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Relatos Urbanos

Paranormal12/12/2011
La casa del infierno
La casa nadie la había visto nunca, solo la escuchaban mencionar. Una casa tan tenebrosa que cuando la miraban los que conseguían dar con ella provocaba pánico, su leyenda llevaba consigo el alma de mucha gente desaparecida. A las orillas de la ciudad de Zacatecas mucha gente se dedicaba a investigar su paradero sin éxito, nadie sabía dónde estaba, excepto tres: Pablo, Ángel y Miguel.

–Qué demonios es esto –le dijo Miguel a Pablo
–No lo sé, vamos a abrirlo, seguramente también es basura –respondió Pablo algo desanimado.
Ambos se apresuraron a abrir el pedazo de pergamino que habían encontrado en el sótano de la casa de sus padres, ya que eran hermanos. Soplaron sobre la superficie enrollada y de ella brotó una ráfaga de polvo hacia su rostro, tosiendo ambos inmediatamente. El pergamino no tenía nada inscrito en el: ni fecha, ni letras.
Solo un pequeño mapa
Los dos comenzaron a analizarlo y después de varios fatídicos minutos de pensar a donde los podría llevar ese mapa Miguel grito: –Mira Pablo! Creo que esta es la escuela, y esto, esto puede ser el río que lleva a las minas, lo ves? –Pablo no menciono ninguna palabra porque sabía que lo que le decía su hermano era cierto, el mapa tenía mucha similitud a donde ellos mencionaban. De hecho, era exactamente igual.
Acto seguido, ambos se miraron al unísono y se dijeron al mismo tiempo
–Creo que sé a dónde te lleva!
Comenzaron a hacer planes para visitar “la casa del diablo” así era como le habían apodado los que la conocían, prepararon todo para la noche siguiente: Lámparas, cámaras fotográficas y de video, etc. Estaban muy entusiasmados por que eran los únicos que conocían la ubicación de la casa, el mapa no mentía, además el mapa indicaba la ubicación de la casa para donde la gente que según decía “había sobrevivido a ella” señalaba. No iban a ir solos, le dieron la buena noticia a su amigo Ángel que inmediatamente se tornó emocionado y accedió a ir con ellos.
–Ya son las 11:30 de la noche y no conseguimos ver ninguna puñetera casa! –exclamó Ángel con algo de enojo en la voz
–Estoy seguro que es por aquí, así lo dice el mapa, o no Pablo?
–s-sí, wow hace algo de frío aquí arriba, casi cruzamos los dos cerros y nada, además ya está muy obscuro y solo, creo que deberíamos regresar –justo cuando Miguel se disponía a contestar Ángel grito algo:
–Joder! Ya vieron lo que está allá? Apunten su lámpara rápido!
Los dos se apresuraron y la vieron… era la casa!
No podían creer lo que estaban viendo, era una casa muy grande, en su tiempo fue lujosa, ahora con el tiempo estaba tenebrosa con casi todos los cristales de las ventanas destrozados, el obscuro de la noche le daba un tono verdoso y parecía que se estaba derrumbando, de las esquinas y de la puerta principal salía yerba verde y seca, a pesar de esto, la puerta estaba cerrada. La casa era de dos pisos y el techo lo adornaban gárgolas que parecían resguardarla. Y como habían afirmado los rumores: A los tres les recorrió un escalofrío de los pies a la cabeza cuando la vieron y comenzaban a arrepentirse sobre la idea de adentrarse en ella y averiguar lo que resguardaba. Miguel pensó que al fin su larga búsqueda no había sido en vano.
–m-muy bien –dijo Miguel– ya la vimos, tomémosle una fotografía y larguémonos de aquí
– ¿Qué? –Respondió Ángel– ¿acaso estás loco? Entremos a esa casa de una puta vez! O que ya te dio miedito?
–Si es cierto Miguel, además ya veníamos preparados, ahora te aguantas!
Cuanto más se acercaban a la casa más ganas les daban de salir corriendo de ahí, sin embargo no iban a hacer eso, nadie sabía dónde estaba y muchos curiosos e investigadores duraban años buscándola sin éxito, ellos la habían encontrado, comprobarían la existencia de esa vieja casa, serían leyenda.
