Casi muero deciendo que el presidente le gustan... LAS PUTAS DE LOS PUEBLOS
Arritmia patrona de la calle 13
NOTA PARA ANTES DE LEER : No soy escritor y mi editor esta ebrio. Att: El editor.
Después de las 2:35 de la mañana, los semáforos de Bogotá comienzan a titilar un débil centelleo amarillo encendiéndose y apagándose al sonido de «Tic» dando inicio a una orquesta nocturna donde las estrellas son las ratas de todos los tamaños con colas largas, con diminutos vellos blancos se arquean la señal de que son libres para pasearse en la ciudad con su enigmático chillido al roer bolsas de papel, latas; pero siempre con preferencia en Mc Donals ente las calle 19 y 20 como multinacional no les importa echar a la basura carne de un «Yo no sé que », panes acartonados, vegetales que alguna vez en su proceso fueron reales, nuggets de “pollo” a acompañados con deliciosas patatas fritas siendo bufet para que todas las ratas chillen, lloren y canten; uniéndoseles también con un poco de suerte zumbara la confesión de un escritor al aura:
– ¡Zorra hija de puta!-inspirando la corrosiva hoguera marca jet.
Rugiendo, gritando, ensordeciendo el motor del Chrysler Imperial Crown modelo 1966, cual es la mezcla perfecta de lo sofisticado y lo tecnológico de color negro, bordes plateados, vidrios anti-balas de 65 mm capaz de contener varios disparos de una escopeta Slug 12.
–Estarás bien guebon, yo sé que lo estarás…
–Camilo…Estoy perdiendo mucha sangre… no le pedimos el número a la chica…¿Estaba guapa no?
–Tranquilo Tim, no se preocupe por eso que cuando salgamos de esta la llamamos–Mintiendo, preocupado, temblando y manchado de sangre, su camisa de Jean que según el ayudaba a conquistar a las chicas estaba estropeada pero no lo importaba por que el sabia muy bien que todo con agua y jabon quita en las manos de “blanquita”–¡Pero este negro marica Hacele pues, pisa el maldito acelerador!
Enjaulado en el asiento del conductor estaba «Van Dam»,un macancan de 2.10 piloteando con sus gigantescas manos el banco y a su parecer diminuto volante del Chrysler Imperial Crown se perdia«Van Dam» antes de terminar siendo niñera de los niñitos ricos, era jefe de seguridad de un narcotraficante paisa ganando dinero por montones sin contar una que otra rubia que caía bajo su encanto pero todo eso cambio por ayudar a los “suertudos” como él les dice, con peleas, comprando drogas, comprando alcohol o cualquier puto antojo que quisieran, no tiene ningún problema con eso pero lo saca de las casillas cuando debe dormir en el auto por esperar al “suertudo” de turno que termine lo suyo con una guapa pendeja.
–¡Oiga! Apurare que mi papa es el que te da la puta tragadera.-grita camilo.
«Van Dam», respiro, froto su mano contra la cara quitándose todo el sudor frio que a duras penas podía y aflojando su negra corbata de algodón dice:
–Si señor, camilo ahora tomamos la carrera 13 para seguir el protocolo S.Q.V.
Con la velocidad que iban solo de difusa las luces blancas, dejando sorprendidos a vagabundos y putas que se encontraban en los alrededores. Donde este culigado se muera acaban conmigo.
El asiento trasero de cuero negro hecho con algún búfalo despistado entrelazado con hilo egipcio blanco había quedado irreparable, el plasma líquido empezaba a tornarse grasoso creando una telilla en todo los rincones del Chrysler Imperial Crown.
– ¿cree que en el cielo, este esa caja de vino que la nena nos dio?–murmuraba Tim al caer una hebra de saturada sangre en su boca, débilmente tomando a camilo de su camisa de la suerte.
–No me diga eso, cuando salga de estas yo mismo le compro todo el vino barato que quiera pero no se muera conmigo muérase con otro hijo de puta.
Atravesando velozmente por los fantasmales kioskos de San Victorino de la gafa a 5000, ropa y calzado para dama, piñaterías, hilos y agujas, papelerías y le tengo cripi a barato casi llegando a su destino subiendo por edificio del ministerio de justicia y del comercio «Van Dam» comienza a subir las luces del auto encegueciendo a gatos y ratas que conviven en la calle 13, toca la bocina tres veces llamando la atención de un ya dormido celador que resguarda las enrejadas entradas del teatro Luis Enrique Osorio, deslizando una baldosa con el pie emerge un botón del suelo cual presiona con su brillante zapato de cuero con su acción miles de tornillos, tuercas, ejes, engranajes empiezan una reacción en cadena alzando rápidamente el suelo de la calle 13 separado por la calzada del viejo tranvía creando una entrada subterránea blancamente iluminada
desapareciendo el Chrysler Imperial Crown a la vez que baja la calle.
ya adentro todas las paredes e incluso el techo están tapizados con baldosas de 10x10 color marfil con un cierto toque a lavanda, a centro comercial;innecesario porque dentro del coche la sangre el sudor y el desespero lo inundaban, debajo de la calle 13 a los ojos de los estudiantes que viven alrededor se fisuraba la capital colombiana del tono sepia cual nuestro querido alcalde nos tiene acostumbrados cambiando drasticamente al tono tungsteno donde pocos privilegiados pueden disfrutar; el alcohol, las putas, las drogas, hospitales, cualquier perversión imaginable era posible si se tenía con que pagar. A solo 1 km bajo tierra comunica la torre Colpatria, el palacio de San Francisco, el palacio de justicia, el palacio de Nariño mediante a túneles con autos dispuestos a cualquier urgencia del señor presidente para sus gustillos en la madrugada cuenta una fuerza especial de prostitutas el cual tiene cierta afinidad por las putas de los pueblo, listas a la hora que dese cuando dese.claramente cargadas con bolsas de perico y marihuana para activarlo y nivelarlo al tiempo.
Atravesando dos puertas metálicas de «vaivén» de ventanas redondas transparentes, con tim en brazos de camilo una patrulla de enfermeros y doctores acogen el cuerpo ensangrentado en una camilla con forro azul de algodón quirúrgico y ruedas en cada una de las piernas metálicas.
–Doctor….-Hoffman interrumpe a camilo-Señor ¿cómo ve a Tim?–Pregunta.
–Rece y si no cree también hágalo yo haré todo lo imposible–con esa ultima frase de sepárese de tras de las puertas de metal el doctor Hoffman.
Toda la agitación de la nocturna Bogotá y parte de la mañana había terminado el estrés, el sudor, comenzaban a desaparecer dejando como testigo el linaje de un niño rico en las vestiduras. Noche de mierda.
Arritmia patrona de la calle 13
NOTA PARA ANTES DE LEER : No soy escritor y mi editor esta ebrio. Att: El editor.
Después de las 2:35 de la mañana, los semáforos de Bogotá comienzan a titilar un débil centelleo amarillo encendiéndose y apagándose al sonido de «Tic» dando inicio a una orquesta nocturna donde las estrellas son las ratas de todos los tamaños con colas largas, con diminutos vellos blancos se arquean la señal de que son libres para pasearse en la ciudad con su enigmático chillido al roer bolsas de papel, latas; pero siempre con preferencia en Mc Donals ente las calle 19 y 20 como multinacional no les importa echar a la basura carne de un «Yo no sé que », panes acartonados, vegetales que alguna vez en su proceso fueron reales, nuggets de “pollo” a acompañados con deliciosas patatas fritas siendo bufet para que todas las ratas chillen, lloren y canten; uniéndoseles también con un poco de suerte zumbara la confesión de un escritor al aura:
– ¡Zorra hija de puta!-inspirando la corrosiva hoguera marca jet.
Rugiendo, gritando, ensordeciendo el motor del Chrysler Imperial Crown modelo 1966, cual es la mezcla perfecta de lo sofisticado y lo tecnológico de color negro, bordes plateados, vidrios anti-balas de 65 mm capaz de contener varios disparos de una escopeta Slug 12.
–Estarás bien guebon, yo sé que lo estarás…
–Camilo…Estoy perdiendo mucha sangre… no le pedimos el número a la chica…¿Estaba guapa no?
–Tranquilo Tim, no se preocupe por eso que cuando salgamos de esta la llamamos–Mintiendo, preocupado, temblando y manchado de sangre, su camisa de Jean que según el ayudaba a conquistar a las chicas estaba estropeada pero no lo importaba por que el sabia muy bien que todo con agua y jabon quita en las manos de “blanquita”–¡Pero este negro marica Hacele pues, pisa el maldito acelerador!
Enjaulado en el asiento del conductor estaba «Van Dam»,un macancan de 2.10 piloteando con sus gigantescas manos el banco y a su parecer diminuto volante del Chrysler Imperial Crown se perdia«Van Dam» antes de terminar siendo niñera de los niñitos ricos, era jefe de seguridad de un narcotraficante paisa ganando dinero por montones sin contar una que otra rubia que caía bajo su encanto pero todo eso cambio por ayudar a los “suertudos” como él les dice, con peleas, comprando drogas, comprando alcohol o cualquier puto antojo que quisieran, no tiene ningún problema con eso pero lo saca de las casillas cuando debe dormir en el auto por esperar al “suertudo” de turno que termine lo suyo con una guapa pendeja.
–¡Oiga! Apurare que mi papa es el que te da la puta tragadera.-grita camilo.
«Van Dam», respiro, froto su mano contra la cara quitándose todo el sudor frio que a duras penas podía y aflojando su negra corbata de algodón dice:
–Si señor, camilo ahora tomamos la carrera 13 para seguir el protocolo S.Q.V.
Con la velocidad que iban solo de difusa las luces blancas, dejando sorprendidos a vagabundos y putas que se encontraban en los alrededores. Donde este culigado se muera acaban conmigo.
El asiento trasero de cuero negro hecho con algún búfalo despistado entrelazado con hilo egipcio blanco había quedado irreparable, el plasma líquido empezaba a tornarse grasoso creando una telilla en todo los rincones del Chrysler Imperial Crown.
– ¿cree que en el cielo, este esa caja de vino que la nena nos dio?–murmuraba Tim al caer una hebra de saturada sangre en su boca, débilmente tomando a camilo de su camisa de la suerte.
–No me diga eso, cuando salga de estas yo mismo le compro todo el vino barato que quiera pero no se muera conmigo muérase con otro hijo de puta.
Atravesando velozmente por los fantasmales kioskos de San Victorino de la gafa a 5000, ropa y calzado para dama, piñaterías, hilos y agujas, papelerías y le tengo cripi a barato casi llegando a su destino subiendo por edificio del ministerio de justicia y del comercio «Van Dam» comienza a subir las luces del auto encegueciendo a gatos y ratas que conviven en la calle 13, toca la bocina tres veces llamando la atención de un ya dormido celador que resguarda las enrejadas entradas del teatro Luis Enrique Osorio, deslizando una baldosa con el pie emerge un botón del suelo cual presiona con su brillante zapato de cuero con su acción miles de tornillos, tuercas, ejes, engranajes empiezan una reacción en cadena alzando rápidamente el suelo de la calle 13 separado por la calzada del viejo tranvía creando una entrada subterránea blancamente iluminada
desapareciendo el Chrysler Imperial Crown a la vez que baja la calle.
ya adentro todas las paredes e incluso el techo están tapizados con baldosas de 10x10 color marfil con un cierto toque a lavanda, a centro comercial;innecesario porque dentro del coche la sangre el sudor y el desespero lo inundaban, debajo de la calle 13 a los ojos de los estudiantes que viven alrededor se fisuraba la capital colombiana del tono sepia cual nuestro querido alcalde nos tiene acostumbrados cambiando drasticamente al tono tungsteno donde pocos privilegiados pueden disfrutar; el alcohol, las putas, las drogas, hospitales, cualquier perversión imaginable era posible si se tenía con que pagar. A solo 1 km bajo tierra comunica la torre Colpatria, el palacio de San Francisco, el palacio de justicia, el palacio de Nariño mediante a túneles con autos dispuestos a cualquier urgencia del señor presidente para sus gustillos en la madrugada cuenta una fuerza especial de prostitutas el cual tiene cierta afinidad por las putas de los pueblo, listas a la hora que dese cuando dese.claramente cargadas con bolsas de perico y marihuana para activarlo y nivelarlo al tiempo.
Atravesando dos puertas metálicas de «vaivén» de ventanas redondas transparentes, con tim en brazos de camilo una patrulla de enfermeros y doctores acogen el cuerpo ensangrentado en una camilla con forro azul de algodón quirúrgico y ruedas en cada una de las piernas metálicas.
–Doctor….-Hoffman interrumpe a camilo-Señor ¿cómo ve a Tim?–Pregunta.
–Rece y si no cree también hágalo yo haré todo lo imposible–con esa ultima frase de sepárese de tras de las puertas de metal el doctor Hoffman.
Toda la agitación de la nocturna Bogotá y parte de la mañana había terminado el estrés, el sudor, comenzaban a desaparecer dejando como testigo el linaje de un niño rico en las vestiduras. Noche de mierda.