Chile y papas
By
Gabriel Castll
Aquella mañana salí de casa, me dirigí al crucero mas concurrido de la ciudad, ya que deseaba hacerme de unos pesos y la mejor forma era vender papas fritas con chile, así lo creí!, pero tarde comprendí que mi idea progresista no podría hacerme rico, estuve varias horas andando entre los autos, vendí bastante para ser la primera vez, todo pintaba bien para el vendedor de papas. Pero como siempre existe un bachecito en el camino no faltó este, cuando el semáforo se puso en rojo corrí a ofrecer mi producto, el pastor al que tanto había criticado me miraba de arriba abajo, se mofaba de mi porque me veía (por encima del hombro) menos que él.
No me sentí avergonzado de mi trabajo, yo era honesto conmigo mismo y con la sociedad que me no me aceptaba por considerarme un loser. Aquel entonces me pidió unos chicles, le respondí que no vendía, me pidió una paleta, le respondí que la única disponible era una rompemuelas; ya saben esos dulces de cabezota roja enorme que cuesta mucho meterlos en la boca. El sonriendo me dijo entonces:”¿entonces qué carajos vendes?, le miré como dios mira a un hijo de puta que no sabe nada de su existencia, le respondí sudando la gota gorda y no precisamente por el trabajo que estaba realizando, sino por aquel trabajo, que su mujer me hacia:”¡vendo chile!, con papas, pero ahora el chile lo tengo ocupado, la paleta que tenia para ofertar a las morelianas la está probando su mujer, creo que le interesa que le de mi chile para llevar y papas después”. Aquel no respondió iba a arrancar el auto cuando le grité que por favor no avanzara, su mujer no quería soltar la rompemuelas y mi chile estaba por ser robado (por una mujer de diente firme y mejores tetas) por una mujer que cuando soltó la paleta, quedó feliz y con una amplia sonrisa de payaso, sonrió cual guasón y me invitó a unírmeles a su congregación. Le respondí que ya tenia pareja, que aunque deseaba darle a ella mi cristo para que lo ensangrentara saltando de felicidad sobre él, no deseba causarle mayor dolor a su marido, no porqué él no estuviera enterado de la actividad de golfa que su mujer desempeñaba en la iglesia, sino porque el pastor de la vida galante, ya se había percatado de mi dulce y estaba que pegaba de brincos en su asiento, esperando a que me invitara solo, para darle mi cristo a guardar en su cuerpo, haciéndole mi siervo.
No lo hice y decidí ya no vender mas chile, porque todas las morelianas quieren papas y aunque mis papas con el chile no engordan, si les da esa sensación de lleno en el estomago, que mas de una repite el buen alimento que oferté en el crucero.
Del pastor y la señora spyker solo se sabe, que seguido organizan reuniones, donde gustan compartir el cuerpo de cristo los varones y las mujeres, son muy dadas a pasear su charola, para que los niños jueguen a llenarles el canasto, de huevos en pascua que hasta cubiertos de chocolate son, por kelly spyker, la adoradora de traviesos chiquitos que tienen dientotes de buen pollino.
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Gabriel Castll
Aquella mañana salí de casa, me dirigí al crucero mas concurrido de la ciudad, ya que deseaba hacerme de unos pesos y la mejor forma era vender papas fritas con chile, así lo creí!, pero tarde comprendí que mi idea progresista no podría hacerme rico, estuve varias horas andando entre los autos, vendí bastante para ser la primera vez, todo pintaba bien para el vendedor de papas. Pero como siempre existe un bachecito en el camino no faltó este, cuando el semáforo se puso en rojo corrí a ofrecer mi producto, el pastor al que tanto había criticado me miraba de arriba abajo, se mofaba de mi porque me veía (por encima del hombro) menos que él.
No me sentí avergonzado de mi trabajo, yo era honesto conmigo mismo y con la sociedad que me no me aceptaba por considerarme un loser. Aquel entonces me pidió unos chicles, le respondí que no vendía, me pidió una paleta, le respondí que la única disponible era una rompemuelas; ya saben esos dulces de cabezota roja enorme que cuesta mucho meterlos en la boca. El sonriendo me dijo entonces:”¿entonces qué carajos vendes?, le miré como dios mira a un hijo de puta que no sabe nada de su existencia, le respondí sudando la gota gorda y no precisamente por el trabajo que estaba realizando, sino por aquel trabajo, que su mujer me hacia:”¡vendo chile!, con papas, pero ahora el chile lo tengo ocupado, la paleta que tenia para ofertar a las morelianas la está probando su mujer, creo que le interesa que le de mi chile para llevar y papas después”. Aquel no respondió iba a arrancar el auto cuando le grité que por favor no avanzara, su mujer no quería soltar la rompemuelas y mi chile estaba por ser robado (por una mujer de diente firme y mejores tetas) por una mujer que cuando soltó la paleta, quedó feliz y con una amplia sonrisa de payaso, sonrió cual guasón y me invitó a unírmeles a su congregación. Le respondí que ya tenia pareja, que aunque deseaba darle a ella mi cristo para que lo ensangrentara saltando de felicidad sobre él, no deseba causarle mayor dolor a su marido, no porqué él no estuviera enterado de la actividad de golfa que su mujer desempeñaba en la iglesia, sino porque el pastor de la vida galante, ya se había percatado de mi dulce y estaba que pegaba de brincos en su asiento, esperando a que me invitara solo, para darle mi cristo a guardar en su cuerpo, haciéndole mi siervo.
No lo hice y decidí ya no vender mas chile, porque todas las morelianas quieren papas y aunque mis papas con el chile no engordan, si les da esa sensación de lleno en el estomago, que mas de una repite el buen alimento que oferté en el crucero.
Del pastor y la señora spyker solo se sabe, que seguido organizan reuniones, donde gustan compartir el cuerpo de cristo los varones y las mujeres, son muy dadas a pasear su charola, para que los niños jueguen a llenarles el canasto, de huevos en pascua que hasta cubiertos de chocolate son, por kelly spyker, la adoradora de traviesos chiquitos que tienen dientotes de buen pollino.