Buen día, Taringueros.
Por este medio comparto humildemente una recopilación de breves relatos que rescaté de las penumbras. Sin más preámbulos:
La lluvia me enamora,eriza mi piel, me predispone, revuelve los recuerdos sacando a flote los valederos; proyectando entre nubes los semblantes de seres que quiero.
Un paisaje con un árbol solitario, cuyos brazos expande acaparando este rocío celestial, me da envidia.
Y la tierra, que succiona cual elixir las gotas que se escapan del etéreo manantial, me da sed.
Un poste inerte de madera, que se atreve a mirarme con desdén desde lo alto, humedecido y expeliendo su aroma de ocasión, me da rabia.
Y esta reja, y esta hora, y esta estúpida censura a la motilidad, me dan impotencia.
Mas el repiqueteo que se escucha y me alcanza a salpicar, me consuela por lo bajo y me invita a contemplar.
Noche de lluvia, que el corazón marchitas. Mis lamentos, licuados, recorren el parabrisas del Ford rojo. La velocidad aumenta, los árboles se confunden con los postes de luz, o los semáforos. Estoy solo en las calles, tan solo como en la vida misma. La marcha no aminora, conozco el camino de memoria; la quinta es Reina y Señora. De repente veo sus ojos, que me alumbran cual linternas: ha vuelto. Mi emoción es inexpugnable, junto mis párpados y seco mis labios.
Siento su beso inundar mi cuerpo, quemándome las entrañas, estallando mis sesos.
Resurrección
Fue cuando sentí el peso de los años caer de sopetón sobre mis párpados, cuando por fin comprendí que había llegado mi hora. Siempre uno se preocupa por lo doloroso que puede llegar a resultar encontrarse con la muerte, pero nunca se detiene a pensar que se trata de algo que sin saberlo perseguimos desde el nacimiento mismo, aquel beso que nos deje sin aliento. Ha de ser un amor no correspondido, que va madurando hasta la putrefacción misma, y recién es ahí cuando sale de su impenetrable letargo y viene en nuestra búsqueda.
Mi ojos están sellados, mas no intento liberarlos del exilio. La obscuridad es total y el silencio es casi absoluto ya que aún puedo oír el comercio gaseoso. Oxígeno y dióxido de carbono, ingresando y saliendo respectivamente, pero a paso lento, como quien no quiere la cosa.
Siento un frío depositarse sobre mis labios, que me hiela hasta las entrañas...
Mi corazón comienza a latir rápidamente, me ahogo,mi cuerpo me exige que respire. Me siento mojado, con frío, desorientado,manoseado. Luces me queman los delgados párpados, la sangre se me sube a la cabeza. De repente, un llanto agudo, involuntario, que parte de mis cuerdas vocales, se disemina con la destreza de un relámpago.
Oxígeno- Dióxido de Carbono. Oxígeno- Dióxido de Carbono. Mi cuerpo se ha encogido, no domino mi musculatura, tampoco recuerdo mi nombre, sólo lucho por seguir respirando...
Bueno, espero que les haya gustado.... Si son de vuestro agrado, próximamente subiré más.
Un saludo virtual y buen viernes.-
Por este medio comparto humildemente una recopilación de breves relatos que rescaté de las penumbras. Sin más preámbulos:
La lluvia me enamora,eriza mi piel, me predispone, revuelve los recuerdos sacando a flote los valederos; proyectando entre nubes los semblantes de seres que quiero.
Un paisaje con un árbol solitario, cuyos brazos expande acaparando este rocío celestial, me da envidia.
Y la tierra, que succiona cual elixir las gotas que se escapan del etéreo manantial, me da sed.
Un poste inerte de madera, que se atreve a mirarme con desdén desde lo alto, humedecido y expeliendo su aroma de ocasión, me da rabia.
Y esta reja, y esta hora, y esta estúpida censura a la motilidad, me dan impotencia.
Mas el repiqueteo que se escucha y me alcanza a salpicar, me consuela por lo bajo y me invita a contemplar.
Noche de lluvia, que el corazón marchitas. Mis lamentos, licuados, recorren el parabrisas del Ford rojo. La velocidad aumenta, los árboles se confunden con los postes de luz, o los semáforos. Estoy solo en las calles, tan solo como en la vida misma. La marcha no aminora, conozco el camino de memoria; la quinta es Reina y Señora. De repente veo sus ojos, que me alumbran cual linternas: ha vuelto. Mi emoción es inexpugnable, junto mis párpados y seco mis labios.
Siento su beso inundar mi cuerpo, quemándome las entrañas, estallando mis sesos.
Resurrección
Fue cuando sentí el peso de los años caer de sopetón sobre mis párpados, cuando por fin comprendí que había llegado mi hora. Siempre uno se preocupa por lo doloroso que puede llegar a resultar encontrarse con la muerte, pero nunca se detiene a pensar que se trata de algo que sin saberlo perseguimos desde el nacimiento mismo, aquel beso que nos deje sin aliento. Ha de ser un amor no correspondido, que va madurando hasta la putrefacción misma, y recién es ahí cuando sale de su impenetrable letargo y viene en nuestra búsqueda.
Mi ojos están sellados, mas no intento liberarlos del exilio. La obscuridad es total y el silencio es casi absoluto ya que aún puedo oír el comercio gaseoso. Oxígeno y dióxido de carbono, ingresando y saliendo respectivamente, pero a paso lento, como quien no quiere la cosa.
Siento un frío depositarse sobre mis labios, que me hiela hasta las entrañas...
Mi corazón comienza a latir rápidamente, me ahogo,mi cuerpo me exige que respire. Me siento mojado, con frío, desorientado,manoseado. Luces me queman los delgados párpados, la sangre se me sube a la cabeza. De repente, un llanto agudo, involuntario, que parte de mis cuerdas vocales, se disemina con la destreza de un relámpago.
Oxígeno- Dióxido de Carbono. Oxígeno- Dióxido de Carbono. Mi cuerpo se ha encogido, no domino mi musculatura, tampoco recuerdo mi nombre, sólo lucho por seguir respirando...
Bueno, espero que les haya gustado.... Si son de vuestro agrado, próximamente subiré más.
Un saludo virtual y buen viernes.-