Cap 0
Relato de Ernest
Relato de Ernest
Me llamo Ernest. Quiero decir, actualmente me llamo Ernest, porque mi nombre lo adapto entre los siglos… En fin, no creo que sea necesario decir todos mis nombres hasta el día de hoy…
Que tengo de importante? Bueno, soy inmortal. Casi inmortal, para decir la verdad, ya que aun puedo morir, pero sería algo muy difícil. El no me deja morir.
Quien es el, me preguntas. Creo que ya debes tener una idea de que cosa debe ser.
Bueno, pero vamos al asunto. No voy a contar como todo comenzó, puesto que no te va a gustar lo que escucharás. Pero estoy decidido a contar la historia de cómo decidí reunir el grupo.
Todo comenzó en algún día del año 59 D.C. Yo vivía en una ciudad de Damaltia en ese entonces, y, claro, ya hacia algo de tiempo que estaba en busca de él.
Yo era un plebeyo a más, vivía en una casa en una colina y era vecino de otras cinco o seis casas más. Aun que yo tuviera ese extraño “hobby” de salir por las noches al bosque y a los montes y solo volver por las mañanas, todos los vecinos se daban bien con migo y nunca fui grosero con ninguno de ellos. Pero claro, nunca dije nada sobre lo que buscaba en el bosque y en los montes.
En aquel día caluroso, yo volvía de ir a comprar pescado para comer pero me sorprendí con varias personas aglomeradas delante de una de las casas- una que quedaba, justamente, delante de la mía -. Lo que sucedió era que mi vecino de en frente, un viejo de unos 80 años que debió ser un pescador en su juventud, había caído por las escaleras y fallecido. Aquello no me pareció bastante natural en aquel entonces, ya que fui uno de los mas bravos cuando era yo más joven, había visto gente muriendo más veces de lo que me gustaría.
El viejo no tenía muchos familiares, solo su único hijo y uno o dos nietos. Su esposa hace mucho había fallecido y sus hermanos estaban desaparecidos hace mucho mas. Yo tenía cierta simpatía por el hombre, por lo que fui a su funeral. Después de aquello, todo comenzó.
Yo me encontraba en la parte trasera de mi casa, sacando las verduras de mi pequeña huerta para luego tratar de venderlas en el centro de la ciudad. Entonces pude escuchar el ruido de una carroza, seguido de varias personas hablando. Me dirigí a la parte delantera de la casa y pude ver a tres personas: Un hombre de unos 50 años, robusto y con barba, que transportaba un carrillo lleno de cosas diversas; Una mujer en sus 39 años, alta y cuya mirada causaba escalofríos, con el pelo largo y grisáceo tapado por un manto. Aun que se podía ver ya los trazos de la edad, aquella mujer era bastante bella; Un hombre alto y delgado, de unos 42 años, sin pelo facial alguno y con una cabellera que le llegaba a los hombros. Su mirada era severa.
Todos, con excepción del barbudo, estaban bien vestidos. El barbudo dejó las cosas dentro de la casa, cogió su pagamento y se marchó por donde vino. El hombre dijo algunas cosas hacia la mujer y entró en la casa, la mujer miró alrededor y, por un momento, sus ojos se encontraron con los míos. Sus ojos eran de un azul tan claro que parecían grises y, antes de girarse y entrar en la casa, pareció sonreírme tenebrosamente.
Puedes pensar que aquello me dejó inquieto o algo así. Pues bien, no soy de ese tipo de personas. Aquella mirada solo me dejó alerta. Podía significar cualquier cosa, pero yo creía que sabía que quería decir, y eso me dejó alerta.
Seguí mi vida normal, hasta unas semanas después. Mi vecina de unas dos casas después de la mía había enfermado con una enfermedad extraña. Eso me pareció normal, hasta que supe los síntomas por medio del vecino que vivía al lado de su casa.
- Tiene la piel oscurecida, algunas bollas que parecen tumores en partes de su cuerpo, además que sus brazos parecen estar mutando. Delira sin parar y grita toda la noche de dolor. – “Es el”, me dije mentalmente después de escuchar la descripción de la enfermedad. Pero decidí esperar más un poco.
No tardó mucho y la mujer murió. Dos días después, el vecino que me había contado aquello enfermó también. Pude ir a la casa de aquel buen hombre, y pude ver con mis propios ojos a aquella cosa que un día fue un ser humano acostada en su cama, con los dientes afilados y la lengua alargada, señalándome mientras reía como un loco.
El hombre falleció también, y días después, otro vecino mío y su familia estaban enfermos. Así se siguió hasta que solo sobré yo, la nueva familia y dos casas más.
Yo ya estaba sospechando demasiado de la nueva familia como para dejar que más otro vecino muriera, así que decidí entrar en la casa sigilosamente e investigar si ellos tenían algo que ver.
Esperé el anochecer y salí de mi casa armado con un puñal. Caminé hasta la casa de enfrente.
La casa era una cabaña ligeramente grande echa de barro y con techo de paja. No correspondía a los modelos de aquel entonces, las ínsulas y todo eso, pero aun así había quien vivía en aquellas casas.
Yo entré por una ventana y empecé a caminar sigilosamente por el comedor. Escuché un ruido proveniente del dormitorio que quedaba a mi derecha y, con el puñal en una mano, me dirigí a esa sala. Mi sorpresa fue mayúscula al notar un gran agujero en el suelo de donde venía una luz anaranjada, como de velas.
Inspeccioné el agujero: Un túnel excavado de donde venían sonidos extraños, como susurros. Salté hacia dentro del túnel sin pensar mucho y empecé a caminar por el camino de barro. Seguro que aquella familia tenía algo que ver con aquella enfermedad misteriosa.
No tardó mucho para que pudiera notar que las paredes estaban llenas de esqueletos y huesos, además del olor a muerte que flotaba por el lugar. Era exactamente eso que me esperaba, así que seguí caminando con el puñal en la mano.
Llegué en un lugar donde las paredes y el techo se alargaban, creando una sala, y allí se encontraban la familia… O algo parecido a ella… En la sala se encontraban el hombre y su mujer, con la piel al rojo vivo recitando algo a una tercera persona. Esa tercera “persona” tenía casi tres metros de alto y su piel era retorcida y de color rojo sangre, varias púas salían de su piel y parecía tener varias heridas con dientes en esta. No llevaba ropa pero tampoco tenía órgano reproductivo alguno.
- Tenemos compañía… - Dijo la criatura. Yo me quedé tieso en el lugar y pude ver a las dos personas levantando la mirada, mostrando que en lugar de los ojos habían tan solo dos cuencas vacías. Las dos personas sonrieron.
- Si es nuestro vecino… Quieres juntarte a nosotros? – Dijo la mujer, su sonrisa tenía dientes puntiagudos como agujas. El monstruo no se había movido ni siquiera girado la cabeza.
- No, gracias. – Dije, sujetando con fuerza mi puñal.
- En ese caso, has visto demasiado, debes morir. – La mujer dijo sin cambiar el tono de voz y aun sonriendo. En ese instante, ambos saltaron sobre mí y yo esquivé sus golpes. Tenían las uñas afiladas como cuchillas pero yo tenía una piel dura como piedra, por lo que sus golpes no me hirieron. Moví el puñal con habilidad y lo clavé en el cuello del hombre mientras este trataba de morder mi brazo. La mujer logró morder pierna y terminó rompiendo sus dientes como si fueran simples vidrios. Yo pateé su cabeza y apuñalé el pecho de la mujer.
Me vi detenido sobre los cadáveres de la pareja de monstruos, con sangre negro en todas partes y con mi respiración entrecortada. La cosa se giró hacia mí, pude ver sus dos ojos negros y una sonrisa en su rostro. Atrás suya había una piedra donde se encontraba un cadáver.
- No sabes lo que acabas de hacer… - El lugar se volvió en llamas y la criatura aumentó en tamaño al punto de ocupar toda mi visión. La cosa abrió su boca principal, con un crujido perturbador y metió su mano colosal en mi pecho.
- Ahora te arrepientes, pero es tarde. Ahora vas a ser una simple marioneta de Zalgo, pobre mortal. – La criatura dijo, con una voz gruesa. – Ahora solo hay dolor y sufrimiento para ti, vas a haber deseado nunca tener entrado en esta casa.
- En realidad, no… - Dije, aguantando el dolor que aquella mano producía. – Te estuve buscando ya hace algunas décadas… - En aquella cara grotesca de Zalgo, creo que una punta de sorpresa apareció, y yo empecé a arrancar aquella mano de mi pecho, que se regeneraba. Suerte mía que Zalgo no había tocado en el corazón.
Historia: @megaespia2000, Lucas
Historias recomendadas, personajes y colaboraciónes.
Beyond My Eyes @Lioooooo
Silver Claw de @darian_98cleo
BloodMoon de @elpranyan
Gabriel The Annihilator de @gabrieljoaquinor
Carl The Psycopath de @creepynightmare
Wolf the Killer, Jake The Samurai, Nexo de @stevenlolo
Mily Murderess de @MilyRob
Day The Killer de @daygger2
Bienvenidos a CreepyTown de @lucasvedda
Jade the killer de @Jadethekiller
NewDeadman's Warriors de @Riuken01
Gianluca The Executioner de @giandefensor
El Violinista @Ariel_Cs
Alexander The Hunter de @FernandoNicolayM
John Crimson Knight de @BlackTheWritter
Kinn The Killer de @seeff
Jese Cold Heart de @jesushola
Vali The Knight de @ValiFakYu
Marcos The Darkness de @MarcosTheKiller
The Final Path de @matiasoscuro
Alison The Sinner de @gabrielalahey1
Carrie Howard de @Lana1222
The Deadman Reborn @Edup_33
Killer Prince @agustinbonetti1
jhonny the killer - @123_jhonny
Comenten, toda sugestión y critica es bienvenida.