Cuando Miguel de Cervantes y Saavedra publicó "El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha" en 1605, quiso inventar una forma divertida y humorística de hacer una parodia del (muy popular hasta ese momento) género de la novela caballeresca -la cual presentaba, explicado en forma simple, la historia de caballeros elegantes rescatando doncellas en peligro, siempre acompañados de nobles ayudantes-, sin embargo, el español no sabía que la profundidad y complejidad que pondría a su historia lograrían no sólo cambiar la forma en que el mundo hacía literatura, sino que definitivamente sepultarían el género caballeresco ya que nadie jamás se atrevería a realizar un libro así otra vez. Simplemente ningún lector volvería a ver con los mismos ojos una novela caballeresca después de leer la obra de Cervantes, ya que hubiera sido considerada simplona y fácilmente olvidada por la historia.
Cuando Sailor Moon irrumpió en la industria, tocó temas que jamás habían sido vistos en otras series del género de las magical girls (lesbianismo, ambiguedades sexuales, muertes violentas, e incluso, ligeros toques de incesto), lo que desembocó en un cambio en la manera de hacer anime shojo de ahí en adelante. Sin embargo, hubo un componente clave del género que no cambió: La misión de una serie maho shojo, que consiste en lograr una empatía simpática entre la televidente y las heroínas. Independiente de todos los hechos que ocurrían en la serie, todas las niñas querían ser una sailor.
Algunos podrán decir que en ese sentido la creación de Naoko Takeuchi fue cobarde al no arriesgarse aún más, sin embargo, en ese momento la industria no estaba preparada para recibir una remoción de sus cimientos tan fuerte, por lo que Sailor Moon hizo todo lo que pudo. La recompensa de aquel esfuerzo la podemos ver cada día, cuando a pesar de todas las series de magical girls que han llegado a Latinoamérica (Corrector Yui, Mirmo Zibang!, Magical Doremi, etc), la serie de Usagi Tsukino aún se mantiene como la emperatriz indiscutida.
A casi 20 años del estreno de las aventuras de las sailor, la industria del anime evidentemente ya no es la misma. La creatividad ha sido desplazada para favorecer el moe y el humor facilista, los cuales son aspectos de gran potencia comercial en Japón, por lo que ahora más que nunca quedó un pequeño espacio para que un estudio se arriesgue a probar con algo diferente, hecho que es premiado por la gente si resulta ser creativo. Ese fue el caso de Puella Magi Madoka Mágica, serie cuyo último episodio rompió récords de audiencia en Japón y con justa razón, al ser una serie que tomó todo el positivismo del género y lo mandó a la basura. La concepción de la idea de Akiyoshi Shimbo no sólo removió los cimientos de una producción de magical girls, sino que los destruyó en favor de una historia de complejidad narrativa tal, que a partir del cuarto episodio ya te tiene pegado a la pantalla sin poder, por más que lo intentes, adivinar qué sucederá en el siguiente.
Mi intención en esta columna no es hacer un preview de Madoka Magica, sino ahondar en el impacto que significa una producción así en un género tan popular, y que tan pocos se han atrevido a llevar a otro plano como el de las magical girls. No soy fanático del género, tampoco acostumbro a ver shojo, pero sé lo suficiente para darme cuenta de cuando estoy frente a algo que simboliza una revolución en la industria. Es cierto, Sailor Moon produjo algo especial, lo propio hizo Card Captor Sakura, pero aún cumplían los cánones regulares del género, sobre todo el de hacer sentir a las niñas televidentes identificadas con las guerreras, y provocarles ganas de querer ser una protagonista.
En el caso de Madoka Magica, sin duda el punto central y que significó su éxito sin precedentes en Japón es el tremendo conjunto de cambios argumentales que se dan a lo largo de la serie. Lo que en el par de primeros episodios era una buena serie de magical girls, se transforma en un thriller psicológico de algo nivel. Lo alegre desaparece en favor del drama, las antagonistas se convierten en protagonistas, los colores pasteles alegres se convierten en un gore increíblemente bien cuidado estéticamente, e incluso, la figura de quien le concede el poder a las chicas mágicas, cuyo carácter bondadoso era sagrado en todas las series del género, finalmente se convierte en la figura más odiada de toda la serie. Todos estos elementos influyen en que la base primordial mencionada anteriormente del género se destruya, ya que Madoka Magica le demuestra a la televidente que lo peor que le puede ocurrir es ser una chica mágica.
¿Qué es lo que ocurre cuando hay algo construido en base a algo, y esa base es destruida? Sencillo, todo se desmorona. Puella Magi Madoka Magica es nuestro destructor en este caso, y esa también es la razón del porqué El Quijote fue traído a colación en esta columna en un primer lugar: Madoka Magica no sólo reinventó todo lo que sabemos sobre las magical girls, sino que lo sepultó definitivamente. No tengo dudas en que la forma de tratar los poderes especiales de las chicas en esta serie repercutirá directamente en todas las series que vendrán en el género, las cuales jamás serían vistas de la misma manera de seguir siendo realizadas como hasta ahora. El maho shojo ha encontrado en una industria agonizante su propio Don Quijote, y frente a eso las productoras japonesas no tienen nada que hacer, excepto unirse a la reinvención o simplemente dejar morir un género que hasta ahora producía millones. En 1605 la literatura internacional tomó la segunda opción, pero cuál tomará la industria del anime sólo se verá con el tiempo, aunque estoy seguro que no tendremos que esperar tanto para saberlo.