Entraron fácilmente por la puerta, que se encontraba semiabierta aunque era de una madera muy antigua y pesada, el ruido de los goznes de la puerta al abrirse hizo que les rechinara la piel también, pero siguieron adelante, Miguel se fijó en una frase que decía en letras grandes en la puerta de madera: “Domui Heli” haciendo caso omiso de ellas.
El miedo se apoderó de ellos y sus piernas comenzaron a tambalear sin que ellos les diesen alguna orden de hacerlo, entraron por completo y comenzaron a avanzar muy despacio, atentos hacia cualquier ruido ajeno al que ellos provocaran. Había una pequeña salita con siete puertas de madera cerradas con un gran candado a su alrededor, cuando caminaron hacia la primera puerta indecisos, los tres dieron un gran salto a escuchar que la puerta principal se había cerrado fuertemente a sus espaldas. A los tres les entraron ganas de llorar por lo que estaban viviendo y en lo que se habían metido, pero trataron de calmarse con el clásico dicho “seguramente fue el viento” que ninguno de los tres sabía que era cierto. De pronto comenzaron a escuchar murmullos, como si alguien estuviera hablando en voz muy baja, pero no uno, sino muchos, ahora corrieron hacia la primera puerta y justo cuando se decidieron en regresar, la puerta cayó hacia adentro sin que nadie la hubiese tocado provocando un fuerte estruendo.
Se apresuraron a entrar, cuando sucedió.
Las lámparas que llevaban consigo fallaron al mismo tiempo y todo quedó sumido en la obscuridad. Nadie era capaz de pronunciar palabra alguna.
–Vámonos de aquiiii! –gritó de pronto Miguel
Los tres comenzaron a correr desesperados pero no encontraban salida alguna, solo obscuridad –traten de ir calmados palpando la pared hasta que den con alguna puerta –dijo Ángel con desesperación en la voz
Un fuerte olor a azufre comenzó a penetrar sus narices, una densa neblina invadía ahora la casa, se comenzaron a escuchar miles de gritos y lloriqueos, como si estuvieran en el mismísimo infierno, tarde o temprano descubrirían lo que estaba pasando: La casa se estaba incendiando, las llamas del fuego les permitieron ver donde estaban y no recordaban haber entrado allí. Estaban rodeados de cientos de puertas, no se decidían por cual salir, pero tampoco la desesperación y el pánico cedía a dejarlos pensar, de pronto se escuchó una voz tan tenebrosa que los hizo temblar de miedo:
–Solo una puerta es la correcta, si no salen de aquí pronto, aquí se quedarán
Comenzaban a asfixiarse entre el humo del fuego sin saber qué hacer, el fuego estaba a punto de tocarlos a ellos cuando escucharon nuevamente la voz:
–Entréguenme una alma y os dejaré ir en paz! –por supuesto no se prestaron para eso, ya no podían respirar, y corrieron hacia la primera puerta que miraron. Cuando la abrieron una grande ola de fuego se desató contra ellos, Miguel, desesperado dijo: -está bien está bien, te entregaremos el alma de Ángel.
Pablo volteó a ver a Ángel extrañado de que no pronunciase una palabra contra lo que acababa de decir Miguel y se dio cuenta de algo. Ángel estaba desmayado, de pronto unos animales surgieron directamente del fuego hacia Ángel, comenzaron a devorarlo ferozmente, comenzando por la cara, Miguel y Pablo al contemplar esto comenzaron a llorar desesperados y de pronto ya no sintieron el calor del fuego, ni el humo que este provocaba.
Solo sintieron frío.
Estaba tirados donde había estado la casa antes, solo que ya no estaba la casa, ni Ángel. Buscaron la casa pero no encontraron nada, miraron su reloj y no pudieron emitir palabra alguna, había pasado una semana. Cuando bajaron hacia la ciudad de Zacatecas ya los habían dado por perdidos a los tres, contaron todo lo sucedido en aquella casa y nadie les creyó, mucho menos los padres de Ángel, que exigían respuestas.

Miguel y Pablo se encontraban en sus respectivos equipos jugando futbol callejero, cuando de pronto llegó alguien y se paró a mitad de la calle. Este vestía todo de negro y un gorro negro le tapaba la cara, les hizo señas a los dos para que lo siguieran
–¿Quién demonios eres? –preguntaban los dos
–pues será mejor que vallan para que lo averigüen –les respondió uno de sus amigos
Al acercarse a él y preguntarle qué era lo que deseaba se descubrió el rostro y los dos casi se desmayan: Era Ángel, solo les pronuncio unas palabras:
–Sí, me llevaron a la casa del infierno, y pronto yo los llevaré conmigo…
Comenzaron a hacer planes para visitar “la casa del diablo” así era como le habían apod

1 2 3 Apaga la luz

Estaba de vacaciones en casa de Alfred, tenía 6 y cumpliría 7 en 3 días. Alfred se acercó a mi y me preguntó si quería salir a jugar un rato en casa de Francisco, yo acepté ir contento, Alfred tomó mi mano y corrimos juntos a casa de nuestro amigo. Al llegar, vimos que Francisco jugaba escondidas, cuando bajó con Dustin, nos unimos al juego, ahora debería contar yo. Jugamos hasta que llegó la noche, estábamos en lo que sería la última partida de escondidas, ya casi daban las 7:30PM y debíamos estar en casa de Al a las 8. Comencé a contar tranquilamente.

— 1, 2, 3...— Continué contando, pero al llegar al 10, las luces se apagaron, dejándonos a obscuras.

— ¡Arthur! — Francisco gritó desde el piso superior, aterrorizado.

— ¡Nena! ¿Acaso temes a la obscuridad? — Me burlé creyendo que era una broma, mas entonces escuché a una niña cantando los números, me di vuelta y al verla grité.

— 1...2...3, apaga la luz — Cantaba la niña, su cabello era rubio, su piel era algo pálida y sus ojos azules, traía un vestido celeste con flores rosadas, el flequillo le tapaba un poco la cara.

— ¡Alfred! — Corrí al piso superior, Al me recibió en sus brazos y trató de calmarme, sentí como me acariciaba el pelo intentando tranquilizarme. Me sonrojé en ese instante y mi corazón latía con fuerza, hace tiempo que lo quería.

— Tranquilo, Arthur, iré a ver. — Me sonrió, sabía que no podía detenerlo, si algo sabía de él por conocerlo desde que nací, es que está dispuesto a arriesgar su vida por los amigos.

— Alfred... v-voy contigo. — Tomé su mano y bajamos juntos, como hacíamos cuando teníamos miedo a algún ruido en casa de Francisco. Cuando bajamos, la niña no estaba ahí, pero su canto continuaba escuchándose por toda la casa.

— 1...2...3, apaga la luz, apaga la luz, que pronto se obscurece el cielo azul...4...5...6...— De repente, apareció con su cara ensangrentada, yo y Alfred corrimos a por Francisco y Dustin, quienes seguían arriba escondidos.

— Ya, Dustin... — Francisco le abrazaba, cuando subimos, Dustin tenía la cara cubierta de sangre, pero no estaba herido, las luces volvieron y nos quedamos encerrados hasta que los padres de Francisco llegaron, yo y Alfred volvimos a casa con el temor de volver a encontrarla, suerte tuvimos, la niña no apareció, mas el miedo continuaba y continuará, pues aún escuchamos su canto cuando estamos en casa de Francisco...
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