polémica, más allá de Taringa! encierra un universo más amplio. Por ejemplo, cabe preguntarse cómo podría utilizarse esa interpretación judicial en el caso de los buscadores de Internet como Google, Yahoo y las redes sociales.
Taringa! es un sitio de intercambio de contenidos, archivos, videos, música, hardware y software (el punto más débil) que funciona como nexo entre usuarios particulares y no como almacenaje de mercaderías "pirateadas", según argumentan sus jóvenes propietarios, Hernán Botbol, Matías y Alberto Nakayama.
El sitio, que cuenta con más de 5.600.000 visitas anuales, además, tiene un sistema que permite denunciar aquellos "posts" cuyo contenido infringe la ley de propiedad intelectual.
Pero en la realidad muchas cosas son incontrolables en un volumen de tráfico tan grande.
"Es imposible determinar el contenido de las cargas y determinar si violan los derechos de autor cuando de forma diaria, en promedio, se realizan 20.000 publicaciones", argumentaron los imputados como defensa en la causa judicial, que inmediatamente provocó un terremoto en la Red. Los usuarios de Taringa! dijeron que el fallo es un ataque contra Internet libre en la Argentina. Cientos de posts salieron a defender la posición de la página web.
El sitio casi no tiene un émulo en otros países -donde hay más regulaciones y mayor presión- y, a diferencia de Facebook o MySpace, por ejemplo, los contenidos se ofrecen a miles de interesados y no sólo a un grupo de amigos: es como una gran góndola de supermercado o un mercado de pulgas gigante.
El problema de la propiedad intelectual en Internet, según Botbol, no comienza ni termina con Taringa! y aún resulta un tema muy "nebuloso", según expresó en una nota LA NACION en 2008. Sus detractores, principalmente grandes compañías, sostienen todo lo contrario y le auguran a Taringa! un futuro negro.
Ese futuro ominoso llegó esta semana, cuando se publicó la novedad en la Agencia de Noticias del Poder Judicial. Los jueces sostuvieron: "Los imputados, a través de su sitio, permitían que se publiciten obras que finalmente eran reproducidas sin consentimiento de sus titulares. Si bien ello ocurría a través de la remisión a otro espacio de Internet, lo cierto es que justamente tal posibilidad la brindaba su servicio".
Y agregaron: "Adviértase que si bien los autores del hecho finalmente serían aquellos que subieron la obra al website y los que «la bajan», lo cierto es que el encuentro de ambos obedece a la utilización de la página, siendo sus responsables al menos partícipes necesarios de la maniobra y además claros conocedores de su ilicitud, por lo que el convenio que exhiben para pretender exonerarse de responsabilidad no podrá ser tenido en cuenta", concluyeron.
La polémica, más allá de Taringa! encierra un universo más amplio. Por ejemplo, cabe preguntarse cómo podría utilizarse esa interpretación judicial en el caso de los buscadores de Internet como Google, Yahoo y las redes sociales